¿Una novela
catalana de vampiros?. Éso puede resultar insólito y además
chocante, pero es cierto que la leyenda del terrible conde Estruch jamás
ha salido de las leyendas populares transmitidas oralmente de padres a
hijos hasta nuestros días y jamás ha tenido el soporte literario
que se merecía. Por éso, a la hora de reivindicar nuestro
patrimonio cultural he decidido sacar del olvido a nuestro más seductor
“vampiro nacional”.
Bram Stoker (1847/1912)
cuando buscó argumento para su espléndida novela Drácula
utilizó como personaje central a un príncipe de Valaquia
del siglo XIV llamado Vlad IV Tepes, es decir “El Empalador” (1431/1476),
conocido también como Drácula (hijo del diablo, en su idioma),
pero tan feroz “héroe nacional” (está claro que los “héroes
nacionales” han de ser sanguinarios, recordemos nuestros Hernán
Cortés o el maléfico Duque de Alba) nada tenía que
ver con el vampirismo pero sí con la barbarie.
El célebre
vampiro nació en una novela publicada en 1897 por el ya legendario
escritor irlandés, nacido en Dublín y perteneciente a la
sociedad secreta neo pagana y mágica Golden Dawn in the Outer. De
hecho el personaje al que hacemos referencia ya había aparecido
anteriormente en un libro “La novela de Drácula” (1480) de un oscuro
escritor ruso llamado Ivan Kouritsine que ha permanecido ignorado hasta
la actualidad.
Igual podríamos
decir del personaje de Don Juan Tenorio atribuido a Juan de Zorrilla cuando
el autor real fue Tirso de Molina por no hablar del caso de D’Artagnan
y los tres mosqueteros aparecidos primero en una novela olvidada, “Las
memorias del Sr. D’Artagnan” (1700) de Gatien de Courtilz de Sandras, y
después en una célebre trilogía literaria redactada
por un tal Auguste Maquet en 1844 y firmada posteriormente por el negrero
Alejandro Dumas quién se ha llevado injustamente la gloria de haber
creado un personaje que para más inri había existido realmente
en el siglo XVII.
En la época
de Nicolai Ceaucescu en Rumanía se intentó reivindicar al
terrible empalador considerado héroe nacional porque gracias a su
valentía contuvo (ineficazmente por supuesto) el avance de los turcos
que deseaban invadir la Europa del Este. Vlad IV era famoso por su crueldad
ya que decapitaba a sus enemigos o les introducía largos palos por
el ano teniéndoles en tal estado días enteros haciéndoles
morir en medio de una espantosa agonía. Naturalmente, el “gran patriota”,
disfrutaba con tanta crueldad y se hacía servir sus comidas enmedio
de un campo de empalados, disfrutando del “gratificante espectáculo”.
El tirano Ceaucescu adoraba
a Vlad IV y declaraba que era una ofensa comparar a tan maravilloso héroe
(?) con el vampiro que llevaba su nombre. Yo creo que hecha la comparación
quién debía sentirse ofendido es el Drácula literario
dada la crueldad del “heroico” voivoda. Si aquel mata para sobrevivir y
encima siente remordimientos por sus acciones, Vlad IV asesina de forma
gratuita para solazarse con la muerte ajena. Claro está que el derrocado
tirano de Rumanía no estaba lejos de tan sanguinario personaje pasando
a ocupar un triste lugar en la historia.
Si el Drácula
histórico vivía en Valaquia (región situada al sur
de los Alpes de Transilvania en la actual frontera con Hungría),
el literario vivía en el norte, en la parte izquierda de los Cárpatos
Orientales, cerca de Bistriz o Bistrita (según leemos en los mapas
en castellano), en un misterioso lugar llamado Paso del Borgo. Al otro
extremo de los Cárpatos Occidentales, en Checoslovaquia, tuvo lugar
otra leyenda asimismo terrible de vampirismo femenino.
La condesa Erzsebet
Bathory de Nadasdy (1560/1614) fue autora de la muerte de 600 doncellas,
a las cuales desangraba para bañarse luego con su sangre e intentar
vanamente de rejuvenecerse. Finalmente fue detenida y emparedada en su
castillo de Csejthe hasta el día de su muerte.
Otra vampira famosa
ha sido la condesa austriaca Dolingen De Gratz hallada muerta en Estiria
(1801), “heroína” de El invitado de Drácula (1914) de Bram
Stoker, en realidad un prólogo de su inmortal novela Drácula,
primero eliminado y después reciclado como narración independiente.
Naturalmente el
personaje de Stoker ha tenido una copiosa filmografía con algunos
títulos memorables de Tod Browning, Friedrich W. Murnau, Terence
Fisher, John Badham y recientemente Francis Ford Coppola, mientras nuestro
conde Estruch ha caído en el olvido.
Nuestro vampiro
nacional, de hecho, me ha llegado a través de sendas narraciones
orales. Dos versiones algo distintas entre sí. Una transcurría
en 1212, en la época del rey Pere “el Catòlic”, haciendo
referencia a un noble extranjero llamado Estruch que se distinguió
en la batalla de las Navas de Tolosa y por eso el monarca le premió
con el castillo de Llers (una ciudad catalana destruida en la nefasta Guerra
Civil española), dónde sufrió una maldición
tras quemar a unas brujas del Ampurdán. Otra versión tenía
lugar en el año 1173, época del rey Alfonso II “el Casto’
que yo he preferido por su mayor grado de romanticismo.
El nombre de Estruch
fue “castellanizado” como Estruga y fue utilizado para definir malos designios
o mala suerte del desafortunado que padecía mala estrella. También
se usaba para atemorizar a los niños catalanes que no obedecían
a sus padres. La leyenda que nos ocupa es apasionante y yo he sucumbido
a la tentación de escribirla para evitar su olvido. Espero que algún
día nuestro conde Estruch ocupe el lugar que se merece en el panteón
de los vampiros ilustres de nuestra cultura de las tinieblas.
Salvador
Sainz
Estruch
Una novela catalana de vampiros
Esta es tal vez la
historia más extraña que he vivido en toda mi existencia.
Nací hace cincuenta años en una pequeña población
del condado de Empúries llamada Llers. Desde que vi la primera
luz mi boca no pudo articular palabra y mis oídos jamás escucharon
sonido alguno. Sin embargo aprendí a leer y escribir gracias a la
caridad de mi protector Monseñor Bernat de Berga, obispo de Barcelona,
a cuya proverbial paciencia le debo todo lo que soy ahora. Fue mi sordomudez
lo que permitió en cierta ocasión salvar mi vida y marcar
con ello mi futuro. Por cierto, me llamo Isabel y actualmente vivo plácidamente
en un convento de monjas abadesas de Reus, en la Tarraconense, donde, en
mis escasos momentos libres, escribo la presente narración tal vez
intentando exorcizar mi pasado del cual quiero apartarme pero que, a mi
pesar, no consigo olvidar.
Estos hechos ocurrieron
cuando era una hermosa joven que sólo soñaba con buscar un
guapo galán para iniciar con él una nueva familia. Ignoraba
que mi destino me deparaba algo muy distinto.
En Llers vivía
tranquilamente con mis padres y mis hermanos, cuando Cataluña tuvo
por vez primera una monarquía. Alfonso II apodado “el Casto”
fue coronado rey rigiendo los destinos de nuestra pequeña nación.
Hacia 1173 nuestra vida era muy tranquila a excepción de algunas
escaramuzas con los árabes que siempre intentaban invadirnos.
En aquella época
el conde Guifred Estruch se hizo muy popular entre nuestras gentes porque
consiguió importantes victorias contra el infiel. Gracias a su valentía
los seguidores del Islam no podían apoderarse de nuestras tierras
como habían hecho anteriormente con otras de la Península
Ibérica. En época de Ramón Berenguer IV, el conde
Estruch había triunfado varias veces en sus batallas contra el rey
moro de Valencia, conquistando Tortosa en 1148, Lleida y Fraga en 1149.
Su prestigio como militar estaba fuera de toda duda cuando años
después, ya en su senectud, volvió a ser requerido por la
Corte de Barcelona.
Aunque decrépito
por su avanzada edad aún conservaba parte de su energía y
el rey Alfonso II tenía toda su confianza depositada en él.
El veterano militar era la persona más adecuada para la importante
misión que se le iba a encomendar.
Capítulo
1
En aquellos turbulentos
años las comarcas del norte de Cataluña se vieron azuzadas
por un conflicto interno. Desde la llegada de los romanos y posteriormente
del cristianismo algunos sectores de la población habían
permanecido fieles a sus cultos paganos. A pesar del transcurrir de los
siglos y de la evolución de la historia aún permanecía
vivo en el corazón de las gentes sencillas el recuerdo de antiguos
dioses, viejas creencias que parecían haber sido desplazadas por
el advenimiento de la fe en el Redentor. Tal vez la ignorancia o puede
que cierto resentimiento causado por su situación servil motivaba
esta tardía pervivencia de ancestrales ritos.
El rey Alfonso II estaba
preocupado y en una reunión con su tutor Guillem Torroja,
por aquel entonces Obispo de Barcelona, se planteaba dicha cuestión.
- Majestad -exponía
vehemente Monseñor Guillem- ésta puede parecer una cuestión
trivial pero los cultos paganos deben desaparecer de inmediato. Ya sé
que vos sois un rey pragmático y tolerante con vuestros súbditos
pero esas gentes podrían desestabilizar nuestro país....
- El paganismo es
fruto de la ignorancia, Monseñor Guillem, no podemos castigar al
pueblo por carecer del conocimiento de la verdadera religión, esa
es vuestra cuestión y vos debéis ponerle remedio...-replicaba
el compungido monarca.
- Con todos mis respetos,
la situación que estoy planteando a su Majestad es una cuestión
de Estado... llevamos cinco siglos de dominación mulsumana y Cataluña
es una tierra situada en un lugar privilegiado. Es la puerta de Europa
y una vez sometida, los seguidores del profeta tendrían paso franco
para su posterior conquista... Majestad, pocos vasallos serán más
fieles a la Corona que mi humilde persona, pero también debo obediencia
a mi fe en Jesucristo y a la Santa Madre Iglesia. Es por ello que os ruego
que penséis seriamente en este problema antes de que se os vaya
de las manos...
El monarca queda pensativo,
indeciso ante el compromiso que le está planteando el Obispo.
- Yo sólo os
puedo prometer una cosa, Monseñor, y es que enviaré a un
caballero de mi confianza a la comarca más conflictiva de Cataluña
para que inicie las oportunas investigaciones. Obraré según
sus resultados -sentenció finalmente.
Para Monseñor Guillem
aquello suponía una oportunidad para atender sus reivindicaciones.
- Majestad ¿en
quién habéis pensado para tal investigación?
- Al conde Guifred
Estruch.. Es un hombre temeroso de Dios y un espléndido caballero.
Confío en él cómo si fuera mi padre... En tiempos
de mi predecesor no hubo mejor servidor de la Cristiandad. Recuerdo sus
gestas en tierras moras a los que venció en más de cien batallas.
- Fue ademas vuestro
preceptor ...
- Exactamente, Monseñor.
El conde Estruch me enseñó todo lo de menester en cuestiones
militares y además me formó como caballero. Es grande la
deuda que tengo con él y por eso creo que es el hombre adecuado
para atender vuestra solicitud.
- Vuestra elección
me satisface, Majestad.
