de Carlos Marzal en la
voz de mi nombre es alma
del blog mi
nombre es
ALMA
PLUSCUAMPERFECTO
DE FUTURO
Cuando
deje las sábanas, mañana,
pensaré
que mi sueño de
la noche
no
ha sido sólo un sueño
y
que lo que me aguarda no es la huraña
mañana
de mañana.
Acogeré
mi cuerpo esperanzado,
como
un feliz presagio inmerecido,
y si hay un cuerpo
al lado,
será
maravilloso descubrirlo,
saber
que las monedas que he pagado
(y
las monedas con que me ha comprado)
han
sido las monedas del amor,
que
pagamos con gusto y por el gusto,
locos
de amor los dos.
Y
amar, esa mañana,
extrañamente,
será
la redención de
nuestros actos
pasados
y futuros,
y
el hecho del amor, en su presente,
será
como la historia sin la
historia,
un
cuento que contamos con los cuerpos
y
que tiene sentido,
lleno
de ruido y furia compartidos.
Y
si despierto solo,
despertaré
contento de estar
solo,
por
la simple razón de estar
conmigo,
que
soy el viejo amigo
de
algunos buenos ratos que he vivido.
Se
inundará la casa con el sol,
y
si no hay sol se inundará de
gris,
un
gris reconfortante, de París,
que
es la ciudad que tiene un gris más
sol.
Haré
mis abluciones matinales
y
haré la colación,
y
respecto al milagro
de
que los alimentos alimenten
haré
una reflexión
profunda,
sorprendente, que alimente
las
estancias del alma y que dé
calma
a
un alma que ama la contemplación.
Para
el resto del día tendré
planes
y
hasta tendré esperanzas,
que
ya es tener bastante un mismo día,
y
en un claro derroche de energía
tendré
la convicción de
que los planes
y
hasta las esperanzas
no
son la más completa tontería.
Naceré
a mi ciudad,
como
si fuese la primera vez
que
nazco y que la veo,
contento
de nacer y de fundar,
igual
que un gran viajero, mi ciudad,
quizá
un lugar tranquilo junto
al mar,
donde
esperar consiste en encontrar
una
buena razón para esperar
el
paso de los días.
Ya
la ciudadanía,
que,
comúnmente, es una
porquería,
una
viciosa tropa indiferente,
habré
de comprenderla, y,
comprendiéndola,
comprenderé
toda su
indiferencia,
su
desprecio, porque tendré
conciencia
de
que quien más quien menos (y
me incluyo)
tiene
una innoble historia que contar,
lo
cual, si no inocentes,
nos
vuelve dignos de algo de piedad.
Seré
un huésped del
tiempo, un invitado
que
aspira a estar contento y al
cuidado
de
las horas, hasta lograr que el
tiempo
sea
por fin mi líquido elemento,
y
no un andén desierto en que
aguardar
trenes
de paso hacia ningún
lugar,
cansado,
el pensamiento, de sentir,
y
de pensar, cansado el sentimiento.
Toda
la peor vida de la vida,
que
a veces es la única que
ocurre,
le
habrá ocurrido a un yo que no
conozco,
un
yo que a fuerza de desconocido
convierte
en no vivido lo vivido,
y
el yo que reconozco, el que comparte
la
vida preferida
(ésa
que ha estado siempre en
otra parte)
sera
mi yo más mío.
Y
la vida que venga será fácil,
o
lo parecerá (que más me
da)
será
la dulce vida,
y
por dulzura y por facilidad
será
una eternidad mientras me
dura,
aunque
sólo me dure un día
más.
Por
eso, más que un día,
mi
día de mañana es el
proyecto
de
un tiempo por llegar:
es
el pluscuamperfecto de futuro.
Ya
sólo hay que
aprenderlo
a
conjugar.