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LA E.I.I.
DESDE EL PUNTO DE VISTA PSICOLÓGICO
ENFERMEDAD INFLAMATORIA INTESTINAL: CROHN Y COLITIS
ULCEROSA
Las enfermedades orgánicas crónicas,
incurables o de larga duración influyen
sobre la persona como totalidad, repercutiendo
psicológicamente, a nivel global, en su
comportamiento, estilo de vida y pensamientos
en general. El sufrimiento físico modifica
el carácter y comportamiento de las personas
Los enfermos crónicos, por sus características
peculiares, requieren un tipo de asistencia sanitaria
distinta, más global y personalizada. La
acción médica, imprescindible, no
puede ni debe ser exclusiva en este ámbito,
ya que el sufrimiento físico y la cronicidad
influyen y modifican el carácter, pensamientos
y comportamientos de los seres humanos. Hay que
tener en cuenta que las dolencias de carácter
crónico, por su cualidad inherente de cronicidad,
influyen en todos los ámbitos relacionados
con la persona: el ámbito familiar, laboral,
social y personal. Todo ello dependiendo de la
gravedad, sintomatología, tratamiento,
intervenciones quirúrgicas, etc.
Las personas que padecen algún tipo de
enfermedad crónica o de larga duración
precisan también, en la mayoría
de los casos, de asistencia y apoyo psicológico.
Conocer y, en su caso modificar, su procesamiento
acerca de la propia enfermedad, las estrategias
utilizadas para afrontarla y, en conclusión,
mejorar la calidad de vida del paciente, en todos
sus aspectos. El estrés psicológico
y los estados depresivos, causados por la propia
enfermedad, o por otras causas independientes,
pueden exacerbar los síntomas. Los agentes
estresantes pueden disminuir la función
inmunológica del organismo, asociada a
muchas enfermedades crónicas y agudas,
entre ellas la EII. Y viceversa, el estado de
la enfermedad y su evolución reducen las
defensas tantos físicas como psicológicas
del organismo y por ello se favorece la depresión,
ansiedad, mayor nivel de estrés, etc.
En el caso concreto de la Enfermedad Inflamatoria
Intestinal (Crohn y Colitis Ulcerosa), su propia
naturaleza incurable, sistémica, variable
en cuanto a síntomas, evolución
desconocida y caprichosa, sintomatología
(con síntomas muy desagradables y signos
clínicos que pueden variar enormemente
en duración e intensidad), de pronóstico
impredecible y origen dudoso, influye negativamente
en la persona a nivel psicológico, influyendo
en la calidad de vida del paciente en general:
familia, trabajo, pareja, relaciones interpersonales,
aficiones, así como en su bienestar psicológico:
estrés, ansiedad, depresión reactiva,
conflictos personales; pensamientos negativos
sobre el futuro, capacidades personales, problemas
de autoimagen, incertidumbre, miedo a la muerte,
pensamientos hipocondríacos, etc. Todo
ello, evidentemente, estará influido por
las diferencias individuales. Los factores psicológicos
están relacionados con el sistema fisiológico
y, concretamente, afectan en muchos casos a la
motilidad gastrointestinal y el sistema digestivo
en general.
Los efectos secundarios del tratamiento, sobre
todo de los corticoides (que todos conocemos):
vello, estrías, problemas cutáneos,
cara de luna llena, alteraciones psíquicas,
aumento de peso, osteoporosis, diabetes, hipertensión...)
influyen también en nuestro sistema cognitivo,
como un factor añadido, afectando a nuestro
estado psicológico, pudiendo crear problemas
de autoimagen (sobre todo en jóvenes y
mujeres), pensamientos negativos sobre nosotros
mismos y los demás, estados depresivos,
problemas de relación, aislamiento social...
Concretando, además del sufrimiento físico
que la enfermedad conlleva, las desagradables
-aunque imprescindibles- pruebas médicas
a las que hay que someterse, el tratamiento, las
posibles operaciones quirúrgicas y el desconocimiento
de su origen, evolución y pronóstico
influyen de forma negativa en nuestra visión
general sobre nosotros mismos, la propia enfermedad,
el futuro y todo lo que nos rodea. Al mismo tiempo
el estrés, la ansiedad, estados depresivos
pueden ser factores desencadenantes de nuevos
brotes. Por todo ello es NECESARIO mejorar la
calidad de vida en general, evitar y controlar
el estrés, la ansiedad, situaciones problemáticas,
aprender a relajarse y a afrontar estas situaciones
con métodos apropiados, cambiar los pensamientos
negativos y catastrofistas que puedan repercutir
negativamente en nuestro bienestar, tanto físico
como emocional. Todo esto se agravará,
lógicamente, en la fase activa de la enfermedad,
cuando se está pasando un brote.
Asistencia y apoyo psicológico
La meta final a alcanzar por los pacientes crónicos
es lograr un nivel de calidad de vida lo más
elevado posible, tanto a nivel físico como
psicológico.
Pese a que la EII no es causada por factores psicológicos
sí que es más que probable que el
estrés, los estados depresivos y ciertos
modos de afrontamiento influyen en la aparición
de nuevos brotes y en la evolución general
de la enfermedad. Al mismo tiempo la enfermedad
produce, en muchos casos, depresión, ansiedad...
formándose un círculo vicioso que
se alimenta así mismo. Así pues
la ayuda psicológica es recomendable para
cortar ese círculo vicioso, aprender a
manejar el estrés para paliar su influencia
negativa en posibles brotes y procurar, en general,
un estado psicológico más equilibrado,
aprendiendo a controlar las variables y síntomas
( cognitivos, fisiológicos y motores) que
nos proporcionan malestar emocional, para, así,
alcanzar, una calidad de vida mejor.
Así mismo, también es recomendable
apoyo psicológico para concienciar del
tratamiento y sus beneficios, así como
para eliminar, en su caso, falsos prejuicios sobre
la enfermedad y expectativas equivocadas sobre
la misma.
Las claves de un tratamiento o intervención
psicológica en pacientes enfermos crónicos,
y concretamente en el caso de enfermos de E.E.I.
debería tener , como mínimo, en
cuenta los siguientes puntos:
Constatar, y en su caso facilitar, en colaboración
con el especialista médico, toda la información
veraz y factible al enfermo. Conociendo su enfermedad,
en toda su amplitud, es más fácil
hacerle frente. En este punto la asociación,
como tal, es un pilar importantísimo de
apoyo y fuente de información.
Comprobar, evaluar y analizar el estado psicológico
general del paciente: nivel de ansiedad, estrés,
pensamientos negativos y distorsionados (sobre
sí mismo, la enfermedad, las relaciones
sociales, el tratamiento, el futuro, etc.), estados
depresivos, modos de afrontamiento, miedos, etc.
Reestructuración cognitiva: entrenamiento
en el cambio de pensamientos negativos e irracionales,
para conseguir un sistema de pensamientos más
positivos y adaptados que, en definitiva, proporcionen
mayor bienestar.
Entrenamiento en relajación y en distintas
técnicas para el manejo y superación
de los estados de ansiedad, estrés, irritabilidad,
tensión, etc.
Técnicas psicológicas para la solución
de problemas, toma de decisiones y estilos de
vida.
Evaluar y en su caso facilitar el apoyo familiar
y social.
Establecer programas de autoayuda personalizados.
© Laura Fátima
Asensi Pérez
Psicóloga col. NºCV-2988
(volver)
TÉCNICAS
DE PREVENCIÓN Y CONTROL DEL ESTRÉS
Diferentes técnicas para el manejo de
la ansiedad y el control emocional
ÍNDICE
Ansiedad
y Estrés
Definición de estrés
Concepto de ansiedad
Diferencias
Ejemplos de la importancia de la interpretación
personal en relación con las emociones.
Enfoques en el estudio del estrés
Estrés como estímulo
Estrés como respuesta
Estrés como interacción
Síndrome General de Adaptación
La Ansiedad
Tipos de respuesta de ansiedad
Evaluación de las respuestas de ansiedad
(ISRA)
Técnicas de control de la ansiedad en función
del tipo de respuesta o síntomas destacados.
El porqué de la elección
Clasificación de las técnicas
Técnicas Generales
Estado físico
Dieta
Apoyo social
Distracción y humor
Técnicas Cognitivas
Definición y funcionalidad
Reorganización cognitiva
Modificación de pensamientos
Desensibilización Sistemática
Inoculación del estrés
Detención del pensamiento
Sensibilización encubierta
Técnicas Fisiológicas
Definición y aplicación
Técnicas de relajación
Técnicas del control de la respiración
Meditación
Biofeedback
Técnicas conductuales
Definición y aplicación
Entrenamiento asertivo
Entrenamiento en habilidades sociales
Técnica de solución de problemas
Modelamiento
Técnicas de autocontrol
ANSIEDAD Y ESTRÉS
El término estrés proviene de la
física y la arquitectura y se refiere a
la fuerza que se aplica a un objeto, que puede
deformarlo o romperlo. En Psicología, estrés
suele hacer referencia a ciertos acontecimientos
en los cuáles nos encontramos con situaciones
que implican demandas fuertes para el individuo,
que pueden agotar sus recursos de afrontamiento.
