Flecha izquierda: NEXTFlecha izquierda: ATRÁS              Tema 19 :           

             LA CONFIRMACIÓN  

 

 

La Confirmación es el sacramento por el cual el bautizado queda fortalecido con el don del Espíritu Santo para que, de palabra y obra, sea testigo de Cristo y propague y defienda la fe (CIC, c. 879)

 

La Confirmación es para nosotros lo que Pentecostés fue para los Apóstoles.  Pero en la Sagrada Escritura nos consta que los Apóstoles, antes de Pentecostés, ya habían recibido el Espíritu Santo.

 

 

Tras haber dado Jesucristo el Espíritu Santo a los Apóstoles, éstos permanecieron tímidos, ignorantes e imperfectos. Dios procede por grados en la comunicación de sus dones. Los Apóstoles tenían ya el Espíritu Santo, pero no habían recibido aún la fortaleza para confesar la fe y transmitirla; ésta la recibieron el día de Pentecostés. También nosotros recibimos por la primera vez al Espíritu Santo en el Bautismo, recibiendo luego la plenitud de sus dones, en la Confirmación.

 

            No consta en la Sagrada Escritura el momento preciso de la institución de este Sacramento, aunque los profetas anunciaron repetidas ocasiones una amplia difusión del Espíritu Divino en los tiempos mesiánicos. Es una idea que el Papa Juan Pablo II ha intentado explicar en sus Catequesis sobre la acción santificadora del Espíritu Santo.

 

En el Antiguo Testamento la exigencia de santidad está fuertemente vinculada a la dimensión cultual y sacerdotal de la vida de Israel. El culto se debe tributar en un lugar 'santo', lugar de la Morada de Dios tres veces santo (Cfr. Is 6, 1.4). La nube es el signo de la presencia del Señor (Cfr. Ex 40, 34.35; 1 Re 8, 10.11 ); todo, en la tienda, en el templo. en el altar, en los sacerdotes, desde el primer consagrado Aarón (Cfr. Ex 29, 1, ss.), debe responder a las exigencias del 'sacro'. que es como una aureola de respeto y de veneración creada en torno a personas, ritos y lugares privilegiados por una relación especial con Dios.

Algunos textos de la Biblia afirman la presencia de Dios en la tienda del desierto y en el templo de Jerusalén (Ex 25, 8; 40 34-35; 1 Re 8, 10-13; Ez 43,4-5). Sin embargo, en la narración misma de la dedicación del templo de Salomón se refiere una oración en la que el rey pone en duda esta pretensión diciendo: '"Es que verdaderamente habitará Dios con los hombres sobre la tierra? Si los cielos y los cielos de los cielos no pueden con tenerte, ¡cuánto menos esta Casa que yo te he construido! (1 Re 8, 27). En los Hechos de los Apóstoles, san Esteban expresa la misma convicción a propósito del templo: 'El Altísimo no habita en casas hechas por mano de hombre' (Hech 7, 48). La razón de ello la explica Jesús mismo en el coloquio con la Samaritana: 'Dios es espíritu, y los que adoran, deben adorar en espíritu y verdad' (Jn 4, 24). Una casa material no puede recibir plenamente la acción santificadora del Espíritu Santo. y por tanto no puede ser verdaderamente 'morada de Dios'. La verdadera casa de Dios debe ser una 'casa espiritual'. como dirá san Pedro, formada por 'piedra vivas', es decir, por hombres y mujeres santificados interiormente por el Espíritu de Dios (Cfr. 1 Pe 2, 4.10; Ef 2, 21.22).

Por ello. Dios prometió el don del Espíritu a los corazones, en la célebre profecía de Ezequiel, en la que dice: 'Yo santificaré mi gran nombre profanado entre las naciones, profanado allí por vosotros... Os rociaré con agua pura y quedaréis purificados: de todas vuestras impurezas y de todas vuestras basuras os purificaré. Y os daré un corazón nuevo, infundiré en vosotros un espíritu nuevo... Infundiré mi espíritu en vosotros...' (Ez 36. 23.27). El resultado de este don estupendo es la santidad efectiva. vivida con la adhesión sincera la santa voluntad de Dios. Gracias a la presencia íntima del Espíritu Santo, finalmente los corazones serán dóciles a Dios y la vida de los fieles será conforme a la ley del Señor.

