La finalidad de este mundo

Cartas a mis ahijados

La finalidad de este mundo

Barcelona, marzo del 2003

Éste es un tema que me preocupó mucho desde mi juventud, y he tenido que llegar a sexagenario para alcanzar la formulación de su solución de manera que os lo pueda explicar con provecho.

Era muy joven cuando leí un párrafo que me hizo mucho daño. Decía algo así como que las ciencias y las artes tenían por objeto recuperar los dones preternaturales perdidos en el paraíso. Esto dividía las cosas para mí de manera que la religión de Jesucristo era para el otro mundo y éste quedaba exclusivamente para nosotros. La religión y el trabajo quedaban separados. Con esta división iba yo por el mal camino de estar yo levantando mi torre de Babel independientemente del negocio de alcanzar la vida eterna. Me hubiera empeñado en "ganar todo el mundo y perder mi alma".

Dios y el César se repartían mi vida como si el César fuera otro dios. Con mi error se cae en la democracia cristiana. Sus políticos, intentando ser demócratas en la calle y cristianos en el templo, acaban, como se ve, con la doble personalidad de practicar hipócritamente la religión y promulgar leyes inicuas contra la ley que Dios nos dio junto con nuestra naturaleza. No se puede servir a Dios y al dinero, no sólo a nivel personal, sino tampoco a nivel social.

Cuidado con el progresismo, sea de derechas o de izquierdas, que pone la salvación en el progreso y, si tiene algo de religioso, "instrumentaliza" a Dios.

El progresismo de izquierdas pretende construir o recuperar el paraiso destruyéndolo todo. El de derechas, igual, pero construyéndolo todo.

Esos progresismos interpretan en la historia los papeles de la fiera y el falso profeta apocalípticos. Ambos los de los dos.

El progresismo "cristiano", confunde el Reino de Cristo con el paraiso en la tierra. Si es de izquierdas se llama teología de la liberación y si de derechas se alimenta de la tríada "ateísmo cristiano", "humanismo cristiano" y "democracia cristiana".

El "ateísmo cristiano" es un panteísmo que va de la gnosis al modernismo, pasando por el arrianismo y cosas así.

* * *

La gracia de Dios, en el colegio y la Congregación Mariana, me puso al lado de sabios y santos jesuitas y maestros. Me pude alejar de mi mentira por la enseñanza de la doctrina de la soberanía social de Jesucristo, que ahora, para este tema, bien va llamarla también universal.

El ofrecimiento de obras del Apostolado de la Oración, que abre el espíritu a la devoción al Sagrado Corazón de Jesús me fue preparando la Fe para aceptar la doctrina de la soberanía social y universal de Cristo Rey. Esto es lo que me salvó para dejar el camino de perdición.

Luego supe que es imposible que los hombres recuperemos el paraíso perdido. Babel no se construirá y, aunque se levantaran sus torres, estas acaban siempre cayéndose. Por la herida del pecado original no podemos alcanzar el orden de la intrafinalidad de este mundo. Solamente con el poder de la gracia, que no destruye la naturaleza, sino que la sana y la eleva y así la salva, se puede evitar el desorden en la intrafinalidad de este mundo. "Lo que es imposible a los hombres, es posible a Dios". Sólo en el Reino de Cristo este mundo será otra vez paraíso, en el sentido de ser antesala de la gloria, es decir, cuando se ordene socialmente al fin al que está subordinado. Evidentemente, por añadidura, las ciencias y las artes florecerán entonces como nunca lo habrán hecho en la historia.

Ya os dije una vez que el Padre Castellani, en su obra "El Apokalipsis de San Juan" dice que hay dos opiniones contrarias y extremas, muy extendidas, que dicen de las profecías o que no se ha cumplido ninguna, como los judíos fieles a Moisés, o que se han cumplido todas, como muchos cristianos. Estos últimos, al ver que la historia continúa, pretenden encontrar en ella una metafinalidad inmanente, y no la tiene.