Cuando la demanda del ambiente (laboral, social,
etc.) es excesiva frente a los recursos de afrontamiento
que se poseen, se van a desarrollar una serie
de reacciones adaptativas, de movilización
de recursos, que implican activación fisiológica.
Esta reacción de estrés incluye
una serie de reacciones emocionales negativas
(desagradables), de las cuáles las más
importantes son: la ansiedad, la ira y la depresión.
El estrés se produce como consecuencia
de un desequilibrio entre las demandas del ambiente
(estresores internos o externos) y los recursos
disponibles de la persona. De tal modo, los elementos
a considerar en la interacción potencialmente
estresante son: variables situacionales (por ejemplo,
del ámbito laboral), variables individuales
del sujeto que se enfrenta a la situación
y consecuencias del estrés.
Muchas veces ansiedad y estrés se usan
como sinónimos, entendiendo en ambos casos
un mismo tipo de reacción emocional. El
estrés es un proceso más amplio
de adaptación al medio. El estrés
es una parte normal de la vida de toda persona.
El estrés persistente e inexorable lleva
a que se presente ansiedad.
La ansiedad es una reacción emocional de
alerta ante una amenaza. Digamos que dentro del
proceso de cambios que implica el estrés,
la ansiedad es la reacción emocional más
frecuente. Muchos estímulos o situaciones
pueden provocar en el individuo la necesidad de
movilizar recursos para dar respuesta a las demanda
de dicho estímulo, o para volver al estado
inicial de equilibrio en el que se encontraba
inicialmente. Al estímulo le llamamos
estresor,
o situación estresante.
DISTINTOS ENFOQUES EN EL ESTUDIO DEL ESTRÉS
Vamos a ver brevemente algunas cuestiones fundamentales
que se estudian bajo el rótulo "estrés".
Ello nos permitirá entender distintos puntos
de vista a la hora de estudiar el estrés.
1. El estrés como estímulo.
El estrés ha sido estudiado como el estímulo
o la situación que provoca un proceso de
adaptación en el individuo. En distintos
momentos se han investigado distintos tipos de
estímulos estresores.
Los grandes acontecimientos. Los acontecimientos
vitales, catastróficos, incontrolables,
impredecibles, como muerte de un ser querido,
separación, enfermedad o accidente, despido,
ruina económica, etc., Como puede verse,
se trata de situaciones de origen externo al propio
individuo y no se atiende a la interpretación
o valoración subjetiva que pueda hacer
el sujeto de las mismas. Serían situaciones
extraordinarias y traumáticas, o sucesos
vitales importantes, que en sí mismos producirían
cambios fundamentales en la vida de una persona
y exigirían un reajuste.
Los pequeños contratiempos. En los años
ochenta se han estudiado también los acontecimientos
vitales menores (daily hassles), o pequeños
contratiempos que pueden surgir cada día
(en el trabajo, las relaciones sociales, etc.)
como estímulos estresores.
Los estímulos permanentes. Asimismo, se
han incluido los estresores menores que permanecen
estables en el medio ambiente, con una menor intensidad
pero mayor duración, como el ruido, hacinamiento,
polución, etc.
2. El estrés como respuesta.
Se denominó Síndrome de Adaptación
General y que incluía tres fases: alarma,
resistencia y agotamiento. Selye consideraba que
cualquier estímulo podía convertirse
en estresor siempre que provocase en el organismo
la respuesta inespecífica de reajuste o
reequilibrio homeostático, pero no incluía
los estímulos psicológicos como
agentes estresores. Hoy en día sabemos
que los estímulos emocionales pueden provocar
reacciones de estrés muy potentes.
Síndrome General de Adaptación
(SGA) comprende tres fases:
1).- Reacción de alarma.
2).- Fase de resistencia.
3).- Fase de agotamiento.
3. El estrés como interacción
En tercer y último lugar, el estrés
no sólo ha sido estudiado como estímulo
y como respuesta sino que también se ha
estudiado como interacción entre las características
de la situación y los recursos del individuo.
Desde esta perspectiva, se considera más
importante la valoración que hace el individuo
de la situación estresora que las características
objetivas de dicha situación.
El modelo más conocido es el modelo de
la valoración de Lazarus (Lazarus y
Folkman,
1986), que propone una serie de procesos cognitivos
de valoración de la situación y
valoración de los recursos del propio individuo
para hacer frente a las consecuencias negativas
de la situación. Si el sujeto interpreta
la situación como peligrosa, o amenazante,
y considera que sus recursos son escasos para
hacer frente a estas consecuencias negativas,
surgirá una reacción de estrés,
en la que se pondrán en marcha los recursos
de afrontamiento para intentar eliminar o paliar
las consecuencias no deseadas.
- Evaluación primaria (se centra en la
situación)
- Evaluación secundaria (se centra en la
eficacia o resultados que tendrán las medidas
que se adopten para hacer frente a la situación
o acontecimiento).
Los factores de personalidad determinan la importancia
del estresor y la vulnerabilidad o tolerancia
de la persona al estrés en general.
Entre las situaciones estresantes podemos destacar:
1. Incertidumbre y subestimación.
2. Sobrecarga de información.
3. Peligro.
4. Fracaso en el auto-control.
5. Fracaso del auto-dominio.
6. Amenaza a la auto-estima.
7. Amenaza a la estima de otros.
En el síndrome del estrés se crea
un circuito de retroalimentación negativo
entre la mente y el cuerpo. Para romper el circuito
se deben cambiar los pensamientos, las respuestas
físicas o se debe alterar la situación
que dispara una reacción de alarma.
Una vez que ha surgido la reacción de
estrés el individuo seguirá realizando
reevaluaciones posteriores de las consecuencias
de la situación y de sus recursos de afrontamiento,
especialmente si hay algún cambio que pueda
alterar el resultado de sus valoraciones.
Sólo cuando la situación desborda
la capacidad de control del sujeto se producen
consecuencias negativas. Este resultado negativo
se denomina distrés, a diferencia del estrés
positivo, o euestrés, que puede ser un
buen dinamizador de la actividad conductual (laboral,
por ejemplo).
LA ANSIEDAD
Tipos de respuesta de ansiedad
La ansiedad pasa a definirse como una repuesta
emocional, o patrón de respuestas, que
engloba: - Aspectos cognitivos displacenteros,
de tensión y aprensión que hacen
referencia a sentimientos y pensamientos de miedo,
inseguridad, aprensión, preocupación,
etc.- Aspectos fisiológicos, caracterizados
por un alto grado de activación del Sistema
Nervioso Autónomo , así como otros
síntomas asociados. Y Aspectos motores
o conductuales, que son conductas observables,
índices de agitación motora y que
suelen implicar comportamientos escasamente
adaptativos.
A estas áreas mencionadas, se le van agregando,
nuevas dimensiones de rasgos de ansiedad; como
las referidas a las situaciones de evaluación,
a las de la vida cotidiana, las fóbicas
y las interpersonales...
Lansiedad deja de ser positiva bien cuando el
peligro identificado no es tal (por ejemplo, estar
en un supermercado) o cuando la reacción
es desproporcionada (el peligro existe, pero no
justifica la activación del mecanismo de
la ansiedad). Subir a un ascensor entraña
un cierto peligro, pero no justificaría
la aparición de una crisis de pánico.
¿Cuándo hablamos de problemas de
ansiedad?. Bien, pues cuando respondemos con un
nivel de ansiedad alto en circunstancias en las
que el resto de la gente no parece tener problemas.
En ella cualquier reacción de ansiedad
dependerá de la interacción entre
las características personales y las condiciones
de la situación .
"La tensión puede controlarse bien
modificando directamente la activación
fisiológica inicial y su mantenimiento,
o modificando los efectos que los pensamientos,
situaciones o conductas... tienen sobre ellas.
En el primer caso, porque se controla directamente
la propia activación del organismo, en
el segundo, porque se reducen los agentes que
instigan su aparición" (Labrador,
1992).
"lo importante es que las emociones (sean
positivas o negativas)
se correspondan con la realidad".

Evaluación de las respuestas de ansiedad
En España, se elaboró el Inventario
de Situaciones y Respuestas de Ansiedad (ISRA),
que fue desarrollado por los profesores de la
Universidad Complutense de Madrid Juan José
Miguel Tobal y Antonio Cano Vindel. Publicado
en el año 1986, ha sido traducido y adaptado
a más de una docena de países y
lenguas diferentes. Se trata de un test psicológico
que permite medir el nivel de ansiedad de cualquier
individuo, a partir de los 15-16 años (existen
también otras versiones para niños
y adolescentes).
