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LA E.I.I. DESDE EL PUNTO DE VISTA PSICOLÓGICO

ENFERMEDAD INFLAMATORIA INTESTINAL: CROHN Y COLITIS ULCEROSA


Las enfermedades orgánicas crónicas, incurables o de larga duración influyen sobre la persona como totalidad, repercutiendo psicológicamente, a nivel global, en su comportamiento, estilo de vida y pensamientos en general. El sufrimiento físico modifica el carácter y comportamiento de las personas

Los enfermos crónicos, por sus características peculiares, requieren un tipo de asistencia sanitaria distinta, más global y personalizada. La acción médica, imprescindible, no puede ni debe ser exclusiva en este ámbito, ya que el sufrimiento físico y la cronicidad influyen y modifican el carácter, pensamientos y comportamientos de los seres humanos. Hay que tener en cuenta que las dolencias de carácter crónico, por su cualidad inherente de cronicidad, influyen en todos los ámbitos relacionados con la persona: el ámbito familiar, laboral, social y personal. Todo ello dependiendo de la gravedad, sintomatología, tratamiento, intervenciones quirúrgicas, etc.

Las personas que padecen algún tipo de enfermedad crónica o de larga duración precisan también, en la mayoría de los casos, de asistencia y apoyo psicológico. Conocer y, en su caso modificar, su procesamiento acerca de la propia enfermedad, las estrategias utilizadas para afrontarla y, en conclusión, mejorar la calidad de vida del paciente, en todos sus aspectos. El estrés psicológico y los estados depresivos, causados por la propia enfermedad, o por otras causas independientes, pueden exacerbar los síntomas. Los agentes estresantes pueden disminuir la función inmunológica del organismo, asociada a muchas enfermedades crónicas y agudas, entre ellas la EII. Y viceversa, el estado de la enfermedad y su evolución reducen las defensas tantos físicas como psicológicas del organismo y por ello se favorece la depresión, ansiedad, mayor nivel de estrés, etc.

En el caso concreto de la Enfermedad Inflamatoria Intestinal (Crohn y Colitis Ulcerosa), su propia naturaleza incurable, sistémica, variable en cuanto a síntomas, evolución desconocida y caprichosa, sintomatología (con síntomas muy desagradables y signos clínicos que pueden variar enormemente en duración e intensidad), de pronóstico impredecible y origen dudoso, influye negativamente en la persona a nivel psicológico, influyendo en la calidad de vida del paciente en general: familia, trabajo, pareja, relaciones interpersonales, aficiones, así como en su bienestar psicológico: estrés, ansiedad, depresión reactiva, conflictos personales; pensamientos negativos sobre el futuro, capacidades personales, problemas de autoimagen, incertidumbre, miedo a la muerte, pensamientos hipocondríacos, etc. Todo ello, evidentemente, estará influido por las diferencias individuales. Los factores psicológicos están relacionados con el sistema fisiológico y, concretamente, afectan en muchos casos a la motilidad gastrointestinal y el sistema digestivo en general.

Los efectos secundarios del tratamiento, sobre todo de los corticoides (que todos conocemos): vello, estrías, problemas cutáneos, cara de luna llena, alteraciones psíquicas, aumento de peso, osteoporosis, diabetes, hipertensión...) influyen también en nuestro sistema cognitivo, como un factor añadido, afectando a nuestro estado psicológico, pudiendo crear problemas de autoimagen (sobre todo en jóvenes y mujeres), pensamientos negativos sobre nosotros mismos y los demás, estados depresivos, problemas de relación, aislamiento social...


Concretando, además del sufrimiento físico que la enfermedad conlleva, las desagradables -aunque imprescindibles- pruebas médicas a las que hay que someterse, el tratamiento, las posibles operaciones quirúrgicas y el desconocimiento de su origen, evolución y pronóstico influyen de forma negativa en nuestra visión general sobre nosotros mismos, la propia enfermedad, el futuro y todo lo que nos rodea. Al mismo tiempo el estrés, la ansiedad, estados depresivos pueden ser factores desencadenantes de nuevos brotes. Por todo ello es NECESARIO mejorar la calidad de vida en general, evitar y controlar el estrés, la ansiedad, situaciones problemáticas, aprender a relajarse y a afrontar estas situaciones con métodos apropiados, cambiar los pensamientos negativos y catastrofistas que puedan repercutir negativamente en nuestro bienestar, tanto físico como emocional. Todo esto se agravará, lógicamente, en la fase activa de la enfermedad, cuando se está pasando un brote.

Asistencia y apoyo psicológico

La meta final a alcanzar por los pacientes crónicos es lograr un nivel de calidad de vida lo más elevado posible, tanto a nivel físico como psicológico.

Pese a que la EII no es causada por factores psicológicos sí que es más que probable que el estrés, los estados depresivos y ciertos modos de afrontamiento influyen en la aparición de nuevos brotes y en la evolución general de la enfermedad. Al mismo tiempo la enfermedad produce, en muchos casos, depresión, ansiedad... formándose un círculo vicioso que se alimenta así mismo. Así pues la ayuda psicológica es recomendable para cortar ese círculo vicioso, aprender a manejar el estrés para paliar su influencia negativa en posibles brotes y procurar, en general, un estado psicológico más equilibrado, aprendiendo a controlar las variables y síntomas ( cognitivos, fisiológicos y motores) que nos proporcionan malestar emocional, para, así, alcanzar, una calidad de vida mejor.

Así mismo, también es recomendable apoyo psicológico para concienciar del tratamiento y sus beneficios, así como para eliminar, en su caso, falsos prejuicios sobre la enfermedad y expectativas equivocadas sobre la misma.

Las claves de un tratamiento o intervención psicológica en pacientes enfermos crónicos, y concretamente en el caso de enfermos de E.E.I. debería tener , como mínimo, en cuenta los siguientes puntos:

Constatar, y en su caso facilitar, en colaboración con el especialista médico, toda la información veraz y factible al enfermo. Conociendo su enfermedad, en toda su amplitud, es más fácil hacerle frente. En este punto la asociación, como tal, es un pilar importantísimo de apoyo y fuente de información.

Comprobar, evaluar y analizar el estado psicológico general del paciente: nivel de ansiedad, estrés, pensamientos negativos y distorsionados (sobre sí mismo, la enfermedad, las relaciones sociales, el tratamiento, el futuro, etc.), estados depresivos, modos de afrontamiento, miedos, etc.

Reestructuración cognitiva: entrenamiento en el cambio de pensamientos negativos e irracionales, para conseguir un sistema de pensamientos más positivos y adaptados que, en definitiva, proporcionen mayor bienestar.

Entrenamiento en relajación y en distintas técnicas para el manejo y superación de los estados de ansiedad, estrés, irritabilidad, tensión, etc.

Técnicas psicológicas para la solución de problemas, toma de decisiones y estilos de vida.

Evaluar y en su caso facilitar el apoyo familiar y social.

Establecer programas de autoayuda personalizados.

© Laura Fátima Asensi Pérez
Psicóloga col. NºCV-2988


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TÉCNICAS DE PREVENCIÓN Y CONTROL DEL ESTRÉS

Diferentes técnicas para el manejo de la ansiedad y el control emocional

ÍNDICE

 Ansiedad y Estrés

Definición de estrés
Concepto de ansiedad
Diferencias
Ejemplos de la importancia de la interpretación personal en relación con las emociones.

Enfoques en el estudio del estrés

Estrés como estímulo
Estrés como respuesta
Estrés como interacción
Síndrome General de Adaptación

La Ansiedad

Tipos de respuesta de ansiedad
Evaluación de las respuestas de ansiedad (ISRA)
Técnicas de control de la ansiedad en función del tipo de respuesta o síntomas destacados.
El porqué de la elección
Clasificación de las técnicas

Técnicas Generales

Estado físico
Dieta
Apoyo social
Distracción y humor

Técnicas Cognitivas

Definición y funcionalidad
Reorganización cognitiva
Modificación de pensamientos
Desensibilización Sistemática
Inoculación del estrés
Detención del pensamiento
Sensibilización encubierta

Técnicas Fisiológicas

Definición y aplicación
Técnicas de relajación
Técnicas del control de la respiración
Meditación
Biofeedback

Técnicas conductuales

Definición y aplicación
Entrenamiento asertivo
Entrenamiento en habilidades sociales
Técnica de solución de problemas
Modelamiento
Técnicas de autocontrol

 

ANSIEDAD Y ESTRÉS

El término estrés proviene de la física y la arquitectura y se refiere a la fuerza que se aplica a un objeto, que puede deformarlo o romperlo. En Psicología, estrés suele hacer referencia a ciertos acontecimientos en los cuáles nos encontramos con situaciones que implican demandas fuertes para el individuo, que pueden agotar sus recursos de afrontamiento.

