El Nombre de la Paternidad de San José

El Nombre de la Paternidad de San José

"Lo que esperaban los Patriarcas, lo que anunciaron los Profetas y los Apóstoles, lo que enseñan los Doctores y atestiguan los mártires, sucedió en su casa". Con estas palabras termina Francisco Canals su actualísima obra "San José, Patriarca del Pueblo de Dios". El Dr. Canals en ella explica que "la virginidad de José debe ser considerada no ya como antinómica o restrictiva respecto de su misteriosa paternidad sobre Jesús, sino como unida íntimamente con la virginidad de María, y ordenada a la fecundidad divina del matrimonio predestinado para que de él naciera el Hijo de Dios". La legitimidad davídica de Jesucristo a través de San José, el nacimiento de Cristo como fruto del espíritu y de la Fe en la promesa alcanzada como una sublimación de los nacimientos milagrosos de Samuel, Sansón, Isaac y el Bautista son temas que quedan también muy bien explicados en el libro del Dr. Canals.

Si San León Magno dice que la Virgen "concibió a Cristo antes en su alma que en su cuerpo" (Serm. 1: de Nativitate), se ve más claro que San José es padre de Cristo aunque sólo lo concibiera en su alma.

Pero a la hora de encontrar un nombre que exprese todo el contenido de la paternidad josefina, mirando los de legal, putativa, adoptiva, virginal, espiritual, etc. el Dr. Canals opta por la palabra espiritual aunque reconociendo que no se puede llamar a San José Padre Espiritual de Jesús por el significado equívoco del término debido a su uso para expresar otra idea.

El P. José Mª Solé Romá C.M.F., en su conferencia pronunciada en la reunión mensual de La Unión Seglar de San Antonio Mª Claret de Barcelona sobre "San José esposo de María y padre de Jesús", acuñó un término para expresar todo el contenido de la paternidad josefína. El P. Solé, al explicar que toda la abundancia de la promesa hecha a Abraham y la exaltación de la realeza davídica llega a Jesús por medio de José, dijo que podemos llamar a San José "Padre Mesiánico" de Jesús.

Las consecuencias de este hallazgo para la piedad cristiana y la teología católica son incalculables. Sirva lo que sigue a modo de ejemplo. Explicaba el P. Solé que la misión de San José durante su vida mortal fue la de proteger y ocultar el misterio que se obró en su casa y que hizo esto con una docilidad y humildad ejemplares. Marchó a Egipto con exacta obediencia y no tenemos de él palabra alguna. Pues bien, cuando se acerquen los tiempos del triunfo del Corazón Inmaculado de María, su mujer, y de su hijo Jesús, el descendiente de David cuyo reino no tendrá fin, el San José obediente actuará como haga falta y saliendo de su humildad oculta se manifestará a todos. No hay cosa más deseable para un padre que el triunfo de su hijo. Visto así, parece evidente que en el cumplimiento final de las profecías mesiánicas, San José intervendrá notoriamente. La Providencia ha guardado el honor de San José para estos últimos tiempos. El P. Francisco de Paula Solá S.I., en el último número de 1989 de la revista Cristiandad, ha puesto en relación la publicación de la encíclica Redemptoris Custos con el derrumbe de las estructuras orientales que parecían seguir, a juicio de todos, un proceso irreversible.

Así se explica que, siendo San José tan importante, parece que hasta nuestros días no se había descubierto esta su importancia. Hasta los tiempos de Juan XXIII no lo hemos visto en el canon de la Santa Misa, por ejemplo. Han sido necesarios veinte siglos de teología católica para poder explicitar claramente que, como dijo también el P. Solé, San José es la epifanía del Padre celestial, de cuya virginal paternidad desciende toda otra en el cielo y en la tierra, dentro del eco del misterio trinitario que constituye la Sagrada Familia nazarena.


La segunda vez que me encontré con San José como "Padre Mesiánico" de Nuestro Señor Jesucristo fue en los libros del Padre Joaquin Ferrer Arellano.

Me conmocionó fundamentalmente la lectura de la página 87 de su libro: FERRER ARELLANO, Joaquín "San José Nuestro Padre y Señor" (Editorial Arca de la Alianza. Pedidos: Tels. 924 650 982 / 656 857 146) (en la red: click para el pdf):

"Es, pues, José, el padre mesiánico de Jesús, por haber recibido en su casa a la Madre con su Hijo, y por haberle impuesto el nombre, haciéndole así el hijo de David en el que se cumplirán los vaticinios proféticos de su mesianismo real".

Nadie tendrá que dar muchas vueltas a mis páginas sin darse cuenta de que mi esperanza se afirma en la venida de Cristo Rey.

Porque, como dice San Pablo (Rm 11,15):

"Si su reprobación ha sido la reconciliación del mundo ¿qué será su readmisión sino una resurrección de entre los muertos?"

veo que la conversión del pueblo de Israel pasa por la josefología, es decir, cuando acepten que ese mismo Jesús, hijo de José, hijo de David, es Aquel a quien David llamó Señor (Salmo 110.1 Mt. 22.44).

“¿No es este el hijo del carpintero?”

La respuesta del Señor Jesucristo: Convenía que yo me ocupara de las cosas de mi Padre (Lc 2,49), no indica que la paternidad de Dios excluya la de José. ¿Cómo lo probamos? Por el testimonio de la Escritura, que dice así: Y les respondió: ¿No sabíais que conviene que yo me ocupe de las cosas de mi Padre? Ellos, sin embargo, no comprendieron de qué les estaba hablando. Y, bajando con ellos, vino a Nazaret y les estaba sometido (v. 51)… ¿A quiénes estaba sometido? ¿No era a los padres? Uno y otro eran los padres… ellos eran padres en el tiempo; Dios lo era desde la eternidad. Ellos eran padres del Hijo del hombre, el Padre lo era de su Palabra y Sabiduría (1 Co 1,24), era Padre de su Poder, por quien hizo todas las cosas. […]

Ya he hablado bastante sobre por qué no debe preocupar el que las generaciones se cuenten por la línea de José y no por la de María: igual que ella fue madre sin concupiscencia carnal, así también él fue padre sin unión carnal. Por tanto, desciendan o asciendan por él las generaciones. No lo separemos porque careció de concupiscencia carnal. Su mayor pureza reafirme su paternidad, no sea que la misma santa María nos lo reproche. Ella no quiso anteponer su nombre al del marido, sino que dijo: Tu padre y yo, angustiados, te estábamos buscando (Lc 2,48). […]

¿Acaso se le dice: “Porque no lo engendraste por medio de tu carne”? Pero él replicará: “¿Acaso ella le dio a luz por obra de la suya?”. Lo que obró el Espíritu santo, lo obró para los dos. Siendo —dice— un hombre justo, dice el evangelista Mateo (1,19) justo era el varón, justa la mujer. El Espíritu Santo, que reposaba en la justicia de ambos, dio el hijo a ambos.
(San Agustín (354-430), obispo de Hipona (África del Norte), doctor de la Iglesia Sermón 51, §19-20 y 30)


"¡Oh justo y bienaventurado José!, puesto que eres vástago de familia real, entre todos has sido elegido por esposo de la Reina pura, que inefablemente dará a luz a Jesús Rey".
(Ex Menaeo, byzantino: dominica post Natalem, in canone, ad matutinum).
Citado por Pío XII en la "Ad caeli Reginam"

Manuel María Domenech Izquierdo


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