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             El Día del reposo                            

 

Dios Creador, conservador, cooperador y gobernador de todas las cosas, es también El tercer Mandamiento de la Ley de Dios es santificarás las fiestas, que los católicos concretamos en el primer Mandamiento de la Iglesia.

El primer Mandamiento de la Santa Madre Iglesia es oír Misa entera todos los domingos y fiestas de guardar.

 

Este precepto hay que cumplirlo el día que está mandado; pero actualmente puede cumplirse asistiendo a la Misa vespertina del sábado, o del día anterior a la fiesta de precepto.

El Código de Derecho Canónico formula la obligación de santificar las fiestas con estas palabras: "El domingo y las demás fiestas de precepto los fieles tienen obligación de participar en la Misa; y se abstendrán además de aquellos trabajos y actividades que impiden dar culto a Dios, gozar de la alegría propia del Señor, o disfrutar del debido descanso de la mente y del cuerpo" (Can 1247).

            El precepto obliga a todos los bautizados con uso de razón desde los siete años cumplidos.

Para sacar buen fruto de la Misa debemos no sólo atender a ella, sino asistir con espíritu de fe y sentimientos de piedad.

Basta que pensemos que la Santa Misa es la actualización del Sacrificio de la Cruz, para darnos cuenta de que no puede haber nada más digno de nuestro esfuerzo, ni más útil para conseguir el aumento de la gracia y la salvación eterna.

 

"Que los cristianos no asistan a este misterio de fe como extraños o mudos espectadores, sino que, comprendiéndolo bien a través de los ritos y oraciones, participen conscientes, piadosa y activamente en la acción sagrada" (Concilio Vaticano II).

 

Esta es la doctrina de la Iglesia en este punto. Todos los documentos están de acuerdo, piensan y afirman el mismo precepto. Sin embargo desde la Escritura no es tan fácil hablar así. Y hay quien ha planteado ciertas preguntas acerca de esta doctrina. Por ejemplo:

 

Escribe Urías Smith en su libro Las profecías de Daniel y el Apocalipsis, tomo 11: El libro del Apocalipsis, página 301: «La santificación del sábado en el Edén prueba su existencia desde la creación hasta el Sinaí... Los sucesos que le dieron origen (Gn 2, 1-3), lo limitan a un séptimo día bien definido.»

Después siguen analizando los textos de la Escritura y desde Ex 20, 8-11 deducen la santificación obligatoria del sábado como séptimo día de la semana.

Y dan otras pruebas para mantener su tesis:

a) Que las Santas Mujeres observaron el sábado no yendo ese día al Sepulcro del Señor (Cfr. Lc 23, 56).

b) Además, Cristo no vino a destruir la Ley, sino a cumplirla (Cfr. Mt 5, 17-20)

c) Mt 24, 20 en que exhorta nuestro Señor a los judíos a rogar que su huída no sea en invierno ni en sábado.

            Tras estos argumentos, se entretienen en probar que los primeros cristianos observaban el sábado:

a) Hechos 15, 21: Porque desde tiempos antiguos Moisés tiene en cada ciudad sus predicadores y es leído cada sábado en las sinagogas.

b)  Hechos 14, 1: En Iconio, entraron del mismo modo en la sinagoga de los judíos y hablaron de tal manera que gran multitud de judíos y griegos abrazaron la fe.

c) Hechos 16, 13: El sábado salimos fuera de la puerta, a la orilla de un río, donde suponíamos que habría un sitio para orar. Nos sentamos y empezamos a hablar a las mujeres que habían concurrido.

 

Pero el texto básico para los Adventistas es el de Génesis 2, 1-3: Concluyéronse, pues, los cielos y la tierra y todo su aparato, y dio por concluida Dios en el séptimo día la labor que había hecho, y cesó en el día séptimo de toda la labor que hiciera. Y bendijo Dios el día séptimo y lo santificó; porque en él cesó Dios de toda la obra creadora que Dios había hecho.

 

Éstas son las principales objeciones que se plantean a la Doctrina de la Iglesia por los Adventistas. Pero como muchos se agrupan siguiendo sus enseñanzas y celebrando el Día del Descanso en sábado, convendrá asentar desde la Sagrada Escritura  el origen del día del descanso y el día en que los cristianos debemos dedicar a Dios.

Se ha mencionado un texto: Gn 2, 1-3

¿Cuál es el valor de este texto? Es evidente que en la creación no se trata de días de 24 horas, sino de períodos larguísimos; por tanto, este texto solamente puede probar que después de seis días de trabajo debe consagrarse uno al des­canso, sin que sea posible determinar cuál sea ese día, ya que no sería posible afirmar seriamente que Dios hizo el Sol en miércoles y el hombre en viernes, para llegar a la conclusión que descansó el sábado.