Cuando la demanda del ambiente (laboral, social, etc.) es excesiva frente a los recursos de afrontamiento que se poseen, se van a desarrollar una serie de reacciones adaptativas, de movilización de recursos, que implican activación fisiológica. Esta reacción de estrés incluye una serie de reacciones emocionales negativas (desagradables), de las cuáles las más importantes son: la ansiedad, la ira y la depresión.

El estrés se produce como consecuencia de un desequilibrio entre las demandas del ambiente (estresores internos o externos) y los recursos disponibles de la persona. De tal modo, los elementos a considerar en la interacción potencialmente estresante son: variables situacionales (por ejemplo, del ámbito laboral), variables individuales del sujeto que se enfrenta a la situación y consecuencias del estrés.

Muchas veces ansiedad y estrés se usan como sinónimos, entendiendo en ambos casos un mismo tipo de reacción emocional. El estrés es un proceso más amplio de adaptación al medio. El estrés es una parte normal de la vida de toda persona. El estrés persistente e inexorable lleva a que se presente ansiedad.
La ansiedad es una reacción emocional de alerta ante una amenaza. Digamos que dentro del proceso de cambios que implica el estrés, la ansiedad es la reacción emocional más frecuente. Muchos estímulos o situaciones pueden provocar en el individuo la necesidad de movilizar recursos para dar respuesta a las demanda de dicho estímulo, o para volver al estado inicial de equilibrio en el que se encontraba inicialmente. Al estímulo le llamamos estresor, o situación estresante.


DISTINTOS ENFOQUES EN EL ESTUDIO DEL ESTRÉS

Vamos a ver brevemente algunas cuestiones fundamentales que se estudian bajo el rótulo "estrés". Ello nos permitirá entender distintos puntos de vista a la hora de estudiar el estrés.

1. El estrés como estímulo.

El estrés ha sido estudiado como el estímulo o la situación que provoca un proceso de adaptación en el individuo. En distintos momentos se han investigado distintos tipos de estímulos estresores.

Los grandes acontecimientos. Los acontecimientos vitales, catastróficos, incontrolables, impredecibles, como muerte de un ser querido, separación, enfermedad o accidente, despido, ruina económica, etc., Como puede verse, se trata de situaciones de origen externo al propio individuo y no se atiende a la interpretación o valoración subjetiva que pueda hacer el sujeto de las mismas. Serían situaciones extraordinarias y traumáticas, o sucesos vitales importantes, que en sí mismos producirían cambios fundamentales en la vida de una persona y exigirían un reajuste.

Los pequeños contratiempos. En los años ochenta se han estudiado también los acontecimientos vitales menores (daily hassles), o pequeños contratiempos que pueden surgir cada día (en el trabajo, las relaciones sociales, etc.) como estímulos estresores.

Los estímulos permanentes. Asimismo, se han incluido los estresores menores que permanecen estables en el medio ambiente, con una menor intensidad pero mayor duración, como el ruido, hacinamiento, polución, etc.


2. El estrés como respuesta.

Se denominó Síndrome de Adaptación General y que incluía tres fases: alarma, resistencia y agotamiento. Selye consideraba que cualquier estímulo podía convertirse en estresor siempre que provocase en el organismo la respuesta inespecífica de reajuste o reequilibrio homeostático, pero no incluía los estímulos psicológicos como agentes estresores. Hoy en día sabemos que los estímulos emocionales pueden provocar reacciones de estrés muy potentes.

Síndrome General de Adaptación (SGA) comprende tres fases:


1).- Reacción de alarma.
2).- Fase de resistencia.
3).- Fase de agotamiento.

3. El estrés como interacción

En tercer y último lugar, el estrés no sólo ha sido estudiado como estímulo y como respuesta sino que también se ha estudiado como interacción entre las características de la situación y los recursos del individuo. Desde esta perspectiva, se considera más importante la valoración que hace el individuo de la situación estresora que las características objetivas de dicha situación.

El modelo más conocido es el modelo de la valoración de Lazarus (Lazarus y Folkman, 1986), que propone una serie de procesos cognitivos de valoración de la situación y valoración de los recursos del propio individuo para hacer frente a las consecuencias negativas de la situación. Si el sujeto interpreta la situación como peligrosa, o amenazante, y considera que sus recursos son escasos para hacer frente a estas consecuencias negativas, surgirá una reacción de estrés, en la que se pondrán en marcha los recursos de afrontamiento para intentar eliminar o paliar las consecuencias no deseadas.

- Evaluación primaria (se centra en la situación)
- Evaluación secundaria (se centra en la eficacia o resultados que tendrán las medidas que se adopten para hacer frente a la situación o acontecimiento).

Los factores de personalidad determinan la importancia del estresor y la vulnerabilidad o tolerancia de la persona al estrés en general.

Entre las situaciones estresantes podemos destacar:

1. Incertidumbre y subestimación.
2. Sobrecarga de información.
3. Peligro.
4. Fracaso en el auto-control.
5. Fracaso del auto-dominio.
6. Amenaza a la auto-estima.
7. Amenaza a la estima de otros.


En el síndrome del estrés se crea un circuito de retroalimentación negativo entre la mente y el cuerpo. Para romper el circuito se deben cambiar los pensamientos, las respuestas físicas o se debe alterar la situación que dispara una reacción de alarma.

Una vez que ha surgido la reacción de estrés el individuo seguirá realizando reevaluaciones posteriores de las consecuencias de la situación y de sus recursos de afrontamiento, especialmente si hay algún cambio que pueda alterar el resultado de sus valoraciones.

Sólo cuando la situación desborda la capacidad de control del sujeto se producen consecuencias negativas. Este resultado negativo se denomina distrés, a diferencia del estrés positivo, o euestrés, que puede ser un buen dinamizador de la actividad conductual (laboral, por ejemplo).

LA ANSIEDAD

Tipos de respuesta de ansiedad

La ansiedad pasa a definirse como una repuesta emocional, o patrón de respuestas, que engloba: - Aspectos cognitivos displacenteros, de tensión y aprensión que hacen referencia a sentimientos y pensamientos de miedo, inseguridad, aprensión, preocupación, etc.- Aspectos fisiológicos, caracterizados por un alto grado de activación del Sistema Nervioso Autónomo , así como otros síntomas asociados. Y Aspectos motores o conductuales, que son conductas observables, índices de agitación motora y que suelen implicar comportamientos escasamente adaptativos.

A estas áreas mencionadas, se le van agregando, nuevas dimensiones de rasgos de ansiedad; como las referidas a las situaciones de evaluación, a las de la vida cotidiana, las fóbicas y las interpersonales...
Lansiedad deja de ser positiva bien cuando el peligro identificado no es tal (por ejemplo, estar en un supermercado) o cuando la reacción es desproporcionada (el peligro existe, pero no justifica la activación del mecanismo de la ansiedad). Subir a un ascensor entraña un cierto peligro, pero no justificaría la aparición de una crisis de pánico. ¿Cuándo hablamos de problemas de ansiedad?. Bien, pues cuando respondemos con un nivel de ansiedad alto en circunstancias en las que el resto de la gente no parece tener problemas.
En ella cualquier reacción de ansiedad dependerá de la interacción entre las características personales y las condiciones de la situación .

"La tensión puede controlarse bien modificando directamente la activación fisiológica inicial y su mantenimiento, o modificando los efectos que los pensamientos, situaciones o conductas... tienen sobre ellas. En el primer caso, porque se controla directamente la propia activación del organismo, en el segundo, porque se reducen los agentes que instigan su aparición" (Labrador, 1992).

"lo importante es que las emociones (sean positivas o negativas) se correspondan con la realidad".