Así fue cómo
el conde Guifred Estruch dejó de convertirse en historia para pasar
a la leyenda. En aquel momento ningún caballero era más idóneo
para desempeñar tan alta misión. El vacilante monarca
pudo contentar así al Obispo sin comprometerse seriamente en una
campaña que no veía de gran utilidad. Trasladó su
responsabilidad al veterano caballero y al mismo tiempo le daba una nueva
oportunidad de demostrar su valor en una etapa de su vida poco halagüeña
para él.
Los años no
habían pasado en balde para el conde Estruch y su brazo ya no tenía
la fuerza suficiente para desenvainar la espada contra el invasor. Una
nueva misión era lo que necesitaba cuando se encontraba en las puertas
de la senectud.
Estruch no tardó
en acudir a la llamada del rey, ansioso de vivir una nueva aventura que
le sacara del ostracismo al que le había llevado la edad. Por aquella
época vivía apartado de la Corte barcelonesa en el castillo
de Escornalbou, en la Tarraconense. Su último año había
sido muy doloroso por la pérdida, en una incursión de los
árabes, de su esposa Doña Enriqueta con la que tuvo una hija
que ya estaba en edad de merecer. Sin embargo aún no había
encontrado esposo para Doña Núria, así era su nombre,
y ésta fue la circunstancia por la que decidió llevársela
a Barcelona cuando su rey le llamó para cumplir la nueva misión.
Aquel viaje podría depararle un esposo que se hiciese cargo de la
esbelta doncella cuando el aguerrido caballero ya no estuviera en el reino
de los vivos.
Durante aquel viaje
la encantadora hija no paraba de quejarse.
- Padre, habéis
servido fielmente a los condes de Barcelona durante toda vuestra vida y
sin embargo nunca se os ha recompensado por vuestra bravura y lealtad -reprendía
Núria a su adorado padre por el cual sentía gran veneración.
- No he servido a
Cataluña por deseo de poder ni para acumular riquezas si no para
engrandecer nuestra amada tierra -replicaba vehemente el fatigado caballero.
- Bien está
que améis a nuestro país, pero ya ha llegado la época
en que no debéis entregaros a grandes excesos, padre. La Corona
podía haber sido más generosa con vos....
- Pero hija.... Ya
sabéis que a mi no me gusta ir a la Corte para medrar cómo
hacen todos esos caballeros que de tales no tienen más que el nombre.
Esos aduladores que sólo piensan en conseguir prebendas y en subir
por encima de los demás sin deparar si los medios utilizados son
legítimos.... Todo esto me entristece y prefiero vivir una vida
tranquila fuera de ese nido de víboras en que se ha convertido actualmente
la Corte de Barcelona. Sólo le pido a Dios poder encontrar a un
buen esposo para vos que os haga feliz y dichosa... A mis años sólo
aspiro a ver corretear a mi alrededor algunos jovenzuelos que me llamen
abuelo y poderles educar en el manejo de la espada y el amor a la patria.
Doña Núria
no hablo mucho durante el resto del viaje. No quería contrariar
a su padre aunque sus reproches fueran cariñosos puesto que siempre
deseaba lo mejor para el autor de sus días.
No más llegar
a la Corte, el conde Estruch fue recibido de inmediato por el jovencísimo
rey en una reunión privada ante el Obispo de Barcelona.
- Hace un año
que no os veo, conde Estruch... Debéis saber que me apenó
mucho la muerte de vuestra esposa y espero que esta nueva misión
os sirva para rehacer vuestra vida y vuestra carrera.
Alfonso II “el Casto”
trataba de infundir ánimos a su fiel preceptor. En aquellos dramáticos
momentos aún acusaba la desmoralización propia de quién
acaba de pasar por semejante trance. Monseñor Guillem se sumaba
también al dolor del veterano caballero.
- Vuestra esposa está
en el seno del Señor, espero que ésto os sirva de consuelo.
- Agradezco mucho
vuestra gentileza, Monseñor Guillem. Mi brazo siempre ha estado
al lado de su Majestad el rey Alfonso II y de la Santa Madre Iglesia. Sabed
que siempre podéis disponer de mi para defender tan altas causas
-respondía Estruch a las condolencias del prelado.
- Me agrada oíros
decir ésto porque tengo una importante misión que confiaros
-sentenciaba el joven monarca.
- Estoy presto para
atender vuestras órdenes, Majestad -responde humildemente Estruch.
- Cómo sabéis
perfectamente hace siete años murió mi primo Ramón
Berenguer III de Provenza. El conde Gerard del Rosellón también
nos ha dejado el año pasado. Por esa razón los territorios
del norte de Cataluña han pasado a mi Corona según las leyes
de sucesión.... Mi reino ha crecido considerablemente y tengo grandes
proyectos por el bien de nuestro país... Por otra parte tengo el
proyecto de unir a toda la Cristiandad contra el Infiel, pero tenemos un
problema en el condado de Empúries..... -narraba el juvenil monarca.
- ¿Qué
problema, Majestad? -preguntó intrigado Estruch. Monseñor
Guillem Torroja comienza a exponer sus preocupaciones.
- El problema consiste
en la pervivencia del paganismo en algunas zonas pirenaicas. Esto podría
presentar un grave problema para la Cristiandad y para la Corona catalanoaragonesa.
He pedido a Su Majestad que intervenga eficazmente en este asunto y que
trate de eliminarlo de inmediato.
Estruch no veía
demasiado clara aquella misteriosa misión. Por eso preguntó
con evidente extrañeza.
- ¿Por qué
son peligrosos los paganos? Que yo sepa no hacen daño a nadie...
Los encuentro completamente inofensivos.
- Ahí os equivocáis,
conde Estruch.... Los paganos están aliados con los árabes
en su lucha para destruir la Cristiandad y a nuestra Santa Madre Iglesia.
Tenemos pruebas de que varios musulmanes han actuado en Empúries,
ayudados por estas gentes, asesinando a varios caballeros leales a la Corona...
En sus reuniones practican ritos impíos, fornican y bailan lascivamente...
Rinden culto a seres demoníacos y terribles... Los relatos que han
llegado a mis oídos me han helado la sangre y por eso he puesto
en conocimiento de Su Majestad todos estos desagradables hechos... Es necesario
proceder raudo antes de que el mal sea aún mayor...
Monseñor Guillem
exponía sus razones apasionadamente cómo si estuviera predicando
en su púlpito. El conde Estruch escuchaba en silencio. A pesar de
la pasión del Obispo de Barcelona aquel asunto le producía
enojo. Finalmente respondió con sequedad.
- Yo haré todo
lo que Su Majestad me ordene. Soy un soldado catalán y le debo obediencia
a Dios y al Rey.
- Eso es lo que quería
oír conde Estruch... Por eso os he llamado para esta misión.
Vuestra incursión en tierras valencianas del año pasado me
llenaron de satisfacción.... El Infiel mordió el polvo ante
vuestra valentía y arrojo... Todos mis conocimientos en el Servicio
de las Armas proceden de vos... Nadie está más capacitado
para triunfar en ésta campaña que mi fiel preceptor y leal
caballero...-Alfonso II “el Casto” hablaba con gran admiración de
aquel veterano guerrero que en aquellos momentos estaba ante su presencia-
es por esto que he decidido enviaros al castillo del río Muga, cerca
de Llers, para que desde allí iniciéis las oportunas investigaciones
y obréis consecuentemente con vuestra fe en Cristo.
- Majestad, los años
no pasan en balde y yo pronto seré un anciano... Tengo una hija
llamada Núria, está en edad de merecer y desearía
resolver su futuro antes de que yo abandone definitivamente la vida en
esta tierra -expuso con gran cautela Estruch. “El Casto” esbozó
una leve sonrisa y en tono magnánimo comentó:
- Por eso no os preocupéis,
mi querido conde... La Corona, en honor a vuestros inapreciables servicios,
se honraría en hacerse cargo de su protección... Podríamos
buscarle un buen partido... tal vez el hijo del conde Rius... Su padre
siempre está preocupado porque no se casa aún y le haría
muy feliz la idea de emparentaros con vos.... El muchacho es muy agradable
pero de carácter introvertido, tiene dificultades para seducir a
las damas de la Corte a pesar de su buena presencia....
- Gracias, Majestad.
No sabéis lo feliz que me hacéis -con una solemne reverencia,
el conde Estruch abandonó la estancia real.
En los pasillos esperaba
ansiosa su hija Doña Núria. No más ver a su padre
corrió hacia él para preguntarle inquisitivamente:
- Bien padre ¿qué
os ha pedido el rey?.
- Me ha otorgado una
nueva misión y por esto debo trasladarme de inmediato al castillo
del río Muga, hija. Al parecer existe allí algún asunto
que causa gran preocupación a su Majestad. Hemos hablado también
de vos y de vuestro futuro. Hemos acordado vuestro matrimonio con el hijo
del conde Rius para que asuma a partir de ahora vuestra protección
y yo me pueda marchar con la plena satisfacción de que estáis
en buenas manos.
Doña Núria
se sulfuró a oír estas palabras de boca de su padre.
- ¡Pero cómo
podéis decirme una cosa así!.. Yo soy vuestra hija y mi obligación
es seguiros allá donde vayáis...
- Querida hija nunca
se sabe qué clase de peligros nos pueden aguardar en estos parajes.
Es por esto que considero más adecuado vuestro matrimonio para no
exponeros inútilmente a una muerte traicionera cómo ocurrió
con vuestra madre.
- No me asustan esos
peligros, padre... Yo soy una Estruch y soy de sangre brava.... Mi obligación
como hija es la de seguiros a vos fuere adonde fuere... Aunque viajéis
a los mismísimos Infiernos yo iría detrás vuestro
sin temor a nada ni a nadie. Cómo si yo fuera vuestra propia sombra
en ningún momento pienso abandonaros, padre. Para algo pertenecemos
a la misma estirpe.
- ¿Y el hijo
del conde Rius? Dicen que es un joven muy apuesto y sería muy buen
partido para vos.
- ¡Qué
espere a nuestro regreso!... Ese mocito aún es demasiado joven para
el matrimonio.
Estruch se dio por vencido.
- Está bién,
querida hija... Pero cuando regresemos de nuestra misión os casareis,
¿de acuerdo?
- De acuerdo, padre.
Estruch finalmente consiguió
que su hija consintiera en casarse, aunque sea a largo plazo... Para sus
adentros comentaba en silencio...
- El pobre heredero no sabe
lo que le espera...
Aquella noche la comitiva
la pasó en la Ciudad Condal. Estaban fatigados por el viaje desde
las comarcas meridionales y quedaba un largo trecho hacia el castillo del
río Muga.
Estruch tuvo tiempo
de visitar al deán de la Catedral de Barcelona, con el que le unía
una gran amistad, y con fray Bernat de Berga llamado a suceder a Monseñor
Guillem Torroja como obispo de Barcelona dada la avanzada edad del tutor
del rey.
- Esta es la primera
vez que tenemos monarquía en este pequeño país...
y nuestro joven rey tiene que vivir bajo la tutela del rey de Inglaterra.
Pero hará cosas grandes para Cataluña. Ya lo veréis.
Así se expresaba
muy ufano el conde Estruch ante sus contertulios, siempre orgulloso de
su monarca.
Doña Núria
aprovechó aquella tarde en adquirir nuevos vestidos para poder soportar
los fríos de la zona pirenaica. El invierno prometía ser
muy duro en aquel solitario castillo, sobretodo para quién como
ella tenía el cuerpo acostumbrado a los climas mediterráneos.
