División de la Eclesiología

División de la Eclesiología

Dogmática, Doctrinal, Mística

Agradezco al P. José Ma Serra M.C.R. la sugerencia de incluir esta línea en la tabla de triadas, así como la siguiente explicación.

El Padre Juan González Arintero, o.p., estudió la Iglesia desde el concepto de evolución. Y cuando en la Introducción de su obra cumbre (Desenvolvimiento y vitalidad de la Iglesia), explica qué hay que entender por la "verdadera evolución de la Iglesia", en el momento de exponer el plan de su obra, dice: "La Iglesia puede evolucionar y evoluciona en su organización o constitución exterior e interior, en su disciplina, en su liturgia, en su ciencia teológico-apologética, en su inteligencia dogmática, y por fin en su moral y su misma vida íntima. Pero todas estas formas de evoluciones progresivas pueden reducirse a tres: la orgánica, la doctrinal y la mística o vital, que estudiaremos en otros tantos libros aparte..." (GONZÁLEZ ARINTERO, JUAN, o.p., Desenvolvimiento y Vitalidad de la Iglesia; Madrid, Fundación Universitaria Española, 1974; Vol I: Evolución Orgánica, p. 145). Es decir, para el padre, la Eclesiología se divide en tres partes, que explica en estos términos, que recoge de una obra de Monseñor Bougaud: "Consideremos, en efecto, a la Iglesia: ¿qué es al salir del Cenáculo? 1º. Desde el punto de vista del ser, es un pequeño germen, confiado al celo del hombre, que debe desarrollarse incesantemente con los trabajos de los misioneros y de los mártires, hasta que llegue a ser un gran árbol que con su sombra cobije a toda la tierra. 2º. Desde el punto de vista de la doctrina, es un pequeño germen confiado al ingenio del hombre, que debe desarrollarse bajo la contemplación de los doctores, dar cada día más vivas luces, y, arrebatando las almas, reducirlas a una unidad que el mundo no había jamás sospechado. 3º. Desde el punto de vista del amor, es un pequeño germen, confiado al corazón del hombre, que debe desarrollarse con la contemplación de los santos, y poco a poco levantar al hombre de la tierra, purificarlo y unirlo íntimamente con Dios. Triple y magnífico progreso que agotará los esfuerzos del hombre en toda la duración de los siglos, y que vamos a verlo realizarse bajo el secreto impulso de Jesucristo, cabeza invisible de la Iglesia, y bajo la vigilancia y dirección del Papa, su cabeza visible. He ahí lo que convendría no decir, sino cantar; porque es un poema, el poema del amor de Dios para con el hombre y del amor del hombre para con Dios" (p. 147).


Fray Juan González Arintero

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