©Antonio Sureda Milan

 

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PAS DE S'HEURA

23 de noviembre del 2004

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Guía de la ruta

Dificultad según el método M.I.D.E  del itinerario: 

Inicio: Puerto de Sòller (calle d’Antoni Montis)

Guía: Antonio Sureda

Equipo: La ropa que el día aconseje, botas de montaña. Tener en cuenta que en montaña la meteorología puede cambiar radicalmente en pocos tiempo.

Mapa: Alpina Tramuntana  Central E-25  1:25.000

Mejor época: cualquiera, siempre que no haga calor.

Distancia: 13 Km.

Tiempo efectivo: 4,10 h. 
Total acumulado: 6 h.

Altura máxima: 420 m.
Altura mínima: 3 m.

Desnivel Acumulado: 570 m.

 

Recomendaciones:

  • Hay alguna fuente en el recorrido, pero siempre recomiendo llevar la propia.

  • No lleveis perros y mucho menos sin bozal y sueltos.

  • No dejeis rastro de vuestro paso por las fincas.

 

Precauciones:

  • Abandonar o no empezar si las inclemencias son adversas.

  • La mayor dificultad la encontraremos al cruzar la vaguada desde el coll de cala Ferrera hasta superar el pas de S'Heura.

  • Avisar de la ruta que se va a recorrer antes de la salida a parientes o algún amigo.

  • Nunca ir solo.

Descripción de la excursión:

Salimos del Port de Sóller, concretamente de la desembocadura del torrent de la Figuera, y empezamos a caminar por la calle d’Antoni Montis, cuyo centro está surcado por el torrente. Dejamos a la derecha el camí de la Figuera, que transcurre por el otro lado del curso del agua. Estos primeros metros de ruta presentan el aspecto de una calle del Port, con casas bajas, chalés residenciales y suelo asfaltado. Pasamos por la plaça d’Els Reis de Mallorca y continuamos por la caller Bélgica, ya en las afueras de la población. En este punto, y coincidiendo con los últimos chalés, algunos de ellos todavía en construcción, se inicia una pronunciada pendiente. Cuando lleguemos a la primera curva, debemos prestar mucha atención porque tendremos que dejar la carretera de la urbanización que gira hacia la izquierda y continuar en línea recta, sobrepasando una barrera metálica y siguiendo por un camino de carro recientemente asfaltado.

Los olivos dominan ahora el paisaje, donde abundan también los algarrobos. A la derecha continúa todavía el cauce del torrente y, un poco más adelante, después de dos pequeñas curvas, pasamos cerca de una casa de dos plantas y dintel de piedra viva, que dejamos a la izquierda del camino. Más arriba y cerca ya del coll, encontramos también varios porches de recolectores de aceituna, como el que tiene un azulejo con el nombre de Ca Nostra. El ascenso culmina en el coll de S’Illa, señalado por una pared alambrada y un portillo con barrera metálica. A la izquierda, destaca el bosque de pinos conocido por el nombre de Pinarol. En la otra vertiente del coll, una vez traspasado el portillo y en pendiente, se encuentra uno de los caminos que conducen a la torre Picada, a la que se puede llegar, desde aquí, en unos diez minutos.

Desde el portillo del coll de S’Illa, nuestro itinerario continúa, todavía por asfalto, hacia la derecha. Tras una ligera curva hacia la izquierda y dejando a la derecha un camino que conduce al Figueral, se acaba el asfalto y aparece ante nuestra vista la silueta de la torre Picada, situada sobre el espeso bosque del Pinarol, al otro lado del coll. La imagen de fortificación en constante vigilia sobre el mar, se desprende todavía del recortado perfil de la torre Picada.

