EL  MAESTRO “ANICO”

 

(Percusionista)

 

Cuenta Zamora aun con un  número relativamente elevado de personas, capaces de trasmitir una forma ancestral de sabiduría, cuyo soporte sin embargo es la  maquina  tecnológicamente mas avanzada y perfecta, el cerebro humano.

 

     Después de esperar turno (dos vehículos no caben) ante el conocido  Puente de la Estrella, para cruzar el río Esla,  que ahora  muestra sus vergüenzas sin ningún pudor, en un cauce totalmente desposeído de vida, por unos planes, que en la posguerra inundaron por decreto numerosas zonas de nuestra provincia, y que ahora la insaciable sed de kilowatios  mantiene secas, vacías como la piel de una serpiente; seguimos rumbo noroeste  y a la vista ya del  Scriptorium Tabarense , consulto con mi acompañante y amigo Pepe Calzón (profesional de la hostelería, y por tanto experto en  el noble arte de comer y beber), sobre la conveniencia  de un refrigerio en Tabara o desviarnos sin mas hacia nuestro ya próximo objetivo que  es  Faramontanos; elegida la segunda opción nos deslizamos suavemente por una carretera que, hasta hace bien poco tiempo, ha servido de asentadero para aquellas piezas, que por pereza o cobardía no hubiesen encontrado su ubicación definitiva en los  vehículos;  tanto confort en el asfalto casi nos confunde y nos hace creer que por fin los vientos de Europa habían llegado a todos los españoles que pagan impuestos.

    Faramontanos tiende su ser  en la vertiente sur de la Sierra de las Cavernas, en un intento de abrigo que  sus escasas alturas le escatiman, (La Mujer Muerta 931 m. es su mayor protección); una mezcla de piedra y  barro componen su  arquitectura como corresponde a su situación  geográfica, donde ya la sierra cede definitivamente protagonismo a la  llanura de Campos,  despiertan nuestra curiosidad grandes montones de rollos, en su mayoría medio deshechos,  de lo que resultaría ser lino, y que abundan en campos próximos, su color y tamaño  recuerdan manadas de  pacientes elefantes,  a quienes hubiese petrificado el aburrimiento,  parece que hubo un día, en el que “alguien o algo”  montó un invento  que serviría para transformar toda esa materia  prima en hilatura; no se sabe si fue ese “alguien o algo”, o fue el propio invento o ambos a dos,  quienes consiguieron  durante un tiempo, sin materia prima   ni obreros una hilatura  inexistente; otro “alguien  o algo” se dedicó a observar el milagro,  y destapó el tinglado; no sé si usted amable lector consigue entenderlo, ¿ recuerda  aquello del “truco del  almendruco”? pues algo así.

     Pero no son estos asuntos los que me han traído hasta aquí, mi propósito es contarles la vida y quehaceres  de Victoriano Santiago Comisaña  conocido como Anico, él vive a caballo entre Zamora y Faramontanos, y es profundo conocedor de nuestra música tradicional  especialmente en su aspecto rítmico; experto percusionista, es hoy un referente para todas   aquellas personas  que  se acercan a conocer las métricas tradicionales de nuestra provincia. No tardamos en encontrar a nuestro hombre, que se apresta  a  encender lumbre dentro de un horno que el mismo ha construido, en pocos instantes el fuego calienta sus entrañas, mientras al lado espera una gran bandeja de barro, adornada con grandes trozos de pollo y patatas que prometen un buen yantar. Como intentando prepararnos para el suceso, comienza Victorianico a narrarnos las hambres y miserias con que la posguerra marcó su cuerpecillo de niño, cuando por los años cuarenta en lugar de  calor y escuela,  recibía  el frío abrazo de las madrugadas  en un recorrido de casi una decena de  kilómetros, al encuentro de un pequeño rebaño de cabras que le esperaba en un refugio del monte; con poca ropa y menos comida, pasaba  el día recorriendo unos parajes, a los  que nos ha trasladado  para poder presentarnos como si fueran personas de su  familia; cada peñasco, cada encina, tiene nombre, historia y vida propia, sus ojos denotan una especie de alegría atenuada a veces por los recuerdos de sus miedos  al lobo,  y la comezón que producía no tentar el *catramuello en el fardel. Cuando pisábamos una pequeña  hondonada, su expresión se vuelve grave y asevera “aquí bajo nuestros pies  hay quince personas enterradas”, y sin darnos tiempo a reaccionar continua; fue cuando la guerra, los trajeron  una noche en un camión por la carretera de Puente Quintos,  y los mataron aquí,   aprovechando lo que fue una cantera  propiedad de mi padre; por la mañana obligaron a la gente del pueblo a echarles tierra, dicen que eran maestros, nunca nadie ha preguntado por ellos”. Me estremezco mientras abandonamos el monte no sin antes visitar la huella que el caballo de nuestro Señor Santiago dejó en una peña.

