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Con la España republicana en el corazón
por Ione Rhodes

 Creación de la ayuda internacional a los niños españoles durante la guerra civil y el desarrollo sanitario en la España Republicana

Mientras escribo estas notas, mi pensamiento se llena de afecto y gratitud hacia mi maravilloso compañero Peter, que fue el inspirador de la creación de la Oficina Internacional para la Infancia. Siendo delegado del Comité Norteamericano para la España Republicana, Peter realizó un trabajo muy eficaz en contacto con los otros comités de coordinación. Siempre estuvo disponible para las tareas urgentes, a pesar de estar muy atado por su trabajo como corresponsal de United Press.

Foto [ione1] Ione Rhodes en una visita al frente de Madrid durante la guerra civil (foto Mayo)

Sin duda, cuando se ha conocido y vivido el drama de la guerra de España (1936-1939), no es posible olvidarlo. En Julio de 1936 me casé con Peter Rhodes, un joven universitario americano. Nos conocíamos y queríamos desde 1934, pero decidimos esperar a la finalización de sus estudios para casarnos e instalarnos en Paris. Tras haberse graduado en Historia por la Universidad de Columbia, en New York, Peter obtuvo una beca de dos años para profundizar sus conocimientos de historia y economía en la Universidad de Oxford. En cuanto a mi, yo era una joven maestra formada en la Escuela Decroly de Bruselas. Nuestro sueño era vivir en Paris porque sentíamos que allí latía el corazón del mundo. Sin dinero, nos era necesario encontrar trabajo rápidamente. Por suerte, Peter fue contratado como periodista en el Herald Tribune, y yo como profesora en una escuela privada. Así fue como nos convertimos en parisinos en Agosto de 1936.

Quiero remarcar que en aquellos años tanto a él como a mi nos inquietaba el avance del fascismo en Italia y Alemania. En este último país fuimos testigos de actos indignantes de violencia durante el invierno 1935-1936. En cambio, a nuestra llegada a Francia nos acogió el Frente Popular, que significaba el triunfo de grandes cambios sociales, y un pueblo lleno de esperanza por un mañana más feliz. Por desgracia, esta felicidad se vio pronto ensombrecida por las noticias provenientes de España. Allí el pueblo había también escogido un gobierno del Frente Popular (Febrero de 1936) pero algunos meses después el general Franco inició un golpe de estado fascista con el apoyo de Hitler y Mussolini.

En numerosos países reaccionaron las asociaciones de carácter antifascista, de trabajadores, intelectuales, políticos, etc. Por todo el mundo se crearon Comités de Ayuda a la España Republicana. En Paris se creó un "Comité Internacional de Coordinación de la Ayuda para la España Republicana" a partir de la Conferencia Europea del 13 de Agosto de 1936. Sus presidentes eran Víctor Basch, de la Liga para los Derechos del Hombre, y el famoso científico Paul Langevin. Muchos intelectuales se adhirieron a la causa de la España republicana, entre ellos André Malraux, el profesor Henri Wallon, Irene y Frédéric Joliot-Curie, Jean Cassou, Jean-Richard Bloch y muchos otros. En Francia, el 20 de Septiembre de 1936, un gran acto en el Velódromo de Invierno juntó a más de siete mil personas, con personalidades del gobierno de la Republica Española en la tribuna. Víctor Basch presidió el acto y la Pasionaria (Dolores Ibarruri) fue nombrada presidente de honor. A sus 70 años, Víctor Basch, se mostró infatigable y participó en todos los actos para la España republicana. En Noviembre de 1936 viajó a España a propuesta del  entonces Ministro de Asuntos Exteriores, Alvarez del Vayo.

