Confusión de la imagen con la idea e Imagen Mediatriz

La Suma Teológica contrastada con la ciencia

Capítulo 1o
La confusión de la imagen con la idea

El Abuso de la Imaginación

Todas las metafísicas erróneas tienen su origen en una mala interpretación de la naturaleza debida a una equivocada utilización de las facultades cognoscitivas. La más primitiva y burda de estas equivocaciones es la confusión de la imaginación y la inteligencia. Es propia de las más antiguas filosofías: "Demócrito, como los antiguos materialistas, no establecieron diferencia entre el entendimiento y el sentido".(*) Dice San Agustín contra Fausto: "Vosotros, los maniqueos, con este vuestro corazón, incapaz de pensar nada fuera de las imágenes corporales, no alcanzáis a entender".(*) Santo Tomás nos advierte de que la causa de error está en esto: "cuando alguien toma las imágenes como si fueran las mismas cosas incurre en falsedad".(*) "Entre nosotros, las equivocaciones provienen precisamente de la fantasía, que nos impulsa a adherirnos a las imágenes de las cosas como si fueran realidades".(*)
(*) Suma Teológica I q84 a6
(*) Suma Teológica III q31 a4 s2
(*) Suma Teológica I q17 a2 s2
(*) Suma Teológica I q54 a5 s

El pensamiento contemporáneo no está libre de esa confusión. Yo mismo, en mi época de estudiante, oí en clase de física avanzada, en una escuela técnica superior, decir al catedrático: "Un fotón es una partícula luminosa que emite luz". ¿Cómo una parte de algo va a emitir el todo de lo cual es parte?. Puede ser éste un caso aislado, pero es muy frecuente que en el momento en que un joven comienza sus balbuceos filosóficos, leyendo un libro de divulgación científica, o escuchando a un profesor vulgar, se encuentre con una frase como ésta: "Todo está formado por átomos y éstos por partículas que llevan carga positiva, negativa o neutra". Sigue después un dibujo y, como una imagen vale más que mil palabras, el lector o los alumnos se imaginan la verdadera realidad de las cosas como aquello que ven en la figura, y dan más fe a esa imagen arbitraria del dibujante o profesor, que a las imágenes y colores que, a partir de entonces, verán con sus propios ojos.

Este es el primer paso para alejarse de la verdad sin posible retorno, porque simultáneamente se le enseñará al lector o al alumno que puede empezar a criticarlo todo: al Papa, a la Iglesia, el Dogma, las verdades que aprendió en el Catecismo, las opiniones de sus padres. Todo, sí, excepto la figura que acaba de ver en el libro o la pizarra. ¡Ay de aquel que proteste diciendo que no entiende la estupidez que acaba de oir! Será suspendido, no sirve para la técnica. Cuando sea mayor, será un despreciable desgraciado, no apto para trabajos cualificados.

Las mentes jóvenes que asimilan estas teorías pseudocientíficas, quedan esterilizadas filosóficamente porque las imágenes que se toman como la realidad de la cosa se reducen a estos dos esquemas: o todo consiste en los corpúsculos de Demócrito, burda mezcla del monismo estático de Parménides con el vacío, como solución para posibilitar el movimiento; o todo son las ondas, que recuerdan el fluir sin sujeto, propio de Heráclito. Esto último se cumple en las teorías electromagnéticas que presentan los campos eléctrico y magnético, cada uno como efecto del movimiento del otro, sin verdadero sujeto real del movimiento.

El Padre Ramón Orlandis S.J.(*) decía que las dos únicas posibles salidas erróneas para el que no quisiera entender la doctrina de Aristóteles y Santo Tomás, del acto participado por la potencia, eran el monismo estático de Parménides o el dinamismo de Heráclito, es decir las concepciones que se fomentan actualmente con las teorías de las partículas y las de las ondas.
(*) El P. Ramón Orlandis S.J. es el fundador de la Escuela Tomista de Barcelona. Puede verse un resumen de su actividad en el artículo de Eudaldo Forment aparecido en el número 268 de la revista "Verbo" p. 1119.