Nuestra vía, llamada en este tramo el camí de S'Illeta, se acerca al mar hasta alcanzar una envidiable situación de gran balcón sobre el mismo. A partir de entonces, el camino discurrirá, durante un buen trecho de la excursión, paralelo a la línea de costa. El camino de S'Illeta está poblado por un gran número de casitas, antiguamente ocupadas por pequeños propietarios payeses y hoy convertidas a menudo en casas de segunda residencia. La primera casa que se presenta ante nosotros es Cal Canonge, a la derecha del camino. Es un edificio de una sola planta, con cubierta de dos vertientes. La parte derecha de la casa, retranqueada en relación al resto de la fachada, acoge una capillita de portal redondo. Un poco más adelante de Cal Canonge, llegamos, entre pinos y olivos, a un grupo de construcciones, como Can Casesnoves a la derecha y Ca S’Americá a la izquierda. Detrás de las cases, se levanta imponente el penyal Bernat de S'Illeta, puntiagudo y aislado. Mientras, la recortada línea de la orilla esboza accidentes como les Puntes. Pero, de entre todos estos accidentes, destaca S'lleta, no muy alejada de la isla madre. A medida que avanzamos por el camino de S'Illeta, van apareciendo varias casas mas.

Cuando el camino pasa por debajo del penyal Bernat de S'Illeta, describe dos serpenteos que nos hacen ganar altura. Después de la segunda curva podemos abandonar el camino de carro y subir por el camino empedrado y escalonado que va hacia la derecha. Más arriba, volvemos a encontrarnos con el camino de carro, que secciona la vía más antigua aunque ésta no desaparece, sino que continúa subiendo por el otro lado, por lo que atravesamos el camino de carro y volvemos a enlazar con el empedrado. Este camino de herradura nos deja junto a una casa, conocida con el nombre de Sementeret, ya propiamente en la zona de S'Illeta. Justo antes de llegar, podemos disfrutar de la altura alcanzada, ya que nos hallamos en un escalón natural que constituye un hermoso mirador. Es inevitable, e incluso imperdonable, no detenerse a contemplar el paisaje desde esta miranda natural. La vista retrospectiva nos ofrece una imagen armoniosa donde se combinan el penyal Bernat, la torre Picada, Les Puntes y les Cambres.

A escasos metros del mirador encontramos la casa del Sementeret, de una sola planta. Tiene un portal exterior con dintel de piedra, y otro portal a la derecha. Empotradas en la fachada aparecen una cisterna y una pila de agua y, al otro lado del camino, otra pila de piedra.

Muy cerca del Sementeret se ubica la casa de Can Joan de la Dida, recientemente reformada. La parte que da al camino se alza sobre unas rocas naturales y en ella se distinguen cinco ventanitas y un pequeño portal con dintel de madera. La cubierta es de una sola vertiente. El portal exterior se localiza en la fachada este, justo al otro lado del portillo de entrada, fuera de nuestro dominio visual y bajo un porche con una explanada. El voladizo de esa misma fachada de levante nos muestra unas interesantes tejas pintadas.

A menos de cien metros de Can Joan de la Dida, aparecen las cases de Ca les Bales. Su portal exterior, de arco ligeramente rebajado, se abre en la parte derecha del camino. A la derecha de la fachada principal se eleva una original cisterna con cubierta de cúpula semiesférica. En el ala suroeste de las edificaciones, existe un molino de aceite de reducidas dimensiones, que todavía conserva su prensa de viga. Si desde el camino, junto a Ca les Bales, alzamos la vista hacia la derecha, podremos distinguir los impresionantes precipicios que configuran la vertiente noroeste del puig de Balitx (579 m.). Aquellos que posean buena vista podrán discernir el puntito blanco que constituye el vértice geodésico de la cima.

Unos minutos más adelante de Ca les Bales y tras una corta pendiente, encontramos a la derecha del camino un portillo nuevo que lleva el nombre de Can Bardí; la casa se halla un poco separada del camino a seguir y no se debe confundir con Can Bardí de la Figuera, perteneciente a la misma familia. Continuando recto, llegamos a un portillo que cierra el camino con una barrera metálica. Debemos franquearla por  la derecha, al otro lado de la pared longitudinal que enmarca el camino. Para facilitar la bajada del muro del portillo, hay unos escalones de piedra.

Una vez traspasada la barrera, debemos prestar mucha atención, pues hemos de abandonar el camino principal, que conduce a las cases de S'Illeta de Can Gordo, para tomar el camino del Joncar y del Coll de Cala Ferrera. Por este motivo, desde la misma barrera metálica, salimos del camino y torcemos hacia la izquierda, siguiendo la pared. Tenemos que bajar los tres peldaños de la primera "marjada", desde donde continuamos hacia la derecha por el nuevo camino de herradura que irá poco a poco configurándose. Torcemos enseguida a la izquierda, por donde bajamos al hort de S'Illeta, suspendido sobre el mar y abandonado hace ya años. Pronto podremos ver, desde más cerca, este centro de atención panorámica que es S'Illeta.