Evaluación de las respuestas de ansiedad

En España, se elaboró el Inventario de Situaciones y Respuestas de Ansiedad (ISRA), que fue desarrollado por los profesores de la Universidad Complutense de Madrid Juan José Miguel Tobal y Antonio Cano Vindel. Publicado en el año 1986, ha sido traducido y adaptado a más de una docena de países y lenguas diferentes. Se trata de un test psicológico que permite medir el nivel de ansiedad de cualquier individuo, a partir de los 15-16 años (existen también otras versiones para niños y adolescentes).
El ISRA evalúa el nivel general de ansiedad (rasgo general de personalidad ansiosa), los tres sistemas de respuesta por separado (lo que pensamos, regulado por el sistema cognitivo; lo que sentimos a nivel corporal, o sistema fisiológico; y lo que hacemos, o sistema conductual-motor), así como cuatro rasgos específicos de ansiedad o áreas situacionales (ansiedad ante situaciones de evaluación, ansiedad en situaciones sociales o interpersonales, ansiedad en situaciones fóbicas, y ansiedad en situaciones de la vida cotidiana).
Presenta una serie de situaciones, que son aquéllas en las que solemos reaccionar con ansiedad, así como otro conjunto de respuestas, que constituyen los principales síntomas de ansiedad.
Como todos los tests psicológicos, éste debe ser aplicado por un profesional de la psicología que sea especialista en el tema. No obstante, es posible realizar una evaluación aproximativa de la ansiedad a partir de sus principales síntomas, que sirva al lector a modo de autoevaluación.
Veamos primero algunos de los síntomas y a continuación las instrucciones que nos permitirán autoevaluarnos de una manera general. Esta evaluación no será muy precisa, pero sí podremos tener una cierta idea de cuál puede ser nuestro nivel de ansiedad. Vamos a trabajar con una selección de items o cuestiones, extraídos del ISRA.

MUESTRA DE SÍNTOMAS O RESPUESTAS DE ANSIEDAD

Respuestas Cognitivas (lo que pensamos o sentimos)
- Preocupación
- Pensamientos o sentimientos negativos sobre uno mismo
- Inseguridad
- Temor a que nos noten la ansiedad y a lo que pensarán si esto sucede
Respuestas Fisiológicas (lo que sucede en nuestro cuerpo)
- Molestias en el estómago
- Sudor
- Temblor
- Tensión
- Palpitaciones, aceleración cardiaca
Respuestas Motoras (lo que manifestamos en nuestro comportamiento)
- Movimientos repetitivos (pies, manos, rascarse, etc.)
- Fumar, comer o beber en exceso
- Evitación de situaciones


Técnicas de control de la ansiedad

Las técnicas se pueden clasificar en:

- Generales. Tienen el objetivo de incrementar en el individuo una serie de recursos personales de carácter genérico para hacer frente al estrés.

- Cognitivas. Su finalidad sería cambiarla forma de ver la situación (la percepción, la interpretación y evaluación del problema y de los recursos propios).

- Fisiológicas. Están encaminadas a reducir la activación fisiológica y el malestar emocional y físico consiguiente.

- Conductuales. Tienen como fin el promover conductas adaptativas: dotar al individuo de una serie de estrategias de comportamiento que le ayuden a afrontar un problema.

La aplicación de la mayoría de las técnicas que se describirán a continuación requiere de un profesional de la psicología que determine cuáles son las más adecuadas para cada situación o caso concreto, así como para asegurarse de su correcta administración y ejecución.

 

TÉCNICAS GENERALES

Desarrollo de un buen estado físico

El desarrollo y mantenimiento de un buen estado físico tiene buenos efectos en la prevención del estrés; para ello, es aconsejable la realización de ejercicio de manera habitual. En general, el ejercicio aumenta la resistencia física del individuo a los efectos del estrés pero además aumenta también la resistencia psicológica: la realización de ejercicio nos obliga a desplazar la atención de los problemas psicológicos y nos permite el descanso y la recuperación de la actividad mental desarrollada anteriormente. El ejercicio físico permite movilizar el organismo mejorando su funcionamiento y su capacidad física de cara a que esté en mejores condiciones para hacer frente al estrés, aumentando la capacidad para el trabajo físico y mejorando las funciones cardiovascular, respiratoria y metabólica.

Dieta adecuada

El desarrollo de buenos hábitos alimentarios que condicionan el estado nutricional del individuo constituye una medida aconsejable para la prevención del estrés. Las demandas energéticas que actualmente recibimos de nuestro entorno determinan la necesidad de tener un equilibrio energético adecuado para responder a esas demandas y para no desarrollar problemas carenciales.

Apoyo social

Establecimiento y desarrollo de redes sociales, que puedan facilitar apoyo social al individuo. Las relaciones sociales con otros individuos puede resultar una fuente de ayuda psicológica o instrumental. Un grupo social puede constituirse en referencia que facilite al individuo una mejor adaptación e integración en la realidad.

La distracción y el buen humor

Fomentar la distracción y buen humor constituye una buena medida para prevenir situaciones de ansiedad o para aliviarlas, pues además de facilitar el desplazamiento de la atención de los problemas, contribuye a relativizar la importancia de esos problemas.

TÉCNICAS COGNITIVAS

Utilizadas para cambiar el pensamiento, modificar las evaluaciones erróneas o negativas respecto de las demandas o de los propios recursos del individuo para afrontarlas y facilitar una reestucturación de los esquemas cognitivos.

" La gente se perturba , no por los acontecimientos sino por su opinión sobre los acontecimientos" Epícteto ( Siglo I a. C.)
La intervención cognitiva del estrés es el arte de utilizar los pensamientos. Cada una de las técnicas que le mostraremos le ayudarán a cambiar su forma de afrontar los problemas.
Pero todavía antes de entrar propiamente en cada una de las técnicas y su descripción, debemos aprender a descubrir los pensamientos automáticos, prerrequisito necesario para garantizar éxito en la práctica de las mencionadas técnicas.
Veamos un ejemplo:
"En un concurrido teatro, una mujer se levanta de repente, da una bofetada al hombre que está junto a ella y sale rápidamente por el pasillo hacia la salida.
Cada una de las personas que ha visto la escena reacciona a su manera, una mujer se sobresalta, un adolescente se encoleriza, un hombre maduro empieza a deprimirse,..."
¿Porqué el mismo suceso provoca tan diferentes emociones? Porque en cada caso, la emoción del observador fue una consecuencia de sus pensamientos. El suceso fue interpretado, juzgado y etiquetado de tal forma que fue inevitable una respuesta emocional particular.
Todas las personas están constantemente describiéndose el mundo a sí mismas, dando a cada suceso o experiencia una etiqueta. Estas etiquetas o juicios se forman a lo largo de un interminable diálogo de cada persona consigo misma y colorean toda la experiencia con interpretaciones privadas. El diálogo podemos compararlo como una cascada de pensamiento que fluye de la mente sin interrupción. Raras veces nos damos cuenta de tales pensamientos, pero son lo suficientemente poderosos como para crear las emociones más intensas.

Para conseguir el control de las emociones desagradables, el primer paso es prestar atención a los pensamientos automáticos. Para identificar los pensamientos automáticos que son los continuos causantes de sentimientos ansiógenos, hay que tratar de recordar los pensamientos que se tuvieron inmediatamente antes de empezar a experimentar la emoción y aquellos que acompañaron el mantenimiento de la emoción. Una vez llegados a este punto, debemos reconocer que los pensamientos crean y sostienen las emociones. Para reducir la frecuencia de las emociones dolorosas, es necesario primero escuchar los pensamientos y preguntarse, posteriormente, si son ciertos. Los pensamientos son los responsables de los sentimientos.

Reorganización cognitiva

Intenta ofrecer vías y procedimientos para que una persona pueda reorganizar la forma en que percibe y aprecia una situación. Esta técnica está dirigida a sustituir las interpretaciones inadecuadas de una situación, por otras interpretaciones que generen respuestas emocionales positivas y conductas más adecuadas.

Modificación de pensamientos automáticos y de pensamientos deformados

Ante una situación, todo el mundo desarrolla una serie de pensamientos para interpretar esa situación. Estos pensamientos pueden ser tanto racionales como irracionales. Mediante estas técnicas se intenta la identificación y el cambio de los pensamientos irracionales.

Los pensamientos automáticos son espontáneos y propios de cada individuo. Son elaborados sin reflexión o razonamiento previo aunque son creídos como racionales. Tienden a ser dramáticos y absolutos y son muy difíciles de desviar. Llevan a interpretaciones negativas y a emociones desagradables.

La persona se irá dando cuenta progresivamente de sus pensamientos automáticos y desestimando su importancia.

Los pensamientos deformados son otro tipo de pensamientos que originan estrés. Este tipo de pensamientos manifiestan una tendencia a relacionar todos los objetos y situaciones con uno mismo, a emplear esquemas de generalización, de magnificación, de polarización en la interpretación de la realidad, etc.

La intervención sobre este tipo de pensamientos consiste en lograr una descripción objetiva de la situación, identificar las distorsiones empleadas para interpretarlo y eliminar esas distorsiones modificándolas mediante razonamientos lógicos.