Dios hubiera podido dejar la creación sin elevarla al orden sobrenatural. En cambio, debido a la Encarnación, don gratuito del Espíritu Santo, como también os decía aquella vez, la historia no puede ser una vía muerta que no acabe en Aquel que es el Primero y el Último, el Alfa y la Omega, el Principio y el Fin, Cristo Rey, el centro del universo y de su historia. Evidentemente este mundo no exige la Encarnación, como el mundo mineral no exige la creación de la vida, pero después de que el amor misericordioso de Dios nos da su Hijo, el mundo queda subordinado a este misterio infinitamente más que el átomo de hierro queda subsumido en los glóbulos rojos de la sangre humana. Cristo habita entre nosotros y, por tanto, ya no podemos andar por la vida como si estuviéramos solos, ni reservarnos una parte como si fuera solamente nuestra.

Dice San Isidoro de Sevilla (Sentencias, II, cap. 29,10), que "habla por sentencia quien siente la verdadera sabiduría, gustando su interno sabor, porque sentencia deriva de sentir", y San Gregorio Magno que "gusta hablar por sentencia el que no desea expresar solamente lo que sabe, sino sentir por experiencia lo que dice". Pues bien, para que nunca perdáis el tiempo dando rodeos por el camino de vuestra salvación, quiero deciros ahora, como sentencia, lo más concisa posible, que arraigue en las entrañas del sentimiento, que este mundo no tiene metafinalidad inmanente. En cuanto a la salvación, las cosas de este mundo son "plataforma", no "columna".

Efectivamente el Concilio Vaticano II, en la Gaudium et Spes n. 38 dice: "Los dones del Espíritu Santo son diversos: si a unos llama a dar testimonio manifiesto con el anhelo de la morada celestial y a mantenerlo vivo en la familia humana, a otros los llama para que se entreguen al servicio temporal de los hombres, y así preparen la materia del reino de los cielos".

Yo ponía el progreso al lado de lo sobrenatural, trascendente e infinito, como sumando y, sin embargo, su valor extranatural es nulo. No llega ni siquiera a infinitésimo porque no hay proporción. Para lo sobrenatural, el quehacer humano, sólo vale unido a Cristo y pasando por la resurrección y renovación.

Todo lo que no redimamos con Cristo se perderá. Lo redimido con Él quedará preparado para la vida eterna.

Mi quimera formulada así: "intentar recuperar los dones preternaturales" en parangón con lo sobrenatural era ejercer el pecado original en versión actual: "querer ser como dioses", aunque sólo sea un poquito. La religión se reduce entonces a una beatería, que alguien definió como "la inconsciencia de lo sobrenatural".

Este mundo es bueno. Dios vio como buenas todas las cosas y muy buenas todas juntas, pero ellas solas, cerradas sobre sí mismas quedan sin sentido final. Si Dios no interviniera de manera extraordinaria, este mundo quedaría muerto en el estado que la termodinámica llama "muerte térmica del universo". No hay eterno retorno ni ninguna de esas cosas que intentan inventar las filosofías.

Tiene una ventana de tiempo, desde el big bang hasta su muerte, que le hace apto para el nacimiento de los hombres. Está para completar el número de los elegidos, con la finalidad que Santo Tomás decía que tenían los ángeles al impulsar el giro de las estrellas.

Cuando se acaba la historia ya no hay sitio para el cielo ni la tierra, ni existe el mar (Ap 21,1). Es extraordinario que Dios renueve el universo en atención a Jesucristo y los elegidos. Este mundo se acaba y sólo tiene metafinalidad en el sentido del principio y fundamento de los Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola, que tiene valor no sólo a nivel personal sino también a nivel social, cósmico y universal.

Tenemos que sacrificarlo todo, sin quedarnos sin hacer nada porque entonces no tendríamos nada que sacrificar. "Hay que comer mucho para tener mucha sangre para derramarla por Cristo Rey", decía la Beata Hna. Pilar, carmelita mártir de Guadalajara.