Naturalmente, para Peter y yo Paris no significaba sólo el Frente Popular. También significaba la ayuda a la "España republicana heroica y mártir", y motivados por ello pronto contactamos con el Comité de Coordinación e Información de la Ayuda para la España Republicana. Conocimos a su simpática secretaria, Madeleine Braun, y le preguntamos sobre la ayuda práctica que pudiésemos aportar a los niños y sobre las cuestiones médico-sanitarias. Respecto este última cuestión, ella nos informó que se estaban tomando ya importantes iniciativas en Francia y en otros países y que se esperaba crear rápidamente un comité de coordinación al respecto. En efecto, el comité médico-sanitario se creó en Enero de 1937 con la participación de 15 países.

En cambio, en cuanto a la ayuda a la infancia, aún no había nada realmente organizado. El gobierno republicano, instalado en Valencia, deseaba que la ayuda internacional llegase a los niños en España, y en casos particulares a los niños refugiados en el extranjero. Mi marido y yo decidimos entonces solicitar la opinión de Víctor Basch, que nos recibió en su casa con sencillez y una extraordinaria amabilidad. Al momento, dirigiéndose a mi, dijo: "Querida y joven amiga, usted es profesora y tiene vacaciones. Dispóngase pues a ir a España para estudiar de cerca la cuestión de la infancia. Cuando vuelva usted a Paris, gracias a su informe, sabremos cómo actuar". Era una respuesta precisa y directa con la que mi marido y yo nos mostramos de acuerdo. Nos acercábamos a las vacaciones de invierno de 1936-37. Después de realizar los preparativos necesarios, partí hacia España en un tren que me condujo a Barcelona.

Estuve en un vagón junto a unos sesenta jóvenes soldados españoles que partían hacia el frente, muy calurosos y amigables, que cantaban canciones a ritmo de flamenco. Llevaban en sus corazones la esperanza y el deseo de vencer al invasor "fascista-nazi". Llegué a Barcelona aquella noche. La ciudad estaba oscura al no haber iluminación para evitar posibles bombardeos. Me inquietó la idea de perderme, pero pronto me tranquilicé al oír una voz que me buscaba. Desde muy pronto noté ese sentimiento extraordinario llamado amistad y fraternidad, que pude compartir tanto con la gente de la calle como con los oficiales a los que me presentaron. Era necesario actuar deprisa. Rápidamente me presentaron al Dr. Juan Planeyes, Subsecretario de Estado para la Salud Pública, y éste me puso en contacto con una joven que me expuso con precisión  los proyectos del gobierno para ayudar a la infancia española. Ella me serviría de guía por la España republicana para que yo pudiera comprender qué problemas en concreto debía resolver nuestra ayuda a la infancia.

El Ministerio puso a nuestra disposición un vehículo oficial y un chófer y partimos hacia Valencia. Al hacerse de noche debimos circular peligrosamente con los faros apagados, para no atraer la atención del enemigo. Nuestro chófer conocía bien el camino, así que depositamos nuestra confianza en él. De pronto fuimos testigos de un horrible accidente. Un gran camión que transportaba unos sesenta brigadistas se salió de la carretera. Los gritos de dolor nos indicaron que había heridos muy graves. Descendimos de nuestro coche, pero nos sentimos impotentes puesto que no entendíamos su lengua, que creímos debía ser húngaro. Era necesario actuar con rapidez. Con un brigadista a bordo, nuestro chófer nos condujo a un hospital, que no estaba lejos, e informamos del accidente. El socorro se organizó al instante.

En Valencia nos hospedamos en un hotel donde todo el mundo confraternizaba. Tuvimos la sensación de ser una gran familia. Muy pronto, al día siguiente, partimos hacia el querido Madrid. En esta ciudad se sentía hasta qué punto la gente tenía sed de cultura. En la lucha contra el fascismo estaba naciendo una nueva España, una república democrática de nuevo cuño. Había tanto por ver: centros de ayuda a la infancia, un gran inmueble requisado por los trabajadores transformado en centro cultural. Me invitaron a permanecer un día más en Madrid para visitar el frente, donde el combate a menudo tenía lugar de casa en casa. Gustosamente acepté esta oferta, que fue para mí un gran honor y un gesto de profunda amistad. De ese momento guardo algunas fotos que aún hoy me recuerdan con precisión esos estremecedores instantes. Paradójicamente, esta visita inolvidable al frente de Madrid iba a salvarnos la vida a los tres, ya que el hotel donde íbamos a hospedarnos a nuestro retorno a Valencia fue destruido por completo la noche en que estaba inicialmente prevista nuestra llegada.

