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elizabeth
bathory
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La Condesa
de
Transilvania Elisabeth Bathory (1560-1614) torturó y
asesinó
a 612 muchachas en su castillo de Cachtice, a lo largo de más de
diez años. Sus baños de sangre han pasado a la Historia,
indisolublemente asociados al vampirismo nigromántico de Europa
Oriental. Tanto se pasó que al final, pese a ser noble, la
persiguieron
y condenaron. ¿Sus motivos? Mantenerse bella a pesar de los
achaques
de la vejez. Por lo que parece, lo consiguió.
De paso,
y según
se cuenta, tras perder la vida emparedada en una habitación a
manos
de gentes que no comprendían sus inquietudes logró
también
pasar al reino de los no-muertos como una de las más poderosas
Señoras
de la Oscuridad, en compañía de varias de sus
víctimas.
La historia de la Condesa Sangrienta, con el paso de los siglos, ha
trascendido
sus orígenes y se ha transformado en un referente
vampírico
universal.

Visita este foro
dedicado íntegramente a la condesa Elizabeth Báthory: http://www.geocities.com/lacondesabathory/
| Gabriela
Erzsébet (Isabel) Báthory-Nadasdy de Ecsed, "La Condesa
Sangrienta"
(1560-1614) |
Erzsébet o Alzbeta (Isabel) Báthory nace en una de las
familias
más antiguas y adineradas de Transilvania. Fue hija de
György
Bathory de Ecsed y Anna Bathory, que era a su vez hermana de Istvan
Bathory
(1533-1586), príncipe de Transilvania y rey de Polonia entre
1575
y 1586. El apellido también se conoce como Batory o Batori.
Entre sus familiares se encuentran personajes poderosos (un
cardenal,
varios príncipes y un primo que fue Primer Ministro de
Hungría,
mediante su matrimonio con la princesa María Cristina de
Habsburgo).
No obstante, entre su parentela se encontraban también algunos
personajes
singulares, como un tío que adoraba a Satán, una
tía
bisexual -Karla- que ponía extremo interés en disciplinar
a su servidumbre y un hermano mayor cruel y borracho. Por no mencionar
a su antepasado Vlad III Draculae, El Empalador.
Pasó
su infancia
en el castillo de los Ecsed (actualmente conocido como castillo de
Chakhtice).
Se dice que a los 4 ó 5 años de edad la pequeña
Isabel
sufrió de violentos ataques; puede que padeciera epilepsia o
alguna
otra enfermedad neurológica. Pero remitieron cuando aún
era
pequeña, por lo que no está claro que tuviesen nada que
ver
con su comportamiento posterior. En general fue una niña buena,
dulce y aplicada que se preparaba para ocupar su puesto entre la
nobleza
de Transilvania. No se le recuerda por manifestar un especial
interés
en las habituales ejecuciones de delincuentes y traidores que
tenían
lugar frente al castillo, excepto aquella vez que, cuando ella
tenía
nueve años, ajusticiaron a un gitano acusado de vender a su hija
a los turcos mediante el procedimiento de encerrarle en las tripas de
un
caballo muerto. Tanto el populacho como la nobleza congregada para el
espectáculo
lo celebraron con grandes risotadas, y la propia Isabel se
levantó
muy temprano para no perdérselo porque le hacía mucha
ilusión.
| Como
era corriente
en la época, a los once años fue prometida al Conde
Ferencz
Nadasdy de Nadasd de Fogarasfold, que sólo le doblaba la edad.
Un
año después, la enviaron a vivir en el castillo de los
Nadasdy,
para que fuera conociendo a su nueva familia. Nunca hizo buenas migas
con
su dominante suegra, Úrsula, matriarca del clan; al parecer, la
joven Báthory hacía valer el rango superior de su
apellido
con una frecuencia que la enojaba.
A los
trece años
se quedó embarazada de uno de sus sirvientes. Lo normal: el
muchachito
fue castrado y arrojado a los perros, e Isabel enviada a otro remoto
castillo
familiar para que pariera. Naturalmente, se hizo desaparecer al
bastardo
bebé.