El Concilio Vaticano II y el Credo del Pueblo de Dios nos han enseñado que "El Reino de Dios iniciado aquí abajo en la Iglesia de Cristo... ...no puede confundirse con el progreso de la civilización, de la ciencia o de la técnica humanas". No era esa "confusión" mi error. Más bien era una "yuxtaposición independiente y paralela". Hay "subsumción renovadora trascendente". Incoación intrahistórica y consumación en la eternidad.

La máxima incoación será cuando estén la bestia y el falso profeta en el lago que arde con azufre y Satanás atado, después del castigo de Babilonia.

La consumación requiere renovación, que es el paso por la muerte y la resurrección.

Cuando ya no habrá tiempo, en la eternidad, conservaremos el universo renovado como reliquia con el recuerdo inolvidable de la historia y de las vidas de los santos.

El fin de este mundo es servir de escenario para la historia de la salvación.

Vuestro padre y padrino:

  Manuel Ma. Domenech Izquierdo

"La historia es el pedestal temporal del solio regio de Jesucristo". Francisco Canals, "Rey del tiempo y de la eternidad". Cristiandad 122, abril 1949.

La esperanza trascendental sólo es apocaliptica.


El día de San Andrés del 2007, aparece la encíclica "Spe Salvi", la cual me consoló de tal manera que os recomiendo a todos su reiterativo estudio durante toda vuestra vida:
Ver CARTA ENCÍCLICA SPE SALVI DEL SUMO PONTÍFICE BENEDICTO XVI


  • 27. "Confesamos igualmente que el reino de Dios, que ha tenido en la Iglesia de Cristo sus comienzos aquí en la tierra, no es de este mundo (cf. Jn 18,36), cuya figura pasa (cf. 1Cor 7,31), y también que sus crecimientos propios no pueden juzgarse idénticos al progreso de la cultura de la humanidad o de las ciencias o de las artes técnicas".
    CREDO DEL PUEBLO DE DIOS
     

  • 39. "Ignoramos el tiempo en que se hará la consumación de la tierra y de la humanidad. Tampoco conocemos de qué manera se transformará el universo. La figura de este mundo, afeada por el pecado, pasa, pero Dios nos enseña que nos prepara una nueva morada una nueva tierra donde habita la justicia, y cuya bienaventuranza es capaz de saciar y rebasar todos los anhelos de paz que surgen en el corazón humano. Entonces, vencida la muerte, los hijos de Dios resucitarán en Cristo, y lo que fue sembrado bajo el signo de la debilidad y de la corrupción, se revestirá de incorruptibilidad, y, permaneciendo la caridad y sus obras, se verán libres de la servidumbre de la vanidad todas las criaturas, que Dios creó pensando en el hombre.

    Se nos advierte que de nada le sirve al hombre ganar todo el mundo si se pierde a sí mismo. No obstante, la espera de una tierra nueva no debe amortiguar, sino más bien aliviar, la preocupación de perfeccionar esta tierra, donde crece el cuerpo de la nueva familia humana, el cual puede de alguna manera anticipar un vislumbre del siglo nuevo. Por ello, aunque hay que distinguir cuidadosamente progreso temporal y crecimiento del reino de Cristo, sin embargo, el primero, en cuanto puede contribuir a ordenar mejor la sociedad humana, interesa en gran medida al reino de Dios.

    Pues los bienes de la dignidad humana, la unión fraterna y la libertad; en una palabra, todos los frutos excelentes de la naturaleza y de nuestro esfuerzo, después de haberlos propagado por la tierra en el Espíritu del Señor y de acuerdo con su mandato, volveremos a encontrarlos limpios de toda mancha, iluminados y trasfigurados, cuando Cristo entregue al Padre el reino eterno y universal: "reino de verdad y de vida; reino de santidad y gracia; reino de justicia, de amor y de paz". El reino está ya misteriosamente presente en nuestra tierra; cuando venga el Señor, se consumará su perfección".
    CONSTITUCIÓN PASTORAL GAUDIUM ET SPES
     

  • "En virtud de la dedicación amorosa y esperanzada al servicio de los hermanos se producen en la vida cristiana notables relaciones entre el progreso humano y el Reino de Dios".

