Tradicionalismo y espiritualidad en Gaudí: La sagrada familia y San José

Tradicionalismo y espiritualidad en Gaudí:
La sagrada familia y San José

Por Javier Barraycoa

1.- Los mitos sobre un Gaudí masón o esotérico.

Muchos han tratado de presentarnos un Antonio Gaudí masón, drogadicto incluso homosexual, donde su catolicismo sería una excusa para ocultar una obra esotérica sólo para iniciados. Sin embargo podemos afirmar que todo es una campaña constante para esconder al verdadero Gaudí: un hombre de fe, entregado a la obra de Dios. Nuestro arquitecto fue sinceramente católico, tras un proceso de conversión y nunca tuvo nada que ver con la masonería. Así lo demostró en algunos artículos nuestro querido, y ya fallecido, Juan Bassegoda Nonell, que fuera director de la Cátedra Gaudí y el máximo experto en su vida y obra.

Es verdad que siendo joven, Gaudí se perfilaba como un “bon vivant”. Le gustaba vestir lujosamente y era un prometedor arquitecto que hubiera podido conseguir todo lo que hubiera deseado: fama y dinero. En su vida sólo se enamoró una vez de una mujer pero sufrió un desengaño amoroso. Desde entonces sólo buscó otro amor, el de Dios.

Ya en la Escuela de arquitectura los avatares de la Providencia le dispusieron a enfrentarse al trabajo final de Carrera, consistente en un boceto. En el curso de 1874-75, esbozó una magnífica puerta de cementerio, inspirado del texto de Apocalipsis 4,1, que reza: “Después de estas cosas, tuve una visión y vi una puerta abierta en el cielo”. La puerta que dibujó Gaudí aún se conserva y está ornamentada con motivos apocalípticos que poco a poco darían sentido a su gran obra: la Sagrada Familia.

De hecho, años después, ante sus dudas sobre si aceptar o no la propuesta de asumir la construcción de la Sagrada Familia, le espetaron la siguiente consideración, que fue definitiva: “El Apocalipsis es la fuente de inspiración de los templos cristianos de todos los tiempos”. La mayoría de las catedrales representen en sus fachadas el juicio final. Y, en cierta medida, eso es lo que quedará reflejado en la Sagrada Familia, con la apoteosis de la fachada de la Gloria (aún por construir): el juicio final y el triunfo de la Iglesia.

Gaudí, para prepararse ante tan magna obra inició, en la cuaresma siguiente a la aceptación del proyecto, una intensa penitencia de ayuno, contaba con 31 años. Encerrado en su casa, no abría la puerta a los amigos y estaba echado en la cama sufriendo los rigores del ayuno. Preocupados por su vida, sus amigos hubieron de acudir al Obispo Torras y Bages, con el que tenía una gran amistad, para que lo rescatara de su penitencia. Con esta preparación, Gaudí había asumido aquella máxima de Fra Angélico: “Quien desee pintar a Cristo sólo tiene un camino: vivir con Cristo”. Este proceso de identificación crística, al igual que los pintores de iconos, lo inició Gaudí en esa cuaresma y ya le acompañó toda su vida.

Podemos decir que el genial arquitecto catalán se sometió (no sabemos si explícitamente) a los tres votos de pobreza, castidad y obediencia. Por un lado fue célibe toda su vida; por otro vivió una pobreza y austeridad evangélicas, admirables debido a su fama y prestigio. Muchos le tomaban por loco, pero él quería vivir la pobreza. Llegó a llevar un cordón por cinturón para sujetarse los pantalones. Sin embargo, incluso en esta actitud vital, emanaba un porte especial. La pobreza debía ser reflejo de una virtud. Por eso, en algún momento llegó a decir: “No hay que confundir la pobreza con la miseria. La pobreza lleva a la elegancia y la belleza”; otra de sus frases recogidas por algún discípulo era: «Hay que comer y dormir lo justo para subsistir». O bien, “el inviernos es para pasar frío y el verano para pasar calor” (en referencia a los gastos que hacemos para conseguir lo contrario).

