En sus sermones 80, 81 y 82, hace San Bernardo una digresión para explicar que el alma se asemeja a Dios Eterno, Simple y Bueno por su inmortalidad, sencillez (sinceridad) y libertad.
Dice que estos tres atributos permanecen en el alma incluso después del pecado, pero enegrecidos con un doble manto de semejanza y desemejanza.
"¿Acaso no es estar cubierto por un manto que la cubre dos veces ese hallarse adherida y pegada, no por naturaleza,
sino como con la aguja del pecado, la muerte a la inmortalidad, la disimulación
a la simplicidad y la necesidad a la libertad?"
SANCTI BERNARDI ABBATIS CLARAE-VALLENSIS SERMONES IN CANTICA CANTICORUM, LXIX - LXXXVI. (ver 82,5)
En sus explicaciones descubrimos las raíces de la angustia existencial en la doble patencia de su mortalidad e inmortalidad, del agnosticismo, que ve y no quiere ver, en la doblez del disimulo y la hipocresía, y del determinismo en la pérdida de libertad que supone la esclavitud del pecado.
Como es de esperar, en los sermones siguientes explica que con la gracia y sólo con la gracia, puede recuperar su semejanza perdida.
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