Este mismo texto nos da la clave para entender el precepto formulado en Éx 20, 8-11: Acuérdate del día de sábado para santificado. Seis días trabajarás y harás todo tu trabajo, pero el día séptimo es día de descanso, con­ sagrado a Yahvé tu Dios. No hagas ningún trabajo, ni tú, ni tu hijo. ni tu hija, ni tu siervo, ni tu sierva, ni tu ganado, ni el extranjero que habita dentro de tus puertas. Pues en seis días hizo Yahvé el cielo y la Tierra, el mar y todo cuanto ellos contienen, y el séptimo descansó; por eso bendijo Yahvé el día de sábado y lo santificó.

Pues bien, si los días de la creación no son -como claramente lo de­muestra la ciencia, días de 24 horas, el precepto moral que nos da este texto del Decálogo que acabamos de citar, tampoco puede significar otra cosa que el deber de consagrar un día al reposo después de Seis días de trabajo

La versión protestante de Valera, en vez de sábado traduce simplemente Acordarte has del día de reposo para santificado... el séptimo día será reposo para Jehová tu Dios... Jehová bendijo el día del reposo y lo santificó. La Ver­sión Moderna (también protestante), traduce día del descanso, indicando que la Palabra sábado significa descanso, reposo.

Conocedores de que los días de la creación (yom), no son días que podamos comparar con los nuestros, sino períodos de tiempo de los cuales desconocemos su valor exacto, parece claro que Dios decidió santificar, o separar, un séptimo de todo el tiempo que empleó para la obra de la creación. Ésa parece ser la pedagogía divina: establecer, para Israel, su pueblo, el séptimo día como día de reposo. De la misma manera hará con los años.

El séptimo año, o año sabático, era el año en que la tierra debía descansar

            De la misma manera debía hacerse a los cincuenta años en que se proclamaba el jubileo.

El año cincuenta fue establecido como año de jubileo en reconocimiento de las siete veces siete años. En diversos detalles, el año sabático y el de jubileo eran tipos proféticos de la edad del reino, que es la séptima y última dispensación y que se caracteriza porque toda la creación disfruta del reposo sabático. Aunque en la era actual el día que ha de celebrarse se ha cambiado divinamente del séptimo al primer día de la semana, debido a! comienzo de la nueva creación, se ha perpetuado la misma proporción en la división del tiempo: un día de cada siete.

La palabra «sabat» (sábado) significa «descanso» «reposo» o «cesación.» Es decir, que «sábado» significa simplemente «un tiempo de descanso» y no tiene originalmente ningún significado como «el séptimo día de la semana»

Ya hemos visto cómo se emplea en la Biblia la palabra «sábado» con diversas significaciones:

a) «un reposo» de un día (Ex 20, 10).

            b) de «un año» (Lev 25, 4).

 c) Alguna vez indica también un período de 70 años                   

    (II Crón 36, 21).

 

Resulta curioso poder observar que el precepto parece haber sido dado con el Decálogo, pero que no existía antes del mismo. En la Palabra de Dios no hay una orden en el sentido de que el hombre esté obligado a observar, o que haya observado, un reposo antes de la salida de Israel de Egipto.

El libro de Job revela la vida y la experiencia religiosa de los patriarcas, y aunque se discuten las diversas responsabilidades hacia Dios, no hay referencias a la obligación de observar el sábado. Por otra parte, se afirma claramente que la institución del reposo, por medio de Moisés, al pueblo de Israel fue el comienzo de la observancia del sábado entre los hombres.

·         Ex 16, 29: Mirad que Yahveh os ha puesto el sábado; por eso el día sexto os da ración para dos días. Quédese cada uno en su sitio, y que nadie se mueva de su lugar el día séptimo.

·        Neh 9, 14: Les diste a conocer tu santo sábado; les ordenaste mandamientos, preceptos y Ley por mano de Moisés, tu siervo.

 

Ahora bien, ¿DE DÓNDE VIENE EL DÍA SÁBADO

COMO SÉPTIMO DÍA CONSAGRADO A DIOS?

 

·        Gn 2, 2-3: Así fueron hechos el cielo y la tierra y todo lo que hay en ellos. Dios terminó su trabajo el séptimo día, y descansó en este día de todo lo que había hecho. Bendijo Dios el séptimo día y lo hizo santo porque ese día El descansó de todo su trabajo de creación».

·        Ex 20, 11: «En seis días Yavé hizo el cielo y la tierra, el mar y todo cuanto hay en ellos, pero el séptimo día Yavé descansó, y por eso bendijo el sábado y lo hizo sagrado». 

·         Dt 5, 13-14:«Seis días trabajarás y harás tus obras, pero el séptimo es sábado de Yavé tu Dios».

