El P. José M<SUP><u>a</u></SUP> Solé Romá, CMF

El P. José Ma Solé Romá, C.M.F. (por el P. Anton Mo Sánchez, C.M.F.)

Aún hay, en nuestra Parroquia del Corazón de María en Barcelona, quien se acuerda de su primer rector: el P. José Ma Solé. Fue una persona muy humana y de una gran espiritualidad. La acción del Espíritu Santo se expandía por todos sus sentidos. Tenía un temperamento nervioso, pero él lo dominaba enérgicamente con la fuerza de sus convicciones y su voluntad. Muy a menudo aplicaba la ley del embudo en su contra: amplio para los demás y estrecho para sí mismo. Su conocimiento profundo de la realidad humana hizo de él un buen pastor, capaz de comprender hasta las miserias más escondidas. Su ministerio en el confesionario era su gran campo de apostolado. De él se salía comprendido y con ánimo.

De joven, después de su ordenación a los 22 años, estuvo toda la guerra civil escondido en la buhardilla de su casa (esto no fue así: ver el artículo "En defensa del P. Solé" de José Vernet). Suerte tuvo de su afección al rezo y al estudio para no acabar desesperado. Era un trabajador intelectual infatigable que resistía muchas horas seguidas cerrado en una celda o en la biblioteca. Fruto de este estudio son sus obras como los tres volúmenes de comentario al Leccionario Dominical que tituló "Ministros de la Palabra" y que asiduamente utilizo para prepara mis homilías.

Además, también publicó "Tú eres Cristo, el Hijo de Dios vivo", "La Iglesia, grande misterio", "Apóstoles de Cristo", "Ahí tienes a tu Madre" (traducido al catalán), "Una llama de caridad" (biografía de la M. María Güell, fundadora de las Misioneras Cordimarianas) y "El camino espiritual de Filomena Ferrer" (la Venerable monja mínima del Convento de Valls). Dejó escrita una obra inédita: "Creo en la vida eterna". Como en todas sus obras, dejó su estilo de seriedad y rigor en los argumentos bíblicos y teológicos y un no menospreciado gusto literario.

Dentro de la Congregación Claretiana, ocupó cargos importantes como los de Prefecto del Filosofado de Solsona y del Teologado de Valls, Superior de la Comunidad de Barcelona y Vice-Provincial. También fue director espiritual de la Asociación Sacerdotal de San Antonio Ma Claret y predicó multitud de tandas de Ejercicios y Retiros Espirituales, sobre todo a sacerdotes y religiosas.

Pero lo que le consagró como un hombre de Dios y para mí un verdadero santo, fue el atentado que sufrió en la Travessera de Dalt, la tarde del 10 de mayo de 1981.

No se sabe de parte de quien ni porqué, pero él llevaba puesta, como siempre, la sotana. Entonces, no murió, pero la herida le ocasionó un dolor terrible en el nervio, que lo atormentó durante diez años. Nunca se le oyó una queja, aunque sí señales de dolor. Su muerte sucedía el 19 de enero de 1992.

Yo le aplicaría, con las debidas proporciones, las palabras de la Carta a los Hebreos, que él con tanta unción comentaba: "Convenía, en efecto, que aquel por quien y para quien todo fue hecho, queriendo llevar a la gloria un gran número de hijos, hiciese perfecto, mediante los sufrimientos, al jefe que debía guiarlos a su salud". (He. 2, 10)

Antón Ma Sánchez, C.M.F.


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