_archivos/image002.jpg)
EL TI FRANCISCO
(Gaitero
de la Carballeda)
La
mañana es soleada y tranquila cuando dejo la N-631, e inicio el corto trayecto que la separa
de Val de Santa María, los chopos y salgueras que acompañan el regato ofrecen
sus tonos amarillos al sol, quizá para pedirle que no abandone tan pronto, que
aun hay tiempo de vivir un poco mas antes de que el invierno reclame su parte,
que en estos parajes no suele ser precisamente pequeña.
El vehículo rueda suave,
relajado, da vida durante unos segundos a algunas hojas que ya habían decidido
descansar en el asfalto, sería la envidia de toda la M-30, ello me permite poner
mi mente en lo peculiar del sonido que me acompaña; sonido de gaita de fóle, de
carballeda, y afinando mas , sonido del “Ti Francisco”. Dos vueltas mas como
suelen decir los gaiteros y tengo ante mí su amplia sonrisa, su ademán
tranquilo y su franco apretón de manos; me invita a entrar en su casa, en el
astro* cuelgan gaitas y tamboriles como no podía ser menos, pausadamente me
habla en tanto que me instalo en un cómodo sillón ante una mesita repleta de
recuerdos y trofeos que ha recibido en sus andanzas como gaitero. Suena un
teléfono, se va en pos del timbre;
mientras oigo débilmente su conversación paseo la mirada por las paredes de la
estancia, al lado de un titulo de miembro de la Cofradía de los Falifos
(Carballeda) hay una ménsula con una pequeña imagen de San Antonio de Flores,
estanterías con mas recuerdos y trofeos, fotos familiares y un reloj de pared
de “Higinio Merino” quien con su grave tic-tac impone respeto en todo el
conjunto, en la calle un perro ladra con insistencia sin duda tratando de hacer
lo mismo.
El
“Sr. Francisco Baladrón” pasó su infancia en la fragua de su padre en Villanueva
de Valrojo, donde nació en 1912, en su adolescencia perfeccionó el oficio con
un herrero en Santa Eulalia de Tábara, allí aprendió a hacer romanas,
cerraduras etc. vivía con el maestro del que recibía buen trato y
consideración, “me trataba como a un hijo” manifiesta; pasado este
aprendizaje y convertido en un mozo de 18 años, volvió andando a Villanueva de
Valrojo soportando penurias un corto periodo de tiempo, hasta que pudo empezar
a trabajar como herrero en la compañía que hacia el tendido del ferrocarril
entre San Pedro de las Herrerías y el limite con la provincia con Orense. En
esa época conoció en Pedroso de la Carballeda a Melquíades, joven gaitero que tocaba
los domingos en el baile con una gaita prestada, siendo el propietario de la
misma quien cobraba, esto le llevo a encargar a Francisco la compra de la gaita que según este vendían en
Villanueva; costó cinco duros y estaba construida por Tomas Ferreras en
Ferreras de Arriba. Vuelve a Pedroso con la gaita después de unos días de
descanso, y se encuentra a Melquíades fallecido a causa de un cólico miserere; sin quererlo él era
propietario de una gaita, que una vez terminados los trabajos de la vía y de
vuelta en Villanueva, sopló y tanteó,
intentando reproducir las melodías que recordaba de su amigo y de otros
gaiteros que conoció por la
Sanabria a lo largo del tendido. Pronto amenizaba los bailes
de Val de Santa Maria, pueblo donde contrajo matrimonio con Antonia Llamas,
hija de un sillero cuyo torno de pedal no tardo en servir para que el habilidoso Francisco construyera
su primera puntera; su vida se asentó en este pueblo al hacerse cargo de la
herrería comunal existente en el mismo,
las chispas, los golpes sobre el
yunque y el torno de sillero en los ratos
libres compusieron el día a día de Francisco; sus manos tanto como
constructor como en su faceta de gaitero han conformado un estilo
inconfundible, conserva la primera puntera que
construyo en madera de urz; la hace sonar con la habilidad y mesura
propias de su experiencia “es con la que siempre toqué mas a gusto” dice, y mientras sus
ojos expresan una cierta tristeza
recuerda como Antonia le mandaba tocar un rato mientras preparaba la cena.
Antonia le dejo hace ya bastantes años, le oirá tocar desde el cielo sin duda;
la soledad no abruma al Sr. Francisco, a pesar de contar con un hijo muy cerca
prefiere arreglárselas solo mientras pueda.
Solo me queda expresarle mi gratitud, por haber llegado hasta nosotros
con su maleta llena de cosas, que aunque a él no le parezcan importantes, si lo
son para aquellas y aquellos que amamos
lo que nuestros antepasados
hicieron en cualquier aspecto, especialmente en el musical. ¡ Larga vida al Ti Francisco !
Leovigildo
Santamaría. (Ver pagina principal)
Revista
“NUESTRA TIERRA”
Noviembre 2000