Otras implicaciones

 P. José Ma Serra mCR

Al empezar la Física (y la Metafísica), Aristóteles polemiza con aquellos que socavan el carácter potencial de la materia prima (esa es la piedra en la que vuelven a tropezar Scoto y Suárez, por ejemplo). Desde ese punto de partida erróneo, se entiende la materia como un 'algo' ya existente en el momento de advenirle una forma (que ya no puede ser sustancial; sólo accidental).

Pero si sustancializamos la materia, fragmentamos la sustancia. Entonces los accidentes ya son subsistentes por sí; no precisan de una sustancia que les comunique el acto de ser. Y de ahí resulta que el accidente --que con Kant, queda identificado con el 'fenómeno'--, en lugar de manifestar a la sustancia, lo que hace es ocultarla: se convierte en un obstáculo para su conocimiento (cf. L. PRIETO, "Suárez, crocevia nella filosofia tra medioevo e modernità, en Alpha Omega IX [2006] 1; 19). ¡Ya estamos ante el noúmeno! Y ante la imposibilidad de 'decir' lo que la cosa es.

La sana teología, recogiendo la herencia aristotélica --con santo Tomás de Aquino--, afirmó la potencialidad de la materia 'antes' de recibir la forma; pero también es cierto que afirmó su verdad --su entidad-- 'después' de recibir la forma. (Recordar aquello de Chesterton: "When once Christ had risen, it was inevitable that Aristotle should rise again"). Antes de recibir la forma, la materia es pura potencia; pero después de recibirla, la materia 'es'.

Se parece a lo que pasa en el terreno de la vida sobrenatural. Santo Tomás define la gracia como cierta forma (cf. STh Ia-IIae q. 110 a. 2). Y la gracia tiene como sujeto el alma racional (cf. STh Ia-IIae q. 110 a. 4); la cual, en relación a la gracia, parece que debe ser 'cierta materia'.

Pues bien, en analogía con esto, tal vez se podría decir que Pelagio sostiene que 'esa materia' es autosuficiente, pues la gracia (la forma) no adviene sobre ella sino de un modo extrínseco, como un mero complemento prescindible. Y Lutero, por su parte, sostiene la nulidad de ese sujeto (corrupto) --que es 'cierta materia'--; y proclama, en cambio, el todo de la gracia, de la forma, que, de hecho, no 'informa' a esa materia, pues no la perdona, no la sana, no la diviniza.

En este ámbito sobrenatural, la Sacra Doctrina vuelve a 'salvar' la materia: es potencial (no un sujeto independiente en el orden de la gracia), pero es un sujeto que --una vez ha recibido la gracia, ha sido sanado y divinizado por ella-- realiza unas obras que merecen la vida eterna. Santo Tomás enseña en su comentario a la carta a los Romanos que la salvación es sin las obras que preceden a la justicia, pero no sin las obras que de ella se siguen (cf. Super Epistolam B. Pauli ad Romanos lectura, cap. 3 lec. 4).


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