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TEMA 14:   
                               CRISTO REY

 

 

IMPORTANCIA DEL TEMA

 


Pilato mandó poner en la cruz de Cristo una tablilla con esta inscripción: “Jesús Nazareno Rey de los judíos”. Pilato se quedó corto, porque Jesús es rey de todos los hombres, de todos los pueblos y de todas las naciones. Los males que sufren hoy los hombres y las naciones, tienen su origen en el rechazo de la realeza de Nuestro Señor Jesucristo.

En la primera encíclica de su pontificado, Pío XI analizaba las causas de los males que abrumaban angustiosamente la sociedad de su tiempo. Poco después, el 11 de diciembre de 1925, publicaba la encíclica “Quas Primas”, proponiendo como único remedio para la salvación de los pueblos y las naciones la aceptación de la realeza de Cristo.

 

El Papa comienza la encíclica haciendo:

 “dos claras afirmaciones: El mundo ha sufrido y sufre este diluvio de males porque la inmensa mayoría de la humanidad ha rechazado a Jesucristo y su santísima ley en la vida privada, en la vida de familia y en la vida pública del Estado; y es imposible toda esperanza segura de una paz internacional verdadera mientras los individuos y los Estados nieguen obstinadamente el reinado de nuestro Salvador. Por esto, advertimos entonces que la paz de Cristo hay que buscarla en el reino de Cristo” (Quas Primas, nº 2).


 

                Vemos la importancia que el Papa da a este tema y por eso debemos beber de las fuentes de la Escritura para considerar la realeza de Cristo.

 

TÍTULOS DE CRISTO REY

 

  1. POR DERECHO DE HERENCIA: es Rey por ser Hijo de Dios.
    • Salmo 110 (109), 1:  De David. Salmo. Oráculo de Yahveh a mi Señor: Siéntate a mi diestra, hasta que yo haga de tus enemigos el estrado de tus pies.
    • Is 9, 6-7: Grande es su señorío y la paz no tendrá fin sobre el trono de David y sobre su reino, para restaurarlo y consolidarlo por la equidad y la justicia, Desde ahora y hasta siempre, el celo de Yahveh Sebaot hará eso. Una palabra ha proferido el Señor en Jacob, y ha caído en Israel.
    • Dan 7, 13-14: Yo seguía contemplando en las visiones de la noche: Y he aquí que en las nubes del cielo venía como un Hijo de hombre. Se dirigió hacia el Anciano y fue llevado a su presencia. A él se le dio imperio, honor y reino, y todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieron. Su imperio es un imperio eterno, que nunca pasará, y su reino no será destruido jamás.
    • Ap 1, 5: Y de parte de Jesucristo, el Testigo fiel, el Primogénito de entre los muertos, el Príncipe de los reyes de la tierra. Al que nos ama y nos ha lavado con su sangre de nuestros pecados
    • Ap 19, 16: Lleva escrito un nombre en su manto y en su muslo: Rey de Reyes y Señor de Señores.

 

Le corresponde la primacía de todo porque es el PRIMOGÉNITO DEL PADRE

·                   Hb 1, 6:  Y nuevamente al introducir a su Primogénito en el mundo dice: Y adórenle todos los ángeles de Dios.

·        Col 1, 15-18: El es Imagen de Dios invisible, Primogénito de toda la creación, porque en él fueron creadas todas las cosas, en los cielos y en la tierra, las visibles y las invisibles, los Tronos, las Dominaciones, los Principados, las Potestades: todo fue creado por él y para él,  él existe con anterioridad a todo, y todo tiene en él su consistencia. El es también la Cabeza del Cuerpo, de la Iglesia: El es el Principio, el Primogénito de entre los muertos, para que sea él el primero en todo

 

POR TANTO, tiene derecho a todo y sobre todos y cuando llama ha de ser obedecido.

·        Mt 10, 37-38: El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí. El que no toma su cruz y me sigue detrás no es digno de mí.

 

  1. POR DERECHO DE CONQUISTA: es Rey por ser el Redentor.

 

·         Rom 14, 9: Porque Cristo murió y volvió a la vida para eso, para ser Señor de muertos y vivos.