    Esta nueva vía que hemos seguido adopta muy pronto una posición encaramada, que asoma sobre el mar. Los olivos han dejado paso a los pinos, entremezclados con alguna encina y en cuyo sotobosque domina el brezo, acompañado de carrizo y jara. El camino se muestra muy maltratado por desmoronamientos y restos de incendios. Después de pasar sobre un rotlle de sitja (carbonera), aparecen nuevos elementos paisajísticos, como la torre de na Seca, sobre el morro de cala Roja y, más cercano, el penyal Bernat del Joncar. Junto al mar, se halla la zona de la font del Joncar. Debemos señalar que nos encontramos en un camino que avanza suspendido entre el mar y el cielo, enriscado en una ladera amenazada por la inestabilidad de su suelo y de las rocas superiores, cosa que podría resultar peligrosa.

La vegetación de esta zona está constituida por pinos, suspendidos en difícil equilibrio sobre una costa desnivelada, jarillas blancas y brezo, entre otras especies. Un detalle que podemos observar, a nuestra derecha, es una cavidad con una hiedra que la identifica. Es una de las diversas diaclasas producidas por los movimientos de tierra que se encuentran en esta comarca y que adoptan la forma de enormes y profundos cortes, orientados de suroeste a noreste, paralelos a la costa. Pasada esta cavidad, el pinar se espesa y nos obliga a abandonar, momentáneamente, la vista sobre el mar. A la izquierda aparece una nueva cavidad. Pocos metros después, un rotlle de sitja nos señala una bifurcación de caminos. La vereda que sale hacía la izquierda, en dirección al mar que baja hasta la font del Joncar. Esta fuente fue víctima de un gran desprendimiento de tierra y rocas y quedó totalmente desfigurada. Contaban los pescadores que su agua no podía meterse en ningún recipiente pues se "marejava", es decir, se enturbiaba. Ahora, desgraciadamente, no podríamos confirmarlo.

El camino del coll de Cala Ferrera, que forma parte de nuestro itinerario, continúa en pendiente, ligeramente hacia la derecha. Presenta un tramo ocupado por rocas caídas debido a antiguos desmoronamientos, en ascenso hacia un nuevo enriscamiento del camino, que forma una estrecha cornisa, entre la pared recortada y la caída hacia el mar. Un pino inclinado asegura la parte más vertiginosa, mientras nos aproximamos al penyal Bernat. Unos metros más adelante, debemos franquear un nuevo paso trepando una roca, para lo que será necesario usar las manos. Una vez superado este paso, llegamos a la primera curva que asciende hacia el coll de Cala Ferrera. Nos encontramos en la base del penyal Bernat del Joncal, que aparece como un enorme conglomerado sobre nuestras cabezas. El coll de Cala Ferrera nace precisamente de la vertiente derecha de dicho peñasco. Después de salvar los últimos metros de subida por una estrecha vereda rodeada de carrizo, llegamos al coll de Cala Ferrera.

Desde coll de Cala Ferrera disfrutamos de una nueva panorámica, desde la que podemos contemplar una impresionante vista sobre la hondonada del torrent de na Mora, con la torre de na Seca dominando el conjunto más próximo, y el puig Major como un guardián superior, un poco más a la derecha. Las rocas angulosas y las vertientes deforestadas acaban de definir la imagen de este inhóspito y a la vez cautivador valle.

La continuación del camino desde el coll de Cala Ferrera se plantea ya, directamente, hacia el pas de S’Heura, que queda ante nosotros, ligeramente más abajo y a nuestra derecha, configurándose en forma de cornisa rocosa que va subiendo de derecha a izquierda. Para alcanzarlo, debemos realizar una fuerte bajada por una zona en la que aparecen restos de incendio. El sendero, casi desaparecido, discurre pegado a la ladera, en descenso y tendiendo a la derecha. Tras siete u ocho minutos de bajada podremos divisar, entre los restos calcinados, un rotlle de sitja desde donde continuamos por la derecha, hacía la pared de roca lisa surcada por el pas de S’Heura.

