César Delgado González (Madrid, 1949), afiliado a la ONCE a los 13 años, ejerció la profesión de fisioterapia durante 23 años. Su gran pasión es la pintura y la escultura. Algunas de sus obras se encuentran en colecciones particulares de Estados Unidos, Francia y Reino Unido. A causa de un accidente dejó la fisioterapia y en la actualidad se dedica fundamentalmente a la escultura aunque no ha dejado de pintar. Perdiste la vista en tu adolescencia. ¿Cómo viviste la situación? Ocurre lo que se suele llamar muerte de la personalidad. Uno tiene que renacer, plantearse de nuevo la perspectiva de la vida; de hecho, nace otro individuo en ese momento. ¿Eso fue lo que te pasó? Efectivamente. Pasé por una transitoria depresión y fui resurgiendo. Desde pequeño ya tenías inclinaciones hacia la pintura. Tras la pérdida de la vista, ¿cuándo volviste a retomar la afición? Pasaron muchos años; aunque seguía intentando la técnica clásica, veía que era muy dificultoso sin resto visual. A los 24 o 25 años descubrí que podía jugar con los colores que ya venían preparados de fábrica mediante la sustitución del pincel por otra herramienta muy útil que era el bisturí, me servía de tiralíneas y de rotulador, en lugar de trazar una línea visual hacía un corte. En aquellos momentos, redescubrí el collage, no al modo de los grandes representantes de la pintura universal pero sí una modalidad de collage que, entonces, era desconocida y que funcionó. Has hablado de reconstruir la personalidad, a eso imagino que ayudaría la voluntad de normalizar y tu deseo de hacer fisioterapia en la Universidad Complutense y ejercer la profesión durante 23 años. Eran años difíciles, había que hacer una apertura, una integración. La sociedad no estaba preparada para ver trabajar al mismo nivel a personas carentes de la vista, nos veían raros. Me llegaron a decir que el título me lo había regalado Franco porque la ONCE había sido fundada en tiempos de Franco. Estas cosas eran dolorosas porque nosotros, precisamente, lo que hacíamos era estudiar por encima de los textos oficiales para estar mejor preparados e integrarnos en la sociedad. Además del estudio, el deporte también ayuda a fijar la personalidad. Te lo tomaste en serio, te dedicaste al judo y llegaste a ser cinturón negro y cuarto dan. Cuando salí del colegio de la ONCE me planteé seguir haciendo deporte, probé hasta que vi que el judo estaba acorde con mi personalidad, fui a distintos gimnasios de Madrid, siendo rechazado en todos porque los directores pensaban que era imposible que un ciego desarrollara este deporte. Llegué a un club en el que el director, en unos segundos, en lo que Ortega y Gasset diría "en la intuición está la inteligencia", descubrió en aquel momento que podía ser posible. Me integré como otra persona. El judo es un deporte de contacto, cualquier movimiento que hace el contrario se trasmite sobre los brazos. Estoy convencido que es el deporte más asequible y la integración en pleno desarrollo puede ser mayor para nosotros. Eres, pues, uno de los primeros judocas ciegos de este país... Fui el primer cinturón negro que se examinó en las convocatorias oficiales de la Federación de Judo en el Gimnasio Moscardó con un tribunal japonés cuando, entonces, era un verdadero tribunal, serio, rígido, muy difícil de adquirir. Tuve la suerte y el orgullo de conseguir la mejor nota de la promoción. Era el único ciego. Te diste cuenta de que en la perseverancia, en la voluntad, en la inteligencia, etc. está la clave del éxito en cualquier actividad de la vida... Naturalmente, eso ya lo decía Helen Keller, una mujer sordociega. Solía afirmar: "Cuando todo el mundo pensaba que era imposible ya se estaba produciendo el milagro", eso es lo que tenemos que hacer, tener perseverancia, constancia, pensar - porque nosotros tenemos siempre tiempo para pensar ya que no nos distraen las imágenes - y entender que existe la manera de llegar a la meta, únicamente hay que descubrir, inventar y entender que hay otros