    "La identificación del Reino de Dios con lo que el humanismo autónomo llama Progreso no es posible".
    Cristo y el progreso humano, por José Guerra Campos, Publicado en 1977, Asociación de Universitarias Españolas (Madrid)


    "En la Eucaristía, la Iglesia se une plenamente a Cristo y a su sacrificio, haciendo suyo el espíritu de María. Es una verdad que se puede profundizar releyendo el Magnificat en perspectiva eucarística. La Eucaristía, en efecto, como el canto de María, es ante todo alabanza y acción de gracias. Cuando María exclama «mi alma engrandece al Señor, mi espíritu exulta en Dios, mi Salvador», lleva a Jesús en su seno. Alaba al Padre «por» Jesús, pero también lo alaba «en» Jesús y «con» Jesús. Esto es precisamente la verdadera «actitud eucarística».

    "Al mismo tiempo, María rememora las maravillas que Dios ha hecho en la historia de la salvación, según la promesa hecha a nuestros padres (cf. Lc 1, 55), anunciando la que supera a todas ellas, la encarnación redentora".

    "En el Magnificat, en fin, está presente la tensión escatológica de la Eucaristía. Cada vez que el Hijo de Dios se presenta bajo la «pobreza» de las especies sacramentales, pan y vino, se pone en el mundo el germen de la nueva historia, en la que se «derriba del trono a los poderosos» y se «enaltece a los humildes» (cf. Lc 1, 52). María canta el «cielo nuevo» y la «tierra nueva» que se anticipan en la Eucaristía y, en cierto sentido, deja entrever su 'diseño' programático. Puesto que el Magnificat expresa la espiritualidad de María, nada nos ayuda a vivir mejor el Misterio eucarístico que esta espiritualidad. ¡La Eucaristía se nos ha dado para que nuestra vida sea, como la de María, toda ella un magnificat!".
    ( (San Juan Pablo II, ECCLESIA DE EUCHARISTIA n. 58)


    No se puede dejar de considerar aquí lo dicho en los números 56 y 57 de la Encíclica "Lumen Fidei" de SS el Papa Francisco.

    A todo progresismo, tanto de derechas como de izquierdas, le resulta inconcebible una frase como "el cristiano sabe que siempre habrá sufrimiento" y que en esta encíclica, cuando se habla de que la fe no despreocupa al creyente de las cosas de este mundo, no le implica en las falsas profecías y promesas de los partidos políticos, sino en dar sentido al sufrimiento para no "dejar que nos roben la esperanza", y tenerla.


    No olvidemos nunca que además de salvación necesitamos redención:

    Por eso es enfervorizante la sentencia de Chesterton al decir que se convirtió a la religión católica porque es la única que perdona los pecados. Aquí sí que claramente nadie se puede perdonar los pecados y hacérselo todo a uno mismo.

    "El perdón de los pecados no es fruto de nuestro esfuerzo personal, sino es un regalo, un don del Espíritu Santo que nos purifica con la misericordia y la gracia del Padre".
    (SS. el Papa Francisco, audiencia general 19 de febrero del 2014)

    "No tenemos posibilidad de salir solos de nuestro pecado".
    (SS. el Papa Francisco, homilía en Santa Marta 8 de abril del 2014)

    "¿Dónde está tu pecado? 'No lo sé, tengo tantos aquí. No, tu pecado está allí, en la Cruz. Ve a buscarlo ahí, en las llagas del Señor, y tu pecado será curado, tus llagas serán curadas, tu pecado será perdonado. El perdón que nos da Dios no es cancelar una cuenta que tenemos con Él: el perdón que nos da Dios son las llagas de su Hijo en la Cruz, elevado sobre la Cruz. Que Él nos atraiga hacia Él, y que nosotros nos dejemos curar".
    (SS. el Papa Francisco, homilía en Santa Marta 8 de abril del 2014)


    Camino(s) ascendente(s):

    Email para Manuel Ma Domenech Izquierdo