Nos damos cuenta de que en estos textos la palabra «sábado» (descanso) tiene para los istraelitas del Antiguo Testamento un nuevo sentido, un sentido religioso. El sábado les recordaba la creación de Dios en seis días con su descanso en el Séptimo día; este último día es consagrado a Dios. Y el hombre también con su trabajo imita la actividad de Dios Creador y con su «descanso» («sabat») del séptimo día el hombre imita el reposo sagrado de Dios. (Ex. 31, 13).

Así el día sábado se convirtió para los israelitas en una señal, en una de sus prácticas más típicas e importantes. Esta señal del día sábado y la circuncisión eran características mediante las cuales el pueblo de Israel se distinguía de los otros pueblos que lo rodeaban. Y durante toda la historia del Antiguo Testamento el pueblo de Israel guardó fidelidad a estas dos señales.

Con el tiempo la práctica del reposo del sábado fue asumida por la ley judía en forma muy estricta, con 39 prohibiciones de trabajo:

·        Nm 15, 32:prohibición de recoger leña.

·        Ex 16, 23: prohibición de preparar alimentos.

·        Ex 35, 3: prohibición de encender fuego.

Poco a poco la práctica del reposo del sábado se convirtió en una observancia escrupulosa e hipócrita. Los profetas del Antiguo Testamento lanzan una dura crítica contra la práctica legalista del sábado que ha convertido a los israelitas en un pueblo sin devoción interior (Cfr. Os 1, 2 y Os 2, 13). De igual modo, por lo que está escrito acerca de la primera imposición del reposo (Cfr. Ex 16, 1-35), es evidente que el día anterior al primer día de la semana en que se celebró el primer reposo los hijos de Israel hicieron un viaje de muchos kilómetros que quebrantaba el reposo, al ir desde Elim hasta el desierto de Sin. Allí murmuraron contra Yahvé, y desde aquel día comenzó la provisión de pan del cielo, el que debía recolectarse seis días a la semana, pero no el séptimo día. Es evidente, pues, que el día del viaje, que debió ser de reposo, no fue observado como tal.

En el período que se extendió desde Moisés hasta Cristo, el sábado estuvo en vigor por ley. Estaba incluido en la ley (Cfr. Ex 20, 10-11), y la cura divina para su no observancia fue proporcionada asimismo en la ley de las ofrendas. Es importante observar, en esta conexión, que el sábado jamás fue impuesto sobre los gentiles, pero fue peculiarmente una señal entre Yahvé e Israel (Ex 31,12-17). Entre los pecados de Israel se destaca especialmente la falta de observancia del reposo y el no haber dado sus reposos a la tierra.

En medio de este período de la ley, Oseas predijo que, como parte de los juicios que iban a caer sobre Israel, iban a cesar sus sábados (Os 2, 11). Esta profecía debe cumplirse en algún tiempo, porque la boca de Dios ha hablado.

 

JESÚS Y EL SÁBADO

 

Jesús no suprime explícitamente la ley del sábado. El, en día sábado, visitaba la sinagoga y aprovechaba la ocasión para anunciar el Evangelio.

 Pero Jesús, al igual que los profetas, atacaba el rigorismo formalista de los fariseos y de los maestros de la Ley.

·         Mc 2, 27: El sábado está hecho para el hombre y no el hombre para el sábado.

 

Para Jesús el deber de la caridad es anterior a la observancia material del reposo; por eso Él hizo varias curaciones en día sábado, obras prohibidas en este día. (Cfr. Mc 3, 1-6; Lc 14, 1-6; Lc 6, 1-5).

Además Jesús se atribuyó poder sobre el sábado.

 

Por supuesto que esta nueva manera de observar el sábado chocó violentamente con la mentalidad legalista de los fariseos. Y éste era uno de los cargos graves contra Jesús (Cfr. Jn 5, 9). Pero Él era consciente de que, haciendo el bien en día sábado, imitaba a su Padre, el cual habiendo reposado el sexto día, al final de la creación, continúa rigiendo el mundo y vivificando a los hombres.

·         Jn 5, 17: Mi Padre ha trabajado hasta ahora, y yo también trabajo.

La actitud de Jesús frente al día sábado nos enseña que él actuó con libertad de espíritu frente a esa ley, y nunca consideró la observancia del sábado como algo esencial en su prédica, esto era para Jesús algo menos importante.

Citamos a continuación un párrafo n° 18 maravillosa encíclica de Juan Pablo II sobre el Día del Señor, DIES DOMINI, donde se nos aclara por qué la Iglesia Católica ha dejado de santificar el sábado para consagrar el domingo al Señor.