caminos. Nunca desistir ni rendirse. Durante muchos años ejerciste como fisioterapeuta, ¿ahora no ejerces? No. Tuve un accidente con una escultura. Me planteé no dedicarme a varias actividades y sí hacerlo a una en más profundidad. La fisioterapia la he dejado hace unos tres años. ¿Cómo es tu taller de escultura? Es una planta baja, no dispongo de patio para hacer escultura de piedra al aire libre y eso va en perjuicio de mi salud. ¿Cómo es la técnica constructivista en la pintura? Utilizaba papel metalizado y charol que están en la industria teñidos desde fábrica, los cortaba con bisturí haciendo las siluetas, que previamente pensaba, los cortes eran muy limpios. Esas siluetas las pegaba sobre una superficie pictórica y formaba una composición de colores y formas. En cierto modo, tiene un antecedente en la forma como dibujaban, imagino, los maestros de obra, los arquitectos de las catedrales de la Edad Media cuando no existía el papel y había que hacerlo sobre arcilla y con estilete. Si, era algo así, sólo que en este caso, es el papel metalizado y el bisturí. La ventaja que tenía es que al superponer las imágenes, prácticamente tenían muy poco relieve, suficiente para ser captado a través del tacto pero, sin embargo, no impedía al barnizar encima que quedara una superficie absolutamente plana y lisa, únicamente visual, no táctil. Quedaba muy elegante y provocaba la admiración de los espectadores. Parecía enteramente una pintura hecha a pistola pero el procedimiento era papel. Eso en cierta medida es el inicio de lo que después ha sido tu escultura, una especie de juego entre texturas que ha terminado acuñando una nueva técnica que llamas expresionismo áptico. ¿Lo de áptico de dónde viene? Viene del griego ápticos, tiene una acepción más amplia, significa: percepción, captación, recepción. La forma latina áptica significa exactamente percepción táctil. Es la manera de trabajar donde lo que se piensa y lo que se realiza va destinado a la satisfacción a través del tacto. Siempre que he visto tu obra he comprobado que al público nunca le deja indiferente. Provoca en algunos una cierta inquietud, en otros, incluso, rechazo, dramatismo siempre. ¿Tú lo has percibido? Hay que tener presente a la persona que se acerca a la obra, cuenta mucho la educación que ha tenido anteriormente. Toda persona que contempla una obra de arte, inevitablemente se proyecta en la misma, expresa parte de sí mismo y de su vida. Si aquello que está contemplando se relaciona con algo ingrato de su vida, va a producir un fenómeno de rechazo; sin embargo, si está de acuerdo con sus sentimientos, puede sufrir una atracción. De hecho, la obra de arte tiene que ser algo bonito, pero lo bello en arte, no significa lo bello en la naturaleza, ya lo decía Hegel: "Lo bello en el arte significa lo bueno". Lo bello en la naturaleza significa lo bonito. De hecho está la estética de lo feo, por ejemplo, en las pinturas negras de Goya: son espantosas pero, sin embargo, son muy buenas. Lo que busca el artista, por lo menos, es conmover, plantear o replantearse cosas, ¿no? Claro, es transmitir, dar un mensaje, comunicar. Muchas veces, ni siquiera eso. El arte tiene su razón de ser por sí mismo. La elección del material con el cual vas a plasmar una idea, una sensación ¿cómo viene determinada? La obra hay que pensarla y determinar cuál va a ser el material final en que va a quedar. Generalmente, los autores elegimos lo primero, casi siempre, el barro que nos da una riqueza de expresión infinita. No recuerdo qué autor decía que el barro era el nacimiento de la obra; después, cuando se pasa mediante molde a escultura para terminar en bronce, se decía que el barro era la vida, la escayola era la muerte y el bronce la resurrección. Tenía mucha razón. Nosotros expresamos la vida, en lo que deseamos proyectar, en barro, el siguiente paso es la escayola que tiene un color blanco carente de expresión cromática y parece como si la obra hubiera muerto; cuando pasa a bronce, éste