Fontalidad Teologal

Fontalidad Teologal

De la existenciaDe la luzDel bien
Fatigat, mort de set, ple de mentida,
he buscat la font de l'existència,
i l'he trobada.
I volguent-la copsar d'una mirada,
he buscat quelcom amb què aturar-la,
i no ho trobava.
Doncs no poguent-la tancar en abraçada
de braços no existents, per altra banda
contenir-la amb lo existent tampoc podia,
puix que rajava d'Ella l'existència,
en lloc de minvar, encara els dolls creixien.
Fins que veient l'absurd de ma quimera,
posant tots dos a terra els meus genolls,
l'he adorada,
i ja que tinc mons ulls cecs per tanta llum,
lliurant mon ser al vent del seu impuls,
l'he estimada.
(La font de l'existència)

"El dialogo del verbo humano con la verdad, la bondad y la belleza de las cosas, cuando no se interrumpe la luz de la inteligibilidad hasta su fuente de donde procede, se entabla, en suprema instancia, con la Verdad, la Bondad y la Belleza misma, identificadas con el Verbo y el Amor personales de Dios".

(Del libro "La Palabra" de Msr. Octavio Derisi, de un capítulo sobre el diálogo entre la palabra humana y el Verbo Divino).

Esto basta para la extirpación radical del nominalismo, origen del "origen de las ideologías del mal".

Cuando el P. La Colombière se encontraba en el auge de sus actividades en Paray-le-Monial recibió la orden de viajar a Londres, como capellán de la Duquesa de York, María de Módena, católica fervorosa y que consintió en casarse con el duque, hermano de Carlos II, únicamente cuando fue autorizada por el gobierno inglés a tener a un sacerdote junto a ella.

Por medio de la santa vidente, el Corazón de Jesús le recomendó a San Claudio algunas actitudes a ser observadas en su nueva misión: no asustarse con el embate de los infiernos contra su carisma de atraer a las almas, sino confiar enteramente en la bondad de Dios, porque Él sería su sustentáculo; usar de dulzura y compasión con los pecadores; tener el cuidado de no separar nunca el bien de su fuente.

(Contenido publicado en este enlace de es.gaudiumpress.org)
Recibiéndonosfielmenteagradecidos
Manuel Ma Domenech Izquierdo

Las Fuentes de la Salvación

"Y tú, hombre redimido, considera quién, cuál y cuán grande es éste que está pendiente de la cruz por ti. Su muerte resucita a los muertos, su tránsito lo lloran los cielos y la tierra, y las mismas piedras, como movidas de compasión natural, se quebrantan. ¡Oh corazón humano, más duro eres que ellas, si con el recuerdo de tal víctima ni el temor te espanta, ni la compasión te mueve, ni la compunción te aflige, ni la piedad te ablanda!

Para que del costado de Cristo dormido en la cruz se formase la Iglesia y se cumpliese la Escritura que dice: Mirarán a quien traspasaron, uno de los soldados lo hirió con una lanza y le abrió el costado. Y fue permisión de la divina providencia, a fin de que, brotando de la herida sangre y agua, se derramase el precio de nuestra salud, el cual, manando de la fuente arcana del corazón, diese a los sacramentos de la Iglesia la virtud de conferir la vida de la gracia, y fuese para los que viven en Cristo como una copa llenada en la fuente viva, que brota para comunicar vida eterna.

Levántate, pues, alma amiga de Cristo, Y sé la paloma que labra su nido en los agujeros de la peña; sé el pájaro que encuentra su casa y no deja de guardarla; sé la tórtola que esconde los polluelos de su casto amor en aquella abertura sacratísima. Aplica a ella tus labios para que bebas el agua de las fuentes del Salvador. Porque ésta es la fuente que mana en medio del paraíso y, dividida en cuatro ríos que se derraman en los corazones amantes, riega y fecunda toda la tierra.

Corre con vivo deseo a esta fuente de vida y de luz quienquiera que seas, ¡oh alma amante de Dios!, y con toda la fuerza del corazón exclama:

«¡Oh hermosura inefable del Dios altísimo, resplandor purísimo de la eterna luz! ¡Vida que vivificas toda vida, luz que iluminas toda luz y conservas en perpetuo resplandor millares de luces, que desde la primera aurora fulguran ante el trono de tu divinidad! ¡Oh eterno e inaccesible, claro y dulce manantial de la fuente oculta a los ojos mortales, cuya profundidad es sin fondo, cuya altura es sin término, su anchura ilimitada y su pureza imperturbable!

De ti procede el río que alegra a la ciudad de Dios. Recrea con el agua de este deseable torrente los resecos labios de los sedientos de amor, para que con voz de regocijo y gratitud te cantemos himnos de alabanza, probando por experiencia que en ti está la fuente de la vida y tu luz nos hace ver la luz»".

(De las Obras de san Buenaventura, obispo, Opúsculo 3, El árbol de la vida, 29-30. 47: Opera omnia 8, 79)


Dice San Bernardo: "para que con la percepción de los bienes presentes se haga firme la esperanza de los futuros, tenemos un paraíso mucho mejor y más dichoso que el que tuvieron nuestros primeros padres, Jesucristo es nuestro paraíso; en quien, después de haber hallado tres fuentes, hemos de buscar también la cuarta". (Es el sermón de las Fuentes del Salvador).


Homilía de san Jerónimo, presbítero, a los recién bautizados, sobre el salmo cuarenta y uno. (CCL 78, 542-544)

Como busca la cierva corrientes de agua, así mi alma te busca a ti, Dios mío. Como la cierva del salmo busca las corrientes de agua, así también nuestros ciervos, que han salido de Egipto y del mundo, y han aniquilado en las aguas del bautismo al Faraón con todo su ejército, después de haber destruido el poder del diablo, buscan las fuentes de la Iglesia, que son el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

Que el Padre sea fuente, lo hallamos escrito en el libro de Jeremías: Me han abandonado a mí, la fuente de aguas vivas, para excavarse cisternas agrietadas, incapaces de retener el agua. Acerca del Hijo, leemos en otro lugar: Han abandonado la fuente de la sabiduría. Y del Espíritu Santo: El que beba del agua que yo le dé, se convertirá en él en manantial, cuyas aguas brotan para comunicar vida eterna, palabras cuyo significado nos explica luego el evangelista, cuando nos dice que el Salvador se refería al Espíritu Santo. De todo lo cual se deduce con toda claridad que la triple fuente de la Iglesia es el misterio de la Trinidad.

4 Esta triple fuente es la que busca el alma del creyente, el alma del bautizado, y por eso dice: Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo. No es un tenue deseo el que tiene de ver a Dios, sino que lo desea con un ardor parecido al de la sed. Antes de recibir el bautismo, se decían entre sí: ¿Cuándo entraré a ver el rostro de Dios? Ahora ya han conseguido lo que deseaban: han llegado a la presencia de Dios y se han acercado al altar y tienen acceso al misterio de salvación.

Admitidos en el cuerpo de Cristo y renacidos en la fuente de vida, dicen confiadamente: Pasaré al lugar del tabernáculo admirable, hacia la casa de Dios. La casa de Dios es la Iglesia, ella es el tabernáculo admirable, porque en él resuenan los cantos de júbilo y alabanza, en el bullicio de la fiesta.


Camino(s) ascendente(s):