"...forma parte del encanto"

"...forma parte del encanto"

Barcelona, mayo del 2001

Querida Margarita Ma:

Te escribo impaciente por hacerte partícipe del bien que me ha hecho esta frase: ...forma parte del encanto.

Cierta vez, cuando visitaba a mi cuñado enfermo, se presentó también a verle su primo Jaime Sagaz Temprano. Jaime es muy simpático. Comentando las incomodidades de la vida, con mucha gracia y señorío, majestuoso y sonriente, apostilló: en fin, ...forma parte del encanto. Todos nos reimos mucho. Desde entonces, esta frase, me vuelve a la mente muy a menudo. Claro, son tantas las incomodidades de la vida. Su efecto es tan saludable, que pido a mi Ángel de la Guarda, me la recuerde cada vez que tenga que enfrentarme a una de esas incomodidades.

Si lo hubiera considerado, no me habría enfadado el día que oí el golpe final del tercer derrape de un loco, seguido del grito de mi hijo que miraba por la ventana: "¡Ha sido contra tu coche, papá!", porque esto forma parte del encanto de tener un coche nuevo.

Si en la boda de José Luis y Ma Carmen, cuando vi todo el café de Vicente Marcos sobre su traje, porque mi niño había lanzado un clavel con mala puntería, hasta me hubiera reído, si hubiese sabido que esto formaba parte del encanto de estar invitado con los niños en un banquete nupcial.

Para qué te voy a contar. Hay tantos ejemplos: la vaca que estornuda con la cabeza metida dentro del coche, el niño que llena a su hermano de eso que dejan las vacas en el suelo simplemente tirando una losa encima y salpicando, la vaca que te rompe el retrovisor del coche... todo esto forma parte del encanto de andar con la familia por las alturas pierenaicas. No faltaba más.

Así se entiende que el pobre San José no se enfadara cuando tuvo que ir a Belén para lo del padrón, ni tampoco al tener que improvisar el lugar del nacimiento de Jesús, ni al salir precipitadamente hacia Egipto. Sabía que todo esto formaba parte del encanto. Del encanto de ver cumplido en su casa lo que anunciaron los profetas y esperaban los patriarcas, lo que predicaron los apóstoles y testifican los mártires. Nada más y nada menos.

Hemos de sufrir con paciencia las persecuciones. Para ayudarnos en esto, al ver las fuerzas del pueblo de los santos completamente quebrantadas (Dn 12,7) y a los reyes de la tierra dando todo su poder a la bestia (Ap 17,13), nos dará aquella septenaria paciencia del Apocalipsis (Ap 11,9; 22,2; 32,3; 42,19; 53,10; 613,10; 714,2), saber que todo esto forma parte del encanto. Del encanto de ver cumplidas las esperanzas de Israel, cuando al fin todo Israel será salvo (Rm 11,26), y vuelva el Rey de reyes de quien es el reino, el poder y la gloria.

Cuando San Lorenzo dijo a sus verdugos "ya estoy asado por un lado, dad vuelta a la parrilla para que se haga el otro lado", no hay duda que sabía que aquello formaba parte del encanto de vivir la vida eterna en el amor de Cristo consumado como víctima y redentor. De compartir la vida eterna, dando a Dios, con Cristo, todo el honor y toda la gloria que le da Él, en un reino de paz y de amor, allí donde todos descansaremos en el amor del Rey de reyes, que ha demostrado con el hecho de su oblación crucificada, la totalidad de su entrega amorosa, cuyas consecuencias compartiremos todos.

En la esperanza de que también tú y yo, te bendice tu padrino:

Manuel Ma Domenech I.


Vuestra soy, para Vos nací, (...)
Dadme alegría o tristeza, (...)
Pues del todo me rendí. (...)
¿Qué mandáis hacer de mí?
A Santa Teresa le alegra su tristeza si el Señor la quiere así.

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