El ISRA evalúa el nivel general de ansiedad
(rasgo general de personalidad ansiosa), los tres
sistemas de respuesta por separado (lo que pensamos,
regulado por el sistema cognitivo; lo que sentimos
a nivel corporal, o sistema fisiológico;
y lo que hacemos, o sistema conductual-motor),
así como cuatro rasgos específicos
de ansiedad o áreas situacionales (ansiedad
ante situaciones de evaluación, ansiedad
en situaciones sociales o interpersonales, ansiedad
en situaciones fóbicas, y ansiedad en situaciones
de la vida cotidiana).
Presenta una serie de situaciones, que son aquéllas
en las que solemos reaccionar con ansiedad, así
como otro conjunto de respuestas, que constituyen
los principales síntomas de ansiedad.
Como todos los tests psicológicos, éste
debe ser aplicado por un profesional de la psicología
que sea especialista en el tema. No obstante,
es posible realizar una evaluación aproximativa
de la ansiedad a partir de sus principales síntomas,
que sirva al lector a modo de autoevaluación.
Veamos primero algunos de los síntomas
y a continuación las instrucciones que
nos permitirán autoevaluarnos de una manera
general. Esta evaluación no será
muy precisa, pero sí podremos tener una
cierta idea de cuál puede ser nuestro nivel
de ansiedad. Vamos a trabajar con una selección
de items o cuestiones, extraídos del ISRA.
MUESTRA DE SÍNTOMAS O RESPUESTAS DE ANSIEDAD
Respuestas Cognitivas (lo que pensamos o sentimos)
- Preocupación
- Pensamientos o sentimientos negativos sobre
uno mismo
- Inseguridad
- Temor a que nos noten la ansiedad y a lo que
pensarán si esto sucede
Respuestas Fisiológicas (lo que sucede
en nuestro cuerpo)
- Molestias en el estómago
- Sudor
- Temblor
- Tensión
- Palpitaciones, aceleración cardiaca
Respuestas Motoras (lo que manifestamos en nuestro
comportamiento)
- Movimientos repetitivos (pies, manos, rascarse,
etc.)
- Fumar, comer o beber en exceso
- Evitación de situaciones
Técnicas de control de la ansiedad
Las técnicas se pueden clasificar en:
- Generales. Tienen el objetivo de incrementar
en el individuo una serie de recursos personales
de carácter genérico para hacer
frente al estrés.
- Cognitivas. Su finalidad sería cambiarla
forma de ver la situación (la percepción,
la interpretación y evaluación del
problema y de los recursos propios).
- Fisiológicas. Están encaminadas
a reducir la activación fisiológica
y el malestar emocional y físico consiguiente.
- Conductuales. Tienen como fin el promover conductas
adaptativas: dotar al individuo de una serie de
estrategias de comportamiento que le ayuden a
afrontar un problema.
La aplicación de la mayoría de
las técnicas que se describirán
a continuación requiere de un profesional
de la psicología que determine cuáles
son las más adecuadas para cada situación
o caso concreto, así como para asegurarse
de su correcta administración y ejecución.
TÉCNICAS GENERALES
Desarrollo de un buen estado físico
El desarrollo y mantenimiento de un buen estado
físico tiene buenos efectos en la prevención
del estrés; para ello, es aconsejable la
realización de ejercicio de manera habitual.
En general, el ejercicio aumenta la resistencia
física del individuo a los efectos del
estrés pero además aumenta también
la resistencia psicológica: la realización
de ejercicio nos obliga a desplazar la atención
de los problemas psicológicos y nos permite
el descanso y la recuperación de la actividad
mental desarrollada anteriormente. El ejercicio
físico permite movilizar el organismo mejorando
su funcionamiento y su capacidad física
de cara a que esté en mejores condiciones
para hacer frente al estrés, aumentando
la capacidad para el trabajo físico y mejorando
las funciones cardiovascular, respiratoria y metabólica.
Dieta adecuada
El desarrollo de buenos hábitos alimentarios
que condicionan el estado nutricional del individuo
constituye una medida aconsejable para la prevención
del estrés. Las demandas energéticas
que actualmente recibimos de nuestro entorno determinan
la necesidad de tener un equilibrio energético
adecuado para responder a esas demandas y para
no desarrollar problemas carenciales.
Apoyo social
Establecimiento y desarrollo de redes sociales,
que puedan facilitar apoyo social al individuo.
Las relaciones sociales con otros individuos puede
resultar una fuente de ayuda psicológica
o instrumental. Un grupo social puede constituirse
en referencia que facilite al individuo una mejor
adaptación e integración en la realidad.
La distracción y el buen humor
Fomentar la distracción y buen humor constituye
una buena medida para prevenir situaciones de
ansiedad o para aliviarlas, pues además
de facilitar el desplazamiento de la atención
de los problemas, contribuye a relativizar la
importancia de esos problemas.
TÉCNICAS COGNITIVAS
Utilizadas para cambiar el pensamiento, modificar
las evaluaciones erróneas o negativas respecto
de las demandas o de los propios recursos del
individuo para afrontarlas y facilitar una reestucturación
de los esquemas cognitivos.
" La gente se perturba , no por los acontecimientos
sino por su opinión sobre los acontecimientos"
Epícteto ( Siglo I a. C.)
La intervención cognitiva del estrés
es el arte de utilizar los pensamientos. Cada
una de las técnicas que le mostraremos
le ayudarán a cambiar su forma de afrontar
los problemas.
Pero todavía antes de entrar propiamente
en cada una de las técnicas y su descripción,
debemos aprender a descubrir los pensamientos
automáticos, prerrequisito necesario para
garantizar éxito en la práctica
de las mencionadas técnicas.
Veamos un ejemplo:
"En un concurrido teatro, una mujer se levanta
de repente, da una bofetada al hombre que está
junto a ella y sale rápidamente por el
pasillo hacia la salida.
Cada una de las personas que ha visto la escena
reacciona a su manera, una mujer se sobresalta,
un adolescente se encoleriza, un hombre maduro
empieza a deprimirse,..."
¿Porqué el mismo suceso provoca
tan diferentes emociones? Porque en cada caso,
la emoción del observador fue una consecuencia
de sus pensamientos. El suceso fue interpretado,
juzgado y etiquetado de tal forma que fue inevitable
una respuesta emocional particular.
Todas las personas están constantemente
describiéndose el mundo a sí mismas,
dando a cada suceso o experiencia una etiqueta.
Estas etiquetas o juicios se forman a lo largo
de un interminable diálogo de cada persona
consigo misma y colorean toda la experiencia con
interpretaciones privadas. El diálogo podemos
compararlo como una cascada de pensamiento que
fluye de la mente sin interrupción. Raras
veces nos damos cuenta de tales pensamientos,
pero son lo suficientemente poderosos como para
crear las emociones más intensas.
Para conseguir el control de las emociones desagradables,
el primer paso es prestar atención a los
pensamientos automáticos. Para identificar
los pensamientos automáticos que son los
continuos causantes de sentimientos ansiógenos,
hay que tratar de recordar los pensamientos que
se tuvieron inmediatamente antes de empezar a
experimentar la emoción y aquellos que
acompañaron el mantenimiento de la emoción.
Una vez llegados a este punto, debemos reconocer
que los pensamientos crean y sostienen las emociones.
Para reducir la frecuencia de las emociones dolorosas,
es necesario primero escuchar los pensamientos
y preguntarse, posteriormente, si son ciertos.
Los pensamientos son los responsables de los sentimientos.
Reorganización cognitiva
Intenta ofrecer vías y procedimientos
para que una persona pueda reorganizar la forma
en que percibe y aprecia una situación.
Esta técnica está dirigida a sustituir
las interpretaciones inadecuadas de una situación,
por otras interpretaciones que generen respuestas
emocionales positivas y conductas más adecuadas.
Modificación de pensamientos automáticos
y de pensamientos deformados
Ante una situación, todo el mundo desarrolla
una serie de pensamientos para interpretar esa
situación. Estos pensamientos pueden ser
tanto racionales como irracionales. Mediante estas
técnicas se intenta la identificación
y el cambio de los pensamientos irracionales.
Los pensamientos automáticos son espontáneos
y propios de cada individuo. Son elaborados sin
reflexión o razonamiento previo aunque
son creídos como racionales. Tienden a
ser dramáticos y absolutos y son muy difíciles
de desviar. Llevan a interpretaciones negativas
y a emociones desagradables.
La persona se irá dando cuenta progresivamente
de sus pensamientos automáticos y desestimando
su importancia.
Los pensamientos deformados son otro tipo de
pensamientos que originan estrés. Este
tipo de pensamientos manifiestan una tendencia
a relacionar todos los objetos y situaciones con
uno mismo, a emplear esquemas de generalización,
de magnificación, de polarización
en la interpretación de la realidad, etc.
La intervención sobre este tipo de pensamientos
consiste en lograr una descripción objetiva
de la situación, identificar las distorsiones
empleadas para interpretarlo y eliminar esas distorsiones
modificándolas mediante razonamientos lógicos.