DEL SÁBADO AL DOMINGO

Dado que el tercer mandamiento depende esencialmente del recuerdo de las obras salvíficas de Dios, los cristianos, percibiendo la originalidad del tiempo nuevo y definitivo inaugurado por Cristo, han asumido como festivo el primer día después del sábado, porque en él tuvo lugar la resurrección del Señor. En efecto, el misterio pascual de Cristo es la revelación plena del misterio de los orígenes, el vértice de la historia de la salvación y la anticipación del fin escatológico del mundo. Lo que Dios obró en la creación y lo que hizo por su pueblo en el Éxodo encontró en la muerte y resurrección de Cristo su cumplimiento, aunque la realización definitiva se descubrirá sólo en la parusía con su venida gloriosa. En él se realiza plenamente el sentido « espiritual » del sábado, como subraya san Gregorio Magno: « Nosotros consideramos como verdadero sábado la persona de nuestro Redentor, Nuestro Señor Jesucristo ».(14) Por esto, el gozo con el que Dios contempla la creación, hecha de la nada en el primer sábado de la humanidad, está ya expresado por el gozo con el que Cristo, el domingo de Pascua, se apareció a los suyos llevándoles el don de la paz y del Espíritu (cf. Jn 20,19-23). En efecto, en el misterio pascual la condición humana y con ella toda la creación, « que gime y sufre hasta hoy los dolores de parto » (Rm 8,22), ha conocido su nuevo « éxodo » hacia la libertad de los hijos de Dios que pueden exclamar, con Cristo, « ¡Abbá, Padre! » (Rm 8,15; Ga 4,6). A la luz de este misterio, el sentido del precepto veterotestamentario sobre el día del Señor es recuperado, integrado y revelado plenamente en la gloria que brilla en el rostro de Cristo resucitado (cf. 2 Co 4,6). Del « sábado » se pasa al « primer día después del sábado »; del séptimo día al primer día: el dies Domini se convierte en el dies Christi!

Es decir, que el argumento fundamental por el que los cristianos consagramos al Señor el día Domingo procede de la Resurrección del Señor. Los cuatro evangelistas concuerdan en que la Resurrección de Cristo tuvo lugar en «el primer día de la semana», que corresponde al día Domingo de ahora.

Hay un hecho que se puede constatar en los cuatro evangelios: Cristo ha resucitado y lo ha hecho el primer día de la semana, que no es el sábado, sino el domingo.    

Que el hecho de la Resurrección de Cristo es el eje central de la Fe Católica es innegable. Bastará con la siguiente afirmación de San Pablo.

De ahí que podamos afirmar con certeza que hay razones para celebrar este día de la Resurrección:

1) Con su Muerte y Resurrección, Jesús comenzó la Nueva Alianza y terminó la Antigua Alianza. Durante la última Cena, Jesús proclamó: «Esta copa es la Alianza Nueva, sellada con mi sangre, que va a ser derramada por ustedes.» (Lc. 22, 20). Los discípulos de Jesús poco a poco se dieron cuenta de que en esta Nueva Alianza la ley de Moisés y sus prácticas tendrían otro sentido.

La Muerte y Resurrección de Cristo significaban también para los primeros cristianos la Nueva Creación, ya que Jesús culminaba su obra precisamente con su Muerte y Resurrección justo en el día Domingo, que será desde entonces «el día del Señor».

Nosotros también hemos recibido la promesa de entrar con Cristo en este reposo (Hb 4, 1-16). Entonces, el día Domingo, «el día del Señor», será el verdadero día de descanso, en que los hombres reposarán de sus fatigas a imagen de Dios que reposa de sus trabajos (Cfr. Hb 4, 10 y Ap 14, 13).

De ahí en adelante la fe de los cristianos tiene como centro a Cristo Resucitado y Glorificado. Y para ellos era muy lógico celebrar el «Día del Señor» (Domingo) como el «Nuevo día» de la Creación. (Is 2, 12).

 

2) Los primeros cristianos siguieron en un principio observando el sábado y aprovechaban las reuniones sabáticas para anunciar el Evangelio en el ambiente judío.

Hc 13, 14: Mientras que ellos, partiendo de Perge, llegaron a Antioquía de Pisidia. El sábado entraron en la sinagoga y tomaron asiento.

NÓTESE que el ingreso a la Sinagoga no es para celebrar la fracción del pan, sino que tiene una marcada intención evangelizadora, en la cual Pablo señala el hecho central de la Resurrección del Señor (Hc 13, 30) y que nos otorga la justificación que no pudo alcanzarnos la Ley (Hc 13, 38). Además debemos que en ese preciso instante, no había en ese lugar ninguna comunidad cristiana. Sólo judía.

Conforme iban surgiendo las comunidades cristianas y empezaban a reunirse para la fracción del pan, no lo hacían en sábado, sino en el primer día de la semana. Pero luego el primer día de la semana (el Domingo) empezó a ser el día del culto de la primitiva Iglesia.

