ARGIMIRO CRESPO

(Folklorista, poeta y antiguo arriero de la Carballeda)

 

 

   Es posible que usted  se encuentre, entre los lectores que  no saben quien es Argimiro Crespo,  pues bien le invito a que siga leyendo y  se acercara a la persona, cuya biografía y  obra le descubrirán aspectos de nuestra cultura tradicional que quizá le eran desconocidos.

   La Sierra de la Culebra en su conjunto, forma una comarca natural que nunca tuvo voz propia, en parte debido a que ha sido indebidamente troceada; a pesar de todo sigue siendo un gran árbol que extiende sus raíces por  Aliste, Carballeda y otros parajes como Ferreras de Abajo (mi pueblo), colocado indebidamente en la comarca de Tabara-Alba. La sierra aún siendo un accidente natural propicio al aislamiento, es también el gran árbol al que aludía, dando sombra e impregnando a todos los pueblos dispersos por su geografía, de aromas de urz, gaita de fóle y cuentos de lobos.

Arropado por este espíritu, ve la luz  Argimiro en Codesal en 1921, su abuela hija de mesoneros en el Padornelo, trasmitió al rapazuelo lo que ella vivió en las noches nevadas de la “Portilla”, donde ciegos desdentados, arrieros, caballeros y clérigos libidinosos, inmovilizados a veces varios días, desgranaban sus historias y canciones  compartiendo lumbre y jarra de morapio; tampoco le faltaron las historias de su abuelo, quien natural de Codesal dejo su vida en los caminos como arriero, la dificultad económica de los tiempos obliga  a su padre,  tendero establecido en Codesal a enviar al casi niño de once años a vender artículos de primera necesidad por los pueblos limítrofes, equipado con un burro y sendos cajones de madera, desde el primer día, Argimiro, de talante observador y ademanes suaves, se gana la simpatía y confianza de los Carballeses; le va muy bien al que ya podíamos calificar de adolescente con quince años, pero el estallido de la Guerra Civil paraliza sus actividades comerciales, en los años siguientes se vio obligado a practicar una labranza de supervivencia, hasta que fue reclutado y enviado al protectorado marroquí, allí su falta de espíritu militar, que no patriótico, le llevo a conseguir un destino como practicante-sanitario, desarrolló su labor con dedicación e interés, adquiriendo muchos conocimientos de medicina, que posteriormente aplicó durante muchos años en Codesal. Fue en esas horas de enfermería, velando las fiebres de sus compañeros en Africa, cuando casi sin darse cuenta comenzó a enamorarse de su prima Piedad, con la que mantenía correo digamos de entretenimiento; Piedad Crespo era estudiante de magisterio y tenia algo que él  ansiaba y admiraba, tenia cultura, (al menos eso es lo que  confiesa actualmente el muy travieso) ese bien intangible que el no había podido poseer por si mismo, le llegaría a través de la que ha sido y es su esposa, su compañera omnipresente.

   Restablecida la calma después de guerras y milicias, vuelve la arriería a presidir las vidas de los que tenían en esa actividad su fuente de ingresos, Argimiro asume la continuidad de l comercio de su  padre atendido ahora por su esposa, que también ejerce el magisterio en el mismo pueblo, mientras él reinicia y amplia notablemente la cobertura de su actividad ambulante a ambos lados de la Sierra. A pocas personas he tenido la oportunidad de conocer, tan orgullosas de su trabajo, elevó la venta ambulante a la categoría de arte, teniendo como principio la honradez, su carro repleto de ilusiones perfectamente colocadas, llegaba a los últimos rincones de Aliste, donde mujeres de manos varoniles y alma limpia, repasaban tímidamente la mercancía escondiendo bajo su pañuelo el deseo de aquella tela que sus escasos cuartos le impedían adquirir.