Respecto a la obediencia, se manifestó en su obra arquitectónica que siempre quiso que se sometiera a Dios por imitación de la naturaleza. “Ars imitatur naturam”, decía Aristóteles, y la naturaleza es la creación de Dios. De hecho, por ejemplo, por unas cuestiones simbólicas de numerología, la Sagrada Familia debía medir 180 metros, pero él la rebajó a 170, pues la montaña de Montjuic mide 173 mts. Y esta decisión la justificaba así: “la obra del hombre no puede superar a la obra de Dios”. Respecto a la obediencia, Gaudí la manifestó especialmente en el servicio a la liturgia. La obediencia del arquitecto se manifestó en una bonita anécdota. No entendía porque una norma litúrgica obligaba a cubrir el sagrario con un conopero (el velo que cubre el sagrario y representa el Tabernáculo o tienda que acogía al Arca de la Alianza). Gaudí pensaba que esta norma dificultaba que la belleza de los sagrarios se manifestara a los ojos de los fieles. Un amigo le sugirió que escribiera a Roma para ver si era posible obviar esa norma litúrgica. Desde Roma contestaron que no, pues cumplía unas funciones litúrgicas fundamentales. El conopero representaba la culminación de la Alianza de Dios con la humanidad. Gaudí lejos de enfadarse (y eso que era una persona con mucho genio) lo aceptó tranquilamente, pues empezó a entender que el arte debía estar al servicio de la liturgia y no al revés.

Gaudí evitó toda su vida que le consideraran un arquitecto modernista y original. Así se entienden frases suyas que quedaron recogidas: «La originalidad consiste en el retorno al origen; así pues, original es aquello que vuelve a la simplicidad de las primeras soluciones … lo demás es extravagancia». Gaudí veía tanto el modernismo como el neogótico como extravagancias y formas de anti-arte. No soportaba la expresión modernista pues era el término que, en su época y ahora, determina la herejía condenada por San Pío X en la encíclica la Pascendi. Por cierto mientras que Gaudí vivía en el Park Güell, en su cuarto tenía un precioso retrato de Pío X.

La obediencia se demuestra también en saber obedecer a Dios antes que a los hombres. Esto lo refleja muy bien su conflicto con los dueños de la Casa Milà (la Pedrera), concebida como un pilar de Montaña y Mar (piedras ondulantes) a la Virgen del Rosario (Roser se llamaba a Viuda de Milà y la Verge del Roser era la Patrona de Gracia). La Virgen del Rosario debía culminar la Pedrera y estar flanqueada por san Miguel y San Gabriel. Pero la Semana Trágica (revueltas revolucionarias en Barcelona en 1909) truncó el proyecto por temor de la Dueña a que quemaran su casa. Aún en las cornisas de la Pedrera se puede ver la rosa mística y las palabras, en latín del Ave María. La dueña no estaba muy contenta pues Gaudí, ya en una fase mística ponía al lado de los espejos frase como” recuerda polvo eres y en polvo de convertirás”. Igualmente no hay obra de Gaudí que rezume símbolos religiosos. Un ejemplo son las misteriosas bolas de piedra que encontramos por los paseos del Parque Güell, son cuentas de rosario para poder rezarlos paseando.

Otro modo de aceptar la obediencia es someterse a los tiempos de Dios y la Providencia. Con otras palabras, luchar contra el voluntarismo. Gaudí decía a los que le acuciaban para que se diera prisa en acabar la sagrada Familia: «La obra de la Sagrada Familia va lentamente, porque mi Cliente no tiene prisa». En otra ocasión comentó: “Esta obra la acabará san José”.