Desensibilización sistemática

Con esta técnica se intentan controlar las reacciones de ansiedad o miedo ante situaciones que resultan amenazadoras a un individuo. Esta técnica se fundamenta en la relajación progresiva de Jacobson. El individuo en un estado de relajación, se va enfrentando progresivamente con situaciones (reales o imaginadas) dispuestas en orden creciente de dificultad o de amenaza ante las que el sujeto desarrolla ansiedad, hasta que el individuo se acostumbra a estar relajado y a no desarrollar respuestas emocionales negativas en estas situaciones.

Inoculación de estrés

Esta es una técnica de carácter cognitivo y comportamental. La metodología es similar a la de la desensibilización sistemática. A partir del aprendizaje de técnicas de respiración y relajación para poder relajar la tensión en situación de estrés, se crea por el sujeto una lista en la que aparecen ordenadas las situaciones más estresantes. Comenzando por las menos estresantes el individuo irá imaginando esas situaciones y relajándose. Después el individuo tendrá que desarrollar una serie de pensamientos para afrontar el estrés y sustituirlos por anteriores pensamientos estresantes; por último, el individuo utilizará en vivo estos pensamientos de afrontamiento y esas técnicas de relajación en situaciones reales para abordar situaciones estresantes.

Detención del pensamiento

La acción de esta técnica está dirigida a la modificación de pensamientos negativos reiterativos que conducen a sufrir alteraciones emocionales (ansiedad) es decir que no contribuyen a buscar soluciones eficaces del problema sino a dificultarlo. Consiste en lo siguiente: cuando aparece una cadena de pensamientos repetitivos negativos intentar evitarlos mediante su interrupción (golpeando la mesa o vocalizando la expresión "basta", por ejemplo) y sustituir esos pensamientos por otros más positivos y dirigidos al control de la situación. "La lógica de esta técnica se basa en el hecho de que un estímulo suficientemente potente atraerá la atención sobre él haciendo que se deje de prestar atención a los pensamientos que se están desarrollando" (Peiró y Salvador, 1993).

TÉCNICAS FISIOLÓGICAS

Es característico de las situaciones estresantes la emisión de intensas respuestas fisiológicas que, además de producir un gran malestar en el individuo, alteran la evaluación cognitiva de la situación y la emisión de respuestas para controlar la situación.

Las técnicas fisiológicas que comentamos buscan la modificación de esas respuestas fisiológicas y/o la disminución de los niveles de activación producidos por el estrés centrándose directamente en los componentes somáticos implicados en el estrés.

Técnicas de relajación física

Las más utilizadas son la relajación progresiva de Jacobson y el entrenamiento autógeno de Schultz. Estas técnicas intentan aprovechar la conexión directa entre el cuerpo y la mente, de la existencia de una interdependencia entre la tensión psicológica y la tensión física o dicho de otro modo, que no es posible estar relajado físicamente y tenso emocionalmente. Así, según las teorías que inspiran estas técnicas, las personas pueden aprender a reducir sus niveles de tensión psicológica (emocional) a través de la relajación física aún cuando persista la situación que origina la tensión. "Si se relajan los músculos que han acumulado tensión (de origen) emocional, la mente se relajará también gracias a la reducción de la actividad del sistema nervioso autónomo" (Peiró y Salvador, 1993).

La relajación es un estado del organismo de ausencia de tensión o activación con efectos beneficiosos para la salud a nivel fisiológico, conductual y subjetivo. La técnica de relajación de Jacobson consiste en adiestrar al individuo en la realización ejercicios físicos de contracción-relajación que le permitan tener conocimiento del estado de tensión de cada parte de su cuerpo y tener recursos para relajar dichas zonas cuando estén en tensión.

Técnicas de control de respiración

"Las situaciones de estrés provocan habitualmente una respiración rápida y superficial, lo que implica un uso reducido de la capacidad funcional de los pulmones, una peor oxigenación, un mayor gasto y un aumento de la tensión general del organismo" (Labrador, 1992). Estas técnicas consisten en facilitar al individuo el aprendizaje de una forma adecuada de respirar para que en una situación de estrés pueda controlar la respiración de forma automática y le permita una adecuada oxigenación del organismo que redunda en un mejor funcionamiento de los órganos corporales y un menor gasto energético (efectos beneficiosos sobre irritabilidad, fatiga, ansiedad, control de la activación emocional, reducción de la tensión muscular, etc).

"Existen diversas técnicas de entrenamiento de la respiración abdominal que pretenden que ésta substituya a la torácica practicada en situaciones de tensión y estrés siendo, sin embargo, menos adecuada para una eficaz oxidación de los tejidos" (Peiró y Salvador, 1993). El aprendizaje y la posterior utilización de estas técnicas resulta bastante fácil y sus efectos beneficiosos son apreciables inmediatamente.

Técnicas de relajación mental (meditación)

La práctica de la meditación estimula cambios fisiológicos de gran valor para el organismo. Pretenden que la persona sea capaz de desarrollar sistemáticamente una serie de actividades (perceptivas y/o conductuales ) que le permitan concentrar su atención en esas actividades y desconectar de la actividad mental cotidiana del individuo de aquello que puede resultarle una fuente de estrés.

Biofeedback

Esta es una técnica de intervención cognitiva para el control del estrés pero busca efectos a nivel fisiológico. Su objetivo es dotar al individuo de capacidad de control voluntario sobre ciertas actividades y procesos de tipo biológico. A partir de la medición de algunos de procesos biológicos del individuo, se trataría de proporcionar al propio individuo una información continua de esos parámetros, de manera que esta información pueda ser interpretada y utilizada para adquirir control sobre aquellos procesos para posteriormente adiestrar al individuo en el control voluntario de los citados procesos en situaciones normales.

TÉCNICAS CONDUCTUALES

Entrenamiento asertivo

Mediante esta técnica se desarrolla la autoestima y se evita la reacción de estrés. Se trata de aprender a conducirse de una forma asertiva, que consiste en conseguir una mayor capacidad para expresar los sentimientos, deseos y necesidades de manera libre, clara e inequívoca ante los demás, y que esté dirigida al logro de los objetivos del individuo, respetando los puntos de vista del otro. La ejecución de esta técnica se lleva a cabo a través de prácticas de Role Playing.

Entrenamiento en habilidades sociales

Consiste en el aprendizaje de conductas que tienen más probabilidad de lograr el éxito a la hora de conseguir una meta personal y a conducirse con seguridad en situaciones sociales. Este entrenamiento al igual que el anterior se realiza a través de prácticas de Role Playing. Estas técnicas constituyen una buena forma de instaurar habilidades sociales mediante la observación de las conductas, la posterior escenificación y dramatización de situaciones reales, y por último, su ejecución habitual en la realidad.

Modelamiento encubierto

Es una técnica creada por Cautela (1971). Está destinada a cambiar secuencias de conductas que son negativas para el individuo y aprender conductas satisfactorias. Consiste en que el sujeto practica en la imaginación las secuencias de la conducta deseada de forma que cuando adquiera cierta seguridad realizando imaginariamente esa conducta consiga llevarla a cabo en la vida real de una forma eficaz.

Técnica de solución de problemas

Una situación se constituye en un problema cuando no podemos dar una solución efectiva a esa situación. El fracaso repetido en la resolución de un problema provoca un malestar crónico, una ansiedad, una sensación de impotencia,... que dificulta la búsqueda de nuevas soluciones. Mediante estas técnicas se intenta ayudar al individuo a decidir cuáles son las soluciones más adecuadas a un problema. Esta técnica desarrollada por D'Zurilla y Golcifried (1971) consta de varios pasos:

- Identificación y descripción del problema de forma clara, rápida y precisa. Esta descripción ha de realizarse en unos términos que impliquen conductas propias para resolver ese problema.

- Buscar varias posibles soluciones o respuestas que puede tener el problema considerándolo desde distintos puntos de vista; hay que evitar responder impulsivamente al problema.

- Llevar a cabo un procedimiento de análisis y ponderación de las distintas alternativas de respuesta para decidir la solución más idónea a ese problema y que vamos a realizar.

- Elegir los pasos que se han de dar para su puesta en práctica y llevarlos a cabo.

- Evaluar los resultados obtenidos al llevar a cabo la solución elegida. Si no son positivos, es necesario volver a anteriores pasos.