·        I Pd 1, 18-19: Sabiendo que habéis sido rescatados de la conducta necia heredada de vuestros padres, no con algo caduco, oro o plata, sino con una sangre preciosa, como de cordero sin tacha y sin mancilla, Cristo.

·         I Pd 2, 9: Pero vosotros sois linaje elegido, sacerdocio real, nación santa, pueblo adquirido, para anunciar las alabanzas de Aquel que os ha llamado de las tinieblas a su admirable luz.

 

 

  1. POR LA LIBRE ELECCIÓN de su pueblo que lo aclama como Rey en nuestro bautismo y cada vez que renovamos las promesas bautismales.

 

 

CRISTO MISMO SE PROCLAMA REY

 

Su reino está en el mundo, pero no es del mundo.

 

El mismo Papa en la encíclica citada “Quas Primas” en el número 5 afirma:

Es el mismo Cristo el que da testimonio personal de su reino en tres ocasiones: en su último discurso al pueblo, al hablar de las penas reservadas perpetua-mente a los justos y a los condenados; en su respuesta al gobernador romano que públicamente le preguntaba si era rey; y, finalmente, después de su resurrección, al comunicar a los apóstoles la misión de enseñar y bautizar a todas las gentes.

Siempre que tuvo ocasión, Cristo se atribuyó el título de Rey (Mt 15, 31-41), confirmó plenamente su realeza (Jn 18, 37) y declaró solemnemente que le había sido dado todo poder en el cielo y en la tierra (Mt 28, 18).



 

CRISTO VIENE A PREDICAR Y ESTABLECER EL REINO

 

 

 

¿EN QUÉ CONSISTE EL REINO DE CRISTO?

 

  1. REINO DE VERDAD
    • Jn1, 17: Porque la Ley fue dada por medio de Moisés; la gracia y la verdad nos han llegado por Jesucristo.
    • Jn 14, 6:  Le dice Jesús: «Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por mí.
    • Jn 17, 3:  Esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y al que tú has enviado, Jesucristo.

Cristo enseña la verdad, Él mismo es la verdad. Luego verdad y Cristo coinciden. Rey y reino son la misma cosa. Hablar del reino es hablar del Rey y eso significa hablar verdad.

La vida eterna consiste en conocer –con el matiz semita de amar- a Dios y a Cristo.

Todos estos textos apuntan a enseñar con magna claridad que los Apóstoles y sus sucesores (El Colegio Episcopal con el Papa a la Cabeza) no puede equivocarse, pues está consagrado en la verdad y tiene la asistencia del Espíritu de la Verdad.

Por eso los Obispos deben velar por la conservación y recta transmisión de la fe e impedir que se enseñen doctrinas falsas. Ya San Pablo lo encargaba a Timoteo:

 

Y para asegurar plenamente el reino de la verdad, Cristo hace a Pedro personalmente infalible, como pastor supremo que ha de apacentar a todo el rebaño con la doctrina de la verdad.  (Ver Tema O2. La Verdadera Iglesia de Jesucristo)

 

 

  1. REINO DE VIDA

 

 

                En los dos últimos textos la relación entre CREER en Cristo y obtener LA VIDA es muy singular. Se trata de creer en sentido bíblico, es decir, aceptar la verdad que nos trae Cristo de tal manera que se viva en todo conforme a ella.

 

Esta vida nos la comunica Cristo a través y por medio de su Iglesia, mediante los SACRAMENTOS. Pero sobre todo por medio del Sacramento de la Eucaristía.

Y en el Sacramento de la Reconciliación:

 

La verdad y la vida nos viene de Cristo a través de su Iglesia. Hasta el fin de los tiempos Cristo sigue siendo para cada alma Camino, Verdad y Vida gracias a su Iglesia. Y la Iglesia nos aplica los méritos redentores de Cristo, para sacar a las almas del error y del pecado, y comunicarles la vida de la gracia. Así la Iglesia engendra para nosotros vida. La Iglesia es nuestra Madre.

