Memoria solitaria

La memoria teje una pobre lumbre derrotada

en suelo

Sombrías estancias

hollinadas por la abuela

solitaria

Candiles

torcidas gigantescas

sombras

de la tierna infancia

entre lodones

de jalbiegue

con la ausencia que sufre el ascua colorada

en el sueño del gato

Enreda memoria

confusas palabras

abuela

historias

cocina

sobre el suelo frío de una noche helada

de rebollo, puchero y tenezas

Y los perros aullaban

lejos en la calle

empedrada

en la tierna infancia

con hoces

cayados

y

vacas

¡Silencio pétreo

ahora en su plaza!

Una gota azul

Una gota de agua azulada

combándose de rama

aprisiona a Soria desde el Castillo

mientras sopla benigno el viento

con el Sol en San Marcos

en tierna tarde que acuna tejados.

¡Cuidado!

fragilidad de cristal.

¿Quién rompería un corazón

en tarde de otoño

con el Sol en San Marcos

y Soria callada?

Poesía y palabra

No hay palabra sin

corazón Ni corazón

en silencio

Todo está bien

suspiró

Negadlo

callaría el poema

voz de ausencia

alarido de carencia

trazos de trasparencia

porque los corazones nunca son

silenciosos en los prados

del vivir Tú me miras

desde Santa Ana con tus labios fríos

mientras el sol se oculta

(ajeno)

rojo por Castilla.

Tiempo en el páramo

Cómo podemos matar el tiempo

si el tiempo nos devora

en gritos de pies alzados

por todas las regueras

de la vida seca

directas hacia

la gruta de la nada.

Ni los tragos apagan la sed

ni la palabra calma el ser

(cuando anochece en la Soria solitaria

de rejas quebradizas

mientras la duda me asalta)

Hoy noto en mi piel

las lindes del mundo.

Sobre el papel

blanco de miradas

derroto la tinta creadora

que rebasa

esta inquietud de atardecer.

Tanto ruido por la ventana

pone a la atención alertada

para el mañana.

Tanto ruido

por

tantas ventanas. Demasiadas

ventanas.

Ruido confuso noto en mi piel

sin los cirates del mundo

lleno de nada.

En mi pueblo ya sólo

la picaraza irisa sus alas.

Medinaceli

Medinaceli

no quiero oír sufrir al gorrión

Medinaceli

sólo cielo

sobre piedra

con todas las manos yermas talladas en corte

bajo cielo azul no quiero

oír sufrir al gorrión.

El silencio hace ruido

en Medinaceli

anegada entre campos desnudos

con el ojo abierto ciego de la piedra

muda.

Nadie te conoce Cid

cadáver de piedra en el silencio

del poeta

en este mundo sin chaparros.

Medinaceli

no quiero oír

sufrir al gorrión entre tanta belleza desnuda

de mi Soria muerta

y esta plaza muda.

Palabra seca

Tu palabra corta

en seco

esta oscuridad

de mediodía mientras

miro tus manos en la gota trepidante.

El Duero baja lento

y tu boca dice

y tus ojos cantan

palabras secas

que cortan esta oscuridad de mediodía

en el lento Duero mientras

la muralla rota

derrota historia

de nuestras palabras en seco. La Ánimas

callan cuando la nube solloza.

Arreboles

¡Ah, Febo airado,

que te mudas en Marte

tras la cascada

de sangre entre la nube herida!

La tarde plácida

sujeta los arreboles

en el alto cielo de mi tierra. Sólo

sueño plomizo

trashuma por las lomas desnudas en la Soria infinita

de Cameros.

Cernuda en el corazón

Donde nacen los sueños,

en la sima pedregosa

de las flores,

en las laderas de tu belleza,

en los ojos tiernos del hambre,

en tus manos y en las mías.

Donde viven los sueños,

en el fruto del poema,

en el viaje al Infierno de Dante,

en los escarceos calipsos de Ulises

y en el dolorido sentir de Garcilaso.

Donde gimen los sueños,

en los sueños de mis lloros,

en la memoria de mi pecho,

en la piedra del silencio.

en la niebla del descuido.

Donde sufren los sueños,

en la mano quebrada

del Sur,

en la piel tostada de la lucha,

en el grito sin réplica infinito,

en la máquina que se traga el ser.

Donde mueren los sueños,

muere el amor,

donde muere el amor,

muere el hombre.

(Extraído de su libro AQUIETANDO Luz, Publicado por el Excelentísimo Ayuntamiento de Soria. 2001.)


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