Todo esto, no sólo hace daño a la mente en su filosofar, sinó que además resulta que tampoco es bueno para la formación profesional que se pretende dar. Se dice que al terminar una carrera técnica no se sabe nada. Esto se debe a que al empezar la enseñanza de la física se introducen las leyes y magnitudes como la masa, la carga eléctrica, la ecuación de la dinámica, etc., abstraídas de experiencias que se ocultan al alumno. Sin hacerle revivir el conjunto de fenómenos de los que se abstraen dichas leyes y magnitudes, se aleja al joven de la realidad y se le lesiona la facultad de volver a los cimientos de la ciencia. Esto es muy peligroso, pues queda sumergido en un mundo soñado de imágenes ficticias que luego conduce al materialismo.

Como de las teorías matemáticas y fisicomatemáticas no se deduce la realidad, sinó más bien al contrario, de esta realidad se abstraen las relaciones cuantitativas que constituyen las leyes físicas, es necesario que el alumno palpe y observe de nuevo los fenómenos naturales, hasta asimilar completamente las experiencias que permiten abstraer dichas leyes.

La lectura de los experimentos físicos descritos en los libros, no es suficiente para ponerse en contacto con la naturaleza, pues la interpretación de una ley física requiere el conocimiento del objeto sobre el que hay que hacer la medida y cómo hay que hacerla. La descripción de estos experimentos se hace con figuras que tienen más de la imaginación del dibujante, que está ya mediatizada por las simplificaciones procedentes de las abstracciones matemáticas, que de la realidad, y esto aleja del fenómeno natural. Pero, por la comodidad que supone no penetrar hasta el fondo de las cosas, muchos profesores comienzan sus explicaciones exponiendo, ya al principio, el modelo fisicomatemático imaginado. Las prácticas de laboratorio en las carreras técnicas se alejan de los experimentos fundamentales que sirven para establecer las bases de la fisicomatemática, y se limitan a realizaciones técnicas e industriales. Así el alejamiento de la naturaleza será cada vez mayor.

Lo primero que debería enseñarse al alumno es la génesis de la actividad fisicomatemática. Así aumentaría el número de físicos capaces de producir nueva fisicomatemática, de hacer progresar las ciencias, en vez de quedar sus mentes ahogadas por la ciencia siempre antigua.

El Proceder Científico

La actividad científica, sobre todo en fisicomatemática, pero también en las demás ciencias que, modernamente, pretenden asemejarse a la primera, consiste en lo siguiente: En el panorama de las apariencias sensibles, la mente humana es capaz de concebir sistemas. La palabra "sistema" viene de "syn-histemi", "yo junto", o mejor, "yo coloco (histemi) juntamente (syn)". Pues bien, la mente une las cosas por medio de las relaciones. Aristóteles enseñó que el fundamento de la relación es la cantidad, como la mitad y el duplo, y la acción y pasión, como del que hace a lo hecho.(*) Por eso se define modernamente en los libros, que un sistema es un conjunto de elementos interrelacionados. Por ejemplo, una palanca, su punto de apoyo y las fuerzas que actúan, constituyen un sistema.
(*) Suma Teológica I q28 a4 c

Cuando las relaciones se limitan a proporciones y se aprende a hacer mediciones precisas, entramos en los dominios de la fisicomatemática. Si el entendimiento humano es capaz de descubrir ciertas relaciones cuantitativas entre medidas efectuadas sobre los componentes de un sistema, decimos que se ha descubierto una ley física. Por ejemplo, en una palanca, la fuerza por su brazo es igual a la resistencia por el suyo. El entendimiento humano necesita siempre de la imaginación, y al considerar una ley física, ponemos algo en la imaginación que normalmente no tiene nada que ver con la realidad. Esto ocurre cuando pensamos en los electrones imaginando algún tipo de bolita. Este soporte, que la imaginación fabrica bajo una ley física, se llama entre los físicos "modelo", y consiste en una representación imaginaria de un sistema simplificado que funciona cuantitativamente de la misma manera que el sistema analizado. En el pie y el antebrazo humanos, tenemos palancas que cumplen exactamente la ley que hemos puesto como ejemplo, siendo el pie y el antebrazo humanos mucho más que un par de palancas.