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Escudo de Armas de
la Casa Báthory.
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A diferencia
de la mayoría
de mujeres (y hombres...) de su tiempo, Isabel había recibido
una
buena educación y su inteligencia sobrepasaba a la de la
mayoría
de los hombres de entonces. Era excepcional, "hablaba perfectamente el
húngaro, el latín y el alemán, mientras que la
mayoría
de los nobles húngaros no sabían ni deletrear ni escribir
[...] hasta el Príncipe de Transilvania era prácticamente
analfabeto". Algunos de sus contemporáneos y ciertos
investigadores
modernos han concluido que debía estar loca, pero si descontamos
los asesinatos, cada detalle de su vida nos muestra a una persona muy
inteligente,
totalmente al control de sus facultades mentales.
A los 15
años,
en 1575, casó con Ferencz, que entonces contaba 26 años
de
edad. La ceremonia tuvo lugar con gran lujo en el castillo de Varanno;
incluso se invitó al Emperador Maximiliano II, pero no pudo
acudir.
Fue Ferenc quien adoptó el apellido de soltera de su esposa,
mucho
más ilustre que el suyo. Se fueron a vivir al castillo de
Cséjthe,
en compañía de su suegra Úrsula y otros miembros
de
la casa. La verdad es que el joven Conde no se pasaba mucho por
allí:
la mayor parte del tiempo estaba combatiendo en alguna de las muchas
guerras
de la zona, lo que le mereció el apodo de "Caballero Negro de
Hungría".
Durante esos periodos de soledad un sirviente del castillo, Thorko,
introdujo
a la joven Isabel en las artes ocultistas. Se dice que incluso
llegó
a ausentarse algún tiempo con un extranjero encapuchado. Cuando
volvió, su marido (que había regresado de una de sus
batallas)
la perdonó pronto.
Es a su vuelta que Isabel comienza a torturar a las
muchachas que le sirven
con cualquier excusa, ayudada por Thorko y dos brujas de la zona
llamadas
Darvula (o Darvulia) y Dorottya Szentes, mujer de gran tamaño y
poderío físico. Como disciplina corriente, las
hacía
colgar de los tobillos y les propinaba palizas con un pesado
bastón,
les colocaba púas en los labios de la boca y de la vulva, las
quemaba
con antorchas o les hacía salir desnudas a la nieve empapadas de
agua, en invierno; o cubiertas de miel, en verano, para que les
atacasen
los grandes insectos de la zona. Cuando se trataba de disciplinar a un
varón, en cambio, delegaba la labor en el leal Thorko, quien
solía
solventar la cuestión sacando la piel del desdichado a tiras con
un látigo de puntas de hueso. Quien durante el castigo
manifestara
algo distinto de la más absoluta sumisión y
aceptación
del mismo, fuera hombre o mujer, podía irse preparando para
discutirlo
con unos inquietantes alicates de plata que la condesa había
encargado
a un orfebre local, manejados personalmente por ella. Debe observarse
que
torturar a los siervos por sus errores era una práctica habitual
en la época, algo que se daba por supuesto: no hay nada de
extraño
o inusual en estos castigos. Pero Isabel comenzó a poner mucho
celo
en la educación de las muchachas más jóvenes, y
sus
colaboradores también. A una chica que hablaba mucho, hizo que
le
cosieran la boca. Otra que hizo un comentario comparativo entre sus
pechos
y los de Isabel, creyendo que ésta no se enteraría, se
vio
colgada por los mismos durante una semana; tras descolgarla, hubo que
amputárselos.
Una camarera que tenía fama de excesivamente coqueta y disoluta
fue obligada a sentarse en una parrilla al rojo vivo, de donde no la
levantaron
hasta dos horas después. A su suegra Úrsula esto no le
parecía
ni bien ni mal, más sólo por hacerle la puñeta a
Isabel,
protegía a algunas de las chicas por el procedimiento de
castigarlas
ella, con extremo rigor -no era raro pasar la noche en el cepo con
cincuenta
bastonazos en el cuerpo- pero sin el sadismo que iba caracterizando a
la
condesa.