 

Veamos también cómo Cristo es causa de salvación eterna para todos los que le obedecen:

 

Y que obedecer a Cristo es obedecer a la Iglesia:

 

De aquí se deduce la potestad que tiene la Iglesia para establecer el Reino de Cristo:

 

Que, sin lugar a dudas, lo hace para la edificación, es decir para la construcción del Cuerpo Místico de Cristo:

Será muy importante obedecer a los Obispos: Hb 13, 17 (Obedeced a vuestros dirigentes y someteos a ellos, pues velan sobre vuestras almas como quienes han de dar cuenta de ellas, para que lo hagan con alegría y no lamentándose, cosa que no os traería ventaja alguna).

 

El Reino de Cristo no se opone a ningún reino de la tierra, tan sólo al reino de las tinieblas.

 

EL REINO DE CRISTO ES PROGRESIVO

 

 

Acá debemos recordar la importancia de los pastores y doctores en la edificación del Cuerpo Místico de Cristo.

 

 

El Reino de Cristo ha de alcanzar toda plenitud en las Parusía. Debemos notar que el último enemigo destruido será la muerte Así debe ser porque ya hemos aprendido que el Reino de Cristo es un reino de vida y de vida eterna.

Por tanto, debemos crecer como el granito de mostaza. Nuestro crecimiento ha de ser en verdad y vida, o sea en conocimiento de Cristo y en gracia.

 

EL CRISTIANO PARTICIPA DE LA REALEZA DE CRISTO

 

 

Esa incorporación al Reino de Cristo se hace por medio del Bautismo. Y va creciendo en la medida en que se llena de la verdad y la vida de Cristo. Si Cristo reina en la inteligencia, la voluntad y la afectividad del hombre el cristiano empieza a ser dueño de sí mismo y actúa como rey de la creación.

 

¿CÓMO REPERCUTE EN NUESTRA VIDA ESPIRITUAL EL REINO DE CRISTO?

 

1.                          Debemos animarnos a vencer cuanto se opone al reino de Cristo en nosotros: error, pecado, actitudes falsas.

·                             Rom 14, 17: Que el Reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia y paz y gozo en el Espíritu Santo.

·              Rom 6, 11-13: Así también vosotros, consideraos como muertos al pecado y vivos para Dios en Cristo Jesús. No reine, pues, el pecado en vuestro cuerpo mortal de modo que obedezcáis a sus apetencias. Ni hagáis ya de vuestros miembros armas de injusticia al servicio del pecado; sino más bien ofreceos vosotros mismos a Dios como muertos retornados a la vida; y vuestros miembros, como armas de justicia al servicio de Dios.

·                             Ap 3, 21:  Al vencedor le concederé sentarse conmigo en mi trono, como yo también vencí y me senté con mi Padre en su trono.

                Por tanto, lo que nos hace reyes con Cristo es esta victoria sobre lo que en nosotros se opone a su reino.

 

 

2.                          Debemos luchar por establecer el reino de Cristo en otras almas con la oración, el ejemplo, la palabra...

 

 

                El Reino de Cristo nos exige esfuerzo, lucha, perseverancia en el esfuerzo hasta el final. El reino de los cielos padece violencia y quienes se la hacen son los que lo arrebatan:

Y no es apto para el reino de los cielos quien pone la mano en el arado y se echa atrás.

Seamos, pues, de los que vencen para sentarnos en el trono de Cristo.

 

 

ESPIGANDO EN LA “QUAS PRIMAS”

 

LA REALEZA DE CRISTO EN EL MAGISTERIO DE LA IGLESIA

 


“De esta enseñanza común a todos los Libros Sagrados se siguió, como consecuencia necesaria, el hecho de que la Iglesia Católica, reino de Cristo en la tierra, destinado a extenderse a todos los hombres y por todas las naciones, celebrase, con multiplicadas muestras de veneración, durante el ciclo anual de la liturgia, a su Autor y Fundador como Rey, Señor y Rey de los reyes” (Quas Primas, nº 5).

 

El símbolo Niceno-Constantinopolitano (siglo IV) dice de Cristo que “su reino no tendrá fin”.

 

León XIII enseña que Cristo es “Rey y Señor de todo el universo”.