Dios dice: 'difundiré mi espíritu en vosotros y haré que os conduzcáis según mis preceptos y observéis y practiquéis mis normas' (Ez 36. 27). El Espíritu santifica de esta forma toda la existencia del hombre.

Contra el espíritu de Dios combate el 'espíritu de la mentira' (Cfr. 1 Re 22, 21-23), el 'espíritu inmundo' que subyuga a hombres y pueblos sometiéndolos a la idolatría. En el oráculo sobre la liberación de Jerusalén. en perspectiva mesiánica, que se lee en el libro de Zacarías. el Señor promete realizar él mismo la conversión del pueblo. haciendo desaparecer el espíritu inmundo: 'Aquel día habrá una fuente abierta para la casa de David y para los habitantes de Jerusalén. para lavar el pecado y la impureza. Aquel día...extirparé yo de esta tierra los nombres de los ídolos... igualmente a los profetas y el espíritu de impureza los quitaré de esta tierra...' (Za 13. 1.2: cfr. Jer 23, 9 s.; Ez 13 . 2 ss.) .

El 'espíritu de impureza' será combatido por Jesús (Cfr. Lc 9. 42; 11,24). que hablará. a este propósito, de la intervención del Espíritu de Dios y dirá: 'Si por el Espíritu de Dios expulso yo los demonios, es que ha llegado a vosotros el Reino de Dios' (Mt 12. 28). Jesús promete a sus discípulos la asistencia del 'Consolador'. que 'convencerá al mundo... en lo referente al juicio, porque el Principe de este mundo está juzgado' (Jn 16. 8.11). A su vez, Pablo hablará de; Espíritu que justifica mediante la fe y la caridad (Cfr. Gal 5, 19 ss.). enseñando la nueva vida 'según el Espíritu': el Espíritu nuevo de que hablaban los profetas.

 ( Juan Pablo II. Acción santificadora del Espíritu Santo. 21-II-90)

 

Nuestro Señor Jesucristo dijo a los apóstoles que el Espíritu Santo hablaría por ellos ante los tribunales:

 

Reiteradas veces anunció Jesús que enviaría el Espíritu Santo

Poco antes de subir al Cielo, Jesucristo ordenó a los Apóstoles que no se ausentasen de Jerusalén, sino que esperaran la promesa que les había hecho:

Así pues hemos visto cómo Cristo anuncia reiteradamente la venida del Espíritu Santo  necesaria para completar su obra, que se da de pleno el día de Pentecostés.

La misma acción de los Apóstoles da constancia a la institución de un sacramento distinto del bautismo.

 

            Por no aparecer explícitamente el momento de la institución de este sacramento, los protestantes lo rechazaron como carente de fundamento bíblico. Por eso el Concilio de Trento hizo la siguiente declaración: “Si alguno dijere que la confirmación de los bautizados  es ceremonia ociosa y no verdadero y propio sacramento, sea anatema” (Dz 871) Santo Tomás enseña que Cristo instituyó el sacramento prometiendo que se verificaría luego de su Resurrección y Ascensión a los cielos, esto es, después de que el Espíritu Santo viniera sobre los Apóstoles el día de Pentecostés, pues sólo entonces recibirían la plenitud del Espíritu (S.Th, III, q. 1 ad 1).

 

 

SIGNO EXTERNO DE LA CONFIRMACIÓN

            Al administrar la Confirmación, la Iglesia repite la ceremonia que relatan los Hechos de los Apóstoles (19, 1-16), añadiendo algunos ritos que hacen más comprensible la recepción del Espíritu Santo y los efectos sobrenaturales que produce en el alma.

 

·        MATERIA: la unción con el crisma[1] en la frente y la imposición de manos del Obispo.

