NARCISO

 

(Gaitero de Aliste)

 

    Es muy frecuente que una mala carretera, sea el comité de recepción del viajero que se acerca a cualquiera de los pueblos que están fuera de las grandes rutas que trajina el común de los mortales en nuestra provincia; la que transitamos en este lance mi amigo Francisco Moldón (Pacote) y este su humilde servidor está "arrematada", por utilizar un termino de la zona; parte de Trabazos y nos lleva dando tumbos a Nuez de Aliste, llega un momento en que olvidamos lo escabroso del camino encantados por  una tarde de finales de mayo salpicada de todo lo bello que la naturaleza alistana puede ofrecer; vegetación, prados, flores; uno siempre piensa lo felices que serian aquí los que tras su niñez  tuvieron que buscar sustento peleando en desigual batalla con un hormigón lejano e inmisericorde que al fin los envolvió; me pregunto por que el ser humano siendo capaz de asumir retos casi imposibles, no asume este y consigue devolver a esta tierra lo que sin duda era su bien mas querido, sus hijos.

    El microclima existente en la zona de Nuez  cuyo termino raya con Portugal, permite que acercándonos ya a su núcleo urbano surjan en un paisaje inusual olivos y cerezos veteados ya de rojo; viviendas tradicionales en su mayoría mal conservadas parecen obstinarse en seguir al lado de las que han surgido a golpe de dinero e instituciones pasotas; Narciso y Juana sentados en un recuperado cargadero de negrillo se mantienen fuera del alcance del sol cuando advierten nuestra llegada, nos saludamos como lo hacen los amigos, reflejando en los rostros la alegría del encuentro, y pasando luego a la charla que intercambia esas primeras emociones y novedades, no tardan en proponernos la visita a la fuente romana que a escasos cien metros de donde nos encontramos sobrevive tozudamente a los tiempos, es magnifica. Sorprenden siempre estas construcciones por su abrumante perfección y que parecen mantenidas por un ser superior para moderar nuestra soberbia actual.

     De vuelta en casa, Juana coloca en la mesa un plato con queso y jamón que hace descender mis pensamientos de nuevo a tierra firme, pan y vino completan lo que aparentemente estaría al alcance de cualquiera si no fuera por el detalle de que todo era casero, incluido el pan; charlamos de muchas cosas, Narciso nos cuenta su vida dedicada a la labranza y sobre la que pasa a cierta altura y sin detenerse, hasta que le pregunto como y cuando empieza a tocar la gaita de fole, entonces su mirada que siempre es franca y sostenida, brilla  con  intensidad y mientras titila levemente me dice "yo nací en 1940 y desde la niñez vi tocar la gaita a uno que se llamaba Gregorio y la flauta pastoril a Manuel, pero fue mi tío Juan, que era tamborilero y gaitero el que  me enseño  a tocar una que se había hecho el mismo, también  aprendí de él la danza de los pauliteiros que luego se perdió, yo andaba todo el tiempo intentando hacer punteras con un hierro al rojo”. A la vuelta del servicio militar compra una gaita gallega afinada en Si b en "Portos"( única tienda de instrumentos existente en Zamora durante muchos años) para ya con ella aprender todo el repertorio alistano-portugués de la raya,  muchas canciones  de su abuela y de otras fuentes que ha ido encontrando a lo largo de la vida, no ha habido boda, fiesta, romería, o corrobla en toda la zona en la que él no haya estado presente, la ultima década lo ha hecho con un ejemplar de gaita autóctona   afinada en Si natural.

     Se une a Juana en matrimonio cuando contaba con veinticinco años,  es animosa y vital, buena conocedora de la música tradicional, un adecuado e imprescindible complemento para quien ha sido sorprendido por el sol en incontables alboradas del Aliste fronterizo, era aquí muy frecuente sobre todo en las bodas que el gaitero hiciese jornadas de veinticuatro horas, ello supone disponer de una forma física excepcional,  mas aún si se tiene en cuenta que parte del repertorio lo hacia cantando al tiempo que tocaba el instrumento, y  se recorrían para ello las calles de la localidad. Después que  Narciso  hiciera un pequeño vuelo por su repertorio, primero con gaita y luego con lo que en  el Portugal limítrofe se conoce como “realejo” (harmónica), y que es allí  tradicional.

      Tras la  despedida bajo unas estrellas trasnochadoras a las que no gustaban nuestras mangas cortas, Pacote y yo regresamos en paz, hasta pronto Juana, hasta  pronto Narciso.

 

 

Leovigildo Santamaría  (Ver pagina principal)

 

 

Revista “Nuestra Tierra”