2.- El origen josefino de la Sagrada Familia

La Sagrada Familia se remonta en su origen, como idea y sentir, a la figura de San José Manyanet. Este insigne santo catalán, fundador de la Congregación de los hijos de la Sagrada Familia, ante los acontecimientos que rodeaban a España y la Iglesia, tuvo una suerte de inspiración o inquietud. Había sido testigo de la revolución septembrina, de las persecuciones religiosas que se estaban viviendo en España y, sobre todo, de los ataques que estaba recibiendo el Papado con el surgimiento de la unificación de Italia y el robo de los Estados Pontificios. Se iba además a convocar el Concilio Vaticano I con grave riesgo para la Iglesia Universal. Ante todo ello, escribió una carta al Obispo Caixal en la que le relataba: “Me vino la idea de interesar al glorioso Patriarca san José en este importantísimo negocio por medio de la erección de un Templo expiatorio fabricado por la caridad de los españoles, grabando en su frontispicio, para memoria de las generaciones futuras, éstas o parecidas palabras: Al glorioso Patriarca san José, Patrón de la Iglesia Universal y restaurador de España”.

El Padre Manyanet, envió una copia de esta carta a un hombre singular: José María Bocabella, que era el editor de El Propagador de San José. Éste era el boletín de la Asociación espiritual de devotos de san José. Será Bocabella el que tome el reto de iniciar ese templo, solicitando a través de El propagador las limosnas que permitan erigir esa obra. La iglesia aunque previamente fue encargada a otro arquitecto, posteriormente pasaría a manos de Gaudí. El arquitecto catalán siempre tuvo claro estos orígenes de la Sagrada Familia y en alguna ocasión llegó a expresar que si ese templo no iba a ser expiatorio, entonces no tendría ningún sentido. Al colocarse la primera piedra, el 19 de marzo de 1882, El Correo Catalán publicaba unas significativas frases: “Expiar, es decir, pedir a Dios perdón y misericordia por los pecados que contra Él se cometen en España, y de los que no ha mucho se cometieron en los templos de Barcelona”, en referencia a las tristemente célebres revueltas revolucionarias y atentados anarquistas que constantemente sufría la ciudad.

José María Bocabella, hombre culto y devoto que en 1866 fundó la Asociación Espiritual de Devotos de San José, que tenía por objetivo alcanzar, mediante la protección de San José, el triunfo de la Iglesia Católica en una época en la que el fenómeno de descristianización se veía propulsado por la Revolución Industrial y sus cambios sociales. La idea del templo ya estaba en su mente desde que en 1872 fue a Roma para hacer una ofrenda al Santo Padre. Antes de regresar pasó por Loreto donde pudo observar su preciosa iglesia en la que según la tradición está la casa de Nazaret. Allí fue donde tuvo la idea de hacer un templo expiatorio en Barcelona dedicado a la Sagrada Familia réplica del que vio en esa población italiana.

El Propagador de la devoción a san José, la revista del Templo Expiatorio de la Sagrada Familia, era permanentemente combativa contra la masonería y sus planes de implantar un estado laico. La modernidad acechaba con persecuciones que más tarde se reproducirán, en 1909, con la semana trágica de la que Gaudí fue testigo de primera mano. La Iglesia, desde Pío VII había contemplado la modernidad como una rebelión contra la Cristiandad. Este Papa sufrió en sus propias carnes el secuestro de Napoleón y su sentencia de muerte de sobre la Iglesia. Ante ello, secuestrado en el castillo de Fonteneblau, confió a san José la protección de la Iglesia y su misión fue tan bien cumplida que, al poco, Napoleón retornó los Estados Pontificios al Papa. Desde entonces, la Iglesia siempre ha visto a san José como el remedio a los males sociales que trae la modernidad, como bien se refleja en la Quamquam pluries de León XIII, o en la Divini Redemptoris de Pío XI, hasta llegar a la Redemptoris custos de Juan Pablo II.

3.- Reflexiones sobre arte y liturgia: las influencias que recibió Gaudí

Un hombre se conoce por su biblioteca. La de Gaudí era escasa pero muy significativa. Entre las obras de su biblioteca, se encontraban desde el Kempis, hasta el Misal Romano (hoy banalizado, pero el de san Pío V era venerado por la Cristiandad por sus numerosas y ricas rúbricasque eran fuente de devoción y conocimiento teológico), pasando por obras tan entrañables como El Criterio de Balmes, el Canigó y L´Atlàntida de Verdaguer, o las obras que Torras y Bages le remitía. Pero cabe destacar entre ellas El Año Litúrgico de Dom Gueranguer. Éste fue el reformador de Solesmes y uno de los grandes impulsores de la reforma litúrgica tan decaída a finales del siglo XIX.