Una vez pasada la noche
Estruch y su hija se dirigieron hacia su destino. Les esperaba una extraña
misión que en realidad no comprendían demasiado. Pero el
conde Estruch jamás discutía una orden real. Ante todo era
un caballero y aunque luciera sienes plateadas continuaba siendo un guerrero.
Capítulo
2
Cuando el conde Estruch
llegó al solitario castillo del río Muga, en la falda de
la Sierra de Mas Carreras, yo era entonces una joven doncella que sólo
pensaba en contraer matrimonio. Ya he explicado antes que desde mi nacimiento
me vi impedida del don de la palabra y que mis oídos jamás
escucharon sonido alguno. Pero esto no era impedimento para compartir los
mismos sentimientos de las demás mozas del pueblo.
Mis padres eran humildes
leñadores que vivían de talar los bosques al servicio del
propietario de aquellas tierras. Las gentes de aquellas comarcas eran sencillas
y carecían de malicia. Comunicarme con ellas dada mi situación
era tarea imposible pero con el tiempo conseguí ser consciente del
mundo que me rodeaba. Gracias a su caridad pude soportar con paciencia
las limitaciones que me había otorgado la naturaleza.
En las afueras de Llers,
en Puig den Clos, había una comunidad de frailes amanuenses que
se dedicaba a preservar las obras literarias que nos habían legado
nuestros antepasados. Pude hacerme amiga de aquellos frailes quienes me
iniciaron en la lectura y en la escritura. Mi primer maestro, hombre de
proverbial paciencia y caridad cristiana, se llamaba fray Bernat de Berga
quién posteriormente se marchó a vivir a Barcelona ya que
dada su gran sabiduría e inteligencia estaba llamado a empresas
de mayor ambición e importancia.
Yo era una de las pocos
mujeres en toda la Cristiandad que supiera leer y escribir lo cual, en
mi situación de sordomuda, podía considerarse como prodigioso.
Aquellos libros me hablaban de mundos pasados, de pensadores de otros tiempos
y otros lugares cuya obra había sobrevivido al paso de los siglos.
Ahí encontré muchas veces aquella compañía
que añoraba en mi vida real y una forma de enriquecer mi existencia,
apartada de mi cruel destino.
Un día, cuando
me dirigía a visitar a mis amigos los frailes, me crucé con
el conde Estruch cuando se dirigía por vez primera hacia su castillo.
No más verme me dirigió una mirada de extrañeza que
causó en mi honda impresión. A pesar de sus años conservaba
aún un cierto atractivo viril. Su serena madurez le daba distinción
y sus cabellos blancos le convertían en un caballero respetable.
A juzgar por su presencia se adivinaba que en su juventud debía
haber sido un galán muy apuesto y atrayente. Doña Núria
tenía unas facciones muy similares a las de su progenitor. Su cabello
largo y ondulado caía como una catarata sobre su erguida espalda.
Alta y distinguida, no obstante, atraía por su dulce mirada y su
bondad. Pero sobretodo era una hija que se entregaba completamente en su
amor hacia su venerable padre.
Aquel maduro caballero
me recordaba a un legendario héroe salido de las milenarias epopeyas
que nos contaba Homero en su eterna prosa. Por eso su presencia despertó
en mi una enorme pasión a pesar de la gran diferencia de edad que
había entre el conde Estruch y mi humilde persona. Desde luego,
a pesar de esta contrariedad, no me hubiera importado desposarme con él
porque hubiera sido un compañero más enriquecedor que los
jovenzuelos del pueblo no más obsesionados en halagar su insignificante
vanidad.
Este fue mi primer
encuentro con el nuevo Señor del castillo y la impresión
que me causó fue para mi dificil de olvidar con el largo paso de
los años.
Una vez instalado en
su castillo, el conde Estruch decidió informarse plenamente de la
situación en que se encontraba el territorio que el monarca le había
encomendado vigilar.
El capitán de
la guardia era un ser siniestro y traicionero llamado Jordi Benach. Largo
y estrecho de talle, rostro repleto de espesas barbas, mirada pérfida,
cejijunto e inquietante hablaba siempre de forma reposada y arrogante.
Parecía que se deleitara escuchando el grave timbre de su voz en
cada una de sus frases, razón por la cual era un hombre que inspiraba
antipatía y desconfianza en cada uno de los habitantes de la comarca.
Benach expuso a su
modo la situación interna en el condado de Empúries:
- Señor, estas
tierras
son inhóspitas y extrañas. Los lugareños viven apegados
a creencias ancestrales y paganas.... Rinden culto a un extraño
dios pero yo creo que se trata del propio Lucifer. Al inicio de la primavera
pasada, cuando el sol entraba en el signo de Aries, yo asistí de
incógnito a uno de sus aquelarres y se me heló la sangre.
- ¿Se os heló
la sangre? -preguntó muy extrañado el conde Estruch.
- Ciertamente mi señor
conde..., aquello me impresionó extraordinariamente a pesar de que
yo soy un hombre de guerra... mi pulso jamás tembló ante
los sarracenos ni en las campañas contra los francos.. pero aquello
era sobrenatural e inhumano...
- ¿Y por qué
no me relatais lo que visteis en el aquelarre, capitán? -insistió
el intrigado conde.
Entonces el pérfido
Benach comenzó a relatar una extraña historia de la que aseguraba
haber sido testigo:
- Hará más
de medio año tuve conocimiento de que algunos lugareños iban
a celebrar un aquelarre en honor de un extravagante dios apodado Shub-Niggurath....también
conocido como el Gran Macho Cabrío Negro de los Bosques.....
“Habían pasado ya
los fríos invernales cuando el Gran Maestro convocó a la
comunidad pagana para celebrar el aquelarre primaveral... Es costumbre
en estas comarcas hacerle ofrenda al Gran Macho Cabrío Negro del
Bosque cuando se cambia el solsticio de invierno por el de primavera...
En medio de unos altos y alargados dólmenes esas gentes instalaron
un altar de piedra.. Al llegar la noche, un grupo de sacerdotisas vestidas
con largas túnicas transparentes invocaron a su extraño dios....
El ritual lo oficiaba un sacerdote pagano, al que los fieles apodaban el
Gran Maestro, y una joven doncella aún virgen se acostó sobre
aquel frío altar... Comenzó la ceremonia cuando el Gran Maestro,
con los brazos en alto, gritaba majestuosamente con su potente voz: “Gran
Macho Cabrío del Bosque, ¡aparece!”.. Todos los fieles gritaban
al unísono con la mirada puesta en el Norte: “¡Aparece!”....
El griterío se repitió hasta que de repente un gigantesco
rayo surcó por los cielos, lo que me produjo extrañeza puesto
que el cielo estaba muy despejado y no había indicios de tormenta
en aquella demoníaca noche... Tras la fugaz luz sonó un potente
estruendo en medio del cual se apareció aquel monstruoso espectro
mitad hombre mitad carnero...Era el Gran Macho Cabrío del Bosque.
Su aspecto no podía ser más satánico. Su mirada parecía
de fuego, era altísimo y su cuerpo estaba repleto de vello. Los
fieles se arrodillaron cuando se produjo su espeluznante aparición
y la doncella tendida sobre el altar alzó deseosa sus brazos reclamando
ser poseída en aquel mismo lugar... ¡Oh, cielos!, contar lo
que vi me trastorna el cerebro... Aquel monstruo se despojó de sus
vestiduras y mostró sus gigantescos atributos viriles a aquella
inocente criatura. La doncella alzó sus brazos invitándole
a su posesión y se puso a copular con el execrable espectro delante
de la mirada de todos los asistentes al aquelarre, quienes se pusieron
a danzar y a cantar frenéticamente alabándole sin cesar.
Todos habían estado bebiendo y perdido el juicio con su embriaguez.
Yo sentí pánico ante aquel desenfreno y huí de aquel
lugar lo más rápido que pudieron mis tambaleantes piernas
.....
Benach terminó
su extraño relato con el rostro desencajado por el horror ante el
conde Estruch quién, escéptico, pensaba que estaba ante un
lunático o un villano que le estuviera haciendo burla. Encolerizado
reprendió a su capitán:
- ¡Basta!...
¡Teneos si no queréis que ahora mismo os atraviese con mi
espada! ¿Cómo os atrevéis venir a contarme historias
de borrachos en mis propias barbas? ¿Acaso me tomáis por
imbécil?
- Pero señor
conde, os juro por mi honor que es verdad todo lo que os acabo de relatar....
- ¡Ni una palabra
más, capitán!... Si volvéis a contarme esas patrañas
os expulsaré de mi condado u os haré encerrar en las más
profundas mazmorras de este castillo... Sabed, capitán Jordi
Benach, que nadie se burla del conde Guifred Estruch con esas chanzas que
ofenden mi inteligencia... ¿Pero cómo podéis hablarme
de estos seres de fábula en los que sólo creen seres ignorantes
y de escasas luces?...- vociferaba Estruch con cajas destempladas.
Benach estaba asustado
ante la explosión de ira de su superior.
- ¡Largo de mi
presencia tunante! ¡Sois un bellaco y un mamarracho!....-El conde
expulsaba de la sala con muy malos modos al capitán que huyó
despavorido como alma lleva el diablo.
Estruch quedó
sólo y pensativo... Estaba completamente desconcertado por la simplicidad
de aquel relato y no quiso tomarlo en cuenta. Aquella misma noche, tras
cenar y descansar ante el dulce calor del fuego de un brasero, el inquieto
noble, escribió a su Majestad el rey Alfonso II de Aragón.
Excelentísimo
Señor:
Ya me he instalado en
el castillo del río Muga donde me he trasladado siguiendo órdenes
de su Real Majestad...No más llegar he comenzado a investigar las
posibles anomalías en esta zona. Debo manifestar que siento un profundo
respeto por Monseñor Guillem de Torroja, gran hombre de Iglesia
y cuya cultura es digna de mi total admiración. Pero ello no quita
que no comparta sus temores respecto a las actividades paganas en estos
parajes. Es mi parecer que en las informaciones que ha recibido abunda
más el ruido que las nueces.
Esta misma tarde he escuchado
un absurdo relato de labios del capitán de la guardia más
propia de una mente infantil que de un bravío soldado de nuestra
Patria. Me ha estado hablando sobre una extraña aparición
de un ser demoniaco venido desde el más allá. Pero es mi
parecer que el sujeto en cuestión empina demasiado el codo y que
por lo tanto ve alucinaciones por todas partes.
De todas formas estas
fantásticas historias me producen cierto temor. Ya he expuesto a
Su Majestad, al principio de esta carta, todo mi escepticismo en lo referente
a narraciones de aparecidos, fruto de la ignorancia de estas gentes. Un
pueblo iletrado suele buscar explicaciones fantasiosas para justificar
su existencia en vez de recurrir a las doctrinas de nuestra Santa Madre
Iglesia. Pero esa ilusión vana puede traer como consecuencia la
manipulación de ciertas fuerzas enemigas que les podrían
utilizar en nuestra contra.
Es por esto y también
porque es deseo de Su Majestad que estaré vigilante y llegaré
hasta el fondo de tan oscuro asunto. Sabed Majestad que mi pulso será
siempre firme en la defensa de los intereses de la Corona y de nuestra
gloriosa tierra catalana a la que amo más que a mi propia vida.
Vuestro fiel vasallo.
Don Guifred Estruch, conde
de Llers.