Ferencz e
Isabel apenas
se veían poco debido a las actividades guerreras del primero,
así
que no fue hasta 1585, diez años después de su
matrimonio,
que la condesa tuvo a su primera hija, Ana, y en los nueve años
siguientes dio también a luz a Úrsula -nobleza obliga- y
Katherina. Finalmente, en 1598, alumbró a su único hijo,
Pablo. En base a las cartas que escribía a sus familiares,
podemos
deducir que Isabel era una buena esposa y una madre protectora. Algo
que
no resulta sorprendente dado que los nobles trataban a su familia
cercana
de una manera muy distinta a como trataban a las clases inferiores: los
siervos y campesinos.
En la
gélida
mañana del 4 de enero de 1604, el Caballero Negro de
Hungría
murió de súbita enfermedad durante una de sus batallas y
dejó viuda a Isabel, que contaba 44 años. Es aquí
cuando comienzan las verdaderas atrocidades. Para empezar,
despidió
a su muy odiada suegra del castillo, junto con el resto de la parentela
Nadasdy; las muchachas a las que ésta protegía en esos
momentos
fueron llevadas a los sótanos y allí recibieron por fin
los
castigos que, en opinión de Isabel, se merecían. Dicen
que
los alaridos se escucharon durante una semana. Se cree que a estas
alturas
la Condesa ya se había sumado a algunas formas de
hechicería,
acudiendo a rituales donde se sacrificaban caballos y otros animales.
La
edad no perdona, y a principios del siglo XVII menos: una mujer de 44
años
se acercaba peligrosamente a la ancianidad (eso de llegar a los 80 es
patrimonio
casi exclusivo de nuestros tiempos). Parece que la vejez aterrorizaba y
obsesionaba a Isabel.
La
primavera se derramaba
por los ventanales cuando una de sus sirvientas adolescentes le dio un
involuntario estirón de pelos mientras la estaba peinando. Al
principio
tuvo mucha suerte: la condesa se limitó a reaccionar
reventándole
la nariz de un fuerte bofetón. Pero entonces la sangre
salpicó
la piel de Isabel... y a ésta le pareció que allá
donde había caido, desaparecían las arrugas y recuperaba
la lozanía juvenil. Tras consultar a sus brujas y alquimistas, y
con la ayuda del mayordomo Thorko y la corpulenta Dorottya, desnudaron
a la muchacha, le hicieron un profundo corte en el cuello y llenaron un
barreño con su sangre. No está confirmado que Isabel se
bañara
en sangre, pero si que al menos se embadurnó todo el cuerpo, y
probablemente
la bebió, para recuperar la juventud.
Entre 1604
y 1610,
los agentes de Isabel se dedicaron a proveerla de jóvenes para
sus
rituales sangrientos. En un intento de mantener las apariencias,
convenció
al pastor protestante local para que sus víctimas tuviesen
entierros
cristianos respetables. Cuando la cifra comenzó a subir,
éste
comenzó a manifestar sus dudas: morían demasiadas chicas
por "causas misteriosas y desconocidas". Así es que ella le
amenazó
para que mantuviese la boca cerrada y comenzó a enterrar en
secreto
a los cuerpos desangrados.
| En
el duro invierno
de 1606, Isabel encontró en las cercanías del castillo a
una huérfana bizca y pelirroja llamada Piroska. Tenía
trece
años, pero estaba tan desnutrida y escuchimizada que no
aparentaba
más de diez. Por razones de índole esotérica, la
condesa
decidió que aquella pequeñaja tenía potencial para
convertirse en una gran hechicera que le ayudaría en sus tareas.
