El materialismo científíco

Cartas a mis ahijados

El materialismo científico

Barcelona, noviembre de 1992

La última vez te escribí acerca de la contemplación para alcanzar amor, que pone San Ignacio al final de los Ejercicios. Te decía cómo una vez oí explicar esta meditación así: "Todo es un regalo de Dios, además está hecho personalmente por El, y lo trae El porque lo conserva en el ser, y, al fin, también se da El, porque el colmo del don de Dios, sobre toda naturaleza, es la Gracia, el mismo Dios, el Espíritu Santo".

Ahora quiero advertirte que el materialismo científico moderno siempre ha tratado de impedir que podamos hacer esta contemplación. Su solapada intención es ver todas las cosas sin Dios, en vez de ver a Dios en todas las cosas.

Se acusa a la Iglesia de haber sido contraria a la ciencia, cuando, en realidad, son los científicos los que prácticamente son enemigos de la religión.

La Iglesia siempre ha enseñado la armonía entre la Fe y la ciencia, porque de la misma Verdad no pueden proceder cosas contradictorias. Los científicos, más que argüir en contra de la Fe, tratan de evitar los argumentos de la filosofía natural que demuestran la existencia de Dios.

Como el progresismo, que es la culminación de la traición protestante, lee la Biblia pensando: ¿Qué puede querer decir esto?, siendo así que es seguro que no puede querer decir lo que la Iglesia enseña, los científicos, salvo contadas excepciones, parece que se digan: ¿Cómo se podría explicar el funcionamiento del universo?, si no puede ser que Dios intervenga para nada.

Casi ningún científico ha sido conocedor de la filosofía tradicional y verdadera. Por eso andan siempre perdidos entre teorías contradictorias lejos del Ser, la Verdad y el Bien, pero esto te lo contaré otro día. Si no esta carta resultaría demasiado larga y no la leerías.

Nadie explica los fallos de la Ciencia. La historia de la ciencia es la historia de sus fracasos, pero astutamente la describen como un continuo progreso. Primero dicen que el átomo es indivisible, y cuando lo dividen no dicen "que se han equivocado", sino que "han conseguido, una vez más, lo inalcanzable".

Ahora los medios de comunicación han dado la noticia de que el Papa ha rehabilitado a Galileo. Sólo he oído una vez, por radio, que ha sido con reparos, porque Galileo no reconoció que las teorías científicas se tienen que tomar como hipótesis de trabajo. Si los científicos hubieran aceptado esto, los hallazgos de la física moderna se hubieran anticipado más de un siglo. El Santo Padre ha sido muy bueno con Galileo, pero mucho me temo que los científicos ni van a arrepentirse, ni se convertirán, esforzándose en descubrir a Dios en la creación.

Sin embargo, en el Reino de Cristo, cuando se conviertan los judíos y el mundo entero, todas las universidades y centros de investigación encontrarán continuamente maravillas en ese sentido.

Dice Jesucristo: "Sin mi nada podéis hacer". Por eso quiero copiarte esta oración a los Santos Reyes Magos de oriente, que son los mejores patronos de los que queremos usar de la ciencia para acercarnos más a Dios.

¡Oh Santos Reyes que desde el oriente supisteis encontrar en el cielo el camino de Belén!, alcanzadnos de aquel Niño Divino que adorasteis primero, el vernos libres de las hechicerías de la falsa ciencia, para que, a través del conocimiento de los cielos, los mares y la tierra, y de todo lo que hay en ellos, alcancemos al que lo creó todo de la nada, para facilitar el camino de la salvación a todos, y así poder ofrecer el fruto de nuestro saber, como oro al Rey de reyes y como incienso y mirra al Dios y hombre verdadero. Amén.

Recibe un fuerte abrazo de tu padrino:

Manuel Ma Domenech I.


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