Tras finalizar la redacción
de la carta a Su Majestad el Rey, el fiel caballero selló el pliego
y se lo entregó a su correo dándole orden de partiera a la
mañana siguiente. Tras terminar su tarea pasó toda la noche
meditando sobre la extravagante historia que oyó de labios de su
capitán. A pesar de su escepticismo estaba inquieto y temeroso de
aquellas supuestas fuerzas diabólicas contra las cuales sería
incapaz de luchar.
Capítulo
3
Rosetta era en aquella
época la mocita más codiciada por los jóvenes de la
comarca. Había cumplido dieciséis abriles cuando el conde
Estruch llegó al castillo del río Muga y era hija de Josep
“el lenyataire”, un humilde leñador que habitaba en una solitaria
casita de las montañas. Su familia era gente sencilla y bondadosa
que, a lo largo del año, proveía de leña a los habitantes
del castillo y también a los aldeanos de los alrededores, gracias
a la cual éstos podían hacer frente a los rigores invernales.
Por ello no es de extrañar que fuera un hombre muy apreciado y popular.
Josep “el lenyataire” era prácticamente el amigo de todos dado su
carácter alegre y campechano.
Rosetta había
dejado de ser ya una niña para convertirse en una espléndida
mujer a la que la Madre Naturaleza había dotado de envidiables encantos.
De melena rizada y rostro redondo lucía siempre una alegre sonrisa
en sus sensuales labios. Caminaba siempre garbosa, ondulando sus bien formadas
caderas, ante la admiración de los aldeanos que suspiraban de amores.
Con voz dulce y melodiosa, hablaba siempre con la rapidez de un galgo,
y era muchacha ingeniosa en sus respuestas a los pretendientes que le hacían
toda clase de requiebros. Pero a pesar de su coquetería la mocita
tenía buen corazón y siempre era piadosa con los menesterosos.
Tal vez nunca hubo en la comarca un corazón más generoso
que el de Rosetta y eso hizo que aún fuera más apreciada
por todos los galanes en edades casaderas. No es de extrañar pues
que el capitán de la guardia también pretendiera tener amores
con la tan codiciada montañesa.
¡Pobre Rosetta!
¡Qué desdichado fue aquel día en que el pérfido
Benach echó su mirada en aquel hermoso cuerpo cuando la sorprendió
bañándose desnuda en la presa de Salt de Barral, un día
de verano!
En la falda de la montaña
Las Escaulas, donde habitaba el “lenyataire”, corría el caudal del
río Muga. A pocas leguas, enmedio de un escarpado desfiladero, está
situada la pequeña y solitaria presa de Salt de Barrala a la que
no solían ir las gentes de los pueblos, temerosas de los malos espíritus
que, según ellos, vivían en sus bosques. Pura e inocente,
la codiciada moza, gustaba de nadar en sus aguas sabiéndose segura
de su soledad.
Era un soleado día
de agosto cuando los soldados del castillo habían descubierto a
unos musulmanes espiando por la Sierra de Tramonts y les estuvieron persiguiendo
ladera abajo para darles muerte. El capitán Benach se había
separado del grupo cuando decidió refrescarse en la presa de Salt
de Barral para quitarse los sudores que le había causado su esfuerzo
en aquella inacabable persecución por los escarpados parajes.
Dió la fortuna
de que en aquel mismo día Rosetta había aprovechado una ausencia
de su padre, al que no le agradaba que su hija se bañara desnuda
en aquel bucólico lugar, para huir de su cabaña y correr
velozmente hacia la presa. Tras quitarse todas su ropas, se adentró
en las cristalinas aguas y nadó alegremente sin sospechar que un
par de ojos la estaban observando tras unos frondosos matorrales. El pérfido
Benach sintió fuertes estremecimientos en su largo talle, ya que
nunca en su vida había visto un cuerpo más hermoso que el
de aquella misteriosa doncella y sintió en su interior grandes deseos
de poseerla.
“Yaceré con
esa hermosa mujer tanto si quiere como si no”, se dijo observando aquella
exquisita desnudez. El truhán ya se había decidido a poseerla
a la fuerza cuando le sobresaltó el crujir de unas ramas secas pisoteadas.
Allí, en aquel bosque, había alguien más.
Sigilosamente desenvainó
su adarga, arrastrándose ladera arriba llegó hasta unos arbustos
tras los cuales divisaba el ropaje propio de los seguidores de Mahoma.
Sin dudarlo un instante lanzó hacía allí el arma que
sostenía entre sus manos y un grito de dolor retumbó entre
los pinares. Desenvainando su larga espada corrió hacia los arbustos
y se encontró con el rostro asustado de un jovenzuelo árabe.
No debería tener ni diez años aquel desdichado cuando allí
mismo halló la muerte atravesado por la daga del pérfido
Benach.
El truhán palideció
al ver que era un niño a quién había matado impunemente.
Tras limpiar la sangre que teñía de rojo su arma huyó
de aquellos lugares completamente asustado. Dias después unos cómicos
ambulantes encontraron aquel infante desafortunado yaciendo sin vida enmedio
de la espesura del bosque. Por toda la comarca se extendió rápidamente
la noticia de que aquel lugar estaba encantado y que posiblemente unas
brujas habían sacrificado la vida del morito para ofrecérsela
a Lucifer. Aquellas gentes cada vez que se producía un suceso inexplicable
achacaban sin venir a cuento las culpas a los seguidores del Maligno, justificando
así todas las desgracias que se cometían en su entorno.
No se supo nada más
de los espías árabes que ejercían en aquella zona,
pero Don Nuño de Balboa, un noble castellano que estaba en el condado
de Empúries de paso hacia Roma, acudió al castillo de Sant
Ferran para denunciar al Señor de Figueras la desaparición
de su paje árabe extraviado en las montañas.
Resulta que el zagal,
teniendo ciertas necesidades propias de todo ser humano, se había
adentrado en el bosque en busca de la apropiada intimidad y se encontró
inesperadamente con la daga que le dio muerte.
No más descubrirse
que el infeliz paje había sido asesinado, Don Nuño de Balboa
clamó justicia ante el Señor de Figueras que no dudó
en concedérsela dada la importancia del noble castellano.
No fue pequeña la sorpresa del capitán Benach cuando recibió
la orden de que debía iniciar investigación de inmediato
y descubrir la identidad del autor de tan horrendo crimen. Situación
enormemente paradójica puesto que si era él quién
causó la muerte del pequeño debía en consecuencia
ejecutarse a si mismo.
El pérfido Benach
no tenía otra alternativa que buscar un culpable a quién
acusar del infanticidio y librarse así del cadalso. Como los lugareños
creían que aquel bosque montañoso estaba encantado y que
unas horribles brujas habían sacrificado al paje en un aquelarre
satanista, la solución parecía fácil: buscar un “culpable”
que cargue con las culpas del crimen.
En aquella época
vivían en el bosque un par de ancianas que se ganaban la vida viajando
de feria en feria vendiendo hechizos y ungüentos a los aldeanos de
la comarca. La fama de brujas que tenían las ancianas sirvió
para que Benach investigara en su cabaña, situada muy cerca del
lugar del crimen, y, como la gente estaba predispuesta a creerse cualquier
cosa se les acusó del asesinato del paje.
En el interrogatorio
las pobres viejas no hacían más que negar que no sabían
nada del zagal muerto y proclamaban obstinadamente su inocencia. Benach
tuvo que someterlas a tortura para hacerlas confesar y una vez “comprobada”
su culpabilidad las hizo quemar en la plaza de Llers.
Tras la ejecución
redactó un informe contando que las difuntas eran brujas que celebraban
aquelarres. Para “adornar” la misiva dirigida al Señor de Figueras
añadió que, además, habían tenido trato carnal
con el mismísimo Diablo y que, como consecuencia, habían
sacrificado al paje para honrarle y conseguir así sus favores.
El informe de Benach
dejó satisfecho a Don Nuño de Balboa quién se deshizo
en halagos hacia la justicia catalana y, antes de reiniciar su viaje hacia
la Ciudad Eterna, entregó cuarenta monedas de oro al Señor
de Figueras en concepto de recompensa.
El noble catalán,
quedó completamente satisfecho de la generosidad del castellano,
y tras guardarse treinta y cinco para sus arcas particulares envió
el resto al capitán que había “resuelto” el espinoso caso.de
forma tan afortunada. Finalmente remitió un segundo informe al conde
de Girona quién, a su vez, “informó” a Monseñor Guillem
Torroja. El prelado barcelonés bendijo la acción del “defensor”
de la Fe en aquel lóbrego asunto y tras trasmitirla al Conde de
Girona, éste la remitió al Señor de Figueras y finalmente
llegó la bendición al propio Benach, quién se quedó
maravillado de que después de haber cometido tales desacatos aún
le dieran dinero y encima la bendición del obispo.
“El lenyataire” vivía
ajeno al asunto del paje y las brujas. En aquella solitaria cabaña
sólo se hablaba de encontrarle marido a Rosetta para que le diera
protección e hijos cuando él le faltara.
El capitán del
castillo del río Muga requirió en amores a la dulce montañesa
pero, a la moza, no le agradaban los modales brutales del pérfido
guerrero. Cada vez que ella bajaba al pueblo las gentes solían hacerle
comentarios sobre la conveniencia del posible casorio “es un buen partido,
Rosetta, y un hombre muy valeroso. Dicen que mató dos brujas que
se habían convertido en dragones y mantuvo con ellas descomunal
batalla hasta que les clavó su lanza dándoles muerte”. Pero
la deseada moza no sentía ningún interés por las hazañas
de aquel pintoresco personaje. “Hay algo en él que me inquieta”
respondía con sumo desdén.
Hace falta explicar
aquí que aquel truhán de baja estofa tenía la costumbre
de contar en las posadas una serie de batallas y hazañas que sólo
existían en su imaginación. Mientras vaciaba una jarra de
vino ampurdanés, entretenía a sus contertulios narrando con
todo detalle sus enfrentamientos con dragones, moros, vikingos, piratas,
francos y demás gentes de mal vivir. Tantas veces contaba esas patrañas
que terminó por creerlas ciertas y las narraba con la convicción
de quién las había vivido realmente.
Su hábito de
exagerar le llevó a contar en aquel informe, remitido al Señor
de Figueras, una larga historia de brujas y encantamientos que llegaron
a inquietar al noble caballero, quién no conocía ese talento
del guardián del castillo del río Muga, por lo qué
a su vez alertó a Monseñor Guillem Torroja. El obispo barcelonés
se sobresaltó tanto al leer la narración de los hechos que
le entró gran preocupación y desasosiego.
Este desasosiego se
convirtió en obsesión y, a partir de entonces, aconsejaba
cada día al joven monarca que ordenara investigar en aquella zona.
Según comentarios llegados a la Corte, en aquellos parajes se rendían
cultos paganos y se adoraba a Lucifer, Señor de los Avernos. Un
defensor de la Fe no podía quedar indiferente ante tantas barbaridades
y había que actuar rápidamente contra los supuestos enemigos
de la Santa Iglesia.
La realidad era distinta.
Según costumbres paganas de aquellas montañas al llegar el
solsticio de primavera una joven doncella ofrecía su virginidad
al Gran Macho Cabrío de los Bosques para pedirle fertilidad en su
matrimonio y en las tierras que los campesinos cultivaban. Rosetta había
sido precisamente la elegida aquel año y, en consecuencia, fue desflorada
en una ceremonia oficiada por el Gran Maestro a la luz de la luna. Un bailarín
venido desde Barcelona se disfrazaba de Shub-Niggurath y tras danzar alrededor
del fuego poseía a la hermosa doncella acostada sobre un altar de
piedra.
