Otro trazado en peligro.
Llegamos a Silverstone. Un circuito en permanente peligro de quedar excluido a partir del 2009, fecha en que se cumple el contrato con la FOM. Sigue siendo un gran trazado que sigue guardando muchas similitudes con el original.
Es la casa del GP británico desde 1987 sin interrupción. Es una pista rápida, muy abrasiva. Sus primeras cinco curvas son sencillamente antológicas. Disfrutar de los coches en
Copse, la primera curva, o en la zona de
Becketts, es alucinante.
En toda esta secuencia de curvas desde la salida el freno no se toca. El coche reduce su velocidad haciéndole derrapar en las curvas. El piloto siente un placer especial al hacerlo a más de 250 km/h.
Esa zona es la que marca la puesta a punto del monoplaza. Debe obedecer a la dirección sin rechistar porque seguir la línea correcta es vital en esa zona. Pero como todo lo bueno, se acaba. El circuito se enzarza luego en una serie de zonas que rompen la fluidez y atoran la vuelta. Para esa zona la tracción es vital, hay muchas curvas lentas que nos llevan hasta enfilar la recta de meta.
A pesar de esta mezcla sigue siendo complicado adelantar. Como siempre nos queda la esperanza de que sin control de tracción la cosa cambie. No hay que olvidar que es Gran Bretaña y la meteorología puede jugar un papel muy importante en el devenir del fin de semana.
La carga aerodinámica de
Silverstone es media alta, similar a
Magny-Cours o
Sepang. Dado lo abrasivo de su asfalto el desgaste de los neumáticos es el más alto, como en
Sepang o en
Spa.
El desgaste de los frenos es medio bajo y el agarre del asfalto es medio. El acelerador se mantiene a fondo el 70% de la vuelta y 10 kilos de carburante suponen 0,35 seg. más por vuelta. En cada una de ellas se queman 2,39 kilos y se hacen 1,570 km. por litro.
Fuente: Grand Prix International