El aceite era usado, desde la antigüedad, por los gladiadores para fortalecer sus músculos y, por esa razón, es símbolo de fuerza y plenitud. El confirmado podrá con el sacramento cumplir con valentía su misión apostólica. El bálsamo, que perfuma el aceite y lo libra de la corrupción, denota el buen olor de la virtud y la preservación de los vicios.

 

 

Lo mismo que al soldado se le dan las armas que ha de usar en la batalla, al confirmado se le signa con la señal de la cruz que es el arma con la cual vencerá en las batallas del espíritu.

 

EFECTOS DE LA CONFIRMACIÓN

 

1.      Aumento de la gracia santificante: Todo sacramento aumenta per se la gracia santificante. En este sacramento se plenifica la recepción del Espíritu Santo, ya recibido en el Bautismo.

2.      La gracia sacramental específica: cuyo efecto es el don de fortaleza, ayuda al sujeto a llegar a la perfección; cumplimiento del deber, valor ante el sufrimiento y esfuerzo en el combate contra los enemigos del alma.

3.      El carácter indeleble: reafirma al confirmado en su participación del sacerdocio de Cristo, ahora de un modo especial para dedicarse al apostolado.

 

NECESIDAD DE LA CONFIRMACIÓN

           

Ya se dijo que el único sacramento exclusivamente necesario para salvarse es el Bautismo, Pero el sacramento de la Confirmación se necesita para vivir con plenitud el desarrollo de la vida cristiana.

            El Código de Derecho Canónico en el c. 890 prescribe a todos los fieles la obligación de recibir este sacramento en el tiempo oportuno, por lo que si se deja de recibir por menosprecio o negligencia, se peca gravemente.

 

MINISTRO DE LA CONFIRMACIÓN

           

El ministro ordinario de la Confirmación es el Obispo; también administra válidamente este sacramento el presbítero dotado de facultad por el derecho común o concesión peculiar de la autoridad competente” (CIC, c. 882)

 

SUJETO DE LA CONFIRMACIÓN

           

El sujeto de la confirmación es todo bautizado que no haya sido confirmado.

            También los niños pueden recibir válidamente este sacramento y, si se hallan en peligro de muerte, se les debe administrar la confirmación[2].

            Para que el confirmando con uso de razón reciba lícitamente el sacramento, ha de estar convenientemente instruido, en estado de gracia, y ha de ser capaz de renovar las promesas del bautismo.

 

LOS PADRINOS DE LA CONFIRMACIÓN

           

Al padrino le corresponde procurar que el sujeto se comporte como verdadero testigo de Cristo y cumpla fielmente las obligaciones inherentes al sacramento (CIC, c. 892).

            Las condiciones para ser padrino son las mismas que las que se exigen para el padrino de bautismo.

 

 

CONFIRMACIÓN   SÍNTESIS   JURÍDICA

( CC. 879  al  896 ) (Pbro Lic José. Ros Jericó) 06 de Noviembre de 2004

 

 

En este tema voy a tratar sólo de la regulación del Código de Derecho canónico sobre el sacramento de la confirmación, prescindiendo de la compleja problemática teológica que entraña dicho sacramento.

 

 1.- CONCEPTO

 

El c 879 da un concepto bastante claro y dice: “El sacramento de la confirmación, que imprime carácter y por el que los bautizados, avanzando por el camino de la iniciación cristiana, quedan enriquecidos con el don del Espíritu Santo y vinculados más perfectamente a la Iglesia, los fortalece y obliga con mayor fuerza a que, de palabra y de obra, sean testigos de Cristo y propaguen y defiendan la fe”. Esto está inspirado en el C. Vaticano II, en la Lumen Gentium, en la tradición teológica y en el magisterio anterior.

 

 2.- EVOLUCIÓN HISTÓRICA DEL NOMBRE, DE LA MATERIA Y DE LA FORMA DEL SACRAMENTO.