Hagamos ahora una pequeña digresión, para comprender mejor el alejamiento de la realidad por parte de la ciencia de que venimos hablando. Los "modelos fisicomatemáticos" deberían llamarse, con propiedad, imágenes. Advirtamos que ahora, la palabra imagen no significará el objeto de la imaginación como facultad sensitiva, sinó que será aquello que en general reproduce algo de un objeto. En realidad el modelo es el ejemplar que se toma para obtener a partir de él la imagen que lo representa, y en esta cuestión la naturaleza hace de modelo y el sistema inventado es en realidad su imagen. Pero, quizá por ciertos resabios de maniqueismo que siempre ha acompañado a la ciencia, se ha dado en llamar modelo a lo concebido por el hombre, considerando la creación como algo defectuoso y «malo». También cabe pensar que esto se debe a la creencia idealista de que el espíritu humano es el que proyecta la realidad, atribuyéndose poderes creadores divinos: "Todo es producto de la actividad sensorial humana", ha escrito Marx, materializando totalmente el idealismo. Lo verdadero es que "imagen, propiamente, es lo que procede a semejanza de otro, y, en cambio, aquello a cuya semejanza procede algo, con propiedad se llama modelo, e impropiamente imagen".(*) El resultado final es un alejarnos de la realidad objetiva. Pero la costumbre está ya demasiado arraigada para poderla cambiar, y seguiremos llamando modelo a lo concebido por la ciencia.
(*) Suma Teológica I q35 a1 s1

Un ejemplo aclarará mucho lo que veníamos tratando antes de la digresión. Podemos simplificar la geografía de una comarca con el modelo de un plano. En él se cumplen las mismas leyes geométricas que en la realidad: la distancia más corta entre dos puntos es la linea recta, los cuadrados levantados sobre las hipotenusas tienen la misma área que la suma de los levantados sobre los catetos de los triángulos rectángulos. También nos sirve para trasladar afirmaciones del plano a la realidad: si entre dos puntos del plano hay doble distancia que entre otros dos, eso mismo ocurre entre los cuatro puntos correspondientes de la realidad.

Imaginemos pues que tenemos dibujado un plano completo: carreteras, ríos, casas, líneas eléctricas etc. Ahora bien, por más que contemplemos un plano de una comarca desconocida, nunca podemos adivinar la sensación que nos producirá el llegar a la comarca y ver la belleza de su paisaje tal como es. Un plano nunca expresará toda la realidad. Sucede muchas veces que si las diferentes altitudes sobre el nivel del mar de un mapa, se pintan con colores verdes o marrones de diferente luminosidad, llegamos a un sitio esperando encontrar prados y hallamos páramos, o trigales y hallamos bosque.

Lo realmente importante es entender aquí que el paisaje arbitrario que imaginamos al ver un plano de un lugar nunca visitado, casi no tiene nada que ver con la realidad que allí existe. Pues bien, ese es el error de casi todos los científicos, incluso de los más importantes, desde el Renacimiento hasta muy entrado el siglo XX.

El mayor peligro está en pensar que la verdadera realidad de la cosa es ese modelo inventado para agilizar la comprensión del comportamiento de los sistemas naturales, y que sirve de soporte imaginativo a los cálculos que se realizan con las medidas tomadas para a su vez determinar otras, que resultan así adivinadas por la ciencia.(*)
(*) No falta más que hacer intervenir el tiempo entre las magnitudes medidas, y calcular alguna para un momento futuro, para tener la presunción de que se pueden hacer profecías.

Pensar que es más real lo que se imagina que lo que se ve, es la puerta, y de hecho lo ha sido, para el escepticismo y el idealismo gnoseológicos. Lo sensible se cuantifica, lo cuanto se cualifica arbitrariamente y el desencanto que se produce cuando se constata que las cualidades imaginadas no coinciden con las que perciben directamente los sentidos, conduce al escepticismo. Entonces se piensa que los sentidos nos engañan.

Lo que se toma por realidad, en esa fase primitiva, es lo que la imaginación pone de cualidades arbitrarias como soporte imaginativo mientras calcula o ensaya con el modelo matemático abstracto. Se toma como realidad aquello que uno se «representa» para explicar fenómenos. La misma palabra re-presentación, tan utilizada en el lenguaje científico, sugiere «volver a presentarse» lo abstracto cuantitativo, rellenándolo con la imaginación de nuevas sensaciones arbitrarias.