Mi viaje me permitió comprender muy pronto que la España republicana quería establecer un proyecto muy bien elaborado para su infancia. Hacía falta principalmente establecer colonias de niños al abrigo de los bombardeos y abrir numerosos dispensarios que procurasen a las madres una distribución mensual de leche en polvo y azúcar. Sólo mediante envíos regulares y suficientes desde el extranjero podía abastecerse el funcionamiento de tales estructuras. Un proyecto de ayuda válido debía coordinar de forma eficiente los donativos proporcionados por diferentes países. Paralelamente, la culturización del pueblo ocupaba un lugar muy importante. Se revalorizó el papel del educador, diez mil nuevas escuelas abrieron en 1937, y el presupuesto nacional de educación se elevó a 40 millones de pesetas, frente a 4 millones en 1934. La enseñanza se hizo obligatoria. El analfabetismo estaba muy extendido. Yo vi soldados en el frente de Madrid que aprendían a leer en sus ratos de descanso.

De vuelta en Barcelona, un poco antes de mi partida hacia Paris, una persona se dirigió a mí y me dijo "ven conmigo, la Pasionaria quiere verte". Fue como un sueño, ella me abrazó con fuerza contra ella, me besó y me mostró su agradecimiento. ¿Merecía yo tanta ternura fraterna? De vuelta a Paris, yo tenía más que nunca "España en el corazón". Dejé de inmediato la enseñanza para trabajar en la creación de un comité de ayuda a la infancia española, con la ayuda de Víctor Basch. En noviembre de 1937, el comité fue creado oficialmente bajo el nombre de Office International pour l'Enfance (OIE). Su presidente, el profesor Henri Wallon, se convirtió en un amigo muy apreciado en el trabajo.

Una tarea inmensa nos esperaba: documentos diversos, cartas de información en francés e inglés, envío de delegaciones a España para conocer con precisión el estado de los problemas de la infancia e informar regularmente a nuestros comités nacionales. También cuidábamos la correcta distribución de los envíos. Desde Paris, debíamos hacer compras al por mayor de diferentes provisiones alimenticias y dirigirlas a España con regularidad, mensualmente en la medida de lo posible. Se hizo necesario formar un equipo excelente para cumplir con todo ello. Una de las primeras personas que se presentó voluntaria fue Renée Haultecoeur, que demostró ser una excelente secretaria, ayudada por dos mujeres jóvenes, una búlgara y una alemana, que habían huido del fascismo en sus países de origen. Pero, ¿cómo encontrar gente competente para las compras al mayor, la contabilidad, y los informes económicos que debían hacer regularmente los comités nacionales? Tras dos días de búsqueda se produjo el milagro en la persona de Alice Sportisse, que acababa de llegar de Argelia.

La Oficina Internacional para la Infancia agrupó 17 comités nacionales coordinados desde Paris. Durante más de dos años permitió aportar un sostén mensual a la obra admirable de la República española en favor de su infancia. Durante la guerra, se enviaron 20 millones de litros de leche para ser distribuidos por 52 "dispensarios blancos" y por los comedores. Llegaron a España 400 mil latas de conserva, 1.885 toneladas de legumbres secas, chocolate, tocino, azúcar, aceite de hígado de bacalao, etc., para ser distribuidas entre los hijos de los obreros de las fábricas, en los pueblos cercanos al frente y, al fin y al cabo, por las colonias que para miles de niños fueron auténticos salvavidas físicos e intelectuales. Estos envíos salvaron del hambre y de la muerte a más de 120 mil niños españoles.