 

Lo que hoy conocemos como sacramento de la confirmación, distinto del bautismo, definido en el Concilio de Trento ( DzS 844 y 871), y Concilio de Florencia (DzS 697), aparece en las Sagradas Escrituras y en la Tradición de los tres primeros siglos como un rito unido al bautismo bajo el nombre de imposición de manos o bendición.

El primer texto conciliar que distingue entre el rito del bautismo y el de la imposición de las manos o bendición es el Concilio de Elvira del s. IV. ( cc 38 y 77).

Este rito de imposición de manos es reemplazado en Oriente, a lo largo de los siglos III-IV, por la unción con óleo perfumado (myron), rito que se extiende por Occidente un poco más tarde.

En España, S. Panciano de Barcelona habla de sacramentum chrismatis,(sacramento del crisma) atribuyendo a la crismación el don del Espíritu Santo. Igualmente relacionan la crismación con el don del Espíritu Santo S. Isidoro de Sevilla y S Ildefonso de Toledo, los que también designan a dicho rito con el nombre de imposición de manos.

De la crismación en forma de cruz en la frente surgieron las palabras signar, consignar y sello del crisma, como sinónimas de crismar.

La palabra confirmación, para designar este sacramento, comenzó a ser empleada por algunos concilios galos hacia mediados del siglo V, y en el siguiente se encuentra utilizada por S. Isidoro de Sevilla, quien titula el c 27 del II libro de su obra De ecclesiasticis officiis, da manuum impositione seu confirmatione  y por los Concilios II de Braga (a. 572) y II de Barcelona (a. 599).

Este es el término que se usa para designar este sacramento –confirmación- en las lenguas germánicas y latinas de Occidente, excepto en italiano, en que ha prevalecido la palabra cresima.

A través de la historia ha habido cambios en el nombre y en la materia de este sacramento: en los primeros siglos, imposición de manos, después crismación y finalmente, crismación acompañada de la imposición de mano.

En cuanto a la forma: en las Iglesias de Oriente, desde finales del s. IV, ha sido la siguiente: sello del don del Espíritu Santo.

...Similares a ésta fueron las formas conocidas por las Iglesias de Occidente hasta el siglo X, pero, a partir de entonces se difundió la forma que ha durado hasta nuestros días: Signo te signo crucis et confirmo te chrismate salutis in nomine Patris et Filii es Spiritus Santus. Amen.(Te signo con el signo de la cruz y te confirmo con el crisma de la salud en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo).

Finalmente, Pablo VI, en su Cosnt. Apostólica Divinae consortium naturae, estableció que el sacramento de la confirmación en la Iglesia latina se confiera, a partir del 1 de enero del 1973, en que entró en vigor dicha constitución, “mediante la unción del crisma sobre la frente que se hace con la imposición de la mano y con las siguientes palabras: N.: recibe por esta señal el don del Espíritu Santo. Y el confirmado responde: Amén.

 

 3.-¿CUÁL ES LA  MATERIA REMOTA Y PRÓXIMA?

 

La materia remota es el crisma consagrado por el Obispo. El crisma se compone de aceite de oliva o de otras plantas y de bálsamo. Este es una sustancia líquida y aromática que se desprende de diversos árboles.

Tanto el bálsamo, que se caracteriza por su perfume, como el aceite son signos de la plenitud del espíritu que se da en la confirmación.

La Iglesia oriental mezcla a veces en el mirón hasta cuarenta sustancias aromáticas.

La materia próxima es la unción en la frente con el crisma a modo de cruz que se hace con la imposición de mano del ministro c 880.

 

 4.- ¿CUÁL ES LA FORMA?

 

En la actualidad es: “Recibe por esta señal el don del Espíritu Santo” para la Iglesia latina, y para la Iglesia católica griega: Sello del don del Espíritu Santo”.

 

 5.-¿QUÉ EFECTOS TIENE LA CONFIRMACIÓN?

 

La Constitucion Lumen gentium n° 11 dice “ Por el sacramento de la confirmación ( los fieles) se vinculan más estrechamente a la Iglesia, se enriquecen con una fuerza especial del Espíritu Santo y con ello quedan obligados más estrictamente a difundir y defender la fe, como verdaderos testigos de Cristo, por la palabra juntamente con las obras”. El c 879 también dice “que imprime carácter”.