Ensuciar la abstracción matemática con nuevas imágenes es volver atrás, aunque ello es útil a la ciencia, ya que viene a ser como la realización de un modelo que se puede usar como los que se construyen para «simular» el comportamiento de algún prototipo. Pero debemos advertir que ese modelo es válido solamente en la imaginación, que si está bien adiestrada, puede realizar las pruebas oportunas con él, muy económicamente, por cierto. Pero el hombre que con ello trabaje, debe tener conciencia de que está tratando con algo completamente ilusorio.

Los actuales planes, llamados de educación, son más bien de capacitación profesional, incluso los universitarios. Con ellos se crea en la imaginación de los alumnos, un sistema de imágenes que está lejos del ser, porque no son imágenes naturales, sinó abstracciones de segundo grado coloreadas con cualidades arbitrarias.

En resumen, en el método científico, una vez abstraídas las relaciones cuantitativas de los hechos observados, y creadas las entidades mentales como soporte de las magnitudes de cada especie, se rellenan de nuevo de sensibilidad, coloreándolas, configurándolas y atribuyéndoles realidad existencial y esencial, lo cual es completamente falso e ilusorio.

El Fracaso de los Modelos

Prueba de la falsedad de lo urdido por la imaginación sobre las abstracciones matemáticas, es el fracaso de los modelos a lo largo de la historia. El caso más claro, aceptado ya por todos los científicos actuales, es el de la vieja teoría del "calórico".

Dijimos que el proceso mental que tiene lugar en el quehacer científico es el siguiente: de una atenta observación del mundo que aparece patente a nuestra sensibilidad, se sospecha la existencia de una relación cuantitativa, siempre constante, entre una serie de medidas tomadas sobre los componentes de un sistema identificable de alguna manera en distintos lugares y tiempos. Si se tiene, por ejemplo, un litro de agua a punto de hervir y otro a punto de congelar y se mezclan, se hallará, midiendo sus temperaturas con un termómetro de dilatación lineal, que la temperatura de la mezcla es la media de las otras dos.

Se imagina seguidamente un modelo que podría ser un fluido, que históricamente se llamó "calórico", que está mezclado con los cuerpos calientes, cuya densidad determina la temperatura de los mismos, y que, en nuestro caso, al mezclar los dos litros de agua, se reparte de manera que la temperatura resultante es el promedio de las de los dos litros de agua separados. He utilizado a propósito este ejemplo, para hacer ver la futilidad del modelo con una hipótesis que, modernamente, la misma ciencia se ha encargado de despreciar, como debemos hacer con todos los modelos, incluso con los que la ciencia todavía utiliza.

En 1798, Benjamín Thompson, Conde de Rumford, viendo fabricar cañones, observó que no parecía haber límite en el calor emitido por un cuerpo frotado. En este caso eran los propios cilindros de bronce, al ser taladrados. El calor que salía era tanto, que no podía estar dentro. El calor no podía ser un fluido y el «calórico» dejó de existir. Veámoslo en palabras del propio Rumford:(*)
(*) "El mundo de la física", pag. 64. Libros Mirasol. Fabril Editora. Buenos Aires, 1969.

Es interesante notar aquí que este es un caso más de los que demuestran que si no se hubiera abandonado a Santo Tomás, la ciencia no habría tenido que esperar hasta 1798 para olvidarse del "calórico". Ví en el libro de Juan Enrique Bolzán, "Continuidad de la Materia", una cita de su artículo "Temperatura, cantidad de calor y calórico; la doctrina de Santo Tomás sobre el calor" y busqué en google para ver si encontraba algún comentario sobre él. Lo que está en la red es nada menos que el mismísimo número 66 de la revista Sapientia del año 1962: Sapientia, octubre - diciembre de 1962.

Veremos, en el apartado "La Medición" del capítulo "La Hipostatización de los números" de este libro, el texto de Aristóteles en que se reconocen las grandes posibilidades de la abstracción al tomar separadamente lo que en la cosa se halla unido.(*) Si lo que separamos de un cuerpo es la cantidad, estamos en el segundo grado de abstracción. La gran utilidad práctica de este segundo grado puede convertirse en perjuicio cuando se trata de alcanzar el «ser», sobretodo si se evoluciona por las fases de representación del modelo y confusión de la imagen con la idea. Para llegar al tercer grado de abstracción, por el que se alcanza el ser de las cosas, no es necesario haber pasado antes por el segundo.
(*) Metafísica. ARISTOTELES. M-3, 15-20

Toda abstracción cuantitativa supone siempre una simplificación. Evidentemente lo separado es menos que el conjunto de donde se tomó. Sin embargo, dado lo poderoso que puede resultar lo simple, se puede llegar a confundir con lo real.