Así que la tomó a su servicio como favorita. Piroska
estaba
sometida a los mismos métodos disciplinarios que el resto de
habitantes
del castillo -excepción hecha de Thorko, Darvula y Dorottya-, y
se sabe que poco después ya le faltaba un pezón, perdido
entre los dientes de los alicates de plata, y llevaba un anillo en la
nariz
como signo de posesión. No obstante, se transformó en una
ciega seguidora de Isabel: antes de cumplir los quince años
orquestaba
los complejos rituales de donación para la condesa,
dirigida
por Thorko y las dos brujas. Cuando Thorko murió en 1608, la
pelirroja
se convirtió en verdugo mayor del castillo, para extrema
desolación
de sus ocupantes. Le ayudaba en su tarea un hombretón un poco
retrasado,
llamado Ficzko, que compensaba con corpulencia y fuerza física
las
luces que le faltaban, y otra joven llamada Helena Jo, quien
protegía
su vida ayudando a quitar la de las demás. |
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Impresión
artística de Piroska, la más cruel verdugo al servicio de
Isabel. Fue torturada y quemada en 1612.
|
|
Por la
misma época,
su hermano Gabor, cruel, alcohólico y playboy, se
convirtió
en Príncipe de Transilvania, con el apoyo económico de la
riquísima Isabel. Estúpidamente, Gabor se metió
pronto
en una guerra con los alemanes; por complejas razones políticas,
ésto la ponía en peligro de ser acusada de
traición
por el Rey. Viuda como era, se vio más vulnerable y aislada que
nunca. Fue por aquél entonces cuando tomó la costumbre de
quemar los genitales a algunas sirvientas con velas, carbones y hierros
por pura diversión, o quizá para liberar ansiedad.
También
generalizó su práctica de beber la sangre directamente
mediante
brutales mordiscos en las mejillas, los hombros o los pechos. Para
estas
cuestiones privadas se apoyaba en la fuerza física de Dorottya
Szentes,
que aunque ya mayor, seguía siendo muy capaz de inmovilizar a
cualquier
joven en la posición requerida.
En 1609
Isabel, quizás
debido a todo este stress, cometió el error que
acabaría
con ella: utilizando sus contactos, comenzó a tomar a
niñas
y adolescentes de buena familia para educarlas. Como no podía
ser
menos, algunas de ellas comenzaron a morirse pronto por las mismas
"causas
misteriosas y desconocidas". Esto no era raro en la Edad Media, con sus
elevadísimas tasas de mortalidad infantil y juvenil, pero en el
"internado" de Cachtice el número de fallecimientos era
demasiado
alto. Ahora las víctimas eran hijas de la aristocracia menor,
por
lo que comenzaron los rumores. La vieja bruja Darvulia le había
prevenido que nunca tomara nobles, pero esta anciana había
fallecido
algún tiempo atrás. Fue su amiga Erszi Majorova, viuda de
un rico granjero que vivía en la cercana localidad de Milova,
quien
convenció a la condesa de que no pasaría nada.
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Ruinas del castillo
de Cséjthe (actualmente Cachtice, en Eslovaquia), residencia de
Isabel Báthrory entre 1575 y 1610 y testigo mudo de los hechos
aquí
relatados.
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Es
que por aquél
entonces, era ya vox populi en la comarca que algo muy
siniestro
ocurría a las muchachas que "entraban a servir" en el castillo
de
Cséjthe, por lo que muchas familias comenzaron a ocultar a sus
hijas
más jóvenes. Isabel contraatacó incluyendo en
plantilla
a un reducido grupo de adolescentes muy guapos, apuestos y adinerados,
que se hacían pasar por hijos de la pequeña nobleza o de
comerciantes acomodados. Estos efebos recorrían la comarca
haciendo
ver que se encaprichaban con esta campesina o aquella sierva. Cuando no
eran las propias chicas las que se delataban, lo hacían sus
padres,
deseosos de emparentar de un modo u otro con el dinero; un tal Dorka,
de
16 años de edad, logró gracias a su apariencia e ingenio
que salieran a la luz más de 20 candidatas. Pero
aún
y así, el número de siervas locales disponible
descendía,
por lo que el de jóvenes aristócratas tuvo que aumentar. |
Hacia el
final, muchos
cuerpos se ocultaron en lugares peligrosamente insensatos, como campos
cercanos, silos de grano, el río que corría bajo el
castillo,
el jardín de verduras de la cocina... Es probable que en medio
de
su orgía de poder y sangre, Isabel y sus acólitos
perdiesen
el sentido de la realidad; pese a la brutalidad de los tiempos, ya no
vivían
en la época de su antecesor Vlad III Draculae El Empalador,
y además ahora se implicaba a hijas de la nobleza. Finalmente,
una
de las víctimas logró escapar antes de que la matasen e
informó
a las autoridades religiosas de lo que se cocía en el castillo.
