Esta es nuestra Fe, esta es la Fe de la Iglesia

Cartas a mis ahijados

Esta es nuestra Fe

Barcelona, enero de 1990

El domingo pasado oimos misa en la parroquia de San Félix. El pesebre que habían construido los monaguillos participaba en el concurso de la Unión Seglar y lo combinamos así para poder visitarlo. Ofició Mosén José Ricart Torrens. Era el domingo del Bautismo de Jesús. En la homilía dijo que si delante de un nicho dijéramos: ¡Que salgan todos los que han sido enterrados aquí! Y resucitaran todos, no sería esto tan importante como un bautizo. Entonces pensé en ti.

Me acordé de aquel día en que tuve que representar tu Fe, renunciar a las pompas y las obras de Satanás en nombre tuyo y decir que pedías el Bautismo a la Iglesia. Eras tan pequeñito que no podías hablar ni entender a los que oías. Ahora las cosas han cambiado. Ya te has hecho mayor y se puede hablar contigo de cosas de Fe. Quizás mejor que con personas mayores, que sabrán más de humanidades pero también cargarán con esas culpas que enturbian la mente para las cosas altas. Santa Teresita aclara que como la Fe se tiene por la Gracia y es cosa sobrenatural, los niños son incluso más aptos que los mayores para entender el dogma católico. Por eso me gusta ahora que nos gocemos, tú y yo juntos, considerando lo que creemos, que es algo tan hermoso como:


Que Dios existe.
Que tiene inteligencia y voluntad.
Que habla y escucha.
Que quiere y, sin necesitarlo, le gusta que le quieran.
Que nos quiso tanto, que en pecando nosotros, como dice San Agustín, ni nos dejó sin justicia ni nos abandonó sin misericordia, cuando en la intimidad de la familia Trinitaria se dijo: "Hagamos Redención".
Que el sepulcro de Jesucristo quedó vacío porque su alma vivificó el mismo cuerpo que se desangró en la cruz.
Que resucitaremos como El.
Que hay una vida eterna.
Que en un alarde de poder, sabiduría y bondad insondables, inventó la manera de meter en nuestro pecho la realidad sustancial de los misterios de su cuerpo y de su sangre.
Que alejándose de esta tierra en que habitamos, se adentró en los cielos para enviarnos el Espíritu Paráclito Consolador, que nos vivifica a todos con sus dones de sabiduría, entendimiento, consejo, fortaleza, ciencia, piedad y temor de Dios.
Que ha de volver como se fue.
Que nuestros pecados son perdonados.
Que tenemos amistad eficiente con todos los santos que ha habido y que hay, y hasta, en cierta manera, que habrá.
Que para el juicio de la Fe y de las costumbres, tenemos juez infalible, el sucesor de San Pedro, pastor de la Iglesia universal, el dulce Cristo en la tierra, en frase de Santa Catalina de Siena.

¡Verdaderamente da gozo poder hablar tú y yo de lo que creemos!

Que esta Fe ilumine nuestra esperanza en aquel abrazo incorpóreo, como lo llama San Agustín, en que tú y yo seremos uno con Aquel que nos hizo a tí y a mí. Para que sea semilla de aquel que tiene que durar por toda la eternidad, recibe un fuerte abrazo de tu padrino:

Manuel Ma Domenech I.


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