Desensibilización sistemática
Con esta técnica se intentan controlar
las reacciones de ansiedad o miedo ante situaciones
que resultan amenazadoras a un individuo. Esta
técnica se fundamenta en la relajación
progresiva de Jacobson. El individuo en un estado
de relajación, se va enfrentando progresivamente
con situaciones (reales o imaginadas) dispuestas
en orden creciente de dificultad o de amenaza
ante las que el sujeto desarrolla ansiedad, hasta
que el individuo se acostumbra a estar relajado
y a no desarrollar respuestas emocionales negativas
en estas situaciones.
Inoculación de estrés
Esta es una técnica de carácter
cognitivo y comportamental. La metodología
es similar a la de la desensibilización
sistemática. A partir del aprendizaje de
técnicas de respiración y relajación
para poder relajar la tensión en situación
de estrés, se crea por el sujeto una lista
en la que aparecen ordenadas las situaciones más
estresantes. Comenzando por las menos estresantes
el individuo irá imaginando esas situaciones
y relajándose. Después el individuo
tendrá que desarrollar una serie de pensamientos
para afrontar el estrés y sustituirlos
por anteriores pensamientos estresantes; por último,
el individuo utilizará en vivo estos pensamientos
de afrontamiento y esas técnicas de relajación
en situaciones reales para abordar situaciones
estresantes.
Detención del pensamiento
La acción de esta técnica está
dirigida a la modificación de pensamientos
negativos reiterativos que conducen a sufrir alteraciones
emocionales (ansiedad) es decir que no contribuyen
a buscar soluciones eficaces del problema sino
a dificultarlo. Consiste en lo siguiente: cuando
aparece una cadena de pensamientos repetitivos
negativos intentar evitarlos mediante su interrupción
(golpeando la mesa o vocalizando la expresión
"basta", por ejemplo) y sustituir esos
pensamientos por otros más positivos y
dirigidos al control de la situación. "La
lógica de esta técnica se basa en
el hecho de que un estímulo suficientemente
potente atraerá la atención sobre
él haciendo que se deje de prestar atención
a los pensamientos que se están desarrollando"
(Peiró y Salvador, 1993).
TÉCNICAS FISIOLÓGICAS
Es característico de las situaciones estresantes
la emisión de intensas respuestas fisiológicas
que, además de producir un gran malestar
en el individuo, alteran la evaluación
cognitiva de la situación y la emisión
de respuestas para controlar la situación.
Las técnicas fisiológicas que comentamos
buscan la modificación de esas respuestas
fisiológicas y/o la disminución
de los niveles de activación producidos
por el estrés centrándose directamente
en los componentes somáticos implicados
en el estrés.
Técnicas de relajación física
Las más utilizadas son la relajación
progresiva de Jacobson y el entrenamiento autógeno
de Schultz. Estas técnicas intentan aprovechar
la conexión directa entre el cuerpo y la
mente, de la existencia de una interdependencia
entre la tensión psicológica y la
tensión física o dicho de otro modo,
que no es posible estar relajado físicamente
y tenso emocionalmente. Así, según
las teorías que inspiran estas técnicas,
las personas pueden aprender a reducir sus niveles
de tensión psicológica (emocional)
a través de la relajación física
aún cuando persista la situación
que origina la tensión. "Si se relajan
los músculos que han acumulado tensión
(de origen) emocional, la mente se relajará
también gracias a la reducción de
la actividad del sistema nervioso autónomo"
(Peiró y Salvador, 1993).
La relajación es un estado del organismo
de ausencia de tensión o activación
con efectos beneficiosos para la salud a nivel
fisiológico, conductual y subjetivo. La
técnica de relajación de Jacobson
consiste en adiestrar al individuo en la realización
ejercicios físicos de contracción-relajación
que le permitan tener conocimiento del estado
de tensión de cada parte de su cuerpo y
tener recursos para relajar dichas zonas cuando
estén en tensión.
Técnicas de control de respiración
"Las situaciones de estrés provocan
habitualmente una respiración rápida
y superficial, lo que implica un uso reducido
de la capacidad funcional de los pulmones, una
peor oxigenación, un mayor gasto y un aumento
de la tensión general del organismo"
(Labrador, 1992). Estas técnicas consisten
en facilitar al individuo el aprendizaje de una
forma adecuada de respirar para que en una situación
de estrés pueda controlar la respiración
de forma automática y le permita una adecuada
oxigenación del organismo que redunda en
un mejor funcionamiento de los órganos
corporales y un menor gasto energético
(efectos beneficiosos sobre irritabilidad, fatiga,
ansiedad, control de la activación emocional,
reducción de la tensión muscular,
etc).
"Existen diversas técnicas de entrenamiento
de la respiración abdominal que pretenden
que ésta substituya a la torácica
practicada en situaciones de tensión y
estrés siendo, sin embargo, menos adecuada
para una eficaz oxidación de los tejidos"
(Peiró y Salvador, 1993). El aprendizaje
y la posterior utilización de estas técnicas
resulta bastante fácil y sus efectos beneficiosos
son apreciables inmediatamente.
Técnicas de relajación mental
(meditación)
La práctica de la meditación estimula
cambios fisiológicos de gran valor para
el organismo. Pretenden que la persona sea capaz
de desarrollar sistemáticamente una serie
de actividades (perceptivas y/o conductuales )
que le permitan concentrar su atención
en esas actividades y desconectar de la actividad
mental cotidiana del individuo de aquello que
puede resultarle una fuente de estrés.
Biofeedback
Esta es una técnica de intervención
cognitiva para el control del estrés pero
busca efectos a nivel fisiológico. Su objetivo
es dotar al individuo de capacidad de control
voluntario sobre ciertas actividades y procesos
de tipo biológico. A partir de la medición
de algunos de procesos biológicos del individuo,
se trataría de proporcionar al propio individuo
una información continua de esos parámetros,
de manera que esta información pueda ser
interpretada y utilizada para adquirir control
sobre aquellos procesos para posteriormente adiestrar
al individuo en el control voluntario de los citados
procesos en situaciones normales.
TÉCNICAS CONDUCTUALES
Entrenamiento asertivo
Mediante esta técnica se desarrolla la
autoestima y se evita la reacción de estrés.
Se trata de aprender a conducirse de una forma
asertiva, que consiste en conseguir una mayor
capacidad para expresar los sentimientos, deseos
y necesidades de manera libre, clara e inequívoca
ante los demás, y que esté dirigida
al logro de los objetivos del individuo, respetando
los puntos de vista del otro. La ejecución
de esta técnica se lleva a cabo a través
de prácticas de Role Playing.
Entrenamiento en habilidades sociales
Consiste en el aprendizaje de conductas que tienen
más probabilidad de lograr el éxito
a la hora de conseguir una meta personal y a conducirse
con seguridad en situaciones sociales. Este entrenamiento
al igual que el anterior se realiza a través
de prácticas de Role Playing. Estas técnicas
constituyen una buena forma de instaurar habilidades
sociales mediante la observación de las
conductas, la posterior escenificación
y dramatización de situaciones reales,
y por último, su ejecución habitual
en la realidad.
Modelamiento encubierto
Es una técnica creada por Cautela (1971).
Está destinada a cambiar secuencias de
conductas que son negativas para el individuo
y aprender conductas satisfactorias. Consiste
en que el sujeto practica en la imaginación
las secuencias de la conducta deseada de forma
que cuando adquiera cierta seguridad realizando
imaginariamente esa conducta consiga llevarla
a cabo en la vida real de una forma eficaz.
Técnica de solución de problemas
Una situación se constituye en un problema
cuando no podemos dar una solución efectiva
a esa situación. El fracaso repetido en
la resolución de un problema provoca un
malestar crónico, una ansiedad, una sensación
de impotencia,... que dificulta la búsqueda
de nuevas soluciones. Mediante estas técnicas
se intenta ayudar al individuo a decidir cuáles
son las soluciones más adecuadas a un problema.
Esta técnica desarrollada por D'Zurilla
y Golcifried (1971) consta de varios pasos:
- Identificación y descripción
del problema de forma clara, rápida y precisa.
Esta descripción ha de realizarse en unos
términos que impliquen conductas propias
para resolver ese problema.
- Buscar varias posibles soluciones o respuestas
que puede tener el problema considerándolo
desde distintos puntos de vista; hay que evitar
responder impulsivamente al problema.
- Llevar a cabo un procedimiento de análisis
y ponderación de las distintas alternativas
de respuesta para decidir la solución más
idónea a ese problema y que vamos a realizar.
- Elegir los pasos que se han de dar para su
puesta en práctica y llevarlos a cabo.
- Evaluar los resultados obtenidos al llevar
a cabo la solución elegida. Si no son positivos,
es necesario volver a anteriores pasos.
