El P. José M<SUP><u>a</u></SUP> Solé Romá, CMF

El P. José Ma Solé Romá, CMF

Como miembro de la Unión Seglar de San Antonio Ma Claret, asistí dos veces a tandas de ejercicios espirituales con el P. Solé.

Es difícil olvidar su constante sufrimiento físico, y sin embargo su entereza en todos aquellos días que compartió con nosotros. Su dolor debió ser grandísimo a juzgar por como tenía que celebrar la Santa Misa. Pero nunca vi en su rostro la amargura o la desesperación, al contrario, siempre tenía con el ejercitante momentos de finísimo humor. En una palabra, no se le veía triste, se le veía que sufría, pero nunca se quejó de ello.

Por dos veces hablé con el en una de las tandas de ejercicios espirituales, y siempre me dejó una honda impresión. No era lo que te decía, ni creo que sus sabios consejos me impresionaran. Me impresionaba el, todo el. El P. Solé predicaba aunque no hablase. Su presencia era motivo de ejemplo, aunque no dijese nada. Los que le conocieron saben lo que quiero decir.

En cierta ocasión lo encontré en un hospital visitando enfermos. Me presenté a el. Me saludó afectuosamente sin levantar ni un solo instante su mirada hacia mi. Era la humildad personificada. No he conocido nunca a nadie con la humildad y espíritu de mortificación que tenía el P. Solé. También una vez acudí a visitarle a su residencia de los Padres Claretianos, y me dejó la misma impresión.

No recuerdo haber hablado nunca más con el, pero la imagen que tengo siempre fue la misma. Ver al P. Solé era un ejemplo vivo de humildad. Que se puede decir de su sabiduría, y de sus innumerables libros.

Fue un santo sacerdote, valiente, incomprendido entre los suyos y que nos dejó su magnífica obra escrita y su extraordinario ejemplo de vida cristiano.

Rafael Ruiz Navarro


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