Cómo contar un cuento a los niños  
Por Eutiquio Cabrerizo. 

       
       Todos somos capaces de contar un cuento, incluso las personas que están convencidas de que no saben hacerlo, del mismo modo que todos sabemos contar una anécdota personal consiguiendo que a los demás pueda interesarles. 
       Lo primero que hay que hacer es conocer bien lo que se quiere contar, y profundizar en la historia hasta identificarnos con ella como si realmente la hubiésemos vivido y formase parte nuestra. De este modo, las imágenes y las sensaciones del cuento surgirán de nuestra narración como si las volviésemos a revivir, y disfrutaremos nosotros mismos con lo que contamos, que es la clave para que también disfruten las personas que nos escuchan. 
       El cuento debe contarse esforzándonos mentalmente, y poniendo todas nuestras posibilidades físicas y psicológicas en conseguir la atención total de los niños que forman nuestro auditorio.  Las inflexiones de la voz, el movimiento de las manos y del cuerpo, así como los recursos expresivos de la cara, la sonrisa  y los ojos, pueden ser determinantes para conseguir lo que queremos.  
       El lenguaje debe ser sencillo. No debe forzarse la voz de forma exagerada. Los diferentes pasajes deben suceder uno a otro siguiendo un ritmo estudiado anteriormente. La voz se modulará para resaltar y diferenciar algunas frases y los personajes principales. 
       Si el cuento es de humor conviene advertirlo previamente para predisponer el ánimo de los más pequeños.  
       Si entre los oyentes hay algún niño desinteresado que desvía la atención del grupo, conviene dirigir la narración de modo que se vaya sintiendo protagonista o parte importante del cuento.   
       
       Para contar un cuento debe empezarse por la forma clásica: "érase una vez...", que actúa como fórmula mágica que abre la puerta a la fantasía. A partir de aquí el niño admitirá todos los sucesos, por muy inverosímiles que resulten.  
       Conviene que los personajes del relato tengan un nombre y una característica peculiar que ayude a recrear la imagen de cada uno en la mente del niño. El nombre y la característica deberán repetirse siempre y en el mismo orden, cada vez que se hable del personaje. En las edades más cortas son muy eficaces las frases  reiteradas una y otra vez cuando se produce un mismo hecho, y no deben modificahse en absoluto para que ejerzan su máximo poder de atracción. Si los niños tienen más de siete años no es necesario exagerar las cualidades de los personajes ni mantener con tanto cuidado estas orientaciones.  
       
 Los cuentos para los niños de dos o tres años deben tratar sobre cosas cercanas a ellos: sus padres, sus juguetes o sus vivencias cotidianas. 
       Les gustan los que contienen repeticiones encadenadas de las mismas frases o escenas que se suceden a sí mismas con pequeñas variantes. Algunos ejemplos de estas características son los cuentos titulados La boda de mi tío Perico y La ratita presumida.   
       Puede incluirse al niño como héroe de la historia para asegurarnos su atención y su identificación con el cuento.  
       Los cuentos tradicionales tratan temas relacionados con la naturaleza por ser el medio en que se desenvolvía la vida de nuestros antepasados. 
       Otro rasgo de interés en esta edad son las onomatopeyas y las palabras y sonidos inventados para conseguir efectos singulares.  
       A los cuatro o cinco años los niños tienen interés por lo maravilloso y lo mágico. 
       Los cuentos preferidos son los de hadas, genios y princesas encantadas. 
    Su capacidad de imaginación le permite ver un hilo de oro en un simple rayo de sol y un castillo encantado detrás de los barrotes de cualquier verja.  
       Los seis y siete años es la edad adecuada para los cuentos de los hermanos Grimm, perrault y Las Mil y una Noches. Los cuentos que encierran un valor moral donde puede encontrar experiencias de la vida con personajes que simbolizan la astucia, la responsabilidad o la valentía. 
       Al final del cuento no debe explicarse el sentido práctico de los personajes ni la interpretación que debe hacerse de sus enseñanzas. Es preferible que sea el niño quien lo dijiera y lo acomode a su evolución psicológica personal.  
      En El pescador y su mujer verá el fracaso de la ambición desmedida, y en El príncipe feliz, la falsedad de los valores terrenales y la necesidad de compartir lo que se tiene.  
       De siete a nueve años los niños se sienten atraídos por los cuentos de fondo poético y por las biografías de personajes célebres y el relato de hechos heroicos. Cuentos adecuados para esta etapa pueden ser La Sirenita o El Ruiseñor, o narraciones sobre la cultura de los Incas o la del caballo de Troya, por ejemplo.  
      
       En resumen, el secreto para asegurarnos el éxito como contadores de cuentos está en introducirnos en la historia que contamos como si la hubiésemos vivido nosotros mismos, y en poner los cinco sentidos en que los demás se la crean y disfruten escuchándola como si se tratase de algo que en verdad hubiese sucedido. Sólo con ésto conseguiremos atraer la atención de los niños, y ganar su voluntad hasta hacerles vibrar de emoción con lo que contamos.  




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