·         Hc 20, 7: El primer día de la semana, estando nosotros reunidos para partir el pan...

Sabemos que «partir el pan» es la expresión antigua para designar la santa Misa o Eucaristía. Es entonces muy claro que los primeros cristianos tenían su reunión litúrgica -la Santa Misa- en el día Domingo, tal como se hace hoy. Escribe Juan, el autor del libro Apocalipsis: «Sucedió que, un día del Señor, quedé bajo el poder del Espíritu Santo» (Ap 1, 10).

 

LA DOCTRINA DE SAN PABLO

·        Gálatas 4, 1-11:TAMBIÉN digo: Entre tanto que el heredero es niño, en nada difiere del siervo, aunque es señor de todo; mas está debajo de tutores y curador hasta el tiempo señalado por el padre. Así también nosotros, cuando éramos niños, éramos siervos bajo los rudimentos del mundo. Mas venido el cumplimiento del tiempo, Dios envió su Hijo, hecho de mujer, hecho súbdito á la ley, para que redimiese á los que estaban debajo de la ley, á fin de que recibiésemos la adopción de hijos. Y por cuanto sois hijos, Dios envió el Espíritu de su Hijo en vuestros corazones, el cual clama: Abba, Padre.  Así que ya no eres más siervo, sino hijo, y si hijo, también heredero de Dios por Cristo.  Antes, en otro tiempo, no conociendo á Dios, servíais á los que por naturaleza no son dioses: Mas ahora, habiendo conocido a Dios, ó más bien, siendo conocidos de Dios, ¿cómo os volvéis de nuevo a los flacos y pobres rudimentos, en los cuales queréis volver á ESCLAVIZAR? Guardáis los días[ Sábados], y los meses, y los tiempos, y los años. Temo de vosotros, que no haya trabajado en vano en vosotros.

 

Pablo estaba preocupado con la Iglesia de los Gálatas y llegó a pensar que quizás había perdido su tiempo (trabajado en vano) con ellos porque todavía NO MADURABAN, NI CRECIAN ESPIRITUALMENTE para aceptar la realidad de la libertad en Cristo Jesús. Ellos, que habían recibido por voluntad expresa de Dios, el Evangelio sin conocimiento de la antigua alianza, ahora se estaban volviendo contra él al abrazar los caminos de la Ley judía,  la ley de Moisés. Entre esas normas figuraría sin duda, la idea de guardar el sábado, y los demás días de fiesta instituidos en la Ley Mosaica.

Pablo es bien claro. Antes no éramos hijos , porque estábamos sin derechos y bajo la maldición. La idea de la filiación divina lleva consigo no sólo la restitución a la dignidad y derechos de hijos, sino que implica una realidad ontológica nueva, que crea el Espíritu de Cristo. En el v. 6 dice claramente que somos realmente hijos, pues hemos recibido la filiación adoptiva (v. 5) y explica hasta el v. 7 lo que significa ese nuevo paso ontológico para el hombre ganado por Cristo y obra del Espíritu Santo.

Cabe resaltar el marcado sentido teológico de los vers. 4 y 5.

1)      Dios tiene un Hijo, que se distingue de los hombres. Hijo en sentido propio. Que está con Él y viene al mundo. Tenemos, pues la divinidad del Hijo y la distinción personal del Padre.

2)      El Hijo preexiste a la Encarnación, que es una misión en el tiempo (misión histórica) que el Padre encarga al Hijo. (El verbo griego utilizado es exapostellein -> "enviar desde, de junto a sí).

3)      La encarnación es sobrenatural y virginal, pues sólo se menciona la mujer.

4)      El fin de la encarnación es doble: rescatar y dar la filiación divina.

 

Está claro que todo nos viene de Cristo. Él trae la Buena Nueva y establece una Nueva Alianza con toda la fuerza de Dios. Pero por si acaso nos queda alguna duda de la validez de la antigua Ley, no señala un poco más abajo cuál ha de ser la nueva Ley que debe regirnos  a los hijos adoptivos de Dios.

 

Gal 6, 1-10: Hermanos, aun cuando alguno incurra en alguna falta, vosotros, los espirituales, corregidle con espíritu de mansedumbre, y cuídate de ti mismo, pues también tú puedes ser tentado. Ayudaos mutuamente a llevar vuestras cargas y cumplid así la ley de Cristo. Porque si alguno se imagina ser algo, no siendo nada, se engaña a sí mismo. Examine cada cual su propia conducta y entonces tendrá en sí solo, y no en otros, motivo para glorificarse, pues cada uno tiene que llevar su propia carga. Que el discípulo haga partícipe en toda suerte de bienes al que le instruye en la Palabra. No os engañéis; de Dios nadie se burla. Pues lo que uno siembre, eso cosechará: el que siembre en su carne, de la carne cosechará corrupción; el que siembre en el espíritu, del espíritu cosechará vida eterna. No nos cansemos de obrar el bien; que a su tiempo nos vendrá la cosecha si no desfallecemos. Así que, mientras tengamos oportunidad, hagamos el bien a todos, pero especialmente a nuestros hermanos en la fe.