Técnicas de autocontrol

El objetivo de estas técnicas es buscar que el individuo tenga control de la propia conducta a través del adiestramiento de su capacidad para regular las circunstancias que acompañan a su conducta (circunstancias que anteceden a su conducta y circunstancias consecuentes a esa conducta). "Estos procedimientos son muy útiles en el manejo y control en las conductas implicadas en situaciones de estrés y son útiles no sólo para mejorar conductas que ya han causado problemas, sino también para prevenir la posible aparición de conductas problemáticas" (Labrador, 1992). En el ámbito laboral, puede resultar especialmente útil fomentar el aprendizaje y la concienciación de los individuos en estrategias de carácter organizativo tendentes a facilitar al individuo recursos para el ordenamiento de su tiempo en relación a las tareas que ha de desempeñar (cuadro 3) o para reducir las demandas de trabajo exteriores. Dos ejemplos de esto último pueden ser la delegación (que permita la distribución de las responsabilidades y los cometidos de una tarea entre varios sujetos y evite que sean una misma persona o unas pocas los que "lleven" el peso del trabajo) y la negociación (que facilite al individuo la flexibilidad y la comprensión necesarias para atender otros puntos de vista, para incluir otras variables en su análisis de la realidad, para adaptarse a las posibilidades reales, para facilitar el intercambio y el diálogo con los otros, para buscar la colaboración y no la oposición, para buscar soluciones negociadas, ... ).

 

© Laura Fátima Asensi Pérez
Psicóloga col. Nº CV-2988



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TRASTORNO DE PANICO – CRISIS DE ANGUSTIA  (Panic Attack)

I. Definición y Diagnóstico

La característica principal del trastorno de pánico  es la presencia de ataques de pánico inesperados que se producen sin que exista ninguna razón aparente. No se haya presente ninguna amenaza física externa ni causas médicas. Las personas que sufren este tipo de trastorno ven limitadas actividades y situaciones, y pueden desarrollar una evitación de las situaciones que asocian con los ataques de pánico, desarrollando agorafobia, que es la tendencia a evitar lugares o situaciones donde la huída podría resultar difícil o vergonzosa, o donde no podría obtener ayuda en caso de sufrir un ataque de pánico. Si se dan ambas características diagnósticas, la persona sufriría un trastorno de pánico con agorafobia.

 En cuanto al diagnóstico, en el DSM-IV se produce una diferenciación  entre ataques de pánico y trastorno de pánico. Los Ataques de Pánico (AP) son períodos discretos de miedo o malestar intenso en los que, al menos, se observan 4 de los 13 síntomas somáticos o cognitivos que se contemplan en el sistema de clasificación. Los AP tiene un inicio súbito y en poco tiempo llegan a su máxima intensidad. Suelen ir acompañados de una sensación de peligro inminente y un impulso o necesidad de escapar. Los ataques que cumplen todas estas condiciones pero tienen menos de 4 síntomas, se denominan ataques de síntomas limitados.

 Para diagnosticar un Trastorno de Pánico (TP) se deben dar repetidos ataques de pánico, siendo  al menos algunos de ellos  inesperados y seguidos por preocupación de sufrir futuros ataques, de las implicaciones de los mismos y un cambio de comportamiento asociado a los AP.

 

Criterios para el diagnóstico de crisis de angustia/ataque de pánico (panic attack)

Aparición temporal y aislada de miedo o malestar intensos, acompañada de cuatro (o más) de los siguientes síntomas, que se inician bruscamente y alcanzan su máxima expresión en los primeros 10 min:

1. palpitaciones, sacudidas del corazón o elevación de la frecuencia cardíaca
2. sudoración
3. temblores o sacudidas
4. sensación de ahogo o falta de aliento
5. sensación de atragantarse
6. opresión o malestar torácico
7. náuseas o molestias abdominales
8. inestabilidad, mareo o desmayo
9. desrealización (sensación de irrealidad) o despersonalización (estar separado de uno mismo)
10. miedo a perder el control o volverse loco
11. miedo a morir
12. parestesias (sensación de entumecimiento u hormigueo)
13. escalofríos o sofocaciones

 Criterios para el diagnóstico de agorafobia

Nota: No se registra la agorafobia en un código aislado. Codificar el diagnóstico del trastorno específico en que aparece la agorafobia (p. ej., F40.01 Trastorno de angustia con agorafobia [300.21] o F40.00 Agorafobia sin historia de trastorno de angustia [300.22]).

A. Aparición de ansiedad al encontrarse en lugares o situaciones donde escapar puede resultar difícil (o embarazoso) o donde, en el caso de aparecer una crisis de angustia inesperada o más o menos relacionada con una situación, o bien síntomas similares a la angustia, puede no disponerse de ayuda. Los temores agorafóbicos suelen estar relacionados con un conjunto de situaciones características, entre las que se incluyen estar solo fuera de casa; mezclarse con la gente o hacer cola; pasar por un puente, o viajar en autobús, tren o automóvil.

Nota: Considerar el diagnóstico de fobia específica si el comportamiento de evitación se limita a una o pocas situaciones específicas, o de fobia social si tan sólo se relaciona con acontecimientos de carácter social.

B. Estas situaciones se evitan (p. ej., se limita el número de viajes), se resisten a costa de un malestar o ansiedad significativos por temor a que aparezca una crisis de angustia o síntomas similares a la angustia, o se hace indispensable la presencia de un conocido para soportarlas.

C. Esta ansiedad o comportamiento de evitación no puede explicarse mejor por la presencia de otro trastorno mental como fobia social (p. ej., evitación limitada a situaciones sociales por miedo a ruborizarse), fobia específica (p. ej., evitación limitada a situaciones aisladas como los ascensores), trastorno obsesivo-compulsivo (p. ej., evitación de todo lo que pueda ensuciar en un individuo con ideas obsesivas de contaminación), trastorno por estrés postraumático (p. ej., evitación de estímulos relacionados con una situación altamente estresante o traumática) o trastorno de ansiedad por separación (p. ej., evitación de abandonar el hogar o la familia).

Criterios para el diagnóstico de F41.0 Trastorno de angustia sin agorafobia (300.01)

A. Se cumplen 1 y 2:

1. crisis de angustia inesperadas recidivantes
2. al menos una de las crisis se ha seguido durante 1 mes (o más) de uno (o más) de los siguientes síntomas:

(a) inquietud persistente ante la posibilidad de tener más crisis
(b) preocupación por las implicaciones de la crisis o sus consecuencias (por ej., perder el control, sufrir un infarto de miocardio, "volverse loco")
(c) cambio significativo del comportamiento relacionado con las crisis

B. Ausencia de agorafobia.

C. Las crisis de angustia no se deben a los efectos fisiológicos directos de una sustancia (p. ej., drogas, fármacos) o una enfermedad médica (p. ej., hipertiroidismo).

D. Las crisis de angustia no pueden explicarse mejor por la presencia de otro trastorno mental, como por ejemplo fobia social (p. ej., aparecen al exponerse a situaciones sociales temidas), fobia específica (p. ej., el exponerse a situaciones fóbicas específicas), trastorno obsesivo-compulsivo (p. ej., al exponerse a la suciedad cuando la obsesión versa sobre el tema de la contaminación), trastorno por estrés postraumático (p. ej., en respuesta a estímulos asociados a situaciones altamente estresantes), o trastorno por ansiedad de separación (p. ej., al estar lejos de casa o de los seres queridos).

Criterios para el diagnóstico de F40.01 Trastorno de angustia con agorafobia (300.21)

A. Se cumplen 1 y 2:

1. crisis de angustia inesperadas recidivantes
2. al menos una de las crisis se ha seguido durante 1 mes (o más) de uno (o más) de los siguientes síntomas:

(a) inquietud persistente por la posibilidad de tener más crisis
(b) preocupación por las implicaciones de la crisis o sus consecuencias (por  ej., perder el control, sufrir un infarto de miocardio, "volverse loco")
(c) cambio significativo del comportamiento relacionado con las crisis

B. Presencia de agorafobia.

C. Las crisis de angustia no se deben a los efectos fisiológicos directos de una sustancia (p. ej., drogas, fármacos) o una enfermedad médica (p. ej., hipertiroidismo).

D. Las crisis de angustia no pueden explicarse mejor por la presencia de otro trastorno mental, como por ejemplo fobia social (p. ej., aparecen al exponerse a situaciones sociales temidas), fobia específica (p. ej., el exponerse a situaciones fóbicas específicas), trastorno obsesivo-compulsivo (p. ej., al exponerse a la suciedad cuando la obsesión versa sobre el tema de la contaminación), trastorno por estrés postraumático (p. ej., en respuesta a estímulos asociados a situaciones altamente estresantes), o trastorno por ansiedad por separación (p. ej., al estar lejos de casa o de los seres queridos).