Los fieles congregados eran
testigos de la copulación y si se comprobaba la virginidad de la
doncella celebraban una gran fiesta donde corría el vino y danzaban
al son de la música, ya que aquel desfloramiento anunciaba que la
cosecha sería fructífera. En caso contrario, si la moza hubiera
tenido amores anteriormente, auguraba malos presagios para los “payeses“
porque era indicio de que en aquel año las tierras no iban a dar
sus frutos con generosidad.
A lo largo de los siglos
estas celebraciones nunca inquietaron a las autoridades que durante diversas
épocas rigieron los destinos de Cataluña. Ni los romanos,
ni los visigodos, ni los francos perdieron su tiempo en estos menesteres
y no fue hasta entonces que la Iglesia Cristiana decidió tomar cartas
en el asunto.
Jordi Benach vivía
obsesionado con la joven de la presa iniciando un asedio tenaz y constante.
La primera medida fue la de hacerse el encontradizo en todos los lugares
frecuentados por la hermosa Rosetta, quién estaba desesperada ya
que no le agradaba la arrogancia de aquel imposible galán y trataba
de rehuirle discretamente.
- Vos sois la moza
más hermosa de los alrededores -le decía Benach a Rosetta-
y os daré lo que me pidáis si accedéis a compartir
mi lecho....
- Los amores no se
compran ni se venden... se comparten con la persona que se quiere -respondía
la montañesa.
Pero Benach insistía
una y otra vez a pesar del desdén. Cuando más desdeñado
era más enloquecía de deseo y sus métodos persuasivos
se fueron convirtiendo en violentos.
Un buen día,
en la plaza de Llers, Jordi Benach la siguió montando en su caballo
y llegó a hacerse tan insoportable que la moza sacó de su
bolsillo una honda lanzandole una piedra a tan imposible personaje. El
arrogante truhán recibió la pedrada con tan mala fortuna
que cayó de bruces al suelo provocando la hilaridad de los aldeanos
al verle en tan ridícula posición.
El despechado enamorado
nunca pudo perdonar la afrenta recibida y desde entonces comenzó
a planear su venganza contra la desdeñosa montañesa. Su oportunidad
se presentó pasado el verano cuando recibió notificación
desde Barcelona de que el soberano Alfonso II había otorgado el
castillo del río Muga al conde Guifred Estruch, encargado de iniciar
investigación sobre las actividades paganas en aquellos parajes.
Benach tenía
notificación de la desfloración de Rosetta en el ritual de
primavera y no más llegar Don Guifred intentó crearle inquietud
contando lo que vio en la ceremonia cuando, en realidad. jamás estubo
en ninguna de ellas. Sin embargo, el conde es una persona incrédula
respecto a la intervención de lo sobrenatural y no se preocupaba
en absoluto por las actividades paganas. Por eso el capitán de la
guardia decidió buscar nuevas “informaciones” para provocar su intervención
en aquel asunto.
El truhán buscó
a partir de aquel día una motivación que obligara a Don Guifred
a cambiar de parecer. Los verdaderos enemigos del conde eran los musulmanes
y más de una vez, los seguidores de Mahoma, habían hecho
incursiones en la comarca para conocer el terreno e iniciar un futuro ataque.
Efectivamente Estruch enseguida se inquietó al ser informado de
estas incursiones e inmediatamente ordenó estrechar la vigilancia
en su territorio.
Informado sobre la
muerte de la esposa del noble guerrero, el execrable truhán decidió
involucrar a los árabes en su venganza. Desde hacía varios
meses se había detectado la presencia de espías mahometanos
en la Sierra de los Aballs. Así no tuvieron más remedio que
extremar la vigilancia y organizar una emboscada en que éstos cayeran
y buscar una conexión con los paganos de la zona para acusarlos
de complicidad.
El astuto plan de Benach
no tenía fisuras por lo qué no tardó en dar sus frutos
cuando los espías fueron finalmente descubiertos.
Era un frío
día de marzo cuando Almodis Raixid, un apuesto capitán sarraceno
sobrino del rey moro de Valencia, y su compañía de siete
hombres fueron descubiertos disfrazados de cristianos y atacados por las
huestes de Benach.
Almodis Raixid había
recibido el encargo de inspeccionar la zona para preparar un futuro ataque
de los sarracenos en el Alto Ampurdán y así aislar al rey
Alfonso II, dejándole entre dos fuegos. Delatados por su tez morena
y su blanca dentadura no tardaron en ser detectados por los espías
que el castillo tenía a su servicio.
La emboscada fue rápida
y eficaz. Los arqueros de Benach dieron buena cuenta de los sarracenos
y sólo sobrevivió a la masacre Almodis Raixid.
- Sin duda alguna este
moro es el más apuesto de todos -comentó uno de los soldados
que le capturaron- ¿Sirve para vuestros planes, mi capitán?
Tras mirarlo de arriba
abajo, Benach, dio su aprobación:
- ¡Perfecto!
-exclamó el traicionero truhán.
Estaba correteando
alegremente por las montañas cuando me topé con tan macabro
carromato. Inquieta y asustada, corrí a esconderme tras unos matorrales
y desde allí pude observar a unos soldados transportando unos cadáveres
amontonados. Aquello me produjo gran extrañeza por que iban en dirección
hacia Las Escaulas y no hacia el castillo del río Muga, situado
más al este, y se dirigían por un apartado sendero ladera
arriba hacia la cúspide de la montaña. Estaba verdaderamente
intrigada sobretodo después de divisar que aquellos cadáveres
eran de árabes vestidos de cristianos y que los soldados llevaban
atado a un apuesto musulmán sobre uno de los caballos.
Jordi Benach iba con
ellos. A mí nunca me gustó aquel siniestro personaje, fanfarrón
y misterioso. Enseguida presentí que estaba tramando alguna de sus
mezquinas intrigas y me dediqué a seguirles a prudente distancia
para averiguar cuales eran sus planes.
En su solitaria cabaña
Josep “el lenyataire” vivía una vida plácida con su esposa
Montserrat y sus hijos Andreu y Josep.
Rosetta, la mayor,
se iba convirtiendo cada vez más en una espléndida mujer
y su padre sentía una fuerte pasión hacia su hermosa hija.
- Ya es hora de que
te cases, hija mia... -insistía una y otra vez el buen “lenyataire”.
Rosetta era una jovencita
romántica pero algo indecisa. No sabía tomar una determinación
sobre su futuro.
- Soy aún muy
joven, prefiero vivir la vida con plena libertad -replicaba dulcemente
a su amado padre.
La pobre moza ignoraba
aquel nefasto día que estaba a las puertas de un trágico
final. ¡Pobre Rosetta!, el infame Benach estaba acechando en el bosque
en aquellos instantes. Yo fui testigo de la matanza de aquella familia
pacífica y honrada. Los soldados comenzaron a disparar sobre la
solitaria cabaña de leñadores sorprendiéndoles con
una inesperada lluvia de flechas.
Josep “el lenyataire”
fue acribillado sin piedad. Su esposa y sus dos hijos también cayeron....
Nunca habían hecho ningún mal a nadie y no merecieron muerte
tan cruel. Sólo Rosetta sobrevivió a la matanza y con lágrimas
en los ojos trataba de escapar de sus perseguidores.
Benach la capturó
finalmente.
- No quisiste yacer
conmigo, Rosetta... pues ahora lo harás con el mismísimo
Lucifer.
Rosetta lloraba desconsoladamente.
Aún recuerdo su rostro bañado por las lágrimas y la
sonrisa malvada de aquel impío. Detrás de un tupido bosque
pude observarles sin ser vista y aquella escena me indignó considerablemente.
No podía comprender los motivos de aquella matanza contra gente
inocente ni el ensañamiento bárbaro de aquel nefasto personaje
considerado como un ejemplar soldado. Los esbirros esparcieron los cadáveres
de los moros en la cabaña mezclados con los de la desafortunada
familia. Seguidamente la desconsolada Rosetta fue atada, espalda contra
espalda, con el apuesto árabe y montados sobre un mismo caballo
fueron llevados a la plaza del pueblo donde fueron expuestos a la vergüenza
popular.
- ¡Esta impía
es la amante de un enemigo de Jesucristo!...¡su familia ha traicionado
a nuestro pueblo cobijando a los seguidores del profeta!...¡por eso
los hemos matado a todos! -vociferaba el vengativo Benach.
Ya se sabe que los
seres humanos tienen la costumbre de creerse siempre aquello que más
les conviene. A pesar de que la desafortunada familia del “lenyataire”
era conocida por su infinita bondad, no tardó en ser vilipendiada
precisamente por aquellas personas que en tiempos pasados habían
disfrutado de su amistad. La humanidad es así de inconstante y veleidosa.
Aquel fue el día
de mi vida en el que más lamenté ser sordomuda. Las gentes
del pueblo no podían entenderme, ni siquiera escribiéndoles
notas ya que nadie sabía leer ni escribir salvo los frailes de la
abadía. En cuanto al castillo no me podía acercar para acusar
a los soldados puesto que los mismos asesinos eran quienes representaban
allí la Ley y el Orden.
Me sentía sola
y desesperada porque no sabía que hacer para defender a la bondadosa
Rosetta de una muerte ignominiosa. Tenía que llegar al conde Guifred
Estruch pero cada vez que me acercaba al castillo los soldados me alejaban
tras propasarse conmigo. Estaba en un callejón sin salida y me sentía
impotente ante la injusticia que se estaba cometiendo.
No tuve otra alternativa
que dirigirme hacia Puig den Clos para pedir ayuda a los frailes amanuenses.
Después de leer atentamente mi relato aquellos santos varones creyeron
que lo mejor era escribir a mi buen amado protector fray Bernat de Berga
que vivía en la Ciudad Condal.
- Isabel, lo mejor
es que le contemos lo sucedido a fray Bernat... Nos han llegado importantes
noticias desde Barcelona que le conciernen... Guillem de Torroja, por cuestiones
de edad, ha dejado de ser Obispo de Barcelona y ¿sabes a quién
nombrado como sucesor? ¡a fray Bernat!... Imagina nuestra alegría,
fray Bernat es ahora Monseñor Bernat de Berga, Obispo de Barcelona.
Los frailes estaban
emocionados por el nombramiento de su antiguo compañero pero mi
relato les causó honda preocupación.
- Ese Jordi Benach
tiene la mirada de Lucifer -comentó inquieto el anciano prior.
Aquellos bondadosos
frailes decidieron tomar cartas en el asunto de inmediato. La primera medida
fue la de remitir al nuevo prelado barcelonés una larga misiva poniéndole
en antecedentes de los hechos y la segunda fue la de realizar una visita
al conde Guifred Estruch. No más llegar al castillo del río
Muga se encontraron con el juicio de los desafortunados.
Almodis Raixid y Rosetta,
enmudecidos por el terror, estaban de pie ante la mirada del implacable
tribunal. El conde Estruch y su hija Núria presidían la mesa
acompañados de varios notables venidos desde Sant Ferran ejerciendo
la acusación su encolerizado captor.
La joven pareja intercambiaba
miradas asustadas mientras Jordi Benach lanzaba contra ellos toda clase
de acusaciones.
- Estos dos jóvenes
que aquí véis, señor, son aparentemente inofensivos
pero tras sus inocentes rostros se esconden dos enemigos de nuestra religión
y de nuestra patria... Hete aquí -dijo señalando al árabe-
un miembro de la mala hueste que invadió la península asesinando
poblaciones enteras, profanando nuestros templos y persiguiendo la fe en
el Redentor... Ella -refiriéndose a Rosetta- es una pagana que en
una macabra ceremonia fornicó con el mismísimo Satanás.....