Técnicas de autocontrol
El objetivo de estas técnicas es buscar
que el individuo tenga control de la propia conducta
a través del adiestramiento de su capacidad
para regular las circunstancias que acompañan
a su conducta (circunstancias que anteceden a
su conducta y circunstancias consecuentes a esa
conducta). "Estos procedimientos son muy
útiles en el manejo y control en las conductas
implicadas en situaciones de estrés y son
útiles no sólo para mejorar conductas
que ya han causado problemas, sino también
para prevenir la posible aparición de conductas
problemáticas" (Labrador, 1992). En
el ámbito laboral, puede resultar especialmente
útil fomentar el aprendizaje y la concienciación
de los individuos en estrategias de carácter
organizativo tendentes a facilitar al individuo
recursos para el ordenamiento de su tiempo en
relación a las tareas que ha de desempeñar
(cuadro 3) o para reducir las demandas de trabajo
exteriores. Dos ejemplos de esto último
pueden ser la delegación (que permita la
distribución de las responsabilidades y
los cometidos de una tarea entre varios sujetos
y evite que sean una misma persona o unas pocas
los que "lleven" el peso del trabajo)
y la negociación (que facilite al individuo
la flexibilidad y la comprensión necesarias
para atender otros puntos de vista, para incluir
otras variables en su análisis de la realidad,
para adaptarse a las posibilidades reales, para
facilitar el intercambio y el diálogo con
los otros, para buscar la colaboración
y no la oposición, para buscar soluciones
negociadas, ... ).
© Laura
Fátima Asensi Pérez
Psicóloga col. Nº CV-2988
(volver)
TRASTORNO DE PANICO
– CRISIS DE ANGUSTIA
(Panic
Attack)
I.
Definición y Diagnóstico
La
característica principal del trastorno de pánico
es la presencia de ataques de pánico
inesperados que se producen sin que exista ninguna
razón aparente. No se haya presente ninguna
amenaza física externa ni causas médicas. Las
personas que sufren este tipo de trastorno ven
limitadas actividades y situaciones, y pueden
desarrollar una evitación de las situaciones que
asocian con los ataques de pánico, desarrollando
agorafobia, que es la tendencia a evitar lugares o
situaciones donde la huída podría resultar difícil
o vergonzosa, o donde no podría obtener ayuda en
caso de sufrir un ataque de pánico. Si se dan
ambas características diagnósticas, la persona
sufriría un trastorno de pánico con agorafobia.
En
cuanto al diagnóstico, en el DSM-IV se produce
una diferenciación
entre ataques de pánico y trastorno de pánico.
Los Ataques de Pánico (AP) son períodos
discretos de miedo o malestar intenso en los que,
al menos, se observan 4 de los 13 síntomas somáticos
o cognitivos que se contemplan en el sistema de
clasificación. Los AP tiene un inicio súbito y
en poco tiempo llegan a su máxima intensidad.
Suelen ir acompañados de una sensación de
peligro inminente y un impulso o necesidad de
escapar. Los ataques que cumplen todas estas
condiciones pero tienen menos de 4 síntomas, se
denominan ataques de síntomas limitados.
Para
diagnosticar un Trastorno de Pánico (TP) se deben
dar repetidos ataques de pánico, siendo
al menos algunos de ellos
inesperados y seguidos por preocupación de
sufrir futuros ataques, de las implicaciones de
los mismos y un cambio de comportamiento asociado
a los AP.
Criterios
para el diagnóstico de crisis de angustia/ataque
de pánico (panic attack)
Aparición
temporal y aislada de miedo o malestar intensos,
acompañada de cuatro (o más) de los siguientes síntomas,
que se inician bruscamente y alcanzan su máxima
expresión en los primeros 10 min:
1.
palpitaciones, sacudidas del corazón o elevación
de la frecuencia cardíaca
2. sudoración
3. temblores o sacudidas
4. sensación de ahogo o falta de aliento
5. sensación de atragantarse
6. opresión o malestar torácico
7. náuseas o molestias abdominales
8. inestabilidad, mareo o desmayo
9. desrealización (sensación de
irrealidad) o despersonalización (estar separado
de uno mismo)
10. miedo a perder el control o volverse
loco
11. miedo a morir
12. parestesias (sensación de
entumecimiento u hormigueo)
13. escalofríos o sofocaciones
Criterios
para el diagnóstico de agorafobia
Nota:
No se registra la agorafobia en un código
aislado. Codificar el diagnóstico del trastorno
específico en que aparece la agorafobia (p. ej.,
F40.01 Trastorno de angustia con agorafobia
[300.21] o F40.00 Agorafobia sin historia de
trastorno de angustia [300.22]).
A.
Aparición de ansiedad al encontrarse en lugares o
situaciones donde escapar puede resultar difícil
(o embarazoso) o donde, en el caso de aparecer una
crisis de angustia inesperada o más o menos
relacionada con una situación, o bien síntomas
similares a la angustia, puede no disponerse de
ayuda. Los temores agorafóbicos suelen estar
relacionados con un conjunto de situaciones
características, entre las que se incluyen estar
solo fuera de casa; mezclarse con la gente o hacer
cola; pasar por un puente, o viajar en autobús,
tren o automóvil.
Nota:
Considerar el diagnóstico de fobia específica si
el comportamiento de evitación se limita a una o
pocas situaciones específicas, o de fobia social
si tan sólo se relaciona con acontecimientos de
carácter social.
B.
Estas situaciones se evitan (p. ej., se limita el
número de viajes), se resisten a costa de un
malestar o ansiedad significativos por temor a que
aparezca una crisis de angustia o síntomas
similares a la angustia, o se hace indispensable
la presencia de un conocido para soportarlas.
C.
Esta ansiedad o comportamiento de evitación no
puede explicarse mejor por la presencia de otro
trastorno mental como fobia social (p. ej.,
evitación limitada a situaciones sociales por
miedo a ruborizarse), fobia específica (p. ej.,
evitación limitada a situaciones aisladas como
los ascensores), trastorno obsesivo-compulsivo (p.
ej., evitación de todo lo que pueda ensuciar en
un individuo con ideas obsesivas de contaminación),
trastorno por estrés postraumático (p. ej.,
evitación de estímulos relacionados con una
situación altamente estresante o traumática) o
trastorno de ansiedad por separación (p. ej.,
evitación de abandonar el hogar o la familia).
Criterios
para el diagnóstico de F41.0 Trastorno de
angustia sin
agorafobia (300.01)
A.
Se cumplen 1 y 2:
1.
crisis de angustia inesperadas recidivantes
2. al menos una de las crisis se ha seguido
durante 1 mes (o más) de uno (o más) de los
siguientes síntomas:
(a)
inquietud persistente ante la posibilidad de tener
más crisis
(b) preocupación por las implicaciones de
la crisis o sus consecuencias (por ej., perder el
control, sufrir un infarto de miocardio,
"volverse loco")
(c) cambio significativo del comportamiento
relacionado con las crisis
B.
Ausencia de agorafobia.
C.
Las crisis de angustia no se deben a los efectos
fisiológicos directos de una sustancia (p. ej.,
drogas, fármacos) o una enfermedad médica (p.
ej., hipertiroidismo).
D.
Las crisis de angustia no pueden explicarse mejor
por la presencia de otro trastorno mental, como
por ejemplo fobia social (p. ej., aparecen al
exponerse a situaciones sociales temidas), fobia
específica (p. ej., el exponerse a situaciones fóbicas
específicas), trastorno obsesivo-compulsivo (p.
ej., al exponerse a la suciedad cuando la obsesión
versa sobre el tema de la contaminación),
trastorno por estrés postraumático (p. ej., en
respuesta a estímulos asociados a situaciones
altamente estresantes), o trastorno por ansiedad
de separación (p. ej., al estar lejos de casa o
de los seres queridos).
Criterios
para el diagnóstico de F40.01 Trastorno de
angustia con
agorafobia (300.21)
A.
Se cumplen 1 y 2:
1.
crisis de angustia inesperadas recidivantes
2. al menos una de las crisis se ha seguido
durante 1 mes (o más) de uno (o más) de los
siguientes síntomas:
(a)
inquietud persistente por la posibilidad de tener
más crisis
(b) preocupación por las implicaciones de
la crisis o sus consecuencias (por ej., perder el
control, sufrir un infarto de miocardio,
"volverse loco")
(c) cambio significativo del comportamiento
relacionado con las crisis
B.
Presencia
de agorafobia.
C.
Las crisis de angustia no se deben a los efectos
fisiológicos directos de una sustancia (p. ej.,
drogas, fármacos) o una enfermedad médica (p.
ej., hipertiroidismo).
D.
Las crisis de angustia no pueden explicarse mejor
por la presencia de otro trastorno mental, como
por ejemplo fobia social (p. ej., aparecen al
exponerse a situaciones sociales temidas), fobia
específica (p. ej., el exponerse a situaciones fóbicas
específicas), trastorno obsesivo-compulsivo (p.
ej., al exponerse a la suciedad cuando la obsesión
versa sobre el tema de la contaminación),
trastorno por estrés postraumático (p. ej., en
respuesta a estímulos asociados a situaciones
altamente estresantes), o trastorno por ansiedad
por separación (p. ej., al estar lejos de casa o
de los seres queridos).