 

La ley de la caridad es la ley de Cristo (v. 2; Cfr. Jn 13, 34). Su práctica exige la humildad que nace del conocimiento propio (v. 3-4). A esta base psicológica, Pablo añade otra teológica: el egoísmo nada puede esperar de Dios. Sólo la práctica del amor será recompensada con la vida eterna. La perseverancia en la práctica del bien es idea clave en la espiritualidad paulina. Tiene su enemigo en el cansancio humano. Para esto alienta con la esperanza de la cosecha futura cierta (v. 9).

Por fin, acaba su brillante discurso de la carta de los Gálatas manteniendo su espíritu, el que le ha cambiado a Pablo: la actitud del creyente ante la cruz de Cristo. Por el contrario, los judaizantes, los amigos de la Ley, huyen de ella y buscan otros intereses.

 

Los predicadores de la circuncisión, o de la Ley, tienen intenciones materiales y humanas. No es que ellos se interesen mucho por la guarda de la Ley, pues ni ellos mismos la guarda. Su proselitismo es interesado, porque buscan su propia gloria, tener muchos discípulos y prosélitos. No es el amor a la circuncisión, sino la propia vanidad lo que les rige.

La bendición de Pablo es para los que , como él, no se glorían más que en la cruz de Cristo.

Analicemos brevemente otro texto del Apóstol de los Gentiles:

·         Col 2, 16: Por lo tanto, nadie os juzgue en comida o en bebida, o en cuanto a días de fiesta, luna nueva o DIAS DE REPOSO, TODO LO CUAL ES SOMBRA de lo que había de venir; pero la realidad se encuentra en Cristo.

Se deduce claramente: 

1)      La inferioridad de las instituciones mosaicas, que, en relación con la nueva Alianza, no son nada sustantivo.

2)      La plenitud de los bienes que encontramos en Cristo: Él es el manjar de la vida y bebida de inmortalidad, el verdadero cordero pascual comido con asimos de pureza ( Cfr. I Cor 5, 8),la sangre para la expiación (Cfr. Hb 9, 6-12)

3)      Abrogación de la Ley antigua. Sería una necedad volver a ella, pues entonces los cristianos cambiarían la realidad, que es Cristo, por la sombra, que es la Ley. El Apóstol Pablo nos dice muy claramente que: Los días de fiesta, los días de luna nueva, Y LOS DIAS DE REPOSO judíos eran SOMBRA O TIPOLOGIA de la realidad que es en Cristo.

 

ALGUNAS CONCLUSIONES:

EL DIA DEL SEÑOR

Además del hecho de que el día del reposo en ninguna parte se impone a los hijos de Dios bajo la gracia, hay abundantes razones para que observen el primer día de la Semana.

1.                            Estaba profetizado que se instituiría un nuevo día bajo la gracia. Según Salmo 118:22-24 y Hechos 4:10-11, Cristo llegó a ser la Piedra desechada por Israel, los «edificadores», cuando fue crucificado; pero por su resurrección fue hecho cabeza del ángulo. Esta cosa maravillosa es de Dios, y el día de su cumplimiento fue designado divinamente coma día de regocijo y alegría. En conformidad con esto, el saludo de Cristo el día de la resurrección fue «Salve» (Mt. 28:9, que más literalmente sería «regocijaos»), y siendo el «día que instituyó Jehová»(Sal. 118:24, Versión Moderna), se denomina con toda justicia «El día del Señor», que es el significado de la palabra domingo>.

2.                            Varios sucesos señalan La observancia del primer día.

a)      En ese día resucitó Jesús de entre los muertos (Mt. 28:1).

b)     En ese día se reunió con los discípulos en la nueva comunión (Jn. 20:19).

c)      En ese día les dio instrucciones (Lc. 24:13-45).

d)     En ese día ascendió a los cielos como las «primicias» a gavilla mecida (Lv. 23:10-12; Jn. 20:17; 1 Co. 15:20, 23).

e)      En ese día sopló sobre ellos (Jn. 20:22).

f)       En ese día el Espíritu Santo descendió del cielo (Hch. 2:1-4).

g)     En ese día el apóstol Pablo predicó en Troas (Hch. 20:6-7).

h)     En ese día los creyentes se reunieron para el partimiento del pan (Hch. 20:6, 7).

i)       en ese día debían apartar la ofrenda según Dios les hubiera prosperado (1 Co. 16:2). i) En ese día Cristo el apareció a Juan en Patmos (Ap. 1:10).