Si una de las sirvientas hubiese tratado de hacer lo mismo, se la
habrían
devuelto a su dueña apaleada y cargada de cadenas. Esto era algo
que había ocurrido varias veces en el pasado; por ejemplo, en el
otoño de 1609...
"...una joven
de doce
años llamada Pola logró escapar del castillo de
algún
modo y buscó ayuda en una villa cercana. Pero Dorka y Helena Jo
se enteraron de dónde estaba por los alguaciles, y
tomándola
por sorpresa en el ayuntamiento, se la llevaron de vuelta al Castillo
de
Cachtice por la fuerza, escondida en un carro de harina. Vestida
sólo
con una larga túnica blanca, la condesa Isabel le dio la
bienvenida
de vuelta al hogar con amabilidad, pero llamaradas de furia
salían
de sus ojos. Con la ayuda de Piroska, Ficzko y Helena Jo,
arrancó
las ropas de la doceañera y la metieron en una especie de jaula.
Esta particular jaula estaba construida como una esfera, demasiado
estrecha
para sentarse y demasiado baja para estar de pie. Por su [cara]
interior,
estaba forrada de cuchillas del tamaño de un dedo pulgar. Una
vez
la muchacha estuvo en el interior, levantaron bruscamente la jaula con
la ayuda de una polea. Pola intentó evitar cortarse con las
cuchillas,
pero Ficzko manipulaba las cuerdas de tal modo que la jaula se
balancease
de lado a lado, mientras que desde abajo Piroska la punzaba con un
largo
pincho para que se retorciera de dolor. Un testigo afirmó que
Piroska
y Ficzko se dieron al trato carnal durante la noche acostados sobre las
cuerdas, para obtener un malsano placer del tormento que con cada
movimiento
padecía la desdichada. [El tormento] terminó al
día
siguiente, cuando las carnes de Pola estuvieron despedazadas por el
suelo".
Pero esta
vez la fugitiva
era una de las jóvenes aristócratas a las que Isabel educaba,
así que le hicieron caso. A través del obispado, la
denuncia
llegó a la Casa Real. El Rey Mátyás de
Hungría
-que desde hacía algún tiempo le buscaba las vueltas a la
condesa con el tema de la traición y también tenía
el ojo puesto en sus extensos dominios- ordenó a un primo de
Isabel
enemistado con ella, el conde György Thurzo, que tomara el lugar
con
sus soldados y realizara una investigación. Dado que la
Señora
de Báthory carecía de fuerza militar propia, no
habría
resistencia.
Lo cierto
es que no
tuvieron que profundizar mucho en su investigación. Cuando
György
y sus hombres entraron en el castillo de Cséjthe, el 30 de
diciembre
de 1610, lo primero que vieron fue a una sirviente en el cepo del
patio,
en estado agónico debido a una paliza que le había
fracturado
todos los huesos de la ingle. Esto era práctica corriente y no
les
llamó la atención, pero al acceder al interior se
encontraron
a una chica desangrada en el salón, y otra que aún estaba
viva aunque le habían agujereado el cuerpo. En la mazmorra
encontraron
a una docena que todavía respiraba, algunas de las cuales
habían
sido perforadas y cortadas en varias ocasiones a lo largo de las
últimas
semanas. De debajo del castillo exhumaron los cuerpos de 50 muchachas
más.
