_archivos/image002.jpg)
ARGIMIRO CRESPO
(Folklorista,
poeta y antiguo arriero de la
Carballeda)
Es
posible que usted se encuentre, entre
los lectores que no saben quien es
Argimiro Crespo, pues bien le invito a
que siga leyendo y se acercara a la
persona, cuya biografía y obra le
descubrirán aspectos de nuestra cultura tradicional que quizá le eran
desconocidos.
La Sierra de la Culebra en su conjunto,
forma una comarca natural que nunca tuvo voz propia, en parte debido a que ha
sido indebidamente troceada; a pesar de todo sigue siendo un gran árbol que
extiende sus raíces por Aliste,
Carballeda y otros parajes como Ferreras de Abajo (mi pueblo), colocado
indebidamente en la comarca de Tabara-Alba. La sierra aún siendo un accidente
natural propicio al aislamiento, es también el gran árbol al que aludía, dando
sombra e impregnando a todos los pueblos dispersos por su geografía, de aromas
de urz, gaita de fóle y cuentos de lobos.
Arropado por este espíritu, ve la luz Argimiro en Codesal en 1921, su abuela hija
de mesoneros en el Padornelo, trasmitió al rapazuelo lo que ella vivió en las
noches nevadas de la “Portilla”, donde ciegos desdentados, arrieros, caballeros
y clérigos libidinosos, inmovilizados a veces varios días, desgranaban sus
historias y canciones compartiendo
lumbre y jarra de morapio; tampoco le faltaron las historias de su abuelo,
quien natural de Codesal dejo su vida en los caminos como arriero, la
dificultad económica de los tiempos obliga
a su padre, tendero establecido
en Codesal a enviar al casi niño de once años a vender artículos de primera
necesidad por los pueblos limítrofes, equipado con un burro y sendos cajones de
madera, desde el primer día, Argimiro, de talante observador y ademanes suaves,
se gana la simpatía y confianza de los Carballeses; le va muy bien al que ya
podíamos calificar de adolescente con quince años, pero el estallido de la Guerra Civil paraliza
sus actividades comerciales, en los años siguientes se vio obligado a practicar
una labranza de supervivencia, hasta que fue reclutado y enviado al
protectorado marroquí, allí su falta de espíritu militar, que no patriótico, le
llevo a conseguir un destino como practicante-sanitario, desarrolló su labor
con dedicación e interés, adquiriendo muchos conocimientos de medicina, que
posteriormente aplicó durante muchos años en Codesal. Fue en esas horas de
enfermería, velando las fiebres de sus compañeros en Africa,
cuando casi sin darse cuenta comenzó a enamorarse de su prima Piedad, con la
que mantenía correo digamos de entretenimiento; Piedad Crespo era estudiante de
magisterio y tenia algo que él ansiaba y
admiraba, tenia cultura, (al menos eso es lo que confiesa actualmente el muy travieso) ese
bien intangible que el no había podido poseer por si mismo, le llegaría a
través de la que ha sido y es su esposa, su compañera omnipresente.
Restablecida la calma después de guerras y milicias, vuelve la arriería
a presidir las vidas de los que tenían en esa actividad su fuente de ingresos,
Argimiro asume la continuidad de l comercio de su padre atendido ahora por su esposa, que
también ejerce el magisterio en el mismo pueblo, mientras él reinicia y amplia
notablemente la cobertura de su actividad ambulante a ambos lados de la Sierra. A pocas personas
he tenido la oportunidad de conocer, tan orgullosas de su trabajo, elevó la
venta ambulante a la categoría de arte, teniendo como principio la honradez, su
carro repleto de ilusiones perfectamente colocadas, llegaba a los últimos
rincones de Aliste, donde mujeres de manos varoniles y alma limpia, repasaban
tímidamente la mercancía escondiendo bajo su pañuelo el deseo de aquella tela
que sus escasos cuartos le impedían adquirir.
Sin darse
cuenta, nuestro protagonista regresaba a casa con un genero que sin peso ni
volumen, se acumulaba lentamente en su memoria; al final de su periodo
ambulante, en los lentos días de comerciante estable, remueve su memoria y se da cuenta de lo mucho
que podría perderse en el tiempo si él no se decide a plasmarlo en papel, sin mas dilación y en el mismo mostrador comienza
la obra, alguien lee aquellas primeras paginas y le anima a buscar apoyo institucional para publicarlas.