Gaudí fue concibiendo la Sagrada Familia como una liturgia y catequesis en piedra que debía servir a las verdades de fe. A diferencia de otros edificios religiosos las imágenes debían dominar el exterior exponiendo la fe católica. Para Gaudí, las imágenes no debían estar dentro de la Iglesia sino fuera, para “catequizar” a quien se acercase, especialmente a lo obreros (recordemos que la Sagrada Familia se empezó a construir en lo que era un arrabal obrero de Barcelona). Pero también la Sagrada Familia es una representación del Apocalipsis de la Jerusalén Celeste que se encuentra con la Terrena. De ahí que Gaudí juegue con la luz (crea su arquitectura en el interior un efecto de luz que cae del cielo) y lo combina con signos de elevación que luego expondremos. Así da a entender que la Sagrada Familia, como templo, es un encuentro de la Jerusalén terrena con la Jerusalén celeste.

Analicemos estos aspectos:

Respecto a la liturgia, se engarza con la arquitectura ya que Gaudí la considera un punto de intersección entre el espacio y la oración: lex orandi. Por lo tanto el espacio debe jugar con dos elementos: la luz y la oración. Nos han quedado estas frase de Gaudí: «La arquitectura es el primer arte plástico. Toda su excelencia viene de la luz. La arquitectura es la ordenación de la luz». Y la luz es lo que permite que resplandezca la belleza y a su vez, decía Gaudí, «La Belleza es el resplandor de la Verdad» o “la gloria es la luz, la luz es la alegría y la alegría es el placer del espíritu”.

¿De dónde salen estas reflexiones que tanto se asemejan al pensamiento clásico y escolástico sobre el arte? Por ejemplo, Santo Tomás de Aquino en la Suma Teológica II-II, q. 145, 2: “Lo bello está constituido por el esplendor … Dios es bello como causa de esplendor y armonía de las cosas”. No es que Gaudí leyera la Suma teológica, pero sí aprendió de un gran tomista: el Dr. Torras i Bages. Gaudí había frecuentado el círculo artístico de Sant Lluc, que acogía a los artistas católicos en Barcelona. Las sesiones inaugurales, fueron dictadas por Torras y Bages que era el consiliario.

Leyendo esas conferencias, se descubre cómo Gaudí se inspiró en ellas en sus reflexiones sobre la luz, el esplendor y la gloria, así como del arte y la belleza como reflejo de la divinidad. Esas conferencias, a su vez, estaban inspiradas en los textos de Santo Tomás que aluden al arte. En una de ellas Torras y Bages (p. 56) decía: “El principio del Arte consiste en un movimiento de ascensión en búsqueda de lo infinito”.

Como hemos dicho, en la Sagrada Familia se representa el encuentro de la Jerusalén celeste y la terrenal: la que baja y de ahí el magistral juego de luces de las cristaleras que permiten “ver” como desciende la luz a la construcción arquitectónica que se eleva. Para entender este juego arquitectónico, hay que conocer una de las pasiones de nuestro protagonista, que quedó reflejada en la Sagrada Familia, era su devoción al canto gregoriano. Gaudí acudía frecuentemente a San Felipe Neri, famosa ya por su dedicación a la música sacra, y donde estaba su director espiritual, el padre Agustí Mas Folch (carlista y mártir en 1936) y seguidores fervientes de las reformas litúrgicas de Dom Gueranguer. Ahí se apuntó a cursos de gregoriano que inspiraron tanto las torres campanario, como la coral de la Sagrada Familia. El espacio elevado de la coral, fue diseñado para 3.000 cantores, deseando que sus voces se resonaran fuera del Templo.