Y el diario de Isabel contaba día por día sus
víctimas,
con todo lujo de detalles, hasta sumar el fabuloso total de 612
jóvenes
torturadas y asesinadas. Por todas partes había toneles de
ceniza
y serrín, usados para recoger la sangre que se vertía tan
pródigamente en aquel lugar. Pese a eso, todo el castillo estaba
cubierto de manchas oscuras y despedía un tenue olor a
charcutería.
György hizo detener a todo el mundo y encerró a Isabel en
sus
aposentos.
En 1612 se inició el juicio en Bitcse. Isabel se
negó a declararse
inocente o culpable, y no compareció, acogiéndose a sus
derechos
nobiliarios. Quien si lo hizo, por las bravas, fueron sus
colaboradores.
Johannes Ujvary, el mayordomo, testificó que en su presencia se
había asesinado como mínimo a 37 "mujeres solteras" de
entre
once y veintiséis años; a seis de ellas las había
reclutado él personalmente para trabajar en el castillo. De
todos
modos, la acusación se concentró en los asesinatos de
jóvenes
nobles, pues los de las siervas carecían de importancia. En el
juicio
se supo que la mayoría de las chicas fueron torturadas durante
semanas
e incluso meses. Las cortaban con tijeras, las perforaban con gruesas
agujas,
las azotaban con látigos cuyas puntas terminaban en ganchos y
cuchillas,
e incluso las manipulaban con hierros candientes en el interior de la
jaula
llena de púas que se había estrenado con Pola; todo ello
para que la Condesa tomara su refrigerio de sangre varias veces al
día,
utilizara el fluido vital como crema rejuvenecedora al levantarse y al
acostarse, y recibiera una ducha cada semana, como mínimo. Puede
que en ocasiones muy puntuales se diera también algún
baño,
pero llenar una bañera requería de la sangre de
demasiadas
víctimas, por lo que debía ser algo excepcional. Si
alguna donante
se portaba mal y no cooperaba con la extracción, tenía
ocasión
de entablar también estrecha amistad con los afamados alicates
de
plata que Isabel manejaba en persona antes de pasar a la jaula
esférica.
Como hemos visto, la condesa era asímismo aficionada a
arrancarles
pedazos de carne a bocados, quemarles los genitales y ejecutar a
algunas
en la esfera de púas. Pero en el empalamiento, llevó la
tradición
familiar a nuevos niveles de sofisticación. De hecho, fue
nuestra
protagonista quien, tras mucho experimentar, descubrió un
método
para sacar siempre la estaca por la boca, algo que sus antecesores
sólo
lograban por puro azar, muy de vez en cuando. Un empalamiento bien
realizado
no sólo es más digno desde el plano estético, sino
que resulta mucho más eficaz desde el punto de vista
nigromántico
y vampírico, prolongando la agonía hasta varios
días.
Todos los
seguidores
de Isabel, excepto las brujas, fueron decapitados y sus
cadáveres
quemados; este fue el destino de Ficzko, por ejemplo. A Dorottya,
Helena
Jo y Piroska les arrancaron los dedos con tenazas al rojo vivo "por
haberlos
empapado en sangre de cristianos" y las quemaron vivas. Piroska fue,
además,
azotada y atenaceada en público con tal severidad que cuando la
ataron a la pira los asistentes protestaron porque no era más
que
un amasijo informe, y eso desmerecía el espectáculo. Sin
embargo, pese a su minúscula complexión y al hecho de que
había varios kilos de sus escasas carnes repartidos por el
patíbulo
(y eso que le habían hecho comer algunos pedazos selectos),
Piroska
fue quien maldijo y aulló durante más tiempo cuando
encendieron
las hogueras, lo que enardeció de nuevo al distinguido
público.
Erszi Majorova también fue ejecutada. Katarina Beneczky, que con
catorce años era la más joven de las ayudantes de Isabel,
salvó la vida por petición expresa de una superviviente:
se le condenó a recibir cien latigazos en privado, y el
destierro.
La consecuencia fue una acusada cojera que le duraría toda la
vida,
pero salvó el cuello.