 

San Pío X, en el documento que condena el movimiento “Le sillón”, abanderado de la democracia moderna, dice: “No se levantará la sociedad si la Iglesia no pone los cimientos y dirige los trabajos, no; la civilización no está por  inventar, ni la ciudad nueva por construir en las nubes. Ha existido, existe; es la civilización cristiana, es la ciudad católica. No se trata más que de instaurarla y restaurarla sin cesar sobre


sus fundamentos naturales y divinos contra los ataques siempre nuevos de la utopía malsana de la revolución y de la impiedad: Omnia instaurare in Christo” (Notre charge apostolique, 11 San Pío X).

 

Pío XII, al iniciar su pontificado, declaró: “Aprovechando de buena gana esta oportunidad, Nos queremos que el culto debido al Rey de reyes y al Señor de los señores sea como la plegaria introductoria a nuestro pontificado, cumpliendo así los deseos de mi predecesor” (Summi Pontificatus, 2).


 

LA REALEZA DE CRISTO EN EL MAGISTERIO CONTEMPORÁNEO

 


La doctrina de la realeza de Cristo está muy presente en los documentos del Concilio Vaticano II: “La Iglesia ha nacido con este fin: propagar el reino de Cristo en toda la tierra para gloria de Dios Padre, y hacer así a todos los hombres partícipes de la redención salvadora y por medio de ellos ordenar realmente todo el universo a Cristo” (Apostolicam actuositantem, 2).

 

“Es obligación de toda la Iglesia trabajar para que los hombres se capaciten a fin de establecer rectamente el orden temporal y ordenarlo hacia Dios por Jesucristo. Toca a los Pastores el manifestar claramente los principios sobre el fin de la creación y el uso del mundo y prestar los auxilios morales y espirituales para instaurar en Cristo el orden de las realidades temporales. Es preciso, sin embargo, que los seglares acepten como obligación propia el instaurar el orden temporal y el actuar directamente y de forma concreta en dicho orden, dirigidos por la luz del Evangelio y la mente de la Iglesia” (Apostolicam actuositatem, 7).

 

En su primera homilía como Papa, Juan Pablo II dijo: “Hermanos y hermanas, no tengáis miedo de acoger a Cristo y de aceptar su potestad, ayudad al Papa y a todos los que quieran servir a Cristo. En nuestro conocimiento y, con la potestad de Cristo, servid al hombre y a la humanidad entera. No temáis. Abrid, más todavía, abrid de par en par las puertas a Cristo. Abrid a su potestad salvadora los confines de los Esta-dos, tanto los sistemas económicos como los políticos, los campos extensos de la cultura, de la civilización y del desarrollo. No temáis”.


 

FUNDAMENTOS DE LA REALEZA DE CRISTO

 


Es San Cirilo de Alejandría el que describe acertadamente el fundamento de esta dignidad y de este poder de nuestro Señor: “Posee Cristo el poder supremo sobre toda la creación, no por violencia ni por usurpación, sino en virtud de su misma esencia y naturaleza”.

 

La autoridad de Cristo se funda en la admirable unión hipostática. De donde se sigue que Cristo no sólo debe ser adorado como Dios por los ángeles y los hombres, sino que, además, los ángeles y los hombres deben sumisión y obediencia a Cristo en cuanto hombre; en una palabra, por el solo hecho de la unión hipostática, Cristo tiene potestad sobre la creación universal.

 

¿Hay realidad más dulce y consoladora para el hombre que el pensamiento de que Cristo reina sobre nosotros, no sólo por un derecho de naturaleza, sino además por un derecho de conquista adquirido, esto es, el derecho de la Redención? Ojalá los hombres olvidadizos recordasen el gran precio con que nos ha rescata-do nuestro Salvador: “Habéis sido rescatados... no con plata y oro corruptibles, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de cordero sin defecto ni mancha” (1 Ped 1, 18-19)" (Quas Primas, 6).


 

EL REINO DE CRISTO ES ESPIRITUAL

 


“Los textos citados de la Biblia demuestran con toda evidencia que este reino es principalmente espiritual y que su objeto propio son las realidades del espíritu, conclusión confirmada personalmente por la manera de obrar del Salvador. Porque en varias ocasiones, cuando los judíos y aun los mismos apóstoles juzgaron equivocadamente que el Mesías devolvería la libertad al pueblo judío y restablecería el reino de Israel, Cristo deshizo y refutó esta idea vanamente esperanzada. Cuando la muchedumbre, maravillada, quería proclamarle rey, Cristo rehusó este honroso título huyendo y escondiéndose en la soledad.

