El silencio final de Santo Tomás

El silencio final de Santo Tomás

Como prometí a mis amigos de la lista Tomás_de_Aquino pongo esta página en la red.

Está muy relacionada con una de las cartas a mis ahijados titulada Amor Ciego.
Los enlaces a estas páginas están al final de ésta.

Message: 1
   Date: Thu, 29 Mar 2001 20:21:20 -0000
   From: ........@yahoo.es
Subject: Consulta
Saludos afectuosos:

Hoy estuve leyendo "Vida y muerte de las ideas" de José María Valverde (Ariel, 1993). En la página 82 asegura el escritor que santo Tomás declaró que toda su obra le parecía paja, y no volvió a trabajar un año antes de morir.

Si alguno de los miembros de este foro me puede decir si es esto verdad o no, y, si lo fuera, que mencionara la cita bibliográfica donde se indica, lo agradecería mucho.

Rafael


Message: 2
   Date: Thu, 29 Mar 2001 20:38:03 -0300
   From: "......" <..........@arnet.com.ar>
Subject: RE: Consulta

Rafael,
a continuación te cuento sobre el suceso al que te refieres. El mismo fue deducido por diversos historiadores en base a los testimonios de Guglielmo Tocco (Vita Sancti Thomae Aquinatis, c. 33) y Bartolmmeo di Capua (Proceso Napolitano de Canonización, n. 79).

A primeros de noviembre de 1273 comienza con el tratado de la Penitencia. Dicta y escribe varias cuestiones. El día 5 de diciembre termina dictando la cuestión 90, que versa sobre las partes de la Penitencia en general. En la mañana del día siguiente, el 6 de diciembre de 1273 cuando celebró la misa de la Festividad de San Nicolás en la capilla del convento de Nápoles dedicada a ese santo, vivió una profunda transformación (fuit mira mutatione commotus). Ha tenido un arrobamiento muy prolongado y ha derramado muchas lágrimas. Está como fuera de sí. Como era su costumbre, oye otra misa, pero no ayuda en ella. Quieto, de rodillas, no hace más que llorar, aunque no está triste... A partir de allí, habiendo llegado al tratado de la Penitencia de la tercera parte de la Summa, dejó de escribir y dictar a sus ayudantes (et post ipsam Missam numquam scripsit neque dictavit aliquid, imno suspendit organa scriptionis in tertia parte Summae, in tractatu de Poenitentia).

Al regresar a su celda, fray Reginaldo de Piperno, su fiel amigo, secretario y confesor, y los demás escribientes, se presentan ante Tomás para continuar el trabajo. Fray Tomás amablemente les dice que no puede continuar. Los escribientes dejan al Aquinate con su socius Reginaldo.

Asombrado, mira a su alrededor. Sorpresa. La mesa de trabajo de fray Tomás está vacía: los códices, los papeles, las plumas, los tinteros están en un armario. Tomás está arrodillado en el suelo llorando. Fray Reginaldo le pregunta: "Padre, ¿por qué has abandonado un trabajo tan grande (se refería a la Summa Theologica), comenzado para alabar a Dios e iluminar al mundo?" (Pater, quomodo dimisistis opus tam grande quod ad laudem Dei et illuminationem mundi coepisti?). Tomás le contestó: "Reginaldo, no puedo más..." (Raynalde, non possum...). Día tras día, se repite la conversación. Pasada una semana, Reginaldo, temiendo que la salud mental de su amigo estuviese en peligro debido a los ayunos y el esfuerzo intelectual grandísimo al que se sometía, le rogó que siguiera su gran obra. Pero Tomás exclamó: "No puedo. Todo lo que he escrito me parece paja comparado a lo que he visto y me ha sido revelado" (Non possum quia omnia quae scripsi videntur mihi paleae respectu eorum quae vidi et revelata sunt mihi).

"¿Cómo podríamos cantar un canto a Yahveh en una tierra extraña?" (Salmo 137, 4).

La interpretación de este pasaje de la vida de Santo Tomás ha sido diversa, incluso entre los mismos tomistas. Sin embargo, quizás la mejor explicación es aquélla dada por él mismo en la Summa: "En esta vida es mejor conocer que amar las cosas inferiores a nosotros, pero es mejor amar las cosas que son superiores. Respecto de Dios es mejor amarlo que conocerlo, porque el conocimiento hace que las cosas vengan a nosotros y se adapten a nuestra manera de ser; pero el amor, que es la caridad, nos hace salir de nosotros y nos lanza hacia el objeto amado. El que ama se asemeja a la cosa amada; el que conoce adapta la cosa conocida a su propio modo de ser. De suerte que, cuando se trata de cosas inferiores, las elevamos cuando las conocemos, porque les damos nuestro propio modo de ser; pero cuando las amamos nos envilecemos. En cambio, cuando conocemos las cosas superiores, las empequeñecemos cuando se adaptan a nuestra inteligencia; pero, cuando las amamos, nos elevamos hacia ellas. Por eso, en esta vida, es mejor amar a Dios que conocerlo, y por ello es más lo que amamos a Dios por la caridad que lo que lo conocemos por la fe." Summa Theologiae, I, q. 82, a. 3.

Sobre esto el P. Bruno Forte ha compuesto la siguiente hermosísima poesía:


 
Paja:
accidental,
caduco se muestra el lenguaje,
frágil revestimiento
para evocar el abismo,
cruzado por palabras
que apenas dan cuenta
de la escondida fuente
del decir.
Como las semillas de trigo
de los campos soleados,
de las espigas maduras,
se deshacen
en premisas de panes sabrosos,
se diluyen
en nutrientes harinas,
así también las frases
quemadas por los soles
del decir maduro,
se explican
en rápidas cifras,
premisa de sabrosos silencios,
ordanándose
en alternativas diluidas
de esperas,
de escuchas... Escucha:
desde silencios profundísimos
procede la palabra
en tenue pronunciación
de sílabas cadenciosas
hacia nuevos silencios
preñados de vida.
Escucha:
germina desde el silencio
la palabra fecunda,
morada de los vivientes.
En silencio
escucha
la Palabra.
Escucha... El tiempo
de trilla ha llegado,
la paja ya es
separada de las semillas:
ya no es posible
trazar
figuras de voces.
Es victoria
rendirse ante el silencio:
el Asaltante nocturno
vence en el vado
de nuestro elocuente
callar.
"¡Reginaldo, no puedo!"
[Trad. del italiano de José María Poirier].

Saludos,
Esteban


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