Criterios
para el diagnóstico de F40.00 Agorafobia sin
historia de trastorno de angustia (300.22)
A.
Aparición de agorafobia en relación con el temor
de desarrollar síntomas similares a la angustia
(p. ej., mareos o diarrea).
B.
Nunca
se han cumplido los criterios diagnósticos del
trastorno de angustia.
C.
El trastorno no se debe a los efectos fisiológicos
directos de una sustancia (drogas, fármacos) o de
una enfermedad médica.
D.
Si
el individuo presenta una enfermedad médica, el
temor descrito en el Criterio A es claramente
excesivo en comparación con el habitualmente
asociado a la enfermedad médica.
II.
Cómo se desarrolla el Trastorno de Pánico (TP)
Según
Brian, el primer paso en el desarrollo de un
trastorno de pánico es un episodio de sensaciones
físicas desagradables, que son alarmantes y cuya
causa no se entiende. Estas sensaciones pueden ser
cualquier combinación de las descritas en los
criterios diagnósticos para el trastorno de pánico.
El
paso siguiente es la falta de explicación
aceptable para esos síntomas desconocidos y
misteriosos y que surgen de forma
“inesperada”. Si la persona posee unos rasgos
de personalidad
de ansiedad elevada (Peurofoy, 2004), gran
necesidad de poseer el control de sí mismo, de
parecer normal y de evitar todo lo que pudiese
provocar desaprobación de los demás, se produce
un alto nivel de preocupación sobre la
posibilidad de que los síntomas físicos y
misteriosos se vuelvan a repetir, volviéndose a
producir esa desagradable sensación de falta de
control.
Esta
sensación de miedo influye en un alto nivel de
consciencia sobre las sensaciones internas (internalización)
, tales como latidos del corazón, ritmo de
respiración, mareos... llegando a producir la
preocupación sobre lo que podría suceder si las
sensaciones de alarma se produjesen en otras
situaciones (generalización), produciendo una
anticipación negativa.
La
combinación de no entender lo que ha sucedido,
internalización y anticipación negativa puede
provocar el desarrollo del ciclo ansiedad/pánico.
|
Reacciones
normales en el cuerpo
à
|
-
Sensación percibida
provocando miedo
|
à
El miedo incrementado produce una
respuesta de lucha o huída
|
|
|
|
i
|
|
|
-
El miedo provoca la
reacción de lucha o huída
|
à
La reacción incrementada en el cuerpo
ß
produce más miedo
|
Hay
tanto una predisposición biológica como factores
psicológicos que explican la aparición y
mantenimiento de un TP. Podemos resumir el
desarrollo de un TP de la siguiente forma: Los antecedentes
en la infancia (modelo de rol parental
ansioso, frecuentes críticas o exigencias, reglas
familiares
rígidas o sistema de creencias rígidas,
malos tratos, énfasis en el comportamiento
correcto o en las apariencias, padres
sobreprotectores, ausencia de afecto...) inciden
en unos rasgos de personalidad de ansiedad
elevada (pensamiento rígido, creatividad,
necesidad excesiva de aprobación, perfeccionismo,
persona activa, competente, fiable, necesidad
excesiva de mantener el control...) lo que
facilita, junto con un factor biológico congénito,
una
respuesta
más intensa a estímulos ambientales,
tales como ruido, olores, medicametos, variaciones
de temperatura, etc., provocando síntomas físicos
alarmantes, que pueden ser causados por
diversos factores o combinación de ellos
(factores genéticos en un organismo altamente
reactivo, agotamiento físico, tendencia a la
hipeventilación, estado médico, reacciones a
medicamentos, etc. Al producirse una interpretación
errónea de los síntomas (me va a dar un
infarto, voy a perder el control, esto no es
normal, me voy a volver loco...) se siente
miedo a cualquier síntoma similar (anticipación
negativa e internalización), fijando la atención
de forma exagerada en el propio cuerpo y
sus reacciones. Esto produce un ciclo de
ansiedad/pánico, pudiendo producirse un trastorno
de pánico con o sin agorafobia, y por tanto
desarrollando y/o exagerando los rasgos de
ansiedad elevada.
Lo
que diferencia a quienes desarrollan el ciclo
ansiedad/pánico de quienes no lo hacen parece ser
los rasgos de ansiedad elevada. No es tanto el
hecho de lo que la persona tenga un cuerpo muy
reactivo, una tendencia a la hiperventilación, un
estado médico... lo que produce síntomas de
ansiedad/pánico. La clave para el desarrollo del
ciclo del pánico lo constituye lo que una persona
piensa y cree de lo que ha sucedido.
III.
Tratamiento
El
tratamiento del TP más adecuado, según autores,
es la combinación del
tratamiento farmacológico y el tratamiento
psicológico. A nivel farmacológico se han
utilizado fundamentalmente los antidepresivos
tricíclicos,
las benzodiacepinas y los inhibidores selectivos
de recaptación de serotonina (SSRIs), siendo
estos últimos
los fármacos de elección en los últimos
tiempos en el tratamiento del TP.
Unos
de los principales componentes de todo programa de
tratamiento psicológico
del TP es el componente educativo. Es
decir, ofrecer al paciente una explicación
razonable de lo que le está sucediendo, tanto en
el momento concreto de sus crisis como en lo que
se refiere al trastorno (Botella y Ballester,
1997). Se plantearán
aspectos tales como una explicación de la
ansiedad, su posible valor adaptativo, ausencia de
consecuencias perjudiciales de la ansiedad para el
organismo, formas de manifestarse, importancia
central del pensamiento como desencadenante de la
ansiedad, así como presentación del modelo
cognitivo del pánico, insistiendo y explicando de
forma clara que el factor central que precipita un
ataque de pánico no es el conjunto de sensaciones
corporales intensas y desagradables, sino
la interpretación catastrofista que la persona
hace de tales sensaciones.
Se
realizará una discusión cognitiva,
reinterpretando las señales de alarma y
ofreciendo interpretaciones alternativas. Es
indispensable asimismo un entrenamiento en
respiración lenta, diafragmática o abdominal
como técnica de control de la ansiedad y para el
manejo de la hiperventilación, muy frecuente en
personas que sufren estos trastornos.
Otro
objetivo del tratamiento psicológico es el
entrenamiento en técnicas de distracción, a fin
de controlar el sistema de alarma o alerta que
focaliza la atención en el propio funcionamiento
corporal. Estas técnicas tienen un doble
objetivo: ayudar a desviar la atención de las
propias sensaciones corporales y ayudarle a dejar
de pensar en las interpretaciones catastrofistas.
Casi todas las personas que sufren ataques de pánico
han utilizado de forma espontánea técnicas
distractoras. Un entrenamiento más exhaustivo
podrá ayudarles a practicar estas estrategias.
Es
útil asimismo combinar con la reestructuración
cognitiva, los experimentos comportamentales para
provocar el cambio cognitivo, a través de la
comprobación y verificación directa por parte
del paciente.
Por
último, una vez realizadas las técnicas
anteriores, valorando el nivel de evolución del
paciente, podemos utilizar las técnicas de
exposición a estímulos internos y externos a fin
de controlar las conductas evitativas.
© Laura
Fátima Asensi Pérez
Psicóloga col. Nº CV-2988
(volver)
¿FOBIA SOCIAL O TIMIDEZ?
La
Fobia Social (FS) es un problema de ansiedad que
presenta entre el 3 y el 13 % de la población,
aunque es probable que estas cifras sean más
elevadas, ya que se trata de un problema por el
que las personas no suelen acudir a la consulta de
un psicólogo. Generalmente, la FS suele aparecer
a mediados de la adolescencia y no es raro que la
persona diga tener durante años una gran timidez
o inhibición social. Algunas personas, no
obstante, indican que el problema lo presentan
desde niños. La FS puede aparecer a consecuencia
de una experiencia estresante, humillante, o de
ridículo, o bien puede haber ido consolidándose
de forma lenta e insidiosa.
La
característica distintiva del trastorno de
fobia social es el temor al escrutinio por parte
de los demás. Se caracteriza por el
miedo a las situaciones que impliquen
relacionarse con otras personas, sobretodo si son
desconocidas.
La exposición a las situaciones sociales temidas
provoca casi invariablemente una respuesta
inmediata de ansiedad, que puede tomar la forma de
una crisis de angustia situacional más o menos
relacionada con dicha situación. Consiste
en un miedo persistente y acusado (que la
persona reconoce como irracional o inapropiado)
a situaciones sociales o actuaciones en público
por temor a que resulten embarazosas. Cuando la
persona con FS se encuentra en las situaciones
sociales temidas experimenta una preocupación
constante y teme que los demás la vean como una
persona ansiosa, débil, rara o tonta. La persona
con fobia social tiende a evitar las situaciones
ansiógenas, lo que incide negativamente en su
capacidad de afrontamiento.
La
timidez es una forma atenuada de fobia social.