 

 6.- ¿QUIÉN ES EL MINISTRO DE LA CONFIRMACIÓN?

 

   A) Ministro  ordinario.

“El ministro ordinario de la confirmación es el Obispo” dice claramente el c 882.

 

   B) Ministro extraordinario.

El mismo c 882 añade que “también administra válidamente este sacramento el presbítero dotado de esta facultad por el derecho común o por concesión peculiar de la autoridad competente”. (Aunque el c. no lo dice, podríamos entenderlo como ministro extraordinario).

 

   C) Sacerdotes ministros de la confirmación “a iure”(por derecho).

1)      Los equiparados al Obispo diocesano

Lo son, dentro de los límites de su jurisdicción, quienes en el derecho se equiparan al Obispo diocesano, “es decir, los que están al frente de las prelaturas y abadías territoriales, de vicariatos o prefecturas apostólicas y de administraciones apostólicas erigidas de manera estable” (c 383 § 1; 381 § 2 y 368).

2)      Los sacerdotes que legítimamente bautizan a uno que ha sobrepasado la infancia o admiten a uno ya bautizado en la plena comunión de la Iglesia, según dice el c 883 § 2

3)      Todo sacerdote respecto a los que están en peligro de muerte.

 “El párroco, e incluso cualquier presbítero, a los que se encuentren en peligro de muerte” c 883 § 3. Esta facultad le compete a todo sacerdote de forma absoluta, sin limitación alguna en cuanto a la validez del acto, aun cuando esté incurso en censura c 1335.

 

   D) Sacerdotes, ministros de la confirmación por concesión peculiar del Obispo diocesano.

En el c 884 § 1 dice que “El Obispo diocesano debe administrar por sí mismo la confirmación, o cuidar de que la administre otro Obispo; pero si la necesidad lo requiere, puede conceder facultad a uno o varios presbíteros determinados, para que administren este sacramento”.

 

   E) Presbíteros asociados.

Según el c 884 § 2 “ Por causa grave el Obispo, y asimismo el presbítero dotado de facultad de confirmar por el derecho o por concesión de la autoridad competente, pueden, en casos particulares, asociarse otros presbíteros, que administren también el sacramento”.

 

   F) Obligación del Obispo diocesano.

En el c 884 § 1 dice que “El Obispo diocesano debe administrar por sí mismo la confirmación, o cuidar de que la administre  otro Obispo; y si la necesidad lo requiere, puede conceder facultades a uno o varios presbíteros determinados...”y en el c 885 § 1 inculca que “El Obispo diocesano tiene la obligación de procurar que se administre el sacramento de la confirmación a sus súbditos que lo pidan debida y razonablemente”.

 

   G) Administración lícita de la confirmación por parte del Obispo diocesano.

“Dentro de su diócesis, el Obispo administra legítimamente el sacramento de la confirmación también a aquellos fieles que no son súbditos suyos, a no ser que obste una prohibición expresa de su ordinario propio” dice el c 886 § 1.Y en el § 2 del mismo c. dice que en una diócesis ajena, el Obispo puede administrar la confirmación lícitamente a sus súbditos, pero no aquellos fieles que no lo son, salvo que tenga licencia del Obispo diocesano, al menos razonablemente presunta.

 

   H) Confirmaciones lícitas del presbítero que goza de esa facultad.

“Dentro del territorio que se le ha señalado, el presbítero que goza de la facultad de confirmar puede administrar lícitamente este sacramento también a los extraños, a no ser que obste una prohibición de su ordinario propio; pero.no puede administrarlo a nadie válidamente en territorio ajeno”, dice el c 887.

En el c 885 § 2  dice que “El presbítero que goza de esta facultad debe utilizarla para aquellos en cuyo favor se le ha concedido la facultad”.