Los evangelios describen este reino como un reino cuyo ingreso exige una penitencia preparatoria, ingreso que a su vez sólo es posible por medio de la fe y del bautismo, el cual, si bien es un rito exterior, significa y produce la regeneración del alma. Este reino se opone solamente al reino de Satanás y a la potestad de las tinieblas, y exige de sus súbditos no sólo que, con el desprendimiento espiritual de las riquezas y de los bienes temporales, observen una moral pura y tengan hambre y sed de justicia, sino que exige además la abnegación de sí mismos y la aceptación de la cruz" (Quas Primas, 8).


 

EL REINO DE CRISTO ES TEMPORAL

 


“Por otra parte incurriría en grave error el que negase a la humanidad de Cristo el poder real sobre todas y cada una de las realidades sociales y políticas del hombre, ya que Cristo como hombre ha recibido de su Padre un derecho absoluto sobre toda la creación, de tal manera que toda ella está sometida a su voluntad.

 

La autoridad del Redentor abarca a todos los hombres; extensión bien declarada por nuestro predecesor, de inmortal memoria, León XIII, con las siguientes palabras que hacemos nuestras: “El poder de Cristo se extiende no sólo sobre los pueblos católicos y sobre aquellos que, por haber recibido el bautismo, pertenecen de derecho a la Iglesia, aunque el error los tenga esclavizados o el cisma los separe de la caridad, sino que comprende también a cuantos no participan de la fe cristiana, de tal manera que bajo la potestad de Jesús se halla todo el género humano”.

 

Y en esta extensión universal del poder de Cristo no hay diferencia alguna entre los individuos y el Estado, porque los hombres están bajo la autoridad de Cristo tanto considerados individualmente como efectivamente en sociedad. No nieguen, pues, los gobernantes  de los Estados el culto debido de veneración y obediencia al poder de Cristo, tanto personalmente como públicamente, si quieren conservar incólume su autoridad y mantener la felicidad y grandeza de sus Patrias" (Quas Primas, 8).


 

FRUTOS DEL RECONOCIMIENTO DE LA REALEZA DE CRISTO

 


“Por tanto, si los hombres reconocen pública y privadamente la regia potestad de Cristo, necesariamente recogerá toda la sociedad civil increíbles beneficios, como son los de una justa libertad, una disciplina-da tranquilidad y una pacífica concordia. Porque la regia dignidad de Nuestro Señor, de la misma manera que consagra en cierto modo la autoridad humana de los jefes y gobernantes del Estado, así también ennoblece los deberes y la obediencia de los gobernados.

 

El día en que los reyes y los gobernantes legítimamente elegidos se convenzan de que mandan, más que por derecho propio, en virtud de un mandato y una representación del Rey divino, es evidente que harán un uso recto y santo de su autoridad y respetarán el bien común y la dignidad humana de los gobernados, tanto en la creación de las leyes como en el cumplimiento de éstas. ¡Qué felicidad tan grande podría gozar la humanidad si los individuos, las familias y los Estados se dejaran gobernar por Cristo!" (Quas Primas. 9).


 

EL LAICISMO ENEMIGO DE LA REALEZA DE CRISTO

 


“Y si ahora ordenamos a todos los católicos del mundo el culto universal de Cristo Rey, remediaremos las necesidades de la época actual y ofreceremos una eficaz medicina para la enfermedad que en nuestra época aqueja a la humanidad. Calificamos como enfermedad de nuestra época el llamado laicismo, sus errores y sus criminales propósitos.

 

Sabéis muy bien, venerables hermanos, que esta enfermedad no ha sido producto de un solo día; ha estado incubándose desde hace mucho tiempo en las entrañas mismas de la sociedad. Porque se comenzó negando el imperio de Cristo sobre los pueblos; se negó a la Iglesia el derecho que ésta tiene, fundado en el derecho del mismo Cristo, de enseñar al género humano, de promulgar leyes y de regir a los pueblos para conducirlos a la felicidad eterna. Después, poco a poco, la religión cristiana quedó equiparada a las demás religiones falsas e indignamente colocada a su mismo nivel; a continuación la religión se ha visto entregada a la autoridad política y a la arbitraria voluntad de los reyes y de los gobernantes.