3.                            El octavo día fue el día de la circuncisión. El rito de la circuncisión, celebrado en el octavo día, tipificaba la separación del creyente de la carne y del viejo orden por la muerte de Cristo (Col. 2:11), y el octavo día, siendo el primer día después de completada una semana, es simbólico de. un nuevo comienzo.

4.                            El nuevo día es de gracia. Al final de una semana de trabajo se concedía un día de reposo al pueblo que estaba vinculado con Dios por las obras de la ley; mientras que para el pueblo que está baja la gracia, cuyas obras están consumadas en Cristo, se señala un día de adoración que, por ser el primer día, precede a todos los días de trabajo. El creyente vive y sirve durante los seis días siguientes sobre la base de la bendición del primer día. El día de reposo pertenece a un pueblo que está relacionado con Dios par las obras que tenían que ser cumplidas antes del reposo; el día de adoración y servicio incesante corresponde a un pueblo que está relacionado con Dios par la obra consumada de Cristo. El séptimo día se caracterizaba por una ley intransigente; el primer día se caracteriza par la latitud y la libertad que corresponden a la gracia. El séptimo día se observaba con la esperanza de que por él uno pudiera ser aceptable ante los ojos de Dios; el primer día se observa con la seguridad de que uno ya ha sido aceptado par Dios. La observancia del séptimo día era obra de la carne; la observancia del primer día es obra del Espíritu que mora en el creyente.

5.                            El nuevo día ha sido bendecido por Dios. A través de esta dispensación los creyentes más llenos del Espíritu y más devotos, y a quienes la voluntad de Dios ha sido claramente revelada, han guardado el día del Señor sin ningún sentimiento de responsabilidad hacia la observancia del séptimo día. Es razonable suponer que si hubiesen sido culpables de quebrantar el día del repaso, hubiesen recibido convicción de pecado a! respecto.

6.                            El nuevo día ha sido entregado al creyente individual. No ha sido entregado a los inconversos. Es ciertamente motivo de confusión para el inconverso darle lugar para que suponga que será más aceptable a Dios si guarda un día; porque sin la salvación que hay en Cristo todos los hombres están completa e igualmente perdidos. Para beneficio de todos se ha establecido un día de reposa por razones sociales y de salud; pero los no regenerados debieran comprender que la observancia de ese día no les añade ningún mérito ante los ojos de Dios.

No ha sido entregada a la iglesia como un cuerpo. La responsabilidad de la observancia del primer día necesariamente ha sido entregada al creyente coma individuo solamente, y no a la iglesia como un todo; el modo de su celebración por el individuo se sugiere en dos dichos de Jesús en la mañana de la resurrección: «Regocijaos» («Salve» en Reina Valera) e «Id y decid». Esto pide una actividad incesante en toda forma de adoración y servicio; tal actividad contrasta con el reposo del séptimo día.

No se da ningún mandamiento en el sentido de observar el primer día. Puesto que es toda de gracia, no se impone un requerimiento escrito para la observancia del día del Señor, ni se prescribe la forma de su observancia. Por esta sabia provisión, a nadie se estimula a que guarde el día como un puro deber. Debe ser observado de corazón. Israel estaba delante de Dios como un niño inmaduro que está bajo tutores y curadores y tiene necesidad de los mandamientos que se dan a un niño (Ga. 4:1-11); la iglesia está delante de Dios como hijo adulto. La vida del creyente bajo la gracia es claramente definida, pero es presentada solamente como ruego de Dios con la esperanza de que todo será hecho voluntariamente (Ro. 12:1, 2; Ef. 4:1-3). Hay pocas dudas en cuanto a la forma en que un creyente bien instruido, lleno del Espíritu (y la Escritura da por concedido que el cristiano normal es así), actuará en el día que conmemora la resurrección de Cristo y la nueva creación. Si el hijo de Dios no está rendido a Dios, ninguna observancia obligatoria corregirá su carnal corazón, ni serla esa observancia agradable a Dios. El problema entre Dios y el cristiano carnal no es de acciones externas, sino de una vida rendida.

El modo de observancia del día del Señor puede ser extendida a los demás días. Cristo no era devoto a su Padre en un día más que en otros. El reposo del séptimo día no podía ser extendido a todos los días por igual. Pero, aunque el creyente tenga más tiempo y libertad el primer día de la semana, su adoración, gozo y servicio que caracterizan la observancia del día del Señor podría ser su experiencia cotidiana (Rom 14:5).

 

ALGUNAS ORIENTACIONES CATEQUÉTICAS


 

El tercer Mandamiento de la Ley de Dios es santificarás las fiestas.

 

Los Apóstoles cambiaron el sábado por el domingo por ser el día que resucitó el Señor (domingo significa día del Señor) y el día en que el Espíritu Santo descendió sobre el Colegio Apostólico.