 

Criterios para el diagnóstico de F40.00 Agorafobia sin historia de trastorno de angustia (300.22)

A. Aparición de agorafobia en relación con el temor de desarrollar síntomas similares a la angustia (p. ej., mareos o diarrea).

B. Nunca se han cumplido los criterios diagnósticos del trastorno de angustia.

C. El trastorno no se debe a los efectos fisiológicos directos de una sustancia (drogas, fármacos) o de una enfermedad médica.

D. Si el individuo presenta una enfermedad médica, el temor descrito en el Criterio A es claramente excesivo en comparación con el habitualmente asociado a la enfermedad médica.

   

II. Cómo se desarrolla el Trastorno de Pánico (TP)

 Según Brian, el primer paso en el desarrollo de un trastorno de pánico es un episodio de sensaciones físicas desagradables, que son alarmantes y cuya causa no se entiende. Estas sensaciones pueden ser cualquier combinación de las descritas en los criterios diagnósticos para el trastorno de pánico.

 El paso siguiente es la falta de explicación aceptable para esos síntomas desconocidos y misteriosos y que surgen de forma “inesperada”. Si la persona posee unos rasgos de personalidad  de ansiedad elevada (Peurofoy, 2004), gran necesidad de poseer el control de sí mismo, de parecer normal y de evitar todo lo que pudiese provocar desaprobación de los demás, se produce un alto nivel de preocupación sobre la posibilidad de que los síntomas físicos y misteriosos se vuelvan a repetir, volviéndose a producir esa desagradable sensación de falta de control.

 Esta sensación de miedo influye en un alto nivel de consciencia sobre las sensaciones internas (internalización) , tales como latidos del corazón, ritmo de respiración, mareos... llegando a producir la preocupación sobre lo que podría suceder si las sensaciones de alarma se produjesen en otras situaciones (generalización), produciendo una anticipación negativa.

 La combinación de no entender lo que ha sucedido, internalización y anticipación negativa puede provocar el desarrollo del ciclo ansiedad/pánico.

 

 

Reacciones normales en el cuerpo  à

 

     -  Sensación percibida     provocando miedo

 

à El miedo incrementado produce una respuesta de lucha o huída

 

 

        i

 

     - El miedo provoca la   reacción de lucha o huída

à La reacción incrementada en el cuerpo  ß produce más miedo

 

 Hay tanto una predisposición biológica como factores psicológicos que explican la aparición y mantenimiento de un TP. Podemos resumir el desarrollo de un TP de la siguiente forma: Los antecedentes en la infancia (modelo de rol parental ansioso, frecuentes críticas o exigencias, reglas familiares  rígidas o sistema de creencias rígidas, malos tratos, énfasis en el comportamiento correcto o en las apariencias, padres sobreprotectores, ausencia de afecto...) inciden en unos rasgos de personalidad de ansiedad elevada (pensamiento rígido, creatividad, necesidad excesiva de aprobación, perfeccionismo, persona activa, competente, fiable, necesidad excesiva de mantener el control...) lo que facilita, junto con un factor biológico congénito, una  respuesta  más intensa a estímulos ambientales, tales como ruido, olores, medicametos, variaciones de temperatura, etc., provocando síntomas físicos alarmantes, que pueden ser causados por diversos factores o combinación de ellos (factores genéticos en un organismo altamente reactivo, agotamiento físico, tendencia a la hipeventilación, estado médico, reacciones a medicamentos, etc. Al producirse una interpretación errónea de los síntomas (me va a dar un infarto, voy a perder el control, esto no es normal, me voy a volver loco...) se siente miedo a cualquier síntoma similar (anticipación negativa e internalización), fijando la atención  de forma exagerada en el propio cuerpo y sus reacciones. Esto produce un ciclo de ansiedad/pánico, pudiendo producirse un trastorno de pánico con o sin agorafobia, y por tanto desarrollando y/o exagerando los rasgos de ansiedad elevada.

  Lo que diferencia a quienes desarrollan el ciclo ansiedad/pánico de quienes no lo hacen parece ser los rasgos de ansiedad elevada. No es tanto el hecho de lo que la persona tenga un cuerpo muy reactivo, una tendencia a la hiperventilación, un estado médico... lo que produce síntomas de ansiedad/pánico. La clave para el desarrollo del ciclo del pánico lo constituye lo que una persona piensa y cree de lo que ha sucedido.  

  III. Tratamiento

 El tratamiento del TP más adecuado, según autores, es la combinación del  tratamiento farmacológico y el tratamiento psicológico. A nivel farmacológico se han utilizado fundamentalmente los antidepresivos tricíclicos, las benzodiacepinas y los inhibidores selectivos de recaptación de serotonina (SSRIs), siendo estos últimos  los fármacos de elección en los últimos tiempos en el tratamiento del TP.

 Unos de los principales componentes de todo programa de tratamiento psicológico  del TP es el componente educativo. Es decir, ofrecer al paciente una explicación razonable de lo que le está sucediendo, tanto en el momento concreto de sus crisis como en lo que se refiere al trastorno (Botella y Ballester, 1997). Se plantearán  aspectos tales como una explicación de la ansiedad, su posible valor adaptativo, ausencia de consecuencias perjudiciales de la ansiedad para el organismo, formas de manifestarse, importancia central del pensamiento como desencadenante de la ansiedad, así como presentación del modelo cognitivo del pánico, insistiendo y explicando de forma clara que el factor central que precipita un ataque de pánico no es el conjunto de sensaciones  corporales intensas y desagradables, sino la interpretación catastrofista que la persona hace de tales sensaciones.

 Se realizará una discusión cognitiva, reinterpretando las señales de alarma y ofreciendo interpretaciones alternativas. Es indispensable asimismo un entrenamiento en respiración lenta, diafragmática o abdominal como técnica de control de la ansiedad y para el manejo de la hiperventilación, muy frecuente en personas que sufren estos trastornos.

 Otro objetivo del tratamiento psicológico es el entrenamiento en técnicas de distracción, a fin de controlar el sistema de alarma o alerta que focaliza la atención en el propio funcionamiento corporal. Estas técnicas tienen un doble objetivo: ayudar a desviar la atención de las propias sensaciones corporales y ayudarle a dejar de pensar en las interpretaciones catastrofistas. Casi todas las personas que sufren ataques de pánico han utilizado de forma espontánea técnicas distractoras. Un entrenamiento más exhaustivo podrá ayudarles a practicar estas estrategias.

 Es útil asimismo combinar con la reestructuración cognitiva, los experimentos comportamentales para provocar el cambio cognitivo, a través de la comprobación y verificación directa por parte del paciente.

 Por último, una vez realizadas las técnicas anteriores, valorando el nivel de evolución del paciente, podemos utilizar las técnicas de exposición a estímulos internos y externos a fin de controlar las conductas evitativas.

© Laura Fátima Asensi Pérez
Psicóloga col. Nº CV-2988


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  ¿FOBIA SOCIAL O TIMIDEZ?

La Fobia Social (FS) es un problema de ansiedad que presenta entre el 3 y el 13 % de la población, aunque es probable que estas cifras sean más elevadas, ya que se trata de un problema por el que las personas no suelen acudir a la consulta de un psicólogo. Generalmente, la FS suele aparecer a mediados de la adolescencia y no es raro que la persona diga tener durante años una gran timidez o inhibición social. Algunas personas, no obstante, indican que el problema lo presentan desde niños. La FS puede aparecer a consecuencia de una experiencia estresante, humillante, o de ridículo, o bien puede haber ido consolidándose de forma lenta e insidiosa. 

La característica distintiva del trastorno de fobia social es el temor al escrutinio por parte de los demás. Se caracteriza por el  miedo a las situaciones que impliquen relacionarse con otras personas, sobretodo si son desconocidas. La exposición a las situaciones sociales temidas provoca casi invariablemente una respuesta inmediata de ansiedad, que puede tomar la forma de una crisis de angustia situacional más o menos relacionada con dicha situación.  Consiste en un miedo persistente y acusado (que la persona reconoce como irracional o inapropiado) a situaciones sociales o actuaciones en público por temor a que resulten embarazosas. Cuando la persona con FS se encuentra en las situaciones sociales temidas experimenta una preocupación constante y teme que los demás la vean como una persona ansiosa, débil, rara o tonta. La persona con fobia social tiende a evitar las situaciones ansiógenas, lo que incide negativamente en su capacidad de afrontamiento.