Una vez alcanzada la base del pas de S‘Heura, podemos detenernos a contemplar su configuración: un relieve rocoso, sesgado hacia el norte, que como una grieta de la peña sube encrespadamente. A la derecha del paso, sobre el peñasco rojizo, se notan aún las marcas de la antigua hiedra que le dio nombre. Hace algunos años que esta planta trepadora desapareció de su lugar habitual por culpa, según parece, de una mano incendiaría.

Iniciamos la subida, aérea pero bastante segura, del pas de S’Heura que, en su parte alta, efectúa un zig zag con sendas curvas, a derecha e izquierda. Mientras subimos, el mar, visible hasta ahora sólo por la brecha del torrent de na Mora, aparece con más amplitud y se va ensanchando la línea azul del horizonte marino al superarse el dominio del roquedal. Desde el pas de S’Heura y recuperada nuevamente la altura, distinguimos el coll de Cala Ferrera desde donde venimos.

Superado el pas de S’Heura, el camino adopta la forma de sendero desdibujado que avanza sobre el roquedal. Un poco más arriba, dejamos una segunda hiedra a la izquierda y encontramos un pequeño mirador desde el que podemos observar el tramo final del torrent de na Mora. El lugar de la desembocadura del torrente se denomina cala Ferrer, aunque también es conocido por el nombre, no exento de ironía por su inaccesibilidad, de port de Fornalutx. En la parte derecha del torrente advertimos el Forat, curiosa abertura que traspasa la roca de parte a parte.

La subida, desde la parte alta del pas de S’Heura, continua por un terreno muy irregular y tiende hacia la izquierda, después de un primer pequeño paso entre rocas; mientras, la torre de na Seca se mantiene a la izquierda de la panorámica. Pronto aparece un segundo paso que deberemos subir con ayuda de las manos. Una vez alcanzado, surgen grandes peñascales erosionados por la acción del agua y del viento, en forma de grandes bloques de lapiaz. El itinerario avanza ahora hacia la derecha y el camino se pierde entre un auténtico caos de rocas. Mantenemos la dirección básica hacia el este y pronto salimos del roquedal y llegamos a un llano, con una higuera, enmarcado por una pared de marge. El macizo del puig Major, con el peñasco del Migdia como contrafuerte situado a la derecha del conjunto, dominan el panorama visual.

Poco después del llano encontramos de nuevo el camino empedrado del que destaca una rampa bien enmarcada y delimitada por un gran marge lateral de contención. Hacia la derecha aparecen, ante nuestra vista, el coll de Biniamar, vía de acceso a la Costera, y dos zarpazos realizados por la mano humana contra la naturaleza: la pista del coll de Biniamar y las obras de perforación para llegar a la fuente de la Costera. La parte superior de esta cuesta nos deja en un collet donde acaba la subida al tiempo que nos ofrece nuevos elementos paisajísticos, como el puig de la Bassa, conocido también como la comuna de Fornalutx. A partir de ahora, el camino baja ligeramente y franquea diversas marjades con pequeñas y bien trabajadas rampas que salvan, cómodamente, el corto desnivel. Acebuches arbóreos entremezclados con pinos y jaras, carrizo, aliagas y brezos, configuran el ambiente vegetal básico.

Este mundo de naturaleza virgen se ve súbitamente interrumpido por el corte profundo de una nueva pista realizada a finales de 1991. La ruta sobre el camino empedrado ha quedado seccionada y optamos por continuar sobre la pista, hacia la derecha, muy cerca ya de la Tanca dels Bous. De todos modos, si nos asomásemos a la izquierda, veríamos cómo esta vía se interrumpe de pronto, fascinada ante el impresionante abismo del torrent de Báiitx. A unos tres minutos avanzando por esta pista reciente, llegamos a la Tanca dels Bous.