El código de derecho canónico formula la obligación de santificar las fiestas con estas palabras: "El domingo y las demás fiestas de precepto los fieles tienen obligación de participar en la Misa; y se abstendrán además de aquellos trabajos y actividades que impiden dar culto a Dios, gozar de la alegría propia del Señor, o disfrutar del debido descanso de la mente y del cuerpo" (Can 1247).

 

El tercer Mandamiento de la Ley de Dios es de derecho natural, por tanto el hombre por exigencia de su misma naturaleza, debe dedicar algún tiempo al culto divino. Obliga a todos los hombres del mundo con uso de razón, incluso a los herejes y paganos.


 

 

LA SANTA MISA

 


El primer Mandamiento de la Santa Madre Iglesia es oír Misa entera todos los domingos y fiestas de guardar.

Obliga a todos los fieles que tienen uso de razón y han cumplido siete años.

Este precepto hay que cumplirlo el día que está mandado; también puede cumplirse participando en la Misa vespertina del sábado, o de la tarde anterior a la fiesta de precepto.

Para oír válidamente la Santa Misa se requiere presencia corporal, integridad y atención externa.

La presencia tiene que ser real, es decir, que el fiel ha de hallarse en el interior de la iglesia, o si no le es posible entrar, porque está abarrotada, debe unirse a los que están dentro y seguir la Misa por el sonido, los cantos, las respuestas de los fieles y las aptitudes de los demás.

No cumple el precepto de oír Misa el cristiano que sigue la Misa por radio o televisión, o quien omite una parte notable de la Misa.

Para participar en la Misa se requiere atención  externa.

La atención externa consiste en evitar cosas incompatibles con la Misa: hablar con un amigo, contemplar las vidrieras, dormirse, etc. Cumple con el precepto de oír Misa el que guarda atención y compostura externa.

"Que los cristianos no asistan a este misterio de fe como extraños o mudos espectadores, sino que, comprendiéndolo bien a través de los ritos y oraciones, participen conscientes, piadosa y activamente en la acción sagrada" (Concilio Vaticano II).

Causas que dispensan el precepto de oír Misa son: la imposibilidad moral, la caridad y la obligación.

La imposibilidad moral puede ser: una enfermedad, una distancia considerable del templo (una hora andando); la ancianidad que causa graves molestias para trasladarse al templo o permanecer en él durante toda la Misa, etc.

La caridad que obliga a socorrer al prójimo en grave necesidad (cuidar enfermos, apagar un incendio).

La obligación que retiene en sus puestos a las madres, soldados, trabajadores, etc.


 

CONFESAR Y COMULGAR

 


El segundo Mandamiento de la Iglesia es confesar los pecados mortales al menos una vez al año, en peligro de muerte y si se ha de comulgar.

Confesar los pecados una vez al año obliga a todos los que han llegado al uso de razón, aunque no hayan cumplido los siete años; pero sólo obliga si hay pecado mortal, porque los pecados veniales son materia libre de la confesión.

En caso de peligro de muerte, es obligatorio confesar si se tiene conciencia de pecado mortal.

Sólo se puede comulgar en gracia de Dios. No se puede comulgar en pecado mortal. No basta el simple acto de contricción para acercarse a comulgar, a no ser que se junten estas dos circunstancias: necesidad urgente y carencia de confesor.

Una cosa es el precepto y otra el consejo. La Iglesia ha enseñado siempre la práctica de la confesión frecuente: "Para progresar cada día con mayor fervor en el camino de la virtud, queremos recomendar con mucho encarecimiento el piadoso uso de la confesión frecuente, introducido por la Iglesia no sin una inspiración del Espíritu Santo: con él se aumenta el justo conocimiento propio, crece la humildad cristiana, se hace frente a la tibieza e indolencia espiritual, se purifica la conciencia, se robustece la voluntad, se lleva a cabo la saludable dirección de las conciencias y aumenta la gracia en virtud del sacramento mismo" (Pío XII).

El tercer Mandamiento de la Iglesia es comulgar por Pascua de Resurrección.

El precepto de comulgar por lo menos una vez al año obliga a todos los fieles que han llegado al uso de razón.

La Iglesia ha recomendado vivamente a todos los fieles la práctica de la comunión frecuente: "Jesucristo y su Iglesia desean que todos los fieles cristianos se acerquen diariamente al Sagrado convite, principalmente para que unidos con Dios por medio del sacramento, en él tomen fuerzas para refrenar las pasiones, purificarse de las culpas leves cotidianas, e impedir los pecados graves a que está expuesta la debilidad humana" (San Pío X).

La Iglesia permite recibir la comunión dos veces al día, siempre que sea en dos Misas distintas.