Vedlos aquí juntos, señor conde, es hora de darles un buen
escarmiento.... Pido que se les queme en la plaza pública para dar
ejemplo...Que nuestros enemigos sepan de una vez quienes somos y de qué
somos capaces...
La muchedumbre irrumpió
en un fuerte griterío....
- ¡A la hoguera
con ellos!...¡Muerte a los enemigos de Nuestro Señor Jesucristo!...-gritaba
la encolerizada multitud.
El anciano prior se asustó
ante la violenta reacción popular. Con pasos trémulos se
fue acercando ante la tribuna del conde Estruch...
- ¡Señor
conde! -gritaba con las pocas fuerzas de que disponía.
Aquella multitud presente
en el juicio apenas reparó en la diminuta figura del anciano, pero
el conde Guifred Estruch advirtió su presencia y ordenó a
dos soldados que le trajeran el santo varón hasta su mesa.
- ¿Qué
deseáis, padre? -le preguntó gentilmente.
- No matéis
a esa joven... es inocente... Alguien ha visto al capitán Benach
llevar los cadáveres de los moros en un carromato a la cabaña
de Josep y, tras asesinar fríamente a toda la familia, intenta culpar
a Rosetta para vengarse porque ella le rehusó.....
- ¿Cómo
sabéis eso? -preguntó intrigado Estruch.
- Por Isabel, la sordomuda...
Ella les vio.....
- ¿La sordomuda?
-preguntó extrañado Estruch.
- Ha venido a informarnos
al convento porque en el pueblo nadie la entendía... Nosotros podemos
comunicarnos con ella puesto que la moza sabe leer y escribir. Nos ha explicado
que esta mañana siguió al capitán Benach, quién
había muerto los moros en una emboscada y después trasladó
sus cadáveres a la cabaña de los leñadores y, tras
darles muerte, esparció allí los cuerpos para hacernos creer
que estaban todos compinchados....
Estruch se quedó
maravillado ante aquel macabro relato.
- Esto lo tengo que
investigar... ese Benach es un hombre inquietante y muy peligroso.... Mañana
marcharé a Las Escaulas para comprobar cómo murieron los
moros. Si decís la verdad ese bellaco arderá en la hoguera
como pago de esos crímenes, nunca me ha gustado su mirada y jamás
le he tenido confianza -sentenció el intrigado conde. Levantándose
bruscamente de su asiento ordenó parar el juicio de inmediato dejando
al encolerizado acusador con la palabra en la boca.
- ¡Queda aplazado
el juicio durante veinticuatro horas! -ordenó a la multitud que
se quedó completamente asombrada por el inesperado giro de los acontecimientos.
La mirada de Jordi
Benach se encendió de rabia al ver frustrados sus vengativos planes.
Su retorcida mente comenzó ya a planear otro funesto plan para poder
alcanzar sus objetivos sin reparar en el daño que pueda infligir
a sus semejantes.
La repentina suspensión
del juicio había dejado intrigado al traicionero Benach al desconocer
los motivos de la decisión del conde Estruch. No era lógico
que se le negaran explicaciones aclaratorias, algo le estaban ocultando
y el bellaco comenzó a sospechar de que su plan había sido
descubierto. No sólo peligraba su venganza contra la desdeñosa
Rosetta sino también su cargo y su vida. Burlarse de la justicia
es considerada una falta muy grave. Era conveniente reaccionar a tiempo
para que el conde Estruch no descubriera su intriga, había que actuar
rápido y sin miramientos.
Capítulo
4
Aquella noche Guifred
Estruch cenó, como de costumbre, en compañía de su
hija Núria. El anciano conde estaba alarmado por la declaración
del padre prior que le había dejado inquieto y receloso.
- Tanto luchar para
conseguir la libertad de este país y bellacos como Jordi Benach
lo convierten en un nido de víboras. -comentaba con verdadera amargura.
- Padre, no me gusta
veros sufrir de este modo. A vuestra edad os deberíais guardar de
preocupaciones y excesos -respondía su hija.
- Tenéis razón,
querida hija... por eso debo pediros un favor... Deseo que os marchéis
inmediatamente a Barcelona para que nuestro rey os case con el hijo del
conde Rius... no podéis permanecer más tiempo a mi lado porque
no tenéis ninguna seguridad en este castillo... La traición
ronda en cada esquina y nunca se sabe cuando os clavarán una daga
en vuestro corazón.
- Padre, ya os dije
más de una vez que yo soy una Estruch y que jamás huiré
ante el peligro... Cuando volvamos a la Corte me casaré con ese
mocito porque os di mi palabra y mi palabra es sagrada....
- Yo ya soy viejo,
Núria, y ya no puedo hacerme cargo de vos. Necesitáis un
hombre joven que os dé la debida protección y que os ame...
- ¡Yo sólo
amaré a un hombre como vos, padre!...
- ¡Hija! -exclamó
desesperadamente Estruch. El anciano conde se estaba dando cuenta de que
no podía luchar contra su hija Núria.... ¡Era tan obstinada
como él!
Tal como presentía
Estruch la muerte rondaba en cada rincón del castillo. En la cocina,
el traidor Benach había sobornado al cocinero árabe Bennasar,
un mallorquín que renegó del profeta Mahoma para obtener
prebendas en tierras cristianas.
- Te doy estas monedas
de oro si le dáis este vino al conde. Le hará dormir un largo
sueño del que nunca despertará -proponía el bellaco
a su compinche.
- Su hija jamás
bebe vino, no podremos deshacernos de ella por este medio.-respondía
el siniestro cocinero.
- ¡No es necesario!..
Tengo otros planes para Doña Núria- sentenciaba el intrigante
capitán. Tras llamar a uno de los pajes ordenó que sirviera
el mortal líquido al noble conde.
Guifred Estruch saboreó
aquel vino de los viñedos de Llers sin sospechar que estaba bebiendo
la muerte. El asesino bién se había preocupado de que aquel
veneno fuera lento, para que al morir nadie pudiera sospechar de la causa
que había acabado con la vida de quién obstaculizaba sus
planes.
Tal vez fue un presentimiento,
pero aquella noche Estruch despidió a su amada hija con los ojos
enrojecidos. Doña Núria se quedó sorprendida porque,
desde la muerte de su esposa Doña Enriqueta, su padre jamás
había derramado lágrima alguna. Tal vez fue un presentimiento
pero parecía que el anciano noble sospechaba que su final estaba
ya cercano.
Su final o, tal vez,
su principio.
Para Rosetta aquella
fue la noche más triste de su corta existencia. Encerrada en una
mazmorra como prevención de posibles intrigas del despechado Benach,
la hermosa montañesa, lloraba amargamente por la trágica
muerte de sus seres más queridos.
- ¿Por qué
lloras, hermosa joven? - le preguntó dulcemente Almodis Raixid enjugándole
sus lágrimas con un pañuelo de seda cordobesa.
- Mis padres y mis
hermanos..... Nunca habían hecho daño a nadie...
- Lo sé....
- Entonces ¿por
qué han tenido una muerte tan ruin? ¿Por qué este
pueblo que antes tanto les amaba ahora descargan ese odio contra ellos
ahora que están muertos? ¿Es que no existe justicia en esta
tierra?
- En esta tierra no
sé, pero la hay “melena rizada”. Los árabes confiamos en
Alá y los cristianos en Jesucristo. A ellos nada se les puede escapar
y esos impíos tarde o temprano deberán responder de sus actos
ante el Gran Tribunal. ¿Acaso no confías en tu Redentor?
- Yo soy pagana...
nosotros creemos en Shub-Niggurath, un dios inmisericorde que vive en nuestros
bosques...
- Ya he oído
estas leyendas del Gran Macho Cabrío del Bosque... Por cierto, yo
me llamo Almodis ¿y tú?
- Rosetta.
- ¡Rosetta!..
¡Qué hermoso nombre!.. ¿Sabes?... es digno de tu belleza...
Nunca había conocido a ninguna muchacha tan hermosa como tú...
Dime Rosetta, si salimos de esta ¿te vendrías conmigo a Valencia?...
Mi tío es allí el rey, te acogería como si fueras
una hija...
- ¿Y si no
salimos? ¿y si nos queman a los dos?
- Entonces podrías
acompañarme a la Alchenna. Allí también podríamos
ser felices durante toda la Eternidad.
- Sería muy
hermoso, Almodis...
- Lo será....
- ¿Qué
dice la marmita, Gran Maestro? - pregunta una sinuosa sacerdotisa de largos
cabellos.
El Gran Maestro, con
la mirada encendida por el odio, consulta la superficie de la marmita.
Hierve el agua con el láudano y el acónito. La hoguera y
la tenue luz lunar apenas pueden hacer brillar el paisaje de dólmenes
y altar de piedra de aquel lugar de culto y oración.
- No veo nada, sacerdotisa...
¡tira más láudano!...
La sacerdotisa le obedece.
- Ahora parece que....
¡algo veo!...
- ¿Qué
es?.....
- El terror... Shub-Niggurath
está encolerizado....Han asesinado a sus más fieles servidores
y el populacho les ha calumniado... veo malos presagios...
- ¿Qué
más, Gran Maestro?...
- ¡Tira más
láudano!...-grita con impaciencia. La sacerdotisa arroja un nuevo
puñado de hierbas a la marmita. La noche es fría y la luna
llena se refleja en la superficie hirviente cuyo resplandor ilumina los
rostros de los oficiantes de aquella esotérica ceremonia.
- ¿Qué
pasará con Rosetta? -pregunta ansiosa la sacerdotisa.
- Mañana arderá
en la hoguera con aquel árabe....
- ¡Shub-Niggurath
clamará venganza!...
- Venganza y muerte...
veo terror y ríos de sangre... este lugar está maldito...
- ¡Gran Macho
Cabrío Negro del Bosque ten piedad de nosotros!...
- ¡Veo.....
-el Gran Maestro enmudece por el horror.
- ¡Qué!....
- ¡Horror!...
Un vampiro se levantará de la tumba...
- ¡¿Quién?!...
- Un noble que fallecerá
esta misma noche... la luna llena le volverá en vampiro para vengar
la sacrílega afrenta...
- ¡Quemar a
la novia de Shub-Niggurath es un sacrilegio!... ¡Más nos valdría
no haber nacido para verlo!... Más nos valdría....más
nos valdría...
- ¿Qué
tienes, Rosetta? -pregunta Almodis al ver el rostro descompuesto de su
amada.
- ¡Fíjate
en la luna llena!
- La he visto muchas
veces.. No veo nada de particular.
- Trae malos presagios.
Algo siniestro se avecina.
- Más siniestro
que nos quemen a los dos en la hoguera ....imposible...
- En la ceremonia
del solsticio de primavera ofrecí mi virginidad al inmisericorde
Shub-Niggurath... Si mañana me quemaran en la hoguera se ofenderá
gravemente y sembrará el terror por la faz de la tierra....
- Si fuera así
¡que lo siembre!...Al menos arderé satisfecho por la suerte
de mis enemigos....
Rosetta siente escalofríos,
su blanca piel tirita por el terror que siente en aquellos momentos. Almodis
no tarda en consolarla.