nos da otra expresión, nueva, sorprendente, esa resurrección en su etapa final necesita de una pátina, que se hace con unos ácidos, cuando el bronce está muy caliente se le aplican los ácidos y la superficie del bronce se oxida dando coloraciones verdosas, rojizas y marrones, que dan una serie de luces y cromatismos, que parece una verdadera resurrección de la obra. Hasta aquí, los materiales tradicionales, pero el gres ya no lo es tanto. Sí, el gres se ha utilizado desde siempre. Es una pasta como el barro, lleva una cosa que se llama chamota, consiste en guijarros de barro cocido - se llama terracota -, se tritura y se mezcla con otra pasta que le da más firmeza, otra textura, una rugosidad como si tocásemos papel de lija. La única diferencia que hay con el barro rojo, más plástico y suave, es que el gres cuece a temperaturas mucho más altas y tiene una dureza mayor. Últimamente, me he encontrado con una obra tuya que me fascinó, es el monumento a Luis Braille, que se encuentra en el Museo Tiflológico de Madrid. Me resulta muy difícil describirlo, es una especie de mecano donde aparece todo: cómo se enseñó el Braille, cómo el escultor es capaz de ver más allá de los seis puntos del sistema... El monumento tiene 2,70 m. de altura por 1,5 de ancho y de profundidad. Consta de 418 piezas. Es una obra constructivista: tiene en su base una estructura que recuerda a un sistema planetario, en este caso, lo que sería la tierra dentro del sistema planetario hecha a base de platillos que simbolizan cada una de las áreas de las distintas temperaturas de la tierra. En lo que sería el Ecuador, lleva una rosa de los vientos que gira a velocidad lenta - 6 revoluciones por minuto -para que pueda ser tocada. Encima, en lo que sería el Polo Norte, hay un libro grande en forma de alas de mariposa donde está inscrito en caracteres gigantes los puntos braille y los títulos de Luis Braille. Encima del libro, unas manos leyendo que simbolizan la pedagogía del creador del sistema. Una obra que, a veces, el entorno engrandece y otras empequeñece. En este caso, el Museo es un excelente sitio pero una obra de esas dimensiones no sé si debería estar al aire libre. Sí, esta obra está pensada para ponerse al aire libre pero con 8 metros de altura, lo que sucede es que el proyecto económicamente era muy costoso para que la ONCE se hiciera cargo de ella. Como bien dices, estaba pensado para un espacio abierto. El Museo, para esta obra, es un entorno idóneo y muy apropiado. ¿El artista frente al universo se siente una molécula más, imprescindible, necesario, pero prescindible al mismo tiempo? En el caso de las personas que carecemos de visión, siempre a primera vista, podemos pensar que el arte nos es inaccesible, pero por el contrario, nada más lejos de la verdad. Desde aquí, quiero alentar a los compañeros que tengan inquietudes en todas las artes, incluso en las plásticas. Si pensamos un poco, la construcción de las obras pictóricas y escultóricas se hace con presión y movimiento, con una cosa que se llama sensibilidad "cinestésica", que no es ni el oído ni la vista, es la sensibilidad del movimiento. Nadie tiene que mirar ni ver sus rodillas para saber si están dobladas o estiradas, lo siente... con eso se hace las obras de arte. La vista está hecha solamente para contemplar, no para crear, de manera que los ciegos podemos crear. Sólo tenemos que pensar en que cuando un pintor reproduce un paisaje, un árbol, tiene que tratar de imitar el volumen de ese árbol, la textura del tronco, la humedad; y la textura, la humedad, son cosas táctiles que se tocan y no cosas que se ven. Cuando miramos un árbol nunca podemos ver la cara posterior de ese árbol pero sí la podemos tocar, de forma que cuando pretendemos pintar, lo que estamos haciendo es movernos en un plano y presionar sobre esa superficie. Hay que pensar qué sustancia nos viene bien, pero todos los pintores cuando pintan se convierten en ciegos, utilizan su tacto, su movimiento y su presión, luego, lo