    No tardamos mucho en encontrarnos ante la  gran bandeja que habíamos visto un par de horas antes, pero ahora “rechina”  y ofrece un aspecto inmejorable; dos amigos que ya visten nietos y nos acompañan en el intento,  envalentonados   por  la emoción del momento,  proclaman: “aquí entre el   ICONA y  el   SEPRONA    no nos dejan vivir, bien saben ellos con quien se meten”;  asienten los gestos y sellan el acuerdo los gaznates dejando colar un vino mas que aceptable fruto de los desvelos  de nuestro anfitrión. Cierto es, que el pollo ha perdido  prestigio muy a su disgusto en los últimos años; no obstante he de reconocer los méritos de las aves que ese día ofrecieron su existencia, para demostrar  lo que se puede hacer con un horno de leña y una cazuela de Pereruela. Para la hora de los aguardientes, ya habíamos dejado atrás a las omnipresentes instituciones, cuyo excesivo celo es sobradamente conocido por todos los envejecidos y mansos habitantes de  unas  tierras,  que  se convierten  en  objetivos fáciles sin duda, para aquellos que justifican así su soldada; quizá deberían probar en aguas más  bravas, tiene mas emoción.

   Nos cuenta Anico como desde sus tiempos como rapaz al cuidado de las cabras, empieza a acompañar con la caja o redoblante, a su padre que tocaba la dulzaina, eran, como en el resto de los pueblos entonces, la única música que amenizaba todos los acontecimientos, incluido el baile que todos los domingos por la tarde, servia para entretenimiento de mayores y excusa para  que mozos y mozas cruzaran esas primeras miradas que  rechazan o aceptan quereres; así, sin saber muy bien como cruzaron sus ojos Anico y Goyita,  mientras este se afanaba en marcar el paso de la danza; contraen matrimonio pero la dureza de las condiciones de vida en el año 1965, les lleva   a emprender el triste viaje de muchos otros compatriotas, en vagones con olor a  alcanfor y carbonilla llegan a Alemania, donde viven y trabajan  hasta 1977;  no obstante nuestro hombre no pierde el contacto con  la música tradicional,  allí forma un dúo con su hermano Manolo, acordeonista, y  en los centros que  aglutinaban a los españoles en las distintas ciudades alemanas, los fines de semana ofrecían su repertorio a modo de bálsamo, para suavizar las heridas  que la lejanía mantenía abiertas en  todos ellos. Motivos de salud devolvieron a Zamora al maestro Anico,  aquí  después de  años de continua  despoblación  y desinterés por lo tradicional, comenzaba a detectarse un débil movimiento recuperador, de la mano de personas como Alberto Jambrina, a quien Anico conoce cuando ambos formaban parte del grupo “Doña Urraca” a partir de ahí comienza un proyecto musical al que inmediatamente  se  une Argimiro Crespo,  las actuaciones se suceden por  todo el territorio español, se editan grabaciones y  en 1988 surge la idea de crear la escuela de folclore  de Zamora, sin duda hoy una de las mejores de país, en la que se implica también Pablo Madrid como gerente del Consorcio de Fomento Musical, los frutos que ha dado esta unión de esfuerzos y sapiencias son sobradamente conocidos, Anico  se mantiene durante seis años como  profesor de percusión en la citada Escuela, además de en Aulas de Música de Aliste y tras os Montes, Ferreruela de Tabara, Ferreras de Abajo etc., donde ha dejado su huella en las nuevas generaciones que cada vez se interesan mas por nuestra cultura tradicional, también y merced al patrocinio del  Ayuntamiento de Faramontanos enseña  a construir y tocar   un instrumento casi relegado al olvido como es la zambomba, ha colaborado con Luis María Martín Negro en la edición del libro (Cancionero analítico de Moralina de Sayago)  y a punto de aparecer esta un disco-libro de corte didáctico consecuencia del esfuerzo y conocimientos de ambos en músicas y ritmos tradicionales. Hasta aquí y de forma resumida sus  faceres” en estas lides, pero aun le queda mucha cuerda a nuestro amigo, cuerda que no conviene desaprovechar, pues él, es uno de  los  escasos eslabones  de la cadena que ha permitido traer hasta nosotros las formas de vida de nuestros ancestros, y mientras mantengamos ese nexo es como si aun continuaran entre nosotros.

 

 

* Trozo de pan

 

LEOVIGILDO SANTAMARIA  (Ver pagina principal)

 

 

Revista “NUESTRA TIERRA”