La timidez es una forma atenuada de fobia social.  Aunque la fobia social puede confundirse con la timidez, las dos cosas no son lo mismo, todos tenemos miedo a alguna cosa, como por ejemplo a hablar con un jefe, a volar, a los insectos, a hablar o comer en público, a subir en un ascensor,  etc. Todos estos miedos pueden ser considerados normales, pero cuando el temor hacia esas situaciones es tan elevado que interfiere en nuestras vidas y nos priva de hacer muchas cosas que podríamos hacer, nos genera una ansiedad elevada, entonces esa timidez y  esos temores se convierten en fobias. La persona tímida siente ansiedad en las situaciones sociales, pero no es incapacitante ni supone un gran malestar, algo que sí ocurre en la fobia social.

 

Criterios para el diagnóstico de F40.1 Fobia social (300.23) DSM-IV

A. Temor acusado y persistente por una o más situaciones sociales o actuaciones en público en las que el sujeto se ve expuesto a personas que no pertenecen al ámbito familiar o a la posible evaluación por parte de los demás. El individuo teme actuar de un modo (o mostrar síntomas de ansiedad) que sea humillante o embarazoso. Nota: En los niños es necesario haber demostrado que sus capacidades para relacionarse socialmente con sus familiares son normales y han existido siempre, y que la ansiedad social aparece en las reuniones con individuos de su misma edad y no sólo en cualquier interrelación con un adulto.

B. La exposición a las situaciones sociales temidas provoca casi invariablemente una respuesta inmediata de ansiedad, que puede tomar la forma de una crisis de angustia situacional o más o menos relacionada con una situación. Nota: En los niños la ansiedad puede traducirse en lloros, berrinches, inhibición o retraimiento en situaciones sociales donde los asistentes no pertenecen al marco familiar.

C. El individuo reconoce que este temor es excesivo o irracional. Nota: En los niños puede faltar este reconocimiento.

D. Las situaciones sociales o actuaciones en público temidas se evitan o bien se experimentan con ansiedad o malestar intensos.

E. Los comportamientos de evitación, la anticipación ansiosa, o el malestar que aparece en la(s) situación(es) social(es) o actuación(es) en público temida(s) interfieren acusadamente con la rutina normal del individuo, con sus relaciones laborales (o académicas) o sociales, o bien producen un malestar clínicamente significativo.

F. En los individuos menores de 18 años la duración del cuadro sintomático debe prolongarse como mínimo 6 meses.

G. El miedo o el comportamiento de evitación no se deben a los efectos fisiológicos directos de una sustancia (p. ej., drogas, fármacos) o de una enfermedad médica y no pueden explicarse mejor por la presencia de otro trastorno metal (p. ej., trastorno de angustia con o sin agorafobia, trastorno de ansiedad por separación, trastorno dismórfico corporal, un trastorno generalizado del desarrollo o trastorno esquizoide de la personalidad).

H. Si hay una enfermedad médica u otro trastorno mental, el temor descrito en el Criterio A no se relaciona con estos procesos (p. ej., el miedo no es debido a la tartamudez, a los temblores de la enfermedad de Parkinson o a la exhibición de conductas alimentarias anormales en la anorexia nerviosa o en la bulimia nerviosa).

Especificar si:

Generalizada: si los temores hacen referencia a la mayoría de las situaciones sociales (considerar también el diagnóstico adicional de trastorno de la personalidad por evitación)

 

Algunas de las situaciones sociales más temidas por las personas con fobia social son:   

Ø  Iniciar y/o mantener conversaciones

Ø  Quedar o citarse con alguien

Ø  Asistir a una reunión social

Ø  Hablar con personas con autoridad

Ø  Telefonear a personas poco conocidas o realizar gestiones

Ø  Devolver un producto en una tienda

Ø  Hacer y recibir cumplidos

Ø  Hablar en público

Ø  Ser el centro de atención

Ø  Comer/beber en público

Ø  Escribir o trabajar mientras le están observando

Ø  Preocupación cada vez que nos encontramos con alguien

Ø  Temor a propósito de que alguien nos mire y observe lo que estamos haciendo

Ø  Temor a que nos presenten

Ø  Dificultad para confrontarse en el trabajo o hacer reclamaciones (incluso si se tiene la razón y el derecho de hacerlo)

Ø  Tendencia a rehuir espacios cerrados donde hay gente

Ø  Sensación de que todos nos miran y nos desvalorizan

Ø  Temor a que nuestras intervenciones parezcan ridículas, pobres o inadecuadas. Miedo a quedarse en blanco  o no saber qué decir

 

El DSM-IV hace una distinción entre fobia social específica o de tipo generalizado. El tratamiento tendrá que tener en cuenta esta diferencia a la hora de plantear estrategias de intervención diferenciadas.

Tratamiento psicológico de la Fobia Social

Tradicionalmente se ha dividido el tratamiento cognitivo-conductual de la FS en cuatro tipos  de procedimientos: Estrategias de relajación,  el entrenamiento en habilidades sociales, exposición y reestructuración cognitiva. Se trata de un tratamiento de tipo cognitivo-comportamental. 

Se trabaja en dos niveles básicos:

  •   Los pensamientos, ideas, interpretaciones que las personas tienen acerca de las situaciones que les producen miedo o ansiedad y acerca de sí mismas cuando quieren o tienen que enfrentarse a esas situaciones. Consiste en entrenar al paciente para detectar sus pensamientos y reemplazar o modificar aquellos que no resultan útiles, a fin de mejorar su  calidad de vida.  

  •  El comportamiento, habilidades, conductas, lo que hacen y lo que no en las situaciones que les resultan incómodas. Consiste en la exposición controlada a aquellas situaciones que producen ansiedad. Con esto se consigue que la ansiedad causada por las distintas situaciones vaya disminuyendo paulatinamente hasta llegar a un nivel controlable por el paciente. El psicólogo enseña al paciente unas técnicas basadas en habilidades sociales para que este pueda controlar la ansiedad, una vez conseguido esto a través de un proceso de meses de tratamiento, el paciente podrá enfrentarse a aquellas situaciones que antes creía no poder afrontar.

 

La combinación de ambas terapias permite a la persona que sufre estos trastornos conocer y cambiar su estilo de pensamiento, lo que lleva a un cambio de comportamiento, para lograr así, una mejora significativa en la calidad de vida, que es de lo que se trata.

En un primer momento se realiza una evaluación de la fobia social debiendo estructurarse para considerar  de forma sistemática los síntomas fisiológicos, conductuales y subjetivos, y las reacciones a ellos. tras diversas entrevistas, instrumentos de autoinforme, registros y medidas conductuales, se desarrollará un programa personalizado para el tratamiento cognitivo-conductual de la Fobia Social

Con frecuencia, debido a la excesiva ansiedad previa (ansiedad anticipatoria), deciden en ultimo momento no concurrir a reuniones o compromisos sociales para evitar la incomodidad que les pudiera provocar, siendo expertos en encontrar excusas. Por todo ello este trastorno puede traer asociadas, como principales complicaciones,  el abuso de alcohol, drogas, abuso de psicofármacos, depresión... La Fobia Social puede llevar a sufrir problemas laborales, déficits sociales, dependencia económica, dificultades de relación y para formar pareja, etc.

 Se desprende de todo ello el modo en que este trastorno empobrece la calidad de vida  pudiendo convertirse en un trastorno  invalidante para muchas situaciones cotidianas e interpersonales.

 

© Laura Fátima Asensi Pérez
    Psicóloga col. Nº CV-2988

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TRASTORNO OBSESIVO COMPULSIVO (TOC)

DESCRIPCIÓN Y ORIGEN DEL TRASTORNO OBSESIVO COMPULSIVO

Este trastorno se encuentra recogido dentro de los trastornos de ansiedad y se caracteriza por la presencia de obsesiones y compulsiones, excesivas e irracionales, que provocan un malestar significativo, representan una pérdida de tiempo y/o interfieren marcadamente con la rutina diaria de la persona que lo sufre, sus relaciones laborales (o académicas) así como en su vida social y familiar.

Aunque el TOC se suele iniciar, en la mayor parte de los casos, durante la adolescencia o principio de la edad adulta, también puede hacerlo en la infancia. La mayor parte de las veces el inicio del trastorno es gradual.

El trastorno obsesivo-compulsivo ha sido investigado en relación con diferentes etiologías: factores biológicos, genéticos, conductuales, psicosociales, existiendo diversas hipótesis sobre su origen.