Por aquella época, San Pío X publicó el motu proprio “Tra le sollecitudini” (22-XI- 1903), en cuyo n. 3 escribía textualmente: “Procúrese, especialmente, que el pueblo vuelva a adquirir la costumbre de usar el canto gregoriano, para que los fieles tomen de nuevo parte más activa en el oficio divino, como solían antiguamente”. A partir de las palabras del papa, tanto Lluís Millet como el padre Lluís Maria de Valls (otro oratoriano) y el propio Antoni Gaudí redoblaron sus esfuerzos para difundir el canto gregoriano y el canto litúrgico popular.

Igualmente, las torres debían albergar campanas tubulares que acompañaran a la coral. Así, en cada una de las torres, se escriben nueve “Sanctus”: tres en honor al Padre, tres en honor al Hijo, tres en honor al Espíritu Santo”. Tanto la piedra, como las voces humanas, debían estar al servicio del culto. Los Sanctus eran rojos, amarillos y naranjas, para reflejar la procesión del espíritu Santo del padre y del Hijo. Los sanctus acompañan a oras inscripciones “Hosana in excelsis”; la oración está en sentido “ascendente” abajo los “sactus” y arriba los “Hossana in excelsis”.

El mismo san Pío X, en los números 15-17 de su decreto “Tra le Sollecitudini”, de 22- XI-1903, lo permitía: “Si bien la música de la iglesia es exclusivamente vocal, esto no obstante, también se permite la música con acompañamiento de órgano. (…) Como el canto debe dominar siempre, el órgano y los demás instrumentos deben sostenerlo sencillamente, y no oprimirlo. No está permitido anteponer al canto largos preludios o interrumpirlo con piezas de intermedio”. Y así lo hizo Gaudí: diseñar en la Sagrada Familia armonios escondidos y proporcionados a su función estricta de sostener el canto gregoriano de la asamblea cristiana.

4.- La visión global de la Sagrada Familia:

En ella está contenida toda la doctrina católica y se puede reconocer por sus torres y sus fachadas. Las torres, algunas por construir, serían las siguientes: 12 torres, representando a los doce apóstoles; 4 torres, representando a los evangelistas; una gran torre o cimborrio, representando a María y la Torre más alta, representará a Cristo. Respecto a las fachadas han de haber tres: representan los misterios del rosario: los del gozo (fachada del nacimiento, por donde sale el sol); los dolorosos (fachada de la pasión, por donde se pone el sol) y los de Gloria (fachada de la Gloria, que le da el sol cuando está en lo más alto).

Las fachadas permiten varios caminos que se pueden recorrer

La fachada del nacimiento

Gaudí no quiso olvidarse de San José, que tantas veces aparece en la fachada del nacimiento, y así diseñó para el centro de la Sagrada Familia el mejor homenaje. Las celebraciones litúrgicas tenían lugar en la cripta. A lo largo del año, se vivían especialmente las solemnidades de la Sagrada Familia y de san José, la Semana Santa, las fiestas del patrocinio de san José y de sus desposorios con la virgen María y la Navidad. El 1 de noviembre de 1911, san Pío X reformó el Breviario. Dicha reforma incluyó el adelanto de la fiesta del Patrocinio de san José del tercer domingo de Pascua al miércoles de la tercera semana, bajo el título de “Solemnidad principal de san José”. Es decir, el papa quería la fiesta más importante de san José fuera la que lo celebraba como patrón de la Iglesia universal, título que le había concedido su antecesor el beato Pío IX.

El arquitecto Gaudí había sintonizado plenamente con ambos papas al diseñar la Fachada del Nacimiento, la única que construyó en vida. En esta fachada –explicaba a las visitas, ante la maqueta de yeso-, “se glosará plásticamente el Patrocinio de san José, cabeza de la Sagrada Familia, sobre la Iglesia universal”.