 

 

ANEXO:  LOS DONES DEL ESPÍRITU SANTO

 


Los dones del Espíritu Santo son perfecciones sobrenaturales que Dios nos concede para obedecer dócilmente sus inspiraciones y facilitarnos el ejercicio de las virtudes cristianas.

Por medio de estos dones sobrenaturales las personas se sitúan en estado de poder seguir con facilidad y alegría los impulsos del Espíritu Santo.

Los dones del Espíritu Santo son siete. Cuatro que se refieren a la razón: don de sabiduría, ciencia, entendimiento y consejo; y tres a la voluntad: don de fortaleza, piedad y temor de Dios.


 

DONES QUE PERFECCIONAN LA RAZÓN

 


El don de sabiduría es el don que perfecciona la virtud de la caridad, dándonos gracia para juzgar acerca de Dios y de las cosas divinas por los más elevados principios.

El don de sabiduría es una experiencia del cristiano que saborea las verdades divinas usando los bienes del mundo como peldaños para alcanzar la santidad y no como fines en sí mismos. El joven que deja un partido de fútbol o cualquier otra cosa buena, por asistir a un retiro espiritual o hacer una obra de caridad, ha sido conducido por el don de sabiduría.

 

El don de ciencia es el que hace perfecta la virtud de la fe dándonos a conocer las cosas crea-das en sus relaciones para con Dios.

No se trata, pues, de la ciencia experimental, ni de la filosófica, ni de la teológica, sino de la ciencia de los santos que usaron todo a la mayor gloria de Dios.

 

El don de entendimiento es el que nos da una penetrante intuición de las verdades reveladas, pero sin aclararnos el  misterio.

Nos da una percepción espiritual que nos capacita para entender las verdades de la fe en consonancia con nuestras necesidades. Se distingue del don de ciencia en que éste se limita a las cosas creadas y el don de entendimiento se extiende a todas las verdades reveladas.

 

El don de consejo hace perfecta la virtud de la prudencia, dándonos a entender rápidamente y con seguridad, por una especie de intuición sobrenatural, lo que conviene hacer, especialmente en los casos difíciles, para mayor gloria de Dios y bien espiritual nuestro.

Sin el don de consejo, el juicio humano es demasiado falible.

 

DONES QUE PERFECCIONAN LA VOLUNTAD

 

El don de fortaleza perfecciona la virtud de la fortaleza, dando al alma fuerza y energía para hacer o padecer alegre e intrépidamente grandes sufrimientos, a pesar de todas las dificultades, en la vida cotidiana y en los momentos heroicos, como es el caso de los mártires.

 

El don de piedad hace perfecta la virtud de la religión obrando en nuestro corazón un afecto filial para con Dios, y una tierna devoción a las personas y cosas divinas, de manera que nos impulsa a cumplir con santo deseo nuestros deberes religiosos.

 

El don de temor inclina nuestra voluntad al respeto filial de Dios; nos aparta del pecado porque es una ofensa a Dios y nos hace esperar en los poderosos auxilios divinos.

No se trata del temor servil que nos da recordar nuestros pecados, ni tampoco del miedo del infierno, sino del temor reverencial y filial que nos mueve a huir de todo lo que pudiera ser ofensa de Dios.

 

Las virtudes sobrenaturales nos capacitan para los actos normales de la vida cristiana, mientras que los dones del Espíritu Santo nos capacitan para actos extraordinarios y heroicos.

 

Para fomentar los dones del Espíritu Santo en el alma es necesario que antes hayamos domado las pasiones desordenadas y los vicios, por medio de la práctica de la prudencia, la humildad, la obediencia, la mansedumbre y la castidad.


 



[1] Por crisma se entiende la mezcla de aceite de oliva y de bálsamo, consagrado por el Obispo el día de Jueves Santo. Se entiende por bálsamo el líquido aromático que fluye de ciertos árboles y que, después de quedar espesado por la acción del aire, contiene aceite esencial, resina y ácido benzoico o cinámico.

[2] Considerando el fin de este sacramento es más conveniente administrarlo cuando el niño ha llegado al uso de razón, es decir hacia los siete años de edad (Cfr CIC, c. 891)