Aunque la fobia social puede confundirse
con la timidez, las dos cosas no son lo mismo,
todos tenemos miedo a alguna cosa, como por
ejemplo a hablar con un jefe, a volar, a los
insectos, a hablar o comer en público, a subir en
un ascensor,
etc. Todos estos miedos pueden ser
considerados normales, pero cuando el temor hacia
esas situaciones es tan elevado que interfiere en
nuestras vidas y nos priva de hacer muchas cosas
que podríamos hacer, nos genera una ansiedad
elevada, entonces esa timidez y
esos temores se convierten en fobias. La
persona tímida siente ansiedad en las situaciones
sociales, pero no es incapacitante ni supone un
gran malestar, algo que sí ocurre en la fobia
social.
|
Criterios
para el diagnóstico de F40.1 Fobia social
(300.23) DSM-IV
A.
Temor acusado y persistente por una o más
situaciones sociales o actuaciones en público
en las que el sujeto se ve expuesto a
personas que no pertenecen al ámbito
familiar o a la posible evaluación por
parte de los demás. El individuo teme
actuar de un modo (o mostrar síntomas de
ansiedad) que sea humillante o embarazoso.
Nota: En los niños es necesario haber
demostrado que sus capacidades para
relacionarse socialmente con sus familiares
son normales y han existido siempre, y que
la ansiedad social aparece en las reuniones
con individuos de su misma edad y no sólo
en cualquier interrelación con un adulto.
B.
La exposición a las situaciones sociales
temidas provoca casi invariablemente una
respuesta inmediata de ansiedad, que puede
tomar la forma de una crisis de angustia
situacional o más o menos relacionada con
una situación. Nota: En los niños la
ansiedad puede traducirse en lloros,
berrinches, inhibición o retraimiento en
situaciones sociales donde los asistentes no
pertenecen al marco familiar.
C.
El individuo reconoce que este temor es
excesivo o irracional. Nota: En los niños
puede faltar este reconocimiento.
D.
Las situaciones sociales o actuaciones en público
temidas se evitan o bien se experimentan con
ansiedad o malestar intensos.
E.
Los comportamientos de evitación, la
anticipación ansiosa, o el malestar que
aparece en la(s) situación(es) social(es) o
actuación(es) en público temida(s)
interfieren acusadamente con la rutina
normal del individuo, con sus relaciones
laborales (o académicas) o sociales, o bien
producen un malestar clínicamente
significativo.
F.
En los individuos menores de 18 años la
duración del cuadro sintomático debe
prolongarse como mínimo 6 meses.
G.
El miedo o el comportamiento de evitación
no se deben a los efectos fisiológicos
directos de una sustancia (p. ej., drogas, fármacos)
o de una enfermedad médica y no pueden
explicarse mejor por la presencia de otro
trastorno metal (p. ej., trastorno de
angustia con o sin agorafobia, trastorno de
ansiedad por separación, trastorno dismórfico
corporal, un trastorno generalizado del
desarrollo o trastorno esquizoide de la
personalidad).
H.
Si hay una enfermedad médica u otro
trastorno mental, el temor descrito en el
Criterio A no se relaciona con estos
procesos (p. ej., el miedo no es debido a la
tartamudez, a los temblores de la enfermedad
de Parkinson o a la exhibición de conductas
alimentarias anormales en la anorexia
nerviosa o en la bulimia nerviosa).
Especificar
si:
Generalizada:
si los temores hacen referencia a la mayoría
de las situaciones sociales (considerar
también el diagnóstico adicional de
trastorno de la personalidad por evitación)
|
Algunas
de las situaciones sociales más temidas
por las personas con fobia social son:
Ø Iniciar
y/o mantener conversaciones
|
Ø Quedar o citarse con alguien
|
Ø Asistir a una reunión social
|
Ø Hablar con personas con autoridad
|
Ø Telefonear a personas poco conocidas o realizar gestiones
|
Ø Devolver un producto en una tienda
|
Ø Hacer y recibir cumplidos
|
|
|
Ø Ser el centro de atención
|
|
|
Ø Escribir o trabajar mientras le están observando
|
Ø Preocupación cada vez que nos encontramos con alguien
|
Ø Temor a propósito de que alguien nos mire y observe lo que
estamos haciendo
|
Ø Temor a que nos presenten
|
Ø Dificultad para confrontarse en el trabajo o hacer
reclamaciones (incluso si se tiene la
razón y el derecho de hacerlo)
|
Ø Tendencia a rehuir espacios cerrados donde hay gente
|
Ø Sensación de que todos nos miran y nos desvalorizan
|
Ø Temor a que nuestras
intervenciones parezcan ridículas,
pobres o inadecuadas. Miedo a quedarse
en blanco o no saber qué decir
|
El
DSM-IV hace una distinción entre fobia
social específica o de tipo generalizado. El
tratamiento tendrá que tener en cuenta esta
diferencia a la
hora de plantear estrategias de intervención
diferenciadas.
Tratamiento psicológico de la Fobia Social
Tradicionalmente
se ha dividido el tratamiento cognitivo-conductual
de la FS en cuatro tipos de procedimientos:
Estrategias de relajación, el entrenamiento
en habilidades sociales,
exposición
y reestructuración cognitiva. Se trata de un tratamiento de tipo
cognitivo-comportamental.
Se trabaja en dos niveles básicos:
-
Los pensamientos, ideas, interpretaciones que
las personas tienen acerca de las situaciones que
les producen miedo o ansiedad y acerca de sí
mismas cuando quieren o tienen que enfrentarse a
esas situaciones. Consiste en entrenar al paciente
para detectar sus pensamientos y reemplazar o
modificar aquellos que no resultan útiles, a fin
de mejorar su
calidad de vida.
-
El comportamiento, habilidades, conductas, lo
que hacen y lo que no en las situaciones que les
resultan incómodas. Consiste en la exposición
controlada a aquellas situaciones que producen
ansiedad. Con esto se consigue que la ansiedad
causada por las distintas situaciones vaya
disminuyendo paulatinamente hasta llegar a un
nivel controlable por el paciente. El psicólogo
enseña al paciente unas técnicas basadas en
habilidades sociales para que este pueda controlar
la ansiedad, una vez conseguido esto a través de
un proceso de meses de tratamiento, el paciente
podrá enfrentarse a aquellas situaciones que
antes creía no poder afrontar.
La combinación de ambas terapias permite a la persona
que sufre estos trastornos conocer y cambiar su
estilo de pensamiento, lo que lleva a un cambio de
comportamiento, para lograr así, una mejora
significativa en la calidad de vida, que es de lo
que se trata.
En
un primer momento se realiza una evaluación de la
fobia social debiendo estructurarse para
considerar de forma sistemática los
síntomas fisiológicos, conductuales y
subjetivos, y las reacciones a ellos. tras
diversas entrevistas, instrumentos de autoinforme,
registros y medidas conductuales, se desarrollará
un programa personalizado para el tratamiento
cognitivo-conductual de la Fobia Social
Con
frecuencia, debido a la excesiva ansiedad previa (ansiedad
anticipatoria), deciden en ultimo momento no
concurrir a reuniones o compromisos sociales para
evitar la incomodidad que les pudiera provocar,
siendo expertos en encontrar excusas. Por todo
ello este trastorno puede traer asociadas, como
principales complicaciones,
el abuso de alcohol, drogas, abuso de
psicofármacos, depresión... La Fobia Social
puede llevar a sufrir problemas laborales, déficits
sociales, dependencia económica, dificultades de
relación y para formar pareja, etc.
Se
desprende de todo ello el modo en que este
trastorno empobrece la calidad de vida
pudiendo convertirse en un trastorno
invalidante para muchas situaciones
cotidianas e interpersonales.
© Laura Fátima
Asensi Pérez
Psicóloga col. Nº CV-2988
(volver)
TRASTORNO OBSESIVO COMPULSIVO
(TOC)
DESCRIPCIÓN
Y ORIGEN DEL TRASTORNO OBSESIVO COMPULSIVO
Este
trastorno se encuentra recogido dentro de los trastornos de ansiedad y se caracteriza
por la presencia de obsesiones y compulsiones,
excesivas e irracionales, que provocan un malestar
significativo, representan una pérdida de tiempo
y/o interfieren marcadamente con la rutina diaria
de la persona que lo sufre, sus relaciones
laborales (o académicas) así como en su vida
social y familiar.
Aunque
el TOC se suele iniciar, en la mayor parte de los
casos, durante la adolescencia o principio de la
edad adulta, también puede hacerlo en la
infancia. La mayor parte de las veces el inicio
del trastorno es gradual.
El trastorno obsesivo-compulsivo ha sido investigado
en relación con diferentes etiologías: factores
biológicos, genéticos, conductuales,
psicosociales, existiendo diversas hipótesis
sobre su origen.
La
obsesión
se
refiere a ideas no deseadas que asedian la
conciencia y que determinan una angustia patológica
a pesar de los esfuerzos desplegados por el sujeto
para evitarlos.