que ocurre, es que hay una faceta que es la contemplación, de la que nosotros carecemos, desgraciadamente. Podemos crear arte, arte mal llamado visual, que se debería llamar "cinestésico" porque se crea con la presión y el tacto, no se crea con la vista. Y esa diferencia entre la persona que ve y la que no ve para contemplar, supongo que es fundamental a la hora de ponerse a trabajar. Una persona que ve tiene un modelo. ¿Cómo puede una persona ciega conocer la grandeza de "Las Meninas" si nunca ha visto el cuadro? El hecho de que tengamos dificultad para acceder a la contemplación de ciertas obras de arte no quiere decir que nos esté vedada la creación. ¿Cómo podemos nosotros entender cualquier obra de arte? Naturalmente, servirnos de la información y del conocimiento intelectual. Además, si contamos con personas que entiendan de estética y nos informen y describan la obra, nosotros imaginaremos el cuadro. Velázquez, cuando pinta "Las Meninas" no pinta un solo cuadro, pinta tantos como espectadores se van a poner delante de la obra. Cada espectador ve unas "Meninas" diferentes. Pues nosotros, a través de la información y la descripción, podemos entenderla, asumirla y maravillarnos. En la historia del arte se ha ido desde la pintura figurativa hacia la abstracción; en el caso de las personas ciegas, ¿qué es mejor, este proceso o al revés? La historia del arte, muy resumida, se limita a tres o cuatro grandes etapas: la belleza pura, la del expresionismo y la del abstracto. Yo creo que el ciego debe empezar por las formas elementales, táctiles, corpóreas, muy simples, elementales. Desde ahí, debe avanzar, evolucionar hacia lo que le pida su capacidad intelectual y su búsqueda de nuevas exigencias. Supongo que la vida tiene mucha importancia en el artista y la experiencia que uno tenga la pone en la obra de arte. Naturalmente, la obra de arte tiene tres etapas en su creación: la concepción, la proyección y la retroproyección. En la primera etapa ponemos nuestra experiencia y las vivencias. Antes has citado a dos pensadores, imagino que el arte no es ajeno a la filosofía. La filosofía está en todo. A veces se dice que la filosofía ha terminado. Para nada. Ahora tenemos entre nosotros a uno de los grandes filósofos universales de la filosofía más contemporánea, Enrique Pajón. Sus obras con su nueva filosofía sobre el irrealismo se estudian en las universidades norteamericanas. ¿Tienes una meta o sigues el día a día? Siempre nos ponemos una meta inmediata pero nunca una final. Los autores siempre trabajamos en utopía y la utopía es un camino. Después de cumplir los cincuenta se empieza la marcha atrás. ¿cómo se ve? Discrepo de ese criterio. Aunque al llegar a los cincuenta se puede pensar que entramos en una situación de declive, al menos biológicamente, sin embargo, no es así. Hay que tener en cuenta que el arte aparece en el hombre para luchar contra la muerte, para hacer prevalecer la eternidad. La obra de arte se hace para que persista, para continuarse uno mismo. ¿Y cuándo estamos más preparados para que la obra de arte sea más perenne? Precisamente cuando tenemos mayor experiencia y un mayor bagaje del conocimiento para que la obra sea más perfecta. A la hora de seguir creando, ¿quién espolea más: el amigo o el enemigo? Todos tenemos un grado de vanidad y necesitamos el reconocimiento; la alabanza es un tanto desagradable porque a veces nos parece cínica y falta de sinceridad. La persona que nos quiere no nos alaba, simplemente nos reconoce. Ése es el principal estímulo, alguien que conecte con la obra y nos reconozca. Lo mejor de los enemigos es no ocuparse de ellos. ¿Qué te importa más: la opinión de un espectador o la del crítico? La del crítico no me interesa mucho porque, generalmente, es un oficio que va más acorde con la satisfacción de una vanidad personal y utiliza un lenguaje críptico no universal, para crear él sus propias obras. Por el contrario, sí me interesa la opinión de los más cercanos, del público.