La dificultad de leer

Cartas a mis ahijados

La dificultad de leer

Barcelona, marzo de 1992

Querido Manuel Ma:

La primera vez que apareció un artículo mío en una revista, pensaba que, al día siguiente, todos me mirarían por la calle. Ahora, cuando escribo algo, no estoy seguro de que alguien lo haya leído entero. Hoy casi no se lee nada. Muchos libros y artículos se quedan archivados, si no se tiran, incluso cuando el tema nos interesa personalmente.

La idea de escribir "Cartas a mis Ahijados" me gusta mucho porque permite poner unos pensamientos en una página, cosa mucho más ligera de leer que un libro o un artículo. Pero parece que ni esto basta. En mi anterior carta explicaba que el día de tu bautismo quisiste añadir el nombre de María al de Manuel para llamarte como yo, pero alguno de mis amigos pensó que bromeaba dirigiéndome la carta a mí mismo.

No hay mal que por bien no venga. Gracias a esto se me ocurrió hacer unas hojitas, que lanzo desde el coche cuando voy a trabajar, con sólo frases cortas como estas:


"Todos los asesinos roban tranquilamente".
"También los ladrones mienten así. (Política, comercio, prensa, TV...)".
"Entérate. Tienes derecho. Sigue la atracción de la Verdad".
"El que busca, halla. El que pide, recibirá".
"Jesucristo también murió por ti".
"Reconócete hijo de María Inmaculada, Madre de Dios".

Con ellas querría decir muchas cosas, tantas que nadie me escucharía y, si las escribiera, nadie las leería.

Cada vez que los compañeros de trabajo se quejan de alguna injusticia de los políticos suelo explicar que, como dice Santo Tomás, los mandamientos estan por orden, y que, por tanto, un político abortista será probablemente ladrón y, con mayor razón, mentiroso.

Los hombres hemos perdido el olfato y el gusto para saborear la Verdad. Nadie piensa que la contemplación de la Verdad, aun en el plano natural, es el mayor gozo que cabe a la naturaleza humana. Reimos cuando vemos alguna verdad inesperadamente, aunque sea en un chiste. La juventud moderna, enloquecida por las ansias de gozar sensiblemente, no puede ni atisbar esta realidad.

Dios llama continuamente a la santidad, estemos donde y como estemos. Dios va a morir al lado de un ladrón asesino. San Dimas nos contará mucho de esto.

Y finalmente no puede faltar una alusión a la Santísima Virgen Madre de Dios. María, la Mujer del apocalipsis. Madre del Redentor y Madre nuestra. Ella es Madre de la Gracia. Todo nos viene porque María lo ha suplicado. Es la omnipotencia suplicante. Dante, en el último canto de su "Divina Comedia" dice a María: "tu benignidad alcanza, no sólo a aquel que te implora, sino que frecuentemente se anticipa a la súplica". Yo lo sé por propia experiencia. Con sus favores no hay que hacer nada. Sólo no rechazándola, lo cual es pecado contra el Espiritu Santo, se alcanzan sus gracias. Por eso lo puse en las hojitas.

Pienso que quien las lea puede sentirse llamado al arrepentimiento y a la conversión. Me han sugerido que ponga algún teléfono o dirección, pero prefiero no hacerlo para dejar claro que no busco nada más que el bien del interesado. Si realmente sigue la atracción de la verdad no se perderá detrás de un falso profeta progresista. Seguirá buscando y, al fin nos encontraremos en el cielo que deseo y espero compartir también contigo.

Recibe un fuerte abrazo de tu padrino:

Manuel Ma Domenech I.


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