Envuelto en las dulces nieblas de su candidez, presenta los primeros
manuscritos a quien él literalmente denomina “ Director de la Casa de la Cultura de Zamora” en
la plaza de Claudio Moyano, con el propósito de que este leyera y juzgara el
interés de los mismos, pues bien
éste ni leyó ni juzgó, probablemente
estaba demasiado ocupado en contagiar su falta de interés a “Directores” de otras instituciones
provinciales, ya que estos hicieron exactamente el mismo. Desanimado por este
primer encuentro con la “cultura oficial”
y caído en cuenta de que no era
la misma cultura que él admiraba, recibe el apoyo de sus hijos, a la sazón
estudiantes en Salamanca, que buscan un editor para su primera publicación,
esto claro esta con dinerito de su bolsillo, puesta a la venta la primera edición de “Memorias y
Leyendas” fue un éxito rotundo al que siguió
“Cartas a Minerva” y mas
tarde “el Sauce Llorón”, los tres se encuentran en este
momento agotados. Comienza nuestro hombre una
etapa en la que son frecuentes los recitales a lo largo del país, sus
fuentes son aprovechadas por Miguel Manzano, Alberto Jambrina y el Consorcio
para el Fomento Musical entre otros; ve la luz una grabación en solitario “Rondas y Romanzas” y
otra con Habas Verdes dúo compuesto por Alberto Jambrina Y Victoriano
Comesaña (Anico).
Ha recibido sendos homenajes en Zamora por parte de la asociación “Tradición y Música Popular” y la Cámara de Comercio, un
tercero en Codesal, su pueblo, donde sin
duda existe un desacostumbrado ambiente
cultural, habiendo incluso terminado con éxito un museo etnográfico que recomiendo visitar
junto a nuestro arriero-poeta, para a continuación escuchar la leyenda del
roble a pie de tapia en el cementerio, bajo el susurro de sus ramas no podrá
impedir que su corazón encogido se ensanche con el brillo de una lagrima.
Actualmente da charlas y recitales en el
Centro de Educación ambiental de
Villardeciervos, donde con acierto apuestan, no solo por mostrar a sus
jóvenes cursillistas los encantos
naturales, flora y fauna la
Sierra de la
Culebra, sino también su cultura tradicional que sin duda
forma parte indivisible y enriquecedora
de la misma.
Me honra
Argimiro con su amistad desde hace varios años, conocía su vida y obra, sin
embargo para puntualizar ciertos matices para este articulo fue necesaria una
entrevista de ultima hora, que no pudo ser en Codesal como yo hubiera deseado;
El Hospital Virgen de la Concha
de Zamora y sin que pudieran impedirlo ciertas tuberías que aun portaba en su
convalecencia, fue el marco obligado para que su rostro se iluminara de nuevo
con el recuerdo de su vida, no teman, por
la foto de la escalinata (obra de arte que caracteriza dicho hospital) hecha ese día, pueden ver que hay Argimiro
para rato.
LEOVIGILDO SANTAMARIA GONZALEZ (ver pagina principal)
Revista “NUESTRA TIERRA”
DE NUEVO CON ARGIMIRO (Mayo de 2009)
La tarde del
10 de mayo, regreso por la Carballeda después de
haber pasado parte de la jornada en la romería de “Petisqueira”, también
denominada “La Festiña”
en el río Manzanas; acompañado de Mabel, mi esposa, tuve el deseo y el
privilegio de encontrarme de nuevo con Argimiro Crespo.
A mi
llegada aparentemente no observo cambios, la puerta abierta de lo que fue su
“comercio” deja entrever la figura de Argimiro sentado en su interior, nos
abraza visiblemente emocionado, tras haberse puesto ya en pie esperando que traspasáramos el umbral.
Pasada la precipitación del primer intercambio de saludos, vuelve el sosiego a
nuestros ánimos; tras tomar asiento
rodeados de las otrora orgullosas estanterías, que si bien ahora se
resignan a exhibir viejas cajas en su mayoría vacías, siguen conservando aun
el orgullo de sus antiguos y nobles orígenes.
El
agradable silencio que domina los intervalos en nuestra
conversación hace a esta mas valiosa, mas intima; el poeta vive
solo, nutre su espíritu de soledad y
recuerdos. El recuerdo de Piedad, su esposa fallecida, impregna la gran esponja
que es Argimiro; de forma casi involuntaria y en medio del relato de lo que
ahora es su vida, se le escapa un poema dedicado a ella, se emociona y nos
emociona.
Cultiva un huerto, cultiva sobre todo la amistad;
tuvimos que despedirnos, prometí volver pronto con una zanfona, quiere grabar
la romanza que habla de un escudero de Mombuey:
“ Alabose el conde Vélez, alabose el muy traidor
Que no hay dama ni doncella, que no rindiese su
amor…”
_archivos/image004.jpg)
Argimiro
Crespo, Mayo de 2009