El modelo es por utilidad práctica algo simplificado y más sencillo que la realidad. Eso llevó a Descartes a no aceptar más que las ideas claras y distintas, lo que le cerraba el paso a la infinitud, profundidad y altura de la verdad. "Cette inexprimable sentiment de mystére des choses où notre esprit s'abîme dans un rayonnement de beauté..." dice Marcel Proust.

Como el modelo constituye una representación simple de la realidad, lo deducido a partir de él, no tiene garantía de universalidad, en contra de lo que supuso Kant, y tarde o temprano acaba por fracasar. De ahí que es necesario encontrar nuevos modelos que comprendan los resultados cuantitativos de los últimos fenómenos verificados.

á Kant se da a sí mismo por definitivo. No hay más que ver el título de los Prolegómenos: "Prolegómenos a toda Metafísica del Porvenir que haya de poder presentarse como una Ciencia". Pero abre paso a una filosofía que no puede dar nada por estable. Hoy nadie se atrevería a poner tal título. Antes al contrario, siguiendo una de las direcciones que ha tomado la linea Descartes-Kant, con Hegel y Marx, el mito de que la verdad se desarrolla perennemente como resultado de sucesivas confrontaciones y síntesis, pretende que el modo como progresa la ciencia es una de sus confirmaciones experimentales, lo cual está bien lejos del dogmatismo iluso de Kant.

En cualquier texto histórico o científico se expone ese desarrollo en el sentido de que fracasos experimentales de antiguos modelos exigen el trabajo de síntesis y de creación de nuevos modelos que expliquen los fenómenos antiguos y los nuevos a la vez.

No se puede dar esta simplista interpretación dialéctica del vacilar científico. Eso es muy lógico que suceda así, por cuanto, como hemos dicho, cualquier modelo es una representación simple y parcial de la realidad, y no tiene por qué ser universalmente cierto. Como ese modelo no es la verdad objetiva puede desarrolarse dialécticamente. El error es dialéctico porque no es «ser,» pero no la verdad que es «ser,» que existe ontológicamente.

Se explica en los textos de física que sus teorías se van acercando cada vez más a la realidad porque sus leyes, a medida que progresa esta ciencia, se cumplen con mayor exactitud y precisión. Eso sí que es un mito dialéctico. Sin embargo cuando queremos alcanzar la verdadera naturaleza de las cosas, no se trata de conseguir mayor exactitud en las leyes físicas, sino de la verdadera concepción de la realidad.

Es curioso que ahora que se descubre que la ciencia renacentista fue de un simplismo infantil completo, las intituladas izquierdas intelectuales o políticas de raíz anticatólica, se vuelvan contra el progreso técnico. Mientras fue útil para el ateísmo, el progresismo hizo bandera de la ciencia. Ahora que la misma ciencia se desengaña de sus propias imaginaciones fantasiosas y se abre paso a un nuevo renacer de la filosofía, la corriente revolucionaria se vuelve contra el progreso. De ahí la lucha antinuclear que no es sólo política, económica o ecologista.

Pero en las escuelas, por incapacidad de los maestros, sólo se explica el primitivo materialismo, con lo que se sigue haciendo el mismo daño a las mentes jóvenes. Por eso es importante profundizar. Hay que afrontar el problema sin prejuicios y darse cuenta de que la crisis de la ciencia de los «modelos» y «representaciones» renacentista, es algo irreversible, verdadero, lógico y de consecuencias muy fructíferas.

La Crisis Provocada por la Física Cuántica

Es muy interesante seguir en los libros de Historia de la Ciencia los diversos experimentos que han llevado a asegurar categóricamente en qué consiste la realidad de la luz. Así en 1803, Thomas Young (1773 - 1829) descubre los fenómenos de interferencia entre rayos luminosos, y como sólo pueden interferir las ondas, deduce con seguridad, y su deducción es aceptada por todos, que la luz es la vibración de algo.