 

No se detuvo aquí este proceso: ha habido hombres que han afirmado como necesaria la sustitución de la religión cristiana por cierta religión natural y ciertos sentimientos naturales puramente humanos. Y no han faltado Estados que han juzgado posible prescindir de Dios, y han identificado su religión con la impiedad y el desprecio de Dios" (Quas Primas, 12).


 

BAJO LAS BANDERAS DE CRISTO REY

 


“Nos albergamos una gran esperanza que la festividad anual de Cristo Rey, que en adelante se celebrará, acelerará felizmente el retorno de toda la humanidad a nuestro amantísimo Salvador. Sería, sin duda alguna, misión propia de los católicos la preparación y el aceleramiento de este retorno por medio de una activa colaboración.

 

Son muchos los católicos que ni tienen en la con-vivencia social el puesto que les corresponde, ni gozan de la autoridad que razonablemente deben tener los que alzan a la vista de todos la antorcha de la verdad. Esta desventaja podrá atribuirse tal vez a la apatía o a la timidez de los buenos, que se retiran de la lucha o resisten con excesiva debilidad; de donde se sigue, como natural consecuencia, que los enemigos de la Iglesia aumenten en su audacia temeraria.

 

Pero si los fieles, en general, comprenden que es su deber militar con infatigable esfuerzo bajo las banderas de Cristo Rey, entonces, inflamados ya en el fuego del apostolado, se consagrarán a llevar a Dios de nuevo a los rebeldes e ignorantes y trabajarán por mantener incólumes los derechos del Señor" (Quas Primas, 12).


 

ESPAÑA Y CRISTO REY

 


Hay asociaciones y movimientos católicos cuyo ideal es instaurar en la tierra el Reinado social de Nuestro Señor Jesucristo. En nuestra patria sobresale la asociación "Amigos de la Ciudad Católica", en Francia destaca L’Office Internacional de París. En una de sus intervenciones públicas, el orador francés fue interpelado por un enemigo de la Iglesia, que le preguntó: “Pretendéis una utopía. ¿Cuándo ha reinado Jesucristo en la sociedad civil?”. El intelectual francés respondió: “Cristo reinó en la sociedad civil en la España Imperial”.

 

Ese ideal persiste hoy en muchos españoles que trabajan en todos los campos para que Cristo reine en España y en el mundo entero. Realeza de Cristo que consiste en el restablecimiento de la Verdad en el orden natural y sobrenatural. Verdad que debe inspirar las leyes de los Estados, santificar las costumbres, iluminar la enseñanza. Verdad que puedes conocer estudiando la doctrina social y política del Magisterio de la Iglesia.

 

En una de sus visitas a España, Su Santidad Juan Pablo II dijo: “Es necesario que los católicos españoles sepáis recobrar el vigor pleno del espíritu, la valentía de una fe vivida, la lucidez evangélica”.

 

Aquella fe y valentía de nuestros mayores que admiró al mundo entero en la persecución religiosa de los años 1936-39: “Los enemigos de Jesucristo han querido hacer en España un experimento supremo de las fuerzas disolventes repartidas por el mundo. Y la heroica España, la nación elegida por Dios como principal instrumento de evangelización del Nuevo Mundo y como baluarte inexpugnable de la fe católica, acaba de dar a los prosélitos del ateísmo materialista de nuestro siglo, la prueba excelsa de que por encima de todo están los valores eternos de la religión y del espíritu... Reconocemos nuestro  deber de gratitud hacia aquellos que han sabido sacrificarse hasta el heroísmo en defensa de los derechos inalienables de Dios y de la Religión en los campos de batalla” (Pío XI, 16-4-39).


 

MÁRTIRES DE CRISTO REY

 

El 1 de julio de 1937, en plena guerra, los obispos españoles escribían a los obispos de todo el mundo: “Contamos los mártires por millares” (Carta colectiva del Episcopado español). Millares de mártires que murieron gritando: ¡Viva Cristo Rey! ¡Viva Cristo Rey! ¡Viva Cristo Rey!

 

Mártires, tal y como la Iglesia lo ha proclamado solemnemente con la elevación a los altares de las tres carmelitas mártires de Guadalajara y cientos de sacerdotes, religiosos y seglares beatificados.