Las
obsesiones pueden ser pensamientos, imágenes o
impulsos intrusivos (por ejemplo, pensar palabras
obscenas, deseos de violencia, deseos de muerte o
hacer daño, repetición de frases o palabras, ver
una imagen, impulsos de hacer daño
de ser maleducado, rezar, dudas, poner las
cosas en orden ...)
Los
temas de los pensamientos obsesivos suelen versar
sobre la religión, la sexualidad, la contaminación
y la agresión. Al ser pensamientos que atentan
contra los valores de la persona les produce un
elevado nivel de culpa, responsabilidad y
ansiedad.
La
compulsión
hace
referencia al acto de forzar al individuo a obrar
en contra de su voluntad. Los sentimientos
producidos por los pensamientos obsesivos llevan a
la persona a realizar unas conductas que alivien o
suavicen el impacto emocional recibido y la
posibilidad de que suceda el pensamiento obsesivo
y temido.
Como
intentos de reducir la obsesión se producen
conductas de evitación, neutralización o
compulsión, así el evento temido no ocurre y se
reduce la ansiedad, convirtiéndose en rituales.
Las
obsesiones, en el plano del pensamiento, son ideas
u ocurrencias que de forma repetida se introducen
en la conciencia del sujeto e interfieren el flujo
normal del pensamiento y causan malestar y
sufrimiento. Probablemente los temas más
universales de las obsesiones tienen que ver con
la escrupulosidad física o moral y la duda o
imposibilidad de inclinarse por una opción. En
ocasiones, el sujeto tiene la necesidad de repetir
mentalmente un contenido concreto de significado
ilógico o banal, como puede ser un número de teléfono,
la fecha de un suceso irrelevante, la melodía de
una película, etc.
Las
compulsiones o rituales tienen un significado
similar a las obsesiones, pero en el plano de la
acción. Ya no es algo que se piensa sino que se
realiza. Entre los rituales más típicos se
encuentran el lavado excesivo de manos, la
comprobación repetitiva de haber cerrado la
puerta, contar, rezar, repetir, demandas de
comprobación o certeza, etc.
Existe
una estrecha correlación entre el Trastorno
obsesivo-compulsivo (TOC) y la Depresión. Estos
cuadros suelen hallarse asociados muy
frecuentemente. Aunque la relación suele ser
bidireccional, normalmente la depresión aparece
después del TOC. Asimismo la dificultad en tomar
decisiones que acompaña a este trastorno
dificulta el normal desenvolvimiento del
individuo.
No
es conveniente comenzar una terapia psicológica
para tratar el TOC si existe una depresión,
siendo prioritario el tratamiento de ésta.
DIAGNÓSTICO
Criterios
para el diagnóstico de F42.8 Trastorno
obsesivo-compulsivo (300.3)[1]
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A.
Se cumple para las obsesiones y las
compulsiones:
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Las
obsesiones se definen por 1, 2, 3 y 4:
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1.
pensamientos, impulsos o imágenes
recurrentes y persistentes que se
experimentan en algún momento del trastorno
como intrusos e inapropiados, y causan
ansiedad o malestar significativos
2. los pensamientos, impulsos o imágenes no
se reducen a simples preocupaciones
excesivas sobre problemas de la vida real
3. la persona intenta ignorar o suprimir
estos pensamientos, impulsos o imágenes, o
bien intenta neutralizarlos mediante otros
pensamientos o actos
4. la persona reconoce que estos
pensamientos, impulsos o imágenes obsesivos
son el producto de su mente (y no vienen
impuestos como en la inserción del
pensamiento)
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Las
compulsiones se definen por 1 y 2:
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1.
comportamientos
(p. ej., lavado de manos, puesta en orden de
objetos, comprobaciones) o actos mentales
(p. ej., rezar, contar o repetir palabras en
silencio) de carácter repetitivo, que el
individuo se ve obligado a realizar en
respuesta a una obsesión o con arreglo a
ciertas reglas que debe seguir
estrictamente.
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2.
el
objetivo de estos comportamientos u
operaciones mentales es la prevención o
reducción del malestar o la prevención de
algún acontecimiento o situación
negativos; sin embargo, estos
comportamientos u operaciones mentales o
bien no están conectados de forma realista
con aquello que pretenden neutralizar o
prevenir o bien resultan claramente
excesivos.
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B.
En algún momento del curso del trastorno la
persona ha reconocido que estas obsesiones o
compulsiones resultan excesivas o
irracionales.
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Nota:
Este punto no es aplicable en los niños.
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C.
Las obsesiones o compulsiones provocan un
malestar clínico significativo, representan
una pérdida de tiempo (suponen más de 1
hora al día) o interfieren marcadamente con
la rutina diaria del individuo, sus
relaciones laborales (o académicas) o su
vida social.
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D.
Si hay otro trastorno, el contenido de las
obsesiones o compulsiones no se limita a él
(p. ej., preocupaciones por la comida en un
trastorno alimentario, arranque de cabellos
en la tricotilomanía, inquietud por la
propia apariencia en el trastorno dismórfico
corporal, preocupación por las drogas en un
trastorno por consumo de sustancias,
preocupación por estar padeciendo una grave
enfermedad en la hipocondría, preocupación
por las necesidades o fantasías sexuales en
una parafilia o sentimientos repetitivos de
culpabilidad en el trastorno depresivo
mayor).
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E.
El trastorno no se debe a los efectos fisiológicos
directos de una sustancia (p. ej., drogas, fármacos)
o de una enfermedad médica.
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Especificar
si:
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Con
poca conciencia de enfermedad: si, durante
la mayor parte del tiempo del episodio
actual, el individuo no reconoce que las
obsesiones o compulsiones son excesivas o
irracionales.
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TRATAMIENTO
El
enfoque más común para el tratamiento del TOC es
el farmacológico (medicación) y la psicoterapia
(tratamiento psicológico). La combinación de
ambas estrategias de intervención nos ofrece la
mayor garantía de éxito en el tratamiento.
Centrándonos
a nivel psicológico, se utiliza básicamente la técnica
denominada de exposición y prevención de
respuesta. Basándonos en la premisa de que cada
conducta neutralizadora o ritual disminuye el
malestar a
corto plazo pero hace que la persona se vea
atrapada en el círculo de la ansiedad, la única
forma de romper este círculo es afrontar las
situaciones generadoras de ansiedad sin realizar
ninguna conducta de neutralización, exponiéndose
de forma regulada a estas situaciones y eliminando
aquellos rituales, conductas evitativas o de
distracción que, a la larga, aumenta la ansiedad
ante las mismas situaciones. La
exposición al estímulo temido por sí misma no
es suficiente. Esta exposición debe ir acompañada
del ‘bloqueo’ de cualquier ritual compusivo
que habitualmente utilizan como estrategia para
reducir la angustia que experimentan frente al estímulo
ansiógeno.
El
fundamento racional que subyace a esta técnica se
basa en la idea de el ‘enfrentamiento’ gradual
y continuo a situaciones generadoras de ansiedad
conduce de manera progresiva a un descenso en los
niveles de activación emocional del sujeto.
Dicha
técnica tiene que definirla y estructurarla un
profesional, junto con el paciente, después de
una evaluación funcional y psicológica del mismo
a fin de que sea verdaderamente efectiva, teniendo
en cuenta las peculiaridades de la persona,
debiendo realizarse de forma progresiva y
regulada.
El
enfoque educativo pretende aumentar los
conocimientos del paciente sobre su propio
trastorno, cómo tratarlo y cómo reconocer los síntomas
característicos de forma que le permita recibir
el tratamiento necesario en caso de un
empeoramiento o una recaída tras un período de
intervención psicoterapéutica o farmacológica (Rodriguez
y cols.,1997).
La
parada o interrupción de pensamiento también se
emplea en algunos casos de TOC. Es una técnica de
autocontrol cognitivo desarrollada para la
eliminación de patrones de pensamiento
recurrentes que son poco realistas, improductivos
y/o productores de ansiedad, y bien inhiben la
ejecución de una conducta deseada o sirven para
iniciar una secuencia de conductas indeseables. Se
aplica para detener los pensamientos intrusivos y
rumiados que el paciente padece de forma obsesiva,
previamente
deberá ser capaz de detectarlos,
dificultad que debe de salvar debido a que tales
pensamientos obsesivos pueden permanecer automáticamente
en el pensamiento de la persona de forma
continuada sin que sea consciente de ellos y
necesite un esfuerzo para detectar previamente
estos pensamientos automáticos para poder después
hacer la detención del pensamiento intrusivo.
La
aserción
encubierta es una técnica cognitiva que contiene
dos componentes dirigidos a reducir la ansiedad
emocional, uno de ellos es la interrupción del
pensamiento y el otro la sustitución del
pensamiento.
©
Laura Fátima Asensi Pérez
Psicóloga col. Nº
CV-2988
(volver)

Laura
Fátima Asensi
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