Pero en 1905, Alberto Einstein interpretó el efecto fotoeléctrico de manera que se deduce la naturaleza corpuscular de la luz, en contraposición a la teoría ondulatoria. Mereció el Premio Nobel de Física precisamente por esto, no por su famosa teoría de la relatividad. No hay otro camino. No se descansa hasta que se renuncia a imaginar qué es lo que realmente sucede en lo que se llaman comprobaciones experimentales.

El descubrimiento de los fenómenos cuánticos no se debe, sin embargo, al efecto fotoeléctrico, sino que Max Planck (1858 - 1947) en 1901 anunció la Teoría de los Cuanta para interpretar el espectro de radiación del cuerpo negro, basándose en teorías estadísticas. Sólo con la hipótesis de que la energía de un oscilador no puede variar más que en saltos discretos, es decir en múltiplos de una cantidad determinada dependiente sólo de la frecuencia del oscilador, se explica el perfil del espectro de emisión del cuerpo negro en función de la temperatura. Esta hazaña facilitaría a Albert Einstein la interpretación del fenómeno fotoeléctrico como hemos dicho, en 1905, año en que también publicó la teoría de la relatividad restringida. Contaba tan sólo 26 años de edad.

En 1925, el príncipe Louis Victor de Broglie, nombrado secretario perpetuo de la Academia de Ciencias francesa en 1942, publicó su tesis doctoral que le valió el premio Nobel. La ambivalencia inimaginable entre corpúsculo y onda se extiende a todos los ámbitos de la física microscópica. La imaginación que intente representarse el modelo contemporáneo de la realidad física, quedará perpleja.

Lo que claramente se tenía como fenómeno ondulatorio, es decir la luz, empezó a presentar características corpusculares, y lo que se había tomado como definitivamente corpuscular, el electrón, por ejemplo, empezó a presentar características ondulatorias, al poderse difractar como los rayos de luz. Un desafío para la inteligencia, por ser imposible de imaginar.

Así quedan las mentes curadas del materialismo ingenuo que intenta descubrir la realidad de las cosas con la imaginación, que a su vez se confunde con la inteligencia. Ese ha sido el error de muchos, desde Demócrito a los actuales materialistas, que no saben salir del simplismo que supone aceptar sin crítica las falsas aseveraciones de los textos de divulgación científica o las explicaciones de ciertos profesores que no hacen más que repetir lo que otros imaginaron.(*)
(*) Véase el apartado "Romanticismo científico" en el capítulo "Embaucadores del vulgo".

La imposibilidad de representación imaginativa de algunos modelos contemporáneos, es un alivio para el peligro que la representación constituía. El no poder imaginar el modelo onda - corpúsculo, y la perplejidad ante el fracaso del modelo espacio - temporal clásico, son dos fuentes de luz para volver al camino del ser. La imaginación se ve perdida y debe dejar el campo a la inteligencia. Los científicos modernos están más atentos para conservar las abstracciones en su pureza inicial.

Pese a ello muchos modelos se explican, incluso en los centros de enseñanza primaria, como «la realidad», sin hacer ver el sistema de fenómenos que se utilizaron para la abstracción correspondiente, con lo que el alumno, insistimos una vez más, es engañado y además pierde la capacidad de progreso en fisicomatemática, porque toma como definitivo lo que no es ni siquiera provisional. Cuando se desengañe de los esquemas científicos, pensará que en los caminos del «ser», tampoco hay nada definitivo. Ese postrer error será peor que el primero. Se verá envuelto en el torbellino dialéctico del escepticismo.


La Imagen Mediatriz (añadido en agosto del 2015)

En el artículo de Jaume Bofill i Bofill, «arriba y abajo» «dentro y fuera», publicado en Cristiandad de 1 de marzo de 1951, pag 112-114, dice de "la imagen mediatriz" entre la intuición sensible y lo inteligible abstracto, como la llamó Bergson, su descubridor, que debe ser explotada por la filosofía perenne.