   Sin darse cuenta, nuestro protagonista regresaba a casa con un genero que sin peso ni volumen, se acumulaba lentamente en su memoria; al final de su periodo ambulante, en los lentos días de comerciante estable,  remueve su memoria y se da cuenta de lo mucho que podría perderse en el tiempo si él no se decide a plasmarlo en papel, sin  mas dilación y en el mismo mostrador comienza la obra, alguien lee aquellas primeras paginas y le anima a  buscar apoyo institucional para publicarlas. Envuelto en las dulces nieblas de su candidez, presenta los primeros manuscritos a quien él literalmente denomina “ Director de la Casa de la Cultura de Zamora” en la plaza de Claudio Moyano, con el propósito de que este leyera y juzgara el interés de los mismos, pues  bien éste  ni leyó ni juzgó, probablemente estaba demasiado ocupado en contagiar su falta de interés a  “Directores” de otras instituciones provinciales, ya que estos hicieron exactamente el mismo. Desanimado por este primer encuentro con la “cultura oficial”  y caído en  cuenta de que no era la misma cultura que él admiraba, recibe el apoyo de sus hijos, a la sazón estudiantes en Salamanca, que buscan un editor para su primera publicación, esto claro esta con dinerito de su bolsillo, puesta  a la venta la primera edición de “Memorias y Leyendas” fue un éxito rotundo al que siguió  “Cartas a Minerva” y  mas tarde  “el  Sauce Llorón”, los tres se encuentran en este momento agotados. Comienza nuestro hombre una  etapa en la que son frecuentes los recitales a lo largo del país, sus fuentes son aprovechadas por Miguel Manzano, Alberto Jambrina y el Consorcio para el Fomento Musical entre otros; ve la luz una  grabación en solitario “Rondas y Romanzas” y otra con Habas Verdes  dúo  compuesto por Alberto Jambrina Y Victoriano Comesaña (Anico).

Ha recibido sendos homenajes en  Zamora por parte de la asociación   “Tradición y Música Popular” y la Cámara de Comercio, un tercero en Codesal, su pueblo,  donde sin duda   existe un desacostumbrado ambiente cultural, habiendo incluso terminado con éxito un  museo etnográfico que recomiendo visitar junto a nuestro arriero-poeta, para a continuación escuchar la leyenda del roble a pie de tapia en el cementerio, bajo el susurro de sus ramas no podrá impedir que su corazón encogido se ensanche con el brillo de una lagrima. Actualmente da charlas y recitales  en el Centro de Educación ambiental de  Villardeciervos, donde con acierto apuestan, no solo por mostrar a sus jóvenes cursillistas  los encantos naturales, flora y fauna la Sierra de la Culebra, sino también su cultura tradicional que sin duda forma parte indivisible  y enriquecedora de la misma.

   Me honra Argimiro con su amistad desde hace varios años, conocía su vida y obra, sin embargo para puntualizar ciertos matices para este articulo fue necesaria una entrevista de ultima hora, que no pudo ser en Codesal como yo hubiera deseado; El Hospital Virgen de la Concha de Zamora y sin que pudieran impedirlo ciertas tuberías que aun portaba en su convalecencia, fue el marco obligado para que su rostro se iluminara de nuevo con el recuerdo de su vida,  no teman, por la foto de la escalinata (obra de arte que caracteriza dicho hospital)  hecha ese día, pueden ver que hay Argimiro para rato.

 

 

LEOVIGILDO SANTAMARIA GONZALEZ   (ver pagina principal)

Revista “NUESTRA TIERRA”  

 

 

 

 

  DE NUEVO CON ARGIMIRO  (Mayo de 2009)

 

 

 

La tarde del  10 de mayo,  regreso por la Carballeda después de haber pasado parte de la jornada en la romería de “Petisqueira”, también denominada “La Festiña” en el río Manzanas; acompañado de Mabel, mi esposa, tuve el deseo y el privilegio de encontrarme de nuevo con Argimiro Crespo.

 A mi llegada aparentemente no observo cambios, la puerta abierta de lo que fue su “comercio” deja entrever la figura de Argimiro sentado en su interior, nos abraza visiblemente emocionado, tras haberse puesto ya en  pie esperando que traspasáramos el umbral. Pasada la precipitación del primer intercambio de saludos, vuelve el sosiego a nuestros ánimos; tras tomar asiento  rodeados de las otrora orgullosas estanterías, que si bien ahora se resignan a  exhibir viejas cajas  en su mayoría vacías, siguen conservando aun el orgullo de sus antiguos y nobles orígenes.

El  agradable silencio que domina los intervalos en nuestra conversación  hace  a esta mas valiosa, mas intima; el poeta vive solo,  nutre su espíritu de soledad y recuerdos. El recuerdo de Piedad, su esposa fallecida, impregna la gran esponja que es Argimiro; de forma casi involuntaria y en medio del relato de lo que ahora es su vida, se le escapa un poema dedicado a ella, se emociona y nos emociona.

Cultiva un huerto, cultiva sobre todo la amistad; tuvimos que despedirnos, prometí volver pronto con una zanfona, quiere grabar la romanza que habla de un escudero de Mombuey:

 

“ Alabose el conde Vélez, alabose el muy traidor

Que no hay dama ni doncella, que no rindiese su amor…”

 

 

 

 

 

Argimiro Crespo, Mayo de 2009