Pero la Ley
impedía
que Isabel, una noble, fuese procesada. Así es que la pusieron
bajo
arresto domiciliario... a la manera de la época. Tras
introducirla
en su mazmorra, los albañiles sellaron puertas y ventanas,
dejando
tan solo un pequeño orificio para pasar la comida. Finalmente el
Rey Mátyás II pidió su cabeza por las
jóvenes
aristócratas que habían muerto a sus manos, pero su primo
el Primer Ministro le convenció para que retrasara el
cumplimiento
de la sentencia de por vida. O sea, cadena perpetua en confinamiento
solitario
para Isabel. Esta pena implicaba también la confiscación
de todas sus propiedades, cosa que, como ya dijimos,
Mátyás
venía buscando desde tiempo atrás.
El 31 de
julio de 1614
Isabel, de 54 años, dictó testamento y últimas
voluntades
a dos sacerdotes de la catedral del arzobispado de Esztergom.
Ordenó
que lo que quedaba de las posesiones familiares fuese dividido entre
sus
hijos. Mientras duró su encierro, los carceleros la espiaban por
el agujero, dado que aún era una de las mujeres más
hermosas
de Hungría; ¡efectivamente, había conseguido lo que
se proponía!
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A
la izquierda, Isabel
Bathory en 1585 (izquierda), con 25 años, poco después de
tener a su hija Ana. A la derecha, en 1607, a los 47, después de
tres años siguiendo su peculiar tratamiento de belleza.
¿En
cuál está más guapa y joven...? |
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El 21 de
agosto de 1614,
uno de los carceleros fue a echar un vistazo y la vio caida en el
suelo,
boca abajo. La Condesa Isabel Bathory estaba muerta. Pretendieron
enterrarla
en la iglesia de Cachtice, pero los habitantes locales decidieron que
era
una aberración que la "Señora Infame" se quedara en su
pueblo,
¡y encima en tierra sagrada! Finalmente, y como era "uno de los
últimos
descendientes de la línea Ecsed de la familia Bathory" la
llevaron
a enterrar al pueblo de Ecsed, en el noreste de Hungría, el
lugar
de procedencia de la poderosa familia. Todos sus documentos fueron
sellados
durante más de un siglo, y se prohibió hablar de ella en
todo el país. La tumba apareció abierta poco
después;
el arzobispo ordenó meter en ella un cadáver
anónimo
y cerrarla de nuevo en secreto. Las tumbas de veinte de sus
víctimas
aparecieron también abiertas durante los siguientes meses; los
enterradores
las taparon bajo amenaza de muerte si abrían la boca. Por otra
parte,
tampoco se sabía dónde yacían al menos 300 de sus
621 víctimas. Por lo que se ve, Isabel no sólo se
pasó
al mundo de los no-muertos, sino que llevó consigo, como
mínimo,
un séquito de medio centenar de esclavas vampíricas
adolescentes
y en su primera juventud.
Dos
años después,
las hijas y el hijo de Isabel fueron finalmente acusados de
traición
por el apoyo de su madre a la guerra contra los alemanes; Anna
Báthory, una prima de la condesa, llegó a sufrir
tortura
por este motivo en 1618, cuando contaba 24 años, pero
sobrevivió.
Finalmente la mayor parte de la familia Báthory-Nadasny
huyó
a Polonia; algunos retornaron después de 1640. Un nieto
sería
ejecutado en 1671 por oponerse al Emperador Alemán.
Películas
realizadas
sobre la Condesa Sangrienta (ninguna merece la pena en términos
históricos, pero como curiosidad...): La rouge aux
lèvres
(coproducción europea, 1971); Countess Dracula (Reino
Unido,
1971); La Noche de Walpurgis (hispano-alemana, 1971); La
Novia
Ensangrentada (España, 1972) y Ceremonia Sangrienta
(ítalo-española,
1973) , probablemente la mejor película de terror realizada en
España.
Un grupo sueco de black metal se hace llamar "Bathory", y ha inspirado
a muchos otros músicos, como los de Cradle of Filth. Se han
publicado
numerosos libros sobre ella, pero ninguno merece la pena desde el punto
de vista del rigor histórico.



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