LA VERDAD SOBRE EL BEATO DON CRUZ LAPLANA

 

 

LA VERDAD SOBRE EL BEATO DON CRUZ LAPLANA

 

 

Un canónigo de la diócesis de Cuenca ya fallecido escribió hace bastantes años una vida de Don Cruz. Cuando narra su muerte tuvo la ingeniosa idea de comparar la Pasión de Jesucristo con la de Don Cruz, mostrando asombrosos parecidos en no pocos de sus momentos. Pero quién le iba a decir a él que todavía algún tiempo después iba a producirse otro acontecimiento que añadir a dichas similitudes. El nuevo Beato, Don Cruz Laplana, modelo de Obispo y de sacerdote, resultaría calumniado con la misma, exactamente la misma calumnia con que fue ofendido, en su día, su supremo Señor y modelo, su hermano mayor, nuestro hermano mayor, Jesucristo.

            Cuando Jesucristo es conducido ante Pilatos, es acusado de ser un agitador político, opuesto al César, que constituía en aquel momento histórico, el poder supremo temporal. Cualquiera que hubiera conocido a Jesucristo un poco, que hubiera seguido sus discursos, sabría que era una calumnia burda, amparándose en algunas palabras y actuaciones que literalmente eran de Jesucristo, pero que consideradas de modo aislado y separadas del resto de su enseñanza podían tener un sentido distinto. Por supuesto, este era el fin pretendido por sus acusadores; a saber, engañar fácilmente a quienes vivían desconocedores de Jesucristo y de su predicación y confundir a los que todavía lo conocían sólo superficialmente.

Del mismo modo, en esta ocasión, el Beato Cruz ha tenido el honor de recibir el mismo trato que recibió Jesucristo. A éste lo calumniaron los fariseos y escribas, llenos de envidia y rencor. Los fariseos de nuestros días han hecho al Beato Cruz objeto de sus odios, lo que no quita ningún honor a éste, antes lo engrandece, pero sí muestra la bajeza moral de los que tergiversan los hechos y palabras a sabiendas para engañar a las masas que no conocen la verdad.

Pero entremos en materia. Con gran asombro nuestros calumniadores del Beato Cruz Laplana acusan a la Iglesia de haberse saltado un capítulo en la vida del mismo. No es verdad. La Iglesia ha estudiado todo con minuciosidad, en un proceso que empezó en 1953 y sólo concluyó en 2006. Un resumen de toda la causa está recogido en la Positio (libro con los principales testimonios sobre Don Cruz y los diferentes pasos seguidos hasta la beatificación) donde se puede contemplar perfectamente la veracidad de lo que venimos exponiendo. Los que calumnian a Don Cruz, o no conocen de lo que hablan, y entonces deberían quedarse callados o lo conocen y ocultan no uno sino casi todos los capítulos del Beato Don Cruz; han sido ellos los que han falsificado así su imagen y han caído en el famoso adagio: “dime de qué presumes y te diré de qué careces”.

Para ayudar a las personas que desean conocer la verdad vamos a transcribir parte de la declaración de uno de los testigos del proceso de canonización de Don Cruz. Referimos un extracto de las manifestaciones que hizo el alcalde socialista de Cuenca en 1936, D. Antonio Torrero González, en la causa de beatificación de Don Cruz, diciendo textualmente lo que reproducimos a continuación: “D. Cruz Laplana, como tal D. Cruz Laplana, no había nada contra él, como contra el otro señor (D. Fernando Español); el meterse con ellos fue por ser Obispo, por ser Sacerdote. Yo, desde luego, puedo resaltar que el Sr. Obispo, en política, huía de toda ella. La impresión en que se le tenía en Cuenca era que era buena persona, y no se le tenía odio alguno”.  

Por si hubiera alguna duda, aclara en el mismo proceso, D. Antonio Torrero: “yo puedo decir que en el Palacio (episcopal) no se encontró absolutamente nada, ni de cartas, ni de periódicos, ni de armas, nada que pudiera ser comprometedor para el Sr. Obispo”. ¿Y nos tenemos que tragar la mentira de que era un Obispo político, metido a agitador, cuando las mismas autoridades de la época pertenecientes al Frente Popular nos afirman todo lo contrario bajo juramento de decir la verdad y de guardar secreto; es decir, sin que al declarante sus palabras le sirvieran para conseguir un bien o evitar un mal?

Pues no hemos acabado. Hay más. Como testigo de excepción, y a pesar del ambiente de terror que dominaba la zona republicana, el alcalde socialista de Cuenca reconoce que “en Cuenca, en general, cayó mal el hecho de la muerte; yo mismo, personalmente, lo llevé tan mal que me costó llorar, ¡les digo la verdad!; y en cuanto lo supe presenté la dimisión ante el Sr. Gobernador D. Antonio Garrido como protesta por la muerte del Sr. Obispo”.

¿Qué se puede concluir de estos datos, y de otros muchos que completan esta declaración, y de los testimonios de otros cincuenta testigos más que no podemos introducir aquí porque se haría interminable? Pues lo mismo que concluyó el alcalde socialista de Cuenca en 1936: “mi opinión sobre la muerte de los dos es que murieron como santos”.

¿Quién es el que se ha saltado un capítulo de la vida de Don Cruz? ¿La Iglesia? ¿No será más bien el señor que calumnia a Don Cruz en su artículo el que olvida no un capítulo de la vida de Don Cruz sino la biografía entera?

 

 

 

Juan Manuel Cabezas Cañavate

D.N.I. 4.573.899G

Juez Delegado de la Diócesis de Cuenca para las Causas de Canonización