Si uno se presenta ante la fachada del nacimiento, le viene a la mente aquellas anotaciones a los Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola. En la segunda semana, la segunda meditación es sobre el nacimiento y en el 1er. punto del 3er. preámbulo se dice: “El primer punto es ver las personas, es a saber, ver a nuestra Señora y a José y al Niño Jesús, después de haber nacido, haciéndome yo un pobrecito y esclavito indigno, mirándolos, contemplándolos y sirviéndolos …”. Pues es así como uno se siente al contemplar esta fachada.

La fachada del Nacimiento tiene tres puertas que representan las tres virtudes teologales.

El portal de la Caridad, la puerta central, es recorrida por el rosario, cuyo último misterio, la coronación de María, culmina el portal. En el grupo escultórico diseñado por Gaudí, Jesucristo corona a su madre como modelo perfecto de caridad en presencia de san José. Al poner a su esposo en esta escena, el Gaudí mostraba su fe en la asunción de san José, siguiendo la opinión de muchos teólogos de su entorno, como el Dr. Torras i Bages, plenamente convencidos de esta verdad.

Portal de la fe (de frente a la derecha), aparece el dogma de la inmaculada concepción (Gruta de Lourdes) proclamado el 8 de diciembre de 1854 por el papa Pío IX. El portal de la caridad, culmina con un ciprés (cupressus sempervirens), un árbol que tradicionalmente se consideraba que nunca muere y representa la eternidad. Fue tomado como modelo de uno de verdad, de la cartuja de Tiana.

Detrás de este ciprés de la caridad eterna, un puente aéreo permite sostenerlo físicamente y practicar el vuelo entre los dos campanarios centrales, los de san Simón y de san Judas. Ese puente es una referencia al Pontífice (de “ponti-fex”, que significa hacer puentes). Los templos que construye constantemente son los puentes para llegar a la Gloria.

El portal de la Esperanza (de frente a la Izquierda, cuya escena más alta es los Desposorios de María y José (no sale en los evangelios, y la piedra representa en Montserrat). Sobre los carámbanos que la enmarcan, el arquitecto dispuso una barca, con un farol de grandes proporciones para iluminar a la Humanidad en las furiosas borrascas, un ancla de salvación y una vela que sostiene y dirige el Espíritu Santo en forma de paloma. Pero Antoni Gaudí no puso pilotando la barca de la Iglesia católica a san Pedro, sino a san José. Hasta entonces, el papa –comenzando por el primero, san Pedro- era quien capitaneaba la Iglesia figurada como una barca. Antoni Gaudí modificó esta iconografía clásica, plasmando el magisterio del reciente Pío IX sobre san José, que estaba en el origen del templo expiatorio de la Sagrada Familia. Pío IX había nombrado a san José patrón de la Iglesia universal, el 8 de diciembre de 1870.

Otra imagen que no aparece en los evangelios es como San José, flanqueado por San Joaquín y Santa Ana, muestra a Jesús una paloma herida (alma pecadora, perdida del revuelo de almas que ya disfrutan del árbol de la vida).

La fachada de la Gloria

Nuestro arquitecto soñó una fachada fascinante que serviría de pórtico para adentrarse en la Jerusalén celeste que pretende representar el interior del templo. Así como en la fachada del Nacimiento encontramos tres puertas que representan la fe, la esperanza y la caridad /la puerta central), así en la fachada de la Gloria deben ir siete puertas. Estas significarían, como hemos dicho, los siete sacramentos como los instrumentos para alcanzar la gracia y conseguir la gloria. Sobre cada uno de los siete pórticos deberán ir inscritas las siete peticiones del padrenuestro, asociadas cada una a un sacramento. En las bóvedas de las puertas deberían plasmarse las bienaventuranzas. (8 columnas correspondientes a 7 puertas), Arriba de todo los 9 coros angélicos alabando a Dios.