 

El Papa Juan Pablo II elevó al honor de los altares a 122 religiosos españoles el 25 de Octubre de 1992. De los 71 hermanos de San Juan de Dios que habían consagrado su vida al cuidado de niños minusválidos y epilépticos, y en hospitales psiquiátricos, el Papa dijo: “Dieron su vida por la fe y como prueba suprema del amor... su martirio sigue los pasos de Cristo, misericordioso y buen samaritano, tan cercano al hombre que sufre al entregar la vida por la salvación del género humano”.

 

En la beatificación de los 51 claretianos asesinados a sangre fría, Su Santidad Juan Pablo II, afirmó: “Es todo un seminario el que afronta con generosidad y valentía la ofrenda al Señor. La entereza espiritual y moral de esos jóvenes nos ha llegado a través de testigos oculares y también por escritos... esos claretianos murieron por ser discípulos de Cristo, por no querer renegar de su fe y de sus votos religiosos.

Hoy demos gracias por esta fuerza que se ha convertido en la fuerza de los mártires en tierras de España. La fuerza de la fe, de la esperanza y del amor que se ha demostrado más fuerte que la violencia. Ha sido vencida la crueldad de los pelotones de ejecución y el entero sistema del odio organizado”.

 

LA FIESTA DE CRISTO REY DEL UNIVERSO

Fue el Papa Pio XI, el 11 de diciembre de 1925, quien instituyó esta solemnidad que cierra el tiempo ordinario. Su propósito es recordar la soberanía universal de Jesucristo. Es una verdad que siempre la Iglesia a profesado y por la que todo fiel está dispuesto a morir.

 

 

 

 

 

RESUMIENDO

 

1. Cristo es Rey de las naciones porque así está revelado por Dios en la Sagrada Escritura y así lo enseña el magisterio de los Sumos Pontífices, vicarios de Cristo en la tierra.

 

2. En los tiempos actuales conviene, más que nunca, proclamar el Reinado Social de Nuestro Señor Jesucristo, porque si en los tiempos  actuales no reina Jesucristo, reinará Satanás, príncipe de este mundo y padre de la mentira: “No se puede servir a dos señores” (Mt 6, 24).

 

3. El Concilio Vaticano II ha enseñado la doctrina del Reinado Social de Jesucristo en varios documentos: “Es obligación de toda la Iglesia trabajar para que los hombres se vuelvan capaces de restablecer rectamente el orden de los bienes temporales y de ordenarlos hacia Dios por Jesucristo” (Concilio Vaticano II, AA7).

 

4. El Reino de Cristo en la tierra no debe entenderse sólo en sentido espiritual. El Reino de Cristo en la tierra es espiritual, pero está equivocado quien niega a la humanidad de Cristo el poder real sobre todas y cada una de las realidades sociales y políticas del hombre.

 

5. La primera condición para establecer el Reinado Social de Jesucristo es conseguir un Estado Católico que respete la Ley de Dios y el Magisterio de la Iglesia; pues sólo aceptando la ley divina será posible la libertad, la autoridad, la justicia, el progreso y la paz que anhelan los hombres de bien. Esa es la labor primordial de los laicos.

 

6. La expresión concreta y sublime de amor a Cristo Rey es dar la vida para establecer en el mundo su Reino. Los mártires son la cohorte digna de Cristo Rey. Los mártires contemporáneos murieron gritando ¡Viva Cristo Rey!.

 

 

Oración a CRISTO REY.

 

¡Oh Cristo Jesús! Os reconozco por Rey universal. Todo lo que ha sido hecho, ha sido creado para Vos. Ejerced sobre mí todos vuestros derechos.

Renuevo mis promesas del Bautismo, renunciando a Satanás, a sus pompas y a sus obras, y prometo vivir como buen cristiano. Y muy en particular me comprometo a hacer triunfar, según mis medios, los derechos de Dios y de vuestra Iglesia.

¡Divino Corazón de Jesús! Os ofrezco mis pobres acciones para que todos los corazones reconozcan vuestra Sagrada Realeza, y que así el reinado de vuestra paz se establezca en el Universo entero. Amén.