De los deseos de Santa Teresita del Niño Jesús



Deseos cumplidos

No hay que mirar mucho para ver que Santa Teresita murió en la noche oscura de la Fe. Leyendo la tesis doctoral del que llegó a ser Juan Pablo II el Grande, "La Fe según San Juan de la Cruz", se ve que la Fe vivida como ella la vivió, lleva a la unión de voluntades del alma con Dios. Por ello podemos decir que los deseos de Dios eran los de Santa Teresita.

Santa Teresita había dicho muchas veces que Dios siempre cumplía sus deseos, hasta tal punto que no se atrevía a pedirle cosas, como tan lindamente explica diciendo: "Pedírselo a la Virgen no es lo mismo que pedírselo a Dios. Ella sabe muy bien lo que ha de hacer con mis deseos, si se los ha de manifestar a Dios o callárselos; ella verá lo que hace, para no forzar a Dios a que me escuche y dejarle hacer en todo su voluntad". Además había dicho que si Dios la complacía en los pequeños deseos, cómo no lo iba a hacer en los grandes.

Jesucristo nos dice "pedid y recibiréis... si vosotros que sois malos dais a vuestros hijos lo que os piden..." y Santa Teresita se queda como un niño que espera recibirlo todo de su padre Dios. Hay sintonía por ambas partes.

Lluvia de rosas

Uno de esos grandes deseos, a pesar de su delicadeza en el pedir, en el tema de rogar a Dios que prepare una legión de almas pequeñas, que se abandonen al Amor Misericordioso lo hace en estos términos: "Pero, ¿por qué estos deseos de comunicar a los demás los secretos de tu amor, oh Jesús? ¿No fuiste tú mismo quien me los enseñó? ¿No puedes, acaso, revelárselos a los otros? Sí, estoy segura de ello, y te conjuro a que lo hagas. Te suplico que abajes tu mirada hacia un gran número de almas pequeñas. Te suplico que escojas una legión de pequeñas víctimas dignas de tu amor".
(A Sor María del Sagrado Corazón, no 27)

La "lluvia de rosas" que prometió se ve en ese florecer de la devoción a la Divina Misericordia, que si bien se mira es admirable.

El tradicional capítulo XII, puesto al final de la Historia de un alma, por el Carmelo de Lisieux con el fin de referir algunos testimonios sobre la vida de Santa Teresita del Niño Jesús y narrar sus últimos momentos, termina con con estas palabras: "¡Alabada sea por ello la Divina Misericordia! ¡Ella, Autora adorable de todas estas maravillas!.

Volver a La Tierra

Otro de sus grandes deseos fue el de "volver a La Tierra".

"Volver a La Tierra, sólo se puede hacer resucitando en la primera resurrección. Si no, no es "volver", y ella tenía una firme esperanza de volver. El 2 de agosto de 1897 dijo: "Todo pasa en este mundo, hasta Teresita...; ¡Pero ella volverá!". 5 días antes de su muerte, al preguntarle: Nos miraréis desde lo alto del cielo, ¿verdad?, ella respondió espontáneamente: - "¡No, bajaré!"

Ya en el mes de marzo de 1897, Sor María del Sagrado Corazón, viéndola en oración en le Ermita de San José, le preguntó: -¿Qué es lo que pedís con tanto fervor? -Teresa replicó: que San José tenga a bien apoyar cerca de Dios mi gran deseo de volver a la tierra....

"¡Lo que me atrae es el Amor! Amar, ser amada, y volver a la tierra para hacer amar el Amor".
(18 de julio de 1897)

"Dios no me daría este deseo de hacer el bien en la tierra después de mi muerte, si no quisiera hacerlo realidad. Me daría más bien el deseo de descansar en él".
(18 de julio de 1897)

"¿Cuándo será el juicio final? ¡Oh, cómo me gustaría estar presente!
...Y después ¿qué sucederá?".
(6 de julio de 1897)

"Está escrito que al fin del mundo, el Señor se levantará para salvar a los mansos y humildes de la tierra (Salmo LXXV, 9). No dice juzgar, sino salvar".
(25 de septiembre de 1897)

Después de la Ascensión se nos anunció la Descensión de Jesucristo, que vendrá con sus ángeles y santos. Por lo que fue su vida, la presencia de Santa Teresita hasta el fin del mundo, es cosa cierta.

Para nuestros tiempos

Los deseos y súplicas de Santa Teresita, de bajar a la tierra desde el cielo para hacer amar al Amor, de estar presente en el juicio final, de que Dios suscite una legión de almas pequeñas devotas de la Divina Misericordia, fueron inspiradas para nuestros tiempos de dolores de parto, y empiezan a ser concedidos al florecer, de manera tan extraordinaria, la devoción a la Divina Misericordia. Santa Teresita se apareció en un sueño a Santa Faustina Kowalska, que le tenía gran devoción, antes de entrar en el convento.

La devoción a la Divina Misericordia es lo urgente ahora y nos prepara el cumplimiento del deseo de "volver a La Tierra".

Cuando hace pocos años leí que el Éufrates había sido bombardeado, me acordé de que se le cita dos veces en el Apocalipsis en sextas fases de sus septenarios. Mirándonos sinceramente por dentro y a nuestro alrededor es fácil sentir que no tenemos otro refugio que la Misericordia de Dios. Hasta ahora nuestra salvación ha estado en la paciencia de Dios, pero hoy ya se entiende bien lo de que "si no se abreviaran aquellos días, nadie se salvaría". Santa Teresita es santa para nuestros tiempos, la más grande de éstos, dijo el Papa Pío XI, y ha sido proclamada Doctora de la Iglesia

Manuel Ma Domenech I.


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