En el friso de la puerta deberían representarse una multitud de almas surgiendo entre las llamas, que fueran más bellas en la medida que se alzaran sobre la fachada, representando así las almas del purgatorio y cómo se van purificando y embelleciendo en la medida que se acercan a la gloria. Por encima de ellas iría una multitud de representaciones. Por un lado columnas que significarían las virtudes naturales y los dones del espíritu santo. En los frisos de las columnas se escribirían los nombres de las virtudes y en los pedestales los de los vicios opuestos. Se representarían las imágenes de la Iglesia: el arca de Noé, el Arca de la Alianza y la casa de la familia de Nazaret (la de la Basílica de Loreto). También tendrían su lugar, Adán y Eva, la Sagrada Familia, y más arriba una representación de la Trinidad. En la fachada, también, iluminado permanentemente estaría inscrito el Credo y unas nubes representaría la Gloria.

Otro de los proyectos de Gaudí para esta fachada, posiblemente irrealizable en nuestros días, era construir un subterráneo bajo la calle Mallorca. Ahí se emplazarían representaciones de monstruos e ídolos paganos, representando el infierno. Una apertura permitiría contemplar la fachada de la Gloria, para que así los devotos y visitantes tuvieran una pequeña aproximación de lo que se sentiría en el infierno contemplando una gloria inalcanzable ya. A la vez se contemplaría la purificación de las almas del purgatorio.

Fachada pasión

Dibujada por Gaudí al volver de la convalecencia de Puigcerdà (1911), donde meditaba las obras de Juan de la Cruz. Considerada aisladamente, la Fachada de la Pasión proyectada por Gaudí era una de sus mejores obras de madurez, quizás la parte de la basílica más genuinamente gaudiniana. Por desgracia el escultor al que se encargó su decoración era Subirachs, un ateo.

La fachada debía representar huesos. En la parte de arriba un friso de 18 columnas, representan el hades o infiernos donde están esperando las almas para que Jesús las rescate cuando baje a los infiernos. Así se dará sentido a la profecía de Ezequiel 37. 4-5: “Huesos secos, escuchad la palabra del Señor, yo os infundiré espíritu y recobraréis la vida”.

La fachada tiene tres puertas que representarían el triduo pascual: Jueves , viernes y sábado santo. En la Puerta de la Caridad- debía ir la representación de la crucifixión en el Gólgota (acompañando las imágenes de eucaristía y Getsemaní). La Puerta de la Esperanza, representaría a autoridades judías que condenan a Jesús (esperanza mesiánica frustrada). La Puerta de la fe, representaría a Pilatos, autoridad gentil que condena a cristo. También representa la fe de los gentiles (no tenían esperanza mesiánica, pero si tenemos la fe en que se ha cumplido la primera venida del Mesías). Subirachs no hizo caso a Gaudí y quitó toda referencia judía dejando sólo como culpables de la crucifixión a los romanos. En la propia fachada de la Pasión se pueden encontrar simbologías masónicas que añadió Subirachs.

5.- A Modo de conclusión

Gaudí decía: «El requisito más importante para que un objeto sea considerado bello, es que cumpla con el propósito para el que fue destinado». Por desgracia hoy el Templo expiatorio que soñó Gaudí no está cumpliendo esa función.

Para ser un templo expiatorio, sólo puede sufragarse con limosnas y no con entradas de turistas. Además prácticamente no hay culto en la Basílica, sólo con regularidad en la cripta. La oportunidad de poder evangelizar con la obra de Gaudí, como él deseaba, se está perdiendo cada día. Además, rodeando el altar por el ábside, hay siete capillas en honor a los siete dolores y gozos de san José. Por desgracia, esas capillas están desnudas o sirven para que los turistas se recreen en pantallas. Tampoco se recuerdan los mártires de la persecución religiosa (1936-39) asociados a la Sagrada Familia. Son doce en concreto.

Cuando alguien le dijo que esa era la última catedral, Gaudí respondió que no, que esa: “era la primera catedral de la segunda etapa”. Reflejaba así una esperanza de resurgimiento de la Cristiandad. Por desgracia parece que esa segunda etapa aún está lejos. Quizá en estos tiempos aciagos, y con esta Basílica, se cumplan aquellas palabras del Evangelio: “Si vosotros calláis, hablaran las piedras”. Y eso se cumple perfectamente en la Sagrada Familia.


Camino(s) ascendente(s):