- ¡No sufras
más, Rosetta!...¿qué nos importa a nosotros el infortunio
de nuestros verdugos?.... Aquí sólo importamos tú
y yo, Rosetta... Está claro que mañana moriremos los dos
y no podemos escapar de nuestro trágico destino.. Pero esta es nuestra
noche, nuestra última noche, y ¿sabes, Rosetta?..en mi corta
vida jamás he conocido mujer... no desearía morir sin haber
disfrutado antes de los placeres de la carne.. Si tu quieres, Rosetta,
lo podríamos conocer juntos....
- Yo quiero, Almodis...
- Entonces ¿a
qué estamos esperando?
La luna llena impera
en una mágica noche de terror y espanto pero para dos jóvenes
amantes fue de amor y esperanza.
En su lecho de muerte,
el conde Estruch vivía su trágica agonía... aquel
veneno estaba haciendo estragos en su ya débil constitución
y su enorme vitalidad guerrera se estaba apagando a cada momento...
Tal vez fue delirio
o fruto de la imaginación, pero cuando el anciano moribundo abrió
sus ojos por última vez divisó a una siniestra sombra que
le estaba observando ferozmente desde los pies del lecho.. El débil
anciano se quedó helado por el espanto.. La gigantesca figura de
un ser demoníaco, Shub-Niggurath, estaba allí presente con
una cruel sonrisa de satisfacción y venganza. Su mirada era dura
e implacable, Estruch sintió que algo le atravesaba en su interior
y exhaló su último suspiro..
El traicionero Benach
entró sigilosamente en la cámara mortuoria...
- ¡Ya está
muerto!..¡soy libre! -exclamó con satisfacción. No
pudo ver la demoniaca figura de Shub-Niggurath desvaneciéndose en
la nada.
- ¡Estruch ha
muerto! -gritó el Gran Maestro al observar la muerte del anciano
noble reflejada en la marmita.
- ¿Estruch?..
¿El conde Estruch?.. Un anciano noble....
- La profecía
se cumplirá, el conde Estruch se levantará de la tumba convertido
en vampiro y sembrará el terror por estas tierras... Muy cruel será
nuestro destino...
- El destino que hemos
escrito... Caro pagaremos nuestros errores...
- Cara y sangrienta
será la venganza.
Aullidos de lobos y
graznidos de negros cuervos. Luna llena y tinieblas. Oscuridad y muerte.
Malos presagios se ciernen sobre las tierras del río Muga. La Tramontana
silba velozmente sobre los dólmenes de piedra y los altos cipreses
sorprendiendo al Gran Maestro y sus sacerdotisas.
- ¡Ya está
aquí! ¡la ira de Shub-Niggurath se desencadenará implacablemente!
-grita el Gran Maestro.
- ¡Shub-Niggurath
apiádate de nosotros! -replican las sacerdotisas arrodillándose
implorando piedad al inmisericorde dios de los bosques.
Todo es confusión
y temor. La Tramontana no se detiene surcando los aires hacia el castillo
del río Muga.
Ignorando la tragedia,
dos jóvenes amantes están haciendo frenéticamente
el amor en la celda del castillo. Sus desnudos cuerpos se entregan al más
noble placer disfrutando intensamente los últimos instantes de su
corta vida.
Tras el éxtasis llega
el relajamiento.
- Ha sido muy hermoso
-exclama emocionada la dulce montañesa.
- Este instante ha
valido toda una vida.
- Lo ha valido, Almodis.
La paz es rota bruscamente
por la irrupción del arrogante y siniestro Benach acompañado
por sus esbirros. Los jóvenes amantes se sobresaltan ante aquella
violenta irrupción en la celda.
El capitán traicionero
al descubrir a los amantes desnudos lanza una fuerte risotada:
- ¡Qué
irónica es la vida!.. Me inventé tus amores con este mahometano
para llevarte a la hoguera y ahora te has echado en sus brazos. Tu alegría
ha terminado....
Rosetta trata de esconder
tímidamente su desnudez, pero Benach le arranca violentamente las
ropas de sus manos.
- Morirás así
cómo estás... ¡atadlos a los dos, rápido!
A la orden de su capitán,
los esbirros se abalanzaron sobre la joven pareja que trataba inútilmente
de defenderse. Una vez reducidos fueron atados espalda contra espalda mientras
el mahometano lanzaba toda clase de vituperios contra sus captores.
- ¡Eres un miserable!
-gritaba Almodis desesperadamente. Benach estaba satisfecho por poder realizar
su venganza. Con su sonrisa cínica que apenas podían ocultar
sus espesas barbas, el capitán se encaró con el apuesto mozo.
- El conde Estruch
ha muerto, alguien le ha envenenado y el pueblo quiere que castiguemos
a los culpables... por eso iréis los dos a la hoguera, aquí
tenemos una justicia rápida -sentencia finalmente.
- ¡Canalla!
-le insulta Rosetta llorando amargamente. Benach continúa con sus
amenazas:
- Sois jóvenes
y vuestro cuerpo son muy ardientes, ¿no?.. pues tendréis
todo el fuego que deseáis en la pira que os he preparado... ¡Llevároslos!
Los sicarios arrastraron
a los desafortunados amantes hacia el patio del castillo. Allí fueron
atados a la pira mientras el verdugo untaba con brea sus desnudos cuerpos.
Almodis y Rosetta se retorcían intentando librarse de sus ataduras
y de aquel viscoso líquido que se estaba adhiriendo a su piel produciéndoles
escozores.
Una vez atados al poste
de la pira, el despechado amante se les acercó por última
vez.
- Nadie se burla del
capitán Benach y menos una despreciable montañesa como tú,
Rosetta.
- El Gran Macho Cabrío
Negro del Bosque me vengará... si nos quemas habrás escrito
tu destino con letras de sangre -sentencia Rosetta a su cruel enemigo quién
se ríe burlonamente ante la desesperada amenaza:
- Tu estúpido
dios no podrá salvarte de la hoguera, hermosa doncella; y tampoco
tu misericordioso Alá, joven árabe... Ahora mismo os voy
a enviar a los mismísimos Infiernos donde las llamas eternas castigarán
vuestra osadía .. ¡Ah!, cuando lleguéis al Averno dadle
recuerdos a Lucifer de mi parte, estará encantado de acogeros....
Benach arroja la tea
encendida sobre la leña de la pira que comenzó a arder con
gran rapidez. Los amantes, aterrorizados, se retorcieron aún más
intentando librarse de sus ligaduras.
- ¡Nooooo! -gritaba
desesperadamente Rosetta.
- ¡No quiero
morir! -gimoteaba Almodis cuando las llamas llegaban a su desnudo cuerpo.
Ambos ardieron gritando
de dolor y espanto. Benach no podía estar más satisfecho
viendo arder a la doncella que se atrevió a despreciarle.
Las llamas crecían
hasta cubrir ambos cuerpos por completo. Los gritos de dolor arreciaban
con la intensidad del fuego cuyo calor hizo retroceder a los sicarios de
Benach. El musulmán renegado Bennasar salió de la multitud
para reclamar a su jefe el pago por sus servicios.
- Yo he envenenado
al conde, capitán... quiero que me pagueis lo prometido.
Benach le contestó
triunfalmente:
- Lo prometido es deuda...
El traicionero capitán
sacó su daga y se la clavó al cocinero mallorquín
en sus costillas. No tuvo tiempo de reaccionar viendo que su vida se apagaba
con la de los condenados en la pira. Cayó al suelo rápidamente
y expiró sin haberse dado cuenta de su gran error.
Mientras exhalaba su
último suspiro, su asesino se mofaba de su agonía.
- ¿Creías
que te iba a dar dinero para que luego fueras a delatarme?... Quién
traiciona una vez traiciona ciento. por esto te envio con tu Alá
al reino de los muertos...
Rosetta y Almodis lanzaban
sus últimos alaridos, las llamas iban devorando sus juveniles cuerpos
convirtiéndolos en cenizas. Finalmente el silencio. Todo había
concluido.
No más expirar
Rosetta un fuerte estampido retumbó entre las cuatro paredes del
castillo. Los sicarios se asustaron ante aquel potente trueno que parecía
iba a hundir la tierra. Aparecieron unos negros nubarrones que apagó
los tenues rayos de la luz lunar y la oscuridad cubrió con un negro
manto los cielos de la noche.
- ¡Es sólo
una tormenta! -gritó el arrogante capitán a su tropa.
Nadie estaba muy seguro
de esas palabras, sobretodo cuando comenzó a soplar la Tramontana
esparciendo las cenizas de los desafortunados amantes por el suelo. Parecía
que la ira de los dioses se había desatado sobre la faz de la tierra.
Ajena al drama de Rosetta,
Doña Núria lloraba desconsolada ante el cadáver de
su padre Don Guifred. Aquel fue un golpe inesperado para la noble dama
aunque estuviera acostumbrada a la aventura y el peligro.
- ¡Padre! ¿por
qué me has abandonado, padre?
El traidor Benach se
le acercó sigilosamente por la espalda y colocó ante sus
ojos la daga ensangrentada con la que había apuñalado al
cocinero árabe:
- He aquí la
sangre del asesino, el traidor musulmán... Vuestro padre había
sido generoso con él, dando trabajo y cobijo entre estas almenas...
y el muy cobarde le ha vendido a sus enemigos... pero mi brazo ha sido
firme y justiciero, mi señora... He ejecutado a los reos que han
traido la muerte a vuestra morada.
Doña Núria
está confundida, no comprendía lo que estaba ocurriendo a
su alrededor.
- No puedo comprender
lo que ha pasado, capitán.. el padre prior nos dijo que la montañesa
no era culpable, que habíais llevado los cadáveres de los
moros a la cabaña de la montañesa para poderla acusar de
traición ¿qué decís a esto?
- El padre prior es
un anciano, mi señora... se le han ablandado los sesos por su avanzada
edad e imaginará fantasías seniles... Seguramente aquellos
libros que guarda en su abadía le han trastornado la mente y le
han hecho perder noción de la realidad... Sin embargo no siento
hacia él ningún rencor, es un hombre de Iglesia y por lo
cual se merece mis respetos y mi obediencia..
Benach hablaba dulcemente
cómo si estuviera emocionado por la muerte del conde Estruch.
- He hecho justicia
a mi gran señor el conde Guifred Estruch hacia el cual yo sentía
una profunda admiración... Debéis saber que las tierras catalanas
jamás han conocido a un caballero de su nobleza y generosidad.....
Cataluña debe mucho a este gran guerrero, vencedor de moros y de
francos, gran enemigo del Islam a los que jamás ha dejado invadir
nuestra sagrada patria.
Las lágrimas
resbalaban por la mejilla del capitán conmoviendo el corazón
de Doña Núria:
- No sabía que
le admiraseis tanto, capitán...
- Mi máxima
aspiración es la de llegar ser algún día un caballero
tan noble como vuestro padre, mi señora...
Los relámpagos
surcan los cielos con todo su estrépito, sobresaltando a Doña
Núria:
- Parece que los cielos
han desencadenado su ira, que misteriosa es esta tierra... Ahora debéis
dejar que vele el cadáver de mi buen padre, capitán.. Os
ruego que me dejéis sola y que me traigáis al padre prior...
Es un anciano pero aún es un servidor de Jesucristo.