Asimismo, fue remarcable la ayuda médica de la "Central Sanitaria Internacional" (CSI). Creada el 17 de Enero de 1937, quince países contribuyeron de forma regular. Se enviaron a la España republicana 194 ambulancias, muchos vehículos quirúrgicos, 4 dispensarios móviles, 3 camiones limpiadores, etc. Para aportar su ayuda en persona se desplazaron más de 450 médicos cirujanos, dentistas, farmacéuticos y enfermero(a)s. Pierre Rouquès fue uno de los creadores y el animador infatigable de esta causa. El creó el servicio sanitario de las Brigadas Internacionales. Respondiendo a su llamada, en Febrero de 1937 llegó a España el Dr. Edward Barsky, uno de los mejores cirujanos de New York, acompañado de otros médicos americanos y de enfermeras cualificadas, así como de un material sanitario de primer orden. Mi marido y yo pronto conocimos al Dr. Barsky que se convirtió en un amigo muy querido por nosotros. En Paris tuvimos el privilegio de conocer a los delegados de los comités extranjeros, que venían para discutir problemas con el comité de coordinación o para procurarse el material que necesitaban en España. Así fue como pude conocer a Norman Bethune, médico canadiense que dirigió en España el equipo médico de su país y organizó el primer equipo móvil de transfusión sanguínea.

Con la retirada de las Brigadas Internacionales, el Dr. Barsky dejó España en Enero de 1939 y retomó su trabajo de cirujano en New York. Pero, preocupado por el problema de miles de españoles que huyeron de Franco, fundó un comité de ayuda a los refugiados españoles (The United Spanish Aid Committee), destinado también a brigadistas de distintas nacionalidades que, en medio de la confusión de los años 1939-40, no sabían a donde ir. En 1946, durante la guerra fría, el gobierno norteamericano consideró a Franco como un aliado contra el comunismo. La organización fundada por el Dr. Barsky fue declarada antiamericana y el Dr. Barsky fue condenado a 6 meses de prisión. A su salida le fue retirado durante otros 6 meses el derecho a ejercer su profesión de médico. Mensajes de apoyo y simpatía le llegaron del mundo entero, así como de numerosas personalidades como Ernest Hemingway quien, a raíz de la condena al Dr. Barsky, ofreció su apoyo a la familia y declaró: "Barsky es un santo. Metemos en prisión a los santos en nuestro país".

Con respecto a los médicos que ayudaron a la España republicana, me vienen a la memoria otros nombres, tales como el del Dr. Valensi, que participó en el comité médico parisino, o el Dr. Kalmanovitch, que como secretario general de la CSI, el 5 de Marzo de 1938 hizo en Barcelona una vibrante llamada a los médicos del mundo entero. Citaré sólo dos frases: "Para que esta ayuda sea eficaz, hace falta centralizarla y coordinarla. Nuestra causa es inseparable de la de la propia humanidad, del progreso y de la civilización".

Terminaré (¡habría tantas cosas que decir!) rindiendo un vibrante homenaje a todos los brigadistas. Fueron sin duda más de 40 mil y representaron a 54 países. Entre ellos, más de 9 mil fueron franceses de los que 3.500 murieron en tierra de España. El número de brigadistas norteamericanos se elevó a 3 mil. Este fue el primer gran combate de resistencia al nazismo, y no ha sido hasta recientemente que esta contribución a la Humanidad por fin empieza a ser reconocida.

En 1995, el gobierno español respetó una promesa del presidente Negrin: los brigadistas extranjeros que lucharon al lado de los republicanos españoles contra Franco recibieron la nacionalidad española en forma honorífica. Un año más tarde, en Diciembre de 1996, Francia reconoció a los brigadistas franceses la categoria de Antiguos Combatientes.
 




Texto original en francés depositado por Ione Rhodes en el Musée de la Résistance, http://www.musee-resistance.com.
El testimonio de Ione Rhodes ha sido publicado en Migraciones y Exilios, Editado por la AEMIC, Diciembre 2004
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Traducción del texto y contacto: Jordi.Ortiz@uab.es .