Las dos banderas

Las dos banderas

Ya San Ignacio ha arrancado al ejercitamte, el juramento de fidelidad a Cristo. Ahora va a dar la batida de la sinceridad.

1.- De la bandera de Lucifer

El P. Solé lee el texto de los Ejercicios de San Ignacio, (números 136 a 142)

... Meditación de dos banderas, la una de Cristo,... la otra de Lucifer,...
...composición de lugar; será aquí ver un gran campo... de Jerusalén, donde... Cristo...; otro campo en Babilonia, donde... Lucifer...
...demandar lo que quiero: conocimiento de los engaños del mal caudillo y ayuda para guardarme de ellos, y conocimiento de la vida verdadera que muestra el sumo y verdadero capitán, y gracia para imitarle.
El primer punto es imaginar... el caudillo de todos los enemigos en Babilonia, como en una gran cátedra de fuego y humo...
El segundo considerar cómo hace llamamiento de inumerables demonios y cómo los esparce... por todo el mundo, no dejando provincia, lugar, estado, ni persona alguna en particular.
El tercero considerar... cómo los amonesta para echar redes y cadenas; que primero hayan de tentar de codicia de riquezas... para que más fácilmente vengan a vano honor del mundo, y después a crecida soberbia; de manera que el primer escalón sea de riquezas, el segundo de honor, el tercero de soberbia, y de estos tres escalones induce a todos los otros vicios.

El P. Solé inmediatamente después de leer el texto destaca: "de los otros vicios no os preocupéis, vendrán por su propio pie". Para los demás vicios ya no se necesita el demonio. Y sigue:

Aquí se trata de ver si Satanás me está enredando con lazos disimulados.

2.- De la bandera de Cristo

Ahora el P. Solé lee del texto de los números 143 a 147 de los Ejercicios de San Ignacio,

... por el contrario se ha de imaginar del sumo y verdadero capitán, que es Cristo nuestro Señor.
El primer punto es considerar cómo Cristo nuestro Señor se pone en un gran campo de aquella región de Jerusalén en lugar humilde, hermoso y gracioso.
El segundo es considerar cómo el Señor de todo el mundo escoge tantas personas, apóstoles, discípulos, etc., y los envía por todo el mundo, esparciendo su sagrada doctrina por todos estados y condiciones de personas.
El tercero es considerar el sermón que Cristo nuestro Señor hace a todos sus siervos y amigos, que a tal jornada envía, encomendándoles que a todos quieran ayudar en traerlos, primero a suma pobreza espiritual, y si su divina majestad fuere servida y los quisiere elegir, no menos a la pobreza actual; a deseo de oprobrios y menosprecios, porque de estas dos cosas se sigue la humildad; de manera que sean tres escalones: el primero, pobreza contra riqueza; el segundo, oprobrio o menosprecio contra el honor mundano; el tercero, humildad contra la soberbia; y de estos tres escalones induzgan a todas las otras virtudes.
... Un coloquio a nuestra Señora, porque me alcance gracia de su Hijo y Señor, para que yo sea recibido debajo de su bandera, primero en suma pobreza espiritual, y si su divina majestad fuere servido... en pobreza actual; en pasar oprobios e injurias por imitarle más en ellas, sólo que las pueda pasar sin pecado de ninguna persona ni displacer de su divina majestad, y con esto un Ave María...

El P. Solé a continuación destaca: "las demás virtudes vendrán por su propio pie". Y sigue:

No se trata de elegir bandera. Ya está elegida. Lo que se trata es de ser sinceros.

¿Yo, que he jurado seguir la bandera de Cristo, estoy enamorado de la pobreza, los oprobios, la humildad y la Cruz?.

3.- De la bandera del cristiano de hoy

Cuando para la Iglesia llegaban horas muy difíciles, tiempos de racionalismo, edonismo, materialismo, el benignísimo Jesús nos manifestó la bandera de su Sacratísimo Corazón sobre el pecho, coronado por la Cruz, ceñido de espinas, alanceado, sangrante, envuelto en llamas.

Penitencia, reparación, mortificación, expiación, celo devorador, amor abrasado a Cristo.

También la Virgen ha querido venir en las apariciones de su Corazón Inmaculado, mostrándolo atravesado de espadas, acribillado de espinas, envuelto en llamas.

Pobreza y desprecios aparecen en la primera y última bienaventuranzas. Son la garantía del Reino de Dios. El signo concreto y práctico de que se está lejos del pecado fundamental de Satanás y de nuestros primeros padres, de querer ser como dioses al margen de Dios. La humildad es también para las colectividades. Las asociaciones que se mantengan pobres y despreciadas podrán llevar a sus hijos al Reino de Dios.


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