Partimos desde la Tanca deis Bous en dirección a Bálitx d’Amunt. Recomendamos buscar el camino viejo, que se encuentra a la derecha de la pista, algunos metros después de la construcción. Este camino continua empedrado y escalonado y presenta algunas curvas diseñadas en ángulo recto, en las que destaca el trabajo de la ingeniería popular. Pronto desaparece el camino viejo, destruido por la pista y, ya sobre ésta, pasamos un portillo que nos enmarca la vista del puig de la Bassa (820 m) o comuna de Fornaiutx, redondeado y cubierto de bosque. A sus pies, aparecen las ruinas de Bálitx d’Enmig. Mientras avanzamos en dirección sur, los olivos se espesan y el puig de la Bassa queda a nuestra izquierda. Cinco minutos más adelante llegamos a un amplio portillo que nos permite el acceso al camino de carro que une Bálitx d’Arnunt (a la izquierda) con el camino de la Figuera y el port de Sóller (hacia la derecha). Mientras, las estribaciones orientales del puig de Bálitx aparecen a nuestra derecha.

Traspasamos el portillo por una barrera metálica y giramos hacia la izquierda. El puerto de Sóller y las laderas del macizo del puig del Teix se dejan ver hacia la derecha, a poniente. Pasamos por una barreríta de metal. Las cases de Bálitx d’Amunt no se hacen esperar y accedemos a ellas por la parte posterior, al otro lado de un campo de cultivo. Estan constituidas por dos plantas, con un volumen añadido que sobresale de la fachada y acoge una pequeña terraza con baranda de hierro. La cubierta presenta dos vertientes principales y otras dos laterales. Debemos bordear las casas hasta que las edificaciones queden a nuestra derecha. Así, después de pasar dos portillos prácticamente pegados a las casas, dejamos la fachada y la entrada principal a la derecha y, hacia la izquierda, llegamos, inmediatamente, al camino viejo de los Bálitx, que une Sóller con las tres possessions que llevan el nombre de Bálítx: d’Amunt, d’Enmig y d’Avall. Conviene recordar que el camino de la Costera es la continuación de esta vía. Desde la construcción de la carretera Sóller-Lluc, en 1959, el tramo más transitado de este camino no llega a Sóller, limitándose al enlace con el mirador de les Barques, situado cerca de la carretera.

En el punto de confluencia de nuestro itinerario con el camino de Bálitx d’Enmig y d’Avall, estos lugares quedan a la izquierda, ya que continuamos hacia la derecha en dirección a Sóller y al mirador de les Barques. Avanzamos por un camino de carro, ancho, llano y rodeado de olivos. A poco más de diez minutos de las cases de Bálitx d’Amunt, dejamos a la izquierda la bifurcación del camino viejo de Montcaire, enmarcado por un portillo con barrera metálica. Este largo y hermoso camino llega a las recónditas cases de Montcaire después de escalar el coll del Trenc, en la vertiente norte del puig de la Bassa.

A unos ocho minutos del cruce de Montcaire encontraremos otra encrucijada de caminos. Es preciso prestar atención ya que, hacia la izquierda, en la dirección que parece más recta, encontraríamos, a unos pocos centenares de metros, el mirador de les Barques. En cambio, descendiendo hacia la derecha, continúa el camino viejo de Balitx a Sóller. El mirador de les Barques, por su ubicación en la carretera C-170 (Km. 44,800) puede servir de referencia para acabar la excursión, siempre que se haya previsto la combinación del medio de transporte. No obstante, nosotros planteamos continuar para terminar la descripción del itinerario cuando lleguemos a la ciudad de Sóller.

Así pues, dejamos a la izquierda la bifurcación hacia el mirador de les Barques y avanzamos, bajando, por el camino de Sóller. Algunos metros más adelante encontramos indicaciones del restaurante del mirador de les Barques, situado en un edificio que queda a una cierta altura sobre nuestro camino. Desde esta zona, conocida con el nombre de coll d’en Pastor, continuamos en descenso por el camino, que se mantiene amplío y serpenteante y a menudo presenta atajos que evitan las curvas. A la izquierda nos queda la casa de la Torreta dels Pelats. Un poco más abajo, aproximadamente después de un cuarto de hora de haber dejado el mirador, el camino se bifurca hacía la derecha. Vale la pena dejar el camino principal y coger, por unos metros, el de la derecha cuyo pavimento es de hormigón e, inmediatamente, localