UN SANTO DE NUESTROS DIAS

UN SANTO DE NUESTROS DIAS

Lo que sigue es la traducción de un escrito en catalán que publicó la revista "Obra Cultural Mariana" en Junio de 1992, reciente entonces el fallecimiento del Padre José Solé Romá, C.M.F.:

Bien mirado, tendríamos que dar gracias a Dios porque nos concede vivir en relación con personas verdaderamente santas. Tal el Padre José Solé Romá, CMF., que murió el pasado 19 de enero en su convento de la calle Padre Claret, 45, al comenzar el año que verá, Dios mediante, la beatificación de sus 51 condiscípulos claretianos de Barbastro, Mártires de su Fe.

Hemos leído el libro "Siempre comprometidos" del P. Julián Pastor, CMF., que aporta detalles horripilantes de la vida del Padre Solé, prisionero del Ejército Rojo. También nos ha contado cosas inauditas el Padre Esqué, CMF., que fue quien le salvó la vida ya en Francia, enfrentándose a las Autoridades galas que no querían atender al P. Solé, visto su estado, cuando se hallaba tan extenuado, tan exhausto de cuerpo y de alma, que puede decirse que no tenía fuerzas ni para morirse...

Durante la Persecución del 36, el P. Solé llevó vida de catacumbas ejerciendo clandestinamente su Sacerdocio recién conferido. Desde el día de la Inmaculada de 1938 en que se presentó al Comandante Militar de Mollerusa, confiado en las seguridades de los "13 puntos de Negrín", hasta el 8 de febrero del 39 en que entró medio muerto en Francia, pasó una odisea tan terrible que, si no fuera que los que ya peinamos canas lo vivimos directa o indirectamente, no creeríamos lo acontecido.

Las penalidades del Padre en el campo disciplinario son alucinantes. Entre el hielo y la nieve, días y días sin comer, muertos de frío y de miseria, sin poderse lavar, ni afeitar, ni cambiar de ropa, maltratados y vejados de mil maneras... Ni los más truculentos novelistas pueden pintar aquella dantesca realidad. Parece que sea humanamente imposible padecer tanto.

Pero Dios le reservaba la vida porque tenía que hacer mucho bien, dar muy buen ejemplo y padecer todavía un larguísimo martirio corporal y espiritual. El P. Solé destacó como escriturista; se sabía de memoria las Epístolas de San Pablo en tres o cuatro lenguas, brilló como escritor, predicador, director espiritual... Su condiscípulo el P. Domingo Pallás, también claretiano y compaisano suyo, dice que "la causa remota, pero muy determinante de su muerte, fue sin duda la extrema debilidad de todo su organismo, pro-ducida paso a paso por aquella bala criminal que, si bien desviada por una mano invisible para evitar que cayese muerto en el acto, allá en la Travessera de Dalt el 10 de mayo de 1981, le dejó los dos nervios motores del brazo izquierdo tan maltrechos, que fueron inútiles todos los esfuerzos de los médicos. (....) Los insomnios consiguientes, la inapetencia, los dolores continuos y acerbos día y noche, fueron minándole sus fuerzas físicas, ya de natural bastante decaídas y limitadas".

Estas frases retratan al vivo los últimos años de su vida: sufrimiento con-tinuo del cuerpo y además sufrimiento espiritual al comprobar tantas ruinas actuales en donde él había visto añ os atrás magníficas promesas. Más de una vez me hizo confidencias personales por las que podía calibrarse el tormento de su alma apostólica y sensible ante hechos negativos incuestionables.

Comentario aparte merecen sus libros, plenos de espiritualidad y recta doctrina, escritos tanto en castellano como en catalán. De ellos recuerdo el titulado "Apóstoles de Cristo", que me gustó tanto que regalé un ejemplar a un religioso que parecía tener dudas acerca del valor de su Sacerdocio. Del mismo libro hice una pequeña reseña elogiosa y la envié a una revista católica, que la publicó. No podéis figuraros la alegrí a que tuvo el Padre Solé al leer las palabras de encomio que había escrito yo, sin decirle nada a él.

Era sencillo y limpio de corazón. En los Ejercicios Espirituales que nos daba a los de la Unión Seglar, le recuerdo hablando, sobrio de maneras, sin alardes oratorios, pero con frases que penetraban muy adentro. Decía: "Podrán sobrevenir interpretaciones, modas y maneras de enfocar las frases del Evangelio: pero siempre quedarán en pie las palabras de nuestro Maestro: "El que quiera venir en pos de Mí, que se niegue a sí mismo, cargue con su cruz cada día y me siga..."" Parece que lo oigo todavía, a pesar de la poca vibración física de sus palabras y de los años transcurridos.

Cuando iba a verle alguna vez y me recibía con su sonrisa entre tímida y resignada, y el brazo izquierdo remangado aunque hiciera frío, porque el dolor no le sufría el peso de la ropa encima, siempre me iba pensando: "¡Tántos años llevando esa Cruz, qué pesado debe ser!" Pero ahora considero que todos los sufrimientos físicos y morales que padeció en esta vida, soportados con tan heroica conformidad, le habrán valido un peso inmenso de gloria inmarcesible.

José Vernet Mateu