La obsesión se refiere a ideas no deseadas que asedian la conciencia y que determinan una angustia patológica a pesar de los esfuerzos desplegados por el sujeto para evitarlos.

Las obsesiones pueden ser pensamientos, imágenes o impulsos intrusivos (por ejemplo, pensar palabras obscenas, deseos de violencia, deseos de muerte o hacer daño, repetición de frases o palabras, ver una imagen, impulsos de hacer daño  de ser maleducado, rezar, dudas, poner las cosas en orden ...)

Los temas de los pensamientos obsesivos suelen versar sobre la religión, la sexualidad, la contaminación y la agresión. Al ser pensamientos que atentan contra los valores de la persona les produce un elevado nivel de culpa, responsabilidad y ansiedad.

La compulsión hace referencia al acto de forzar al individuo a obrar en contra de su voluntad. Los sentimientos producidos por los pensamientos obsesivos llevan a la persona a realizar unas conductas que alivien o suavicen el impacto emocional recibido y la posibilidad de que suceda el pensamiento obsesivo y temido.

Como intentos de reducir la obsesión se producen conductas de evitación, neutralización o compulsión, así el evento temido no ocurre y se reduce la ansiedad, convirtiéndose en rituales.

Las obsesiones, en el plano del pensamiento, son ideas u ocurrencias que de forma repetida se introducen en la conciencia del sujeto e interfieren el flujo normal del pensamiento y causan malestar y sufrimiento. Probablemente los temas más universales de las obsesiones tienen que ver con la escrupulosidad física o moral y la duda o imposibilidad de inclinarse por una opción. En ocasiones, el sujeto tiene la necesidad de repetir mentalmente un contenido concreto de significado ilógico o banal, como puede ser un número de teléfono, la fecha de un suceso irrelevante, la melodía de una película, etc.

Las compulsiones o rituales tienen un significado similar a las obsesiones, pero en el plano de la acción. Ya no es algo que se piensa sino que se realiza. Entre los rituales más típicos se encuentran el lavado excesivo de manos, la comprobación repetitiva de haber cerrado la puerta, contar, rezar, repetir, demandas de comprobación o certeza, etc.

Existe una estrecha correlación entre el Trastorno obsesivo-compulsivo (TOC) y la Depresión. Estos cuadros suelen hallarse asociados muy frecuentemente. Aunque la relación suele ser bidireccional, normalmente la depresión aparece después del TOC. Asimismo la dificultad en tomar decisiones que acompaña a este trastorno dificulta el normal desenvolvimiento del individuo.

No es conveniente comenzar una terapia psicológica para tratar el TOC si existe una depresión, siendo prioritario el tratamiento de ésta.

DIAGNÓSTICO

 Criterios para el diagnóstico de F42.8 Trastorno obsesivo-compulsivo (300.3)[1]

A. Se cumple para las obsesiones y las compulsiones:

Las obsesiones se definen por 1, 2, 3 y 4:

1. pensamientos, impulsos o imágenes recurrentes y persistentes que se experimentan en algún momento del trastorno como intrusos e inapropiados, y causan ansiedad o malestar significativos
2. los pensamientos, impulsos o imágenes no se reducen a simples preocupaciones excesivas sobre problemas de la vida real
3. la persona intenta ignorar o suprimir estos pensamientos, impulsos o imágenes, o bien intenta neutralizarlos mediante otros pensamientos o actos
4. la persona reconoce que estos pensamientos, impulsos o imágenes obsesivos son el producto de su mente (y no vienen impuestos como en la inserción del pensamiento)

Las compulsiones se definen por 1 y 2:

1.      comportamientos (p. ej., lavado de manos, puesta en orden de objetos, comprobaciones) o actos mentales (p. ej., rezar, contar o repetir palabras en silencio) de carácter repetitivo, que el individuo se ve obligado a realizar en respuesta a una obsesión o con arreglo a ciertas reglas que debe seguir estrictamente.

2.      el objetivo de estos comportamientos u operaciones mentales es la prevención o reducción del malestar o la prevención de algún acontecimiento o situación negativos; sin embargo, estos comportamientos u operaciones mentales o bien no están conectados de forma realista con aquello que pretenden neutralizar o prevenir o bien resultan claramente excesivos.

B. En algún momento del curso del trastorno la persona ha reconocido que estas obsesiones o compulsiones resultan excesivas o irracionales. 

Nota: Este punto no es aplicable en los niños.

C. Las obsesiones o compulsiones provocan un malestar clínico significativo, representan una pérdida de tiempo (suponen más de 1 hora al día) o interfieren marcadamente con la rutina diaria del individuo, sus relaciones laborales (o académicas) o su vida social.

D. Si hay otro trastorno, el contenido de las obsesiones o compulsiones no se limita a él (p. ej., preocupaciones por la comida en un trastorno alimentario, arranque de cabellos en la tricotilomanía, inquietud por la propia apariencia en el trastorno dismórfico corporal, preocupación por las drogas en un trastorno por consumo de sustancias, preocupación por estar padeciendo una grave enfermedad en la hipocondría, preocupación por las necesidades o fantasías sexuales en una parafilia o sentimientos repetitivos de culpabilidad en el trastorno depresivo mayor).

E. El trastorno no se debe a los efectos fisiológicos directos de una sustancia (p. ej., drogas, fármacos) o de una enfermedad médica.

Especificar si:

Con poca conciencia de enfermedad: si, durante la mayor parte del tiempo del episodio actual, el individuo no reconoce que las obsesiones o compulsiones son excesivas o irracionales.

 TRATAMIENTO

 El enfoque más común para el tratamiento del TOC es el farmacológico (medicación) y la psicoterapia (tratamiento psicológico). La combinación de ambas estrategias de intervención nos ofrece la mayor garantía de éxito en el tratamiento. 

 Centrándonos a nivel psicológico, se utiliza básicamente la técnica denominada de exposición y prevención de respuesta. Basándonos en la premisa de que cada conducta neutralizadora o ritual disminuye el malestar  a corto plazo pero hace que la persona se vea atrapada en el círculo de la ansiedad, la única forma de romper este círculo es afrontar las situaciones generadoras de ansiedad sin realizar ninguna conducta de neutralización, exponiéndose de forma regulada a estas situaciones y eliminando aquellos rituales, conductas evitativas o de distracción que, a la larga, aumenta la ansiedad ante las mismas situaciones. La exposición al estímulo temido por sí misma no es suficiente. Esta exposición debe ir acompañada del ‘bloqueo’ de cualquier ritual compusivo que habitualmente utilizan como estrategia para reducir la angustia que experimentan frente al estímulo ansiógeno.

El fundamento racional que subyace a esta técnica se basa en la idea de el ‘enfrentamiento’ gradual y continuo a situaciones generadoras de ansiedad conduce de manera progresiva a un descenso en los niveles de activación emocional del sujeto.

 Dicha técnica tiene que definirla y estructurarla un profesional, junto con el paciente, después de una evaluación funcional y psicológica del mismo a fin de que sea verdaderamente efectiva, teniendo en cuenta las peculiaridades de la persona, debiendo realizarse de forma progresiva y regulada.

El enfoque educativo pretende aumentar los conocimientos del paciente sobre su propio trastorno, cómo tratarlo y cómo reconocer los síntomas característicos de forma que le permita recibir el tratamiento necesario en caso de un empeoramiento o una recaída tras un período de intervención psicoterapéutica o farmacológica (Rodriguez y cols.,1997).

La parada o interrupción de pensamiento también se emplea en algunos casos de TOC. Es una técnica de autocontrol cognitivo desarrollada para la eliminación de patrones de pensamiento recurrentes que son poco realistas, improductivos y/o productores de ansiedad, y bien inhiben la ejecución de una conducta deseada o sirven para iniciar una secuencia de conductas indeseables. Se aplica para detener los pensamientos intrusivos y rumiados que el paciente padece de forma obsesiva, previamente   deberá ser capaz de detectarlos, dificultad que debe de salvar debido a que tales pensamientos obsesivos pueden permanecer automáticamente en el pensamiento de la persona de forma continuada sin que sea consciente de ellos y necesite un esfuerzo para detectar previamente estos pensamientos automáticos para poder después hacer la detención del pensamiento intrusivo.

La aserción encubierta es una técnica cognitiva que contiene dos componentes dirigidos a reducir la ansiedad emocional, uno de ellos es la interrupción del pensamiento y el otro la sustitución del pensamiento.

  

© Laura Fátima Asensi Pérez
    Psicóloga col. Nº CV-2988

 

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  Laura Fátima Asensi

 

 
 


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