- Así lo haré,
mi señora- con una elegante reverencia el capitán Benach
abandona el aposento mortuorio de su finado señor. Doña Núria,
vestida con sus ropas negras, se echa sobre el cuerpo sin vida de su padre
con el corazón desgarrado por su irreparable pérdida
Aquella noche fue cuando
conocí personalmente a la hija del conde Estruch. Doña Núria
no se había traido damas de compañía de la Corte,
ya que nadie quería vivir en un castillo tan aislado, y el padre
prior consideró oportuno buscarle una compañía que
aliviara su soledad en aquel doloroso trance. Por esa razón no más
recibir el mensaje del capitán Benach ordenó que me fueran
a buscar a Llers para que acudiera a velar el cadáver del Don Guifred
En medio de la gran
tormenta unos soldados me condujeron al castillo del río Muga atravesando
la Sierra de Mas Carreras. Al llegar fui conducida a un austero salón,
el anciano fraile me presentó a la desconsolada huérfana:
- Esta jovencita se
llama Isabel, aunque sordomuda posee una gran inteligencia y un bondadoso
corazón. He pensado que os podría hacer compañía
en estas horas tan dolorosas.
Doña Núria
se me acercó tímidamente para mirarme a los ojos:
- Eres una chica muy
bonita, Isabel. El padre prior me ha hablado tanto de ti que tenía
grandes deseos de conocerte...
Aquella joven dama
inspiraba ternura y amor. Gentilmente me abrazó para besarme ambas
mejillas. Noté como sus lágrimas resbalan en su bello rostro
e instintivamente sentí gran simpatía hacia ella. Yo la sonreí.
- Desde luego habéis
tenido una gran idea, padre prior. Isabel podría hacerme compañía
y ser amiga mía.. ¿Deseas ser amiga mía, Isabel?
Yo moví la cabeza
afirmativamente. Doña Núria se quedó sorprendida por
mi gesto.
- ¿Me entiende?
- Isabel sabe leer
vuestros labios, fray Bernat la enseñó.
- ¿Quién
es fray Bernat?-preguntó Doña Núria con extrañeza.
- Fray Bernat de Berga
era uno de nuestros hermanos hasta que fue llamado a la Corte de Barcelona.
Acaban de nombrarle obispo. Es un hombre muy sabio y piadoso. Conoció
a Isabel cuando era muy niña y tuvo compasión de ella. Con
gran paciencia supo enseñarle a leer y escribir... -explicaba el
anciano con entusiasmo.
- Conozco a Monseñor
Bernat, sé de su talento y piedad. Desde luego es un milagro lo
que ha conseguido con Isabel...No es de extrañar que sea el nuevo
obispo de Barcelona. Méritos no le faltan.
El ruin Benach estaba
presente en el velatorio del finado conde. Su presencia en aquella estancia
me causó gran extrañeza y me estremeció. Su larga
figura vestida con armadura y armado con una gran espada se acercó
hacia mí para mirarme mejor.
- ¡Monseñor
Bernat es un hombre excepcional.. merecería subir a los altares
por su infinita bondad e inteligencia! -exclamó fingiendo amabilidad
y cortesía. Yo me sobresalté aterrorizada. Doña Núria
leyó el horror de mi mirada.
- Capitán Benach
os agradecería que os apartarais de Isabel. Le estáis dando
miedo.
- ¿Miedo yo?
-preguntó sorprendido. Doña Núria consideró
oportuno justificar mis temores.
- Isabel es muy joven
y vos sois un militar. Le deben asustar vuestra armadura y vuestra espada.
Benach recapacitó.
- Tenéis toda
la razón. La sordomuda debe de ser una muchacha muy sensible y tierna
de corazón. Os ruego que me disculpéis, señora.
- Os agradezco vuestra
gentileza, caballero pero a partir de estos momentos os ordeno que no pronunciéis
la palabra “sordomuda” delante de Isabel bajo ningún concepto. La
trataréis como una dama de compañía y os guardaréis
certeramente de que ningún soldado del castillo se sobrepase con
ella.
- Guardaré
el honor de esta doncella cómo si fuera el de mi propia hermana
-sentenció Benach con su tradicional cinismo.
Yo no podía
oír el sonido de su voz, pero leyendo los labios aprendí
a leer la mirada de las gentes y me estaba dando cuenta de que aquel hombre
carecía de sinceridad. El padre prior ya era viejo y estos detalles
se le escapaban, pero en aquellos momentos me dí cuenta de que entre
las paredes de aquel castillo se estaba escondiendo algún misterio.
Doña Núria
y yo estuvimos velando el cadáver de Don Guifred hasta las primeras
horas de la mañana. El padre prior rezaba junto a varios frailes
más que vinieron de la abadía de Puig den Clos. Los soldados
instaron la capilla ardiente en un gran salón de actos para que
las gentes de las poblaciones cercanas acudieran para rendir su último
homenaje al gran caballero de la Cristiandad.
- Era mucho más
grande que el Cid Campeador, aquel Rodrigo Díaz de Vivar de
los cantares de gesta.. -exclamó emocionado un campesino.
El Señor de
Figueras llegó tan pronto recibió la notificación.
Su Majestad Alfonso II estaba defendiendo la frontera de Aragón
con Navarra de los ataques de su rey Sancho VI y no había tiempo
de que el emisario le pudiera informar. Por esta razón al ser la
máxima autoridad presente presidió el duelo junto a la desconsolada
hija del finado. Yo me había situado al lado de Doña Núria
vistiendo una ropa negra que mi señora me había entregado.
Aquel desdichado acontecimiento había unido nuestros destinos para
el futuro y nos habíamos convertido en grandes amigas.
Mientras iban desfilando
los compungidos campesinos ante el cuerpo presente del conde, el Señor
de Figueras mostró interés por el futuro de mi señora.
- Ahora sois la condesa
Estruch y este castillo os pertenece por herencia. He informado a Su Majestad
para que tome la decisión correspondiente sobre la defensa de esta
zona. Por lo que respecta a vuestro futuro creo que tenéis palabra
de casamiento con un noble de la Corte.
- Mi padre pactó
el casamiento con Su Majestad y una vez transcurrido el tiempo establecido
por el luto la palabra dada se cumplirá.
El Señor de
Figueras y Doña Núria no volvieron a mencionar estas cuestiones
hasta que Alfonso II tomara la decisión correspondiente. Al mediodía
se produjo un extraño incidente cuando el Gran Maestro y sus sacerdotisas
irrumpieron en el salón armados con un hacha y una estaca. Ante
la sorpresa de todos comenzaron a dar voces creando temor entre las piadosas
almas de los campesinos.
- ¡La impiedad
reina en este castillo! ¡La traición y el crimen han indignado
al gran Shub-Niggurath El Negro quien ha decido castigaros por vuestra
maldad!
Doña Núria
se sobresaltó ante aquella súbita irrupción. Sorprendida
por el escándalo exigió explicaciones a los intrusos por
su conducta:
- ¿Cómo
te atreves a levantar la voz ante el cuerpo de mi padre? ¿de qué
impiedad hablas? ¿de qué traición y crimen estáis
acusando?
El Gran Maestro y las
sacerdotisas se arrodillaron humildemente ante la condesa.
- Nosotros somos buenos
vasallos de la señora condesa, pero anoche en la marmita hirviente
con hojas de acónito y láudano vimos como el conde Estruch
era asesinado. El gran Shub-Niggurath El Negro quiere vengarse de todos
nosotros porque el capitán Benach quemó a su novia Rosetta
en la hoguera. Ha anunciado que nos enviará un vampiro que sembrará
de terror y muerte nuestras tierras. ¡Aún estáis a
tiempo de salvarnos de la maldición! Para esto debéis dejar
que clave una estaca en el corazón de vuestro padre y corte su cabeza
con el hacha para quemarla aparte e impedir que se reencarne en un monstruo
sanguinario....
Yo estaba asustada
por las palabras del Gran Maestro y me abracé fuertemente a Doña
Núria para protegerme. El Señor de Figueras, indignado, impuso
su autoridad haciendo callar a los intrusos.
- ¡Basta de sandeces!
¿Por qué habéis venido a profanar este velatorio con
vuestras estupideces de gente ignorante? ¿monstruos? ¿vampiros?
¡estáis ante un gran defensor de la Cristiandad que ha sido
vilmente asesinado por un traidor árabe! ¡el culpable ha sido
castigado y sus cómplices quemados en la hoguera!...
- Nosotros no vimos
ésto en la marmita... ¡El capitán Benach es quién
ordenó asesinar al conde Estruch! ¡Fue él quién
llevó los cadáveres de los moros a la cabaña de los
leñadores para acusar a Rosetta de traición! ¡es un
asesino y debería morir por ello!...
- ¡Echad a estos
locos de aquí! ¡llevadlos a las mazmorras y que sean juzgados
por alboroto y felonía! ¡Pagaréis cara vuestra infamia!..¡Que
les den veinte latigazos a cada uno para que aprendan a respetar la nobleza
de esta casa! -ordenó el Señor de Figueras. La guardia del
castillo se llevó de la sala al Gran Maestro y sus sacerdotisas
quienes no paraban de pronunciar amenazas.
- ¡El gran Shub-Niggurath
El Negro os castigará a todos! ¿no véis que estamos
en peligro de muerte? ¡hemos de impedir que el conde Estruch se encarne
en un vampiro!...
- ¡Fuera de
aquí! -gritaba encolerizado el Señor de Figueras. Los guardias
arrastraron a los alborotadores hasta las mazmorras donde fueron azotados
y encerrados.
No más irse
el ambiente se fue calmando. Doña Núria estaba trastornada:
- Monseñor Guillem
de Torroja tenía razón... los paganos son peligrosos -comentó
preocupada. El Señor de Figueras quitó importancia al incidente.
- No les hagáis
caso, señora condesa.. Esa gente está llena de supersticiones
periclitadas y no sabe lo que dice... Cuando les haya azotado estarán
tan asustados que ya no se atreverán a molestaros más.. Por
lo que respecta a vos, capitán, sed indulgentes con ellos. No les
toméis en consideración... Cómo he dicho antes no
son más que gente ignorante que no sabe lo que dice y se inventan
cualquier fábula.
- Si vos lo decís,
mi señor... Olvidaré este incidente.
Aunque hablara con
toda suavidad, la mirada del capitán expresaba ira y odio por aquella
acusación. Sabía que era verdad lo que habían dicho
los alborotadores paganos y que tarde o temprano se iba a ver en un buen
aprieto. Otro de sus perversos planes se estaba apoderando en su mente
para eliminar a quienes les estorbaba en sus ansias de poder y posición.
Las mazmorras son la
parte más sórdida de aquel solitario castillo. Una estancia
situada en la almena más alta a la que se accede subiendo por unas
empinadas escaleras de caracol. Los soldados, no más llegar, desvistieron
al Gran Maestro y a sus cuatro sacerdotisas para ser flagelados por un
verdugo corpulento y tuerto que se mostraba ansioso por iniciar sus menesteres.
- ¡Llevo mucho
tiempo sin clientela! -exclamó cuando los soldados le trajeron los
presos. Parecía que disfrutaba enormemente con su trabajo, viendo
aquellos cuerpos desnudos y encadenados a los que tenía que azotar.
Los soldados solían mofarse de él, pero al siniestro torturador
no parecía importarle las chanzas de sus compañeros.
- Todo el mundo tiene
su forma de divertirse,¿eh, verdugo?. Pero tú eres una excepción.
Nos preguntamos si tienes pasiones, si te gustaría poseer uno de
estos cuerpos de mujer que tienes ahí delante.
- Yo soy muy serio
en mi trabajo, soldado... La clientela es para mí sagrada -contestaba
muy convencido de que estaba haciendo algo importante. La soldadesca prorrumpía
en estridentes carcajadas al o& |