"Se trata de «una cierta imagen intermediaria entre la simplicidad de la intuición concreta y la complejidad de las abstracciones que la traducen; imagen fugaz y evanescente sin duda; que embarga, tal vez sin ser percibida, el espíritu del filósofo; que le sigue como su sombra a través de las vueltas y revueltas de su pensamiento... imagen que es casi materia, puesto que se deja ver aún, y casi espiritu, puesto que no se deja ya tocar; fantasma que ocupa nuestra mente mientras damos vueltas alrededor de una doctrina y al que hay que dirigirse para obtener el signo decisivo, la indicación de la actitud que hay que tomar, el punto en que poner la mira».

Con el descubrimiento de la imagen mediatriz, alumbra Bergson una verdad que merece ser trasladada al contexto de la sana filosofía".

Cuando salió la "memoria virtual", en una revista interna de IBM Francia, que se llamaba "Point de la Information Technique", la explicaba en un artículo que tenía un encabezamiento así: "Transparente es lo que existe, pero no se ve. Virtual es lo que se ve pero no existe". Lo veo aplicable a lo espiritual y a la imagen mediatriz.

Esto me ha hecho considerar que no conviene rechazar las imágenes tanto como cosas malas en sí.

Santo Tomás dice en la Suma Teológica:  "En la parte sensitiva hay una doble operación. Una, consistente en la alteración. Es la operación del sentido, que se realiza por la alteración que en los sentidos produce lo sensible. Otra, formativa, que se da cuando la potencia imaginativa forma la imagen de algún objeto ausente o nunca visto. Esta doble operación se encuentra en el entendimiento" (I q85 ad 3).

Lo que se llaman "modelos fisicomatemáticos" son realmente "imágenes mediatrices". El "modelo del calórico" se sigue utilizando, y funciona, aunque no sea más que en las mentes de los tratantes del calor.

Rechazando totalmente las imágenes, incluso las mediatrices, nos quedamos sin las Parábolas del Evangelio, y sin todos los tratados acerca de ellas de los Padres y de los teólogos, dogmáticas y pastorales.

Todas las imágenes mediatrices que nos formamos para entendsr mejor o explicar las ideas que entendemos, si sabemos que no son la realidad de la cosa y que lo inteligible que ponemos en ellas es exactamente lo que tienen de inteligible las cosas de que tratamos, son obras de arte, si el arte es la expresión de lo bello.

Normalmente no sabemos o no podemos plasmarlas musical, coreográfica, pictórica o escultóricamente; quedan como obras de arte para nuestro uso exclusivo. Son esculturas dinámicas íntimas.

Una manera de poder realizar esas obras de arte es con dibujos animados. Esto, bien usado es maravilloso. Como todo, mal usado, puede ser terrible; combinado con la tecnología puede ser el medio para cumplir aquella profecía apocalíptica: "harán una imagen de la bestia capaz de hablar".

Los maestros las realizan en sus textos y en sus dibujos.

Esto puede puede tener relación con que el Beato Ramón Llull ponga la imaginativa entre la sensitiva y la intelectiva con tanta importancia en la escala de los seres. Un buen estudio de lo quie significa la imaginación en Lllull es La imaginación en el sistema de Ramón Llull - Aos Braco, Celestino

No olvidemos todo lo que se pueda decir de los iconos.

También habría que mirar aquí para estudiar los instintos de los animales, tema muy difícil de explicar por la ciencia actual.

En este sentido podemos decir que la percepción directamente intuitiva de la creación, la define como una obra de arte, del que Dios es mestro innenarrable. Por eso es la creación tan valiosa como para poder decir "el arte imita a la naturaleza".

La imaginación no se puede olvidar, ni confundir con la inteligencia, ni con la voluntad. Es la "loca de la casa" (atribuído a Santa Teresa).


Manuel M. Domenech Izquierdo.


Acerca de "crecimiento"

"Estas mismas leyes de crecimiento debe seguir el dogma cristiano, de modo que con el paso de los años se vaya consolidando, se vaya desarrollando en el tiempo, se vaya haciendo más majestuoso con la edad, pero de tal manera que siga siempre incorrupto e incontaminado, íntegro y perfecto en todas sus partes y, por así decir, en todos sus miembros y sentidos, sin admitir ninguna alteración, ninguna pérdida de sus propiedades, ninguna variación en lo que está definido".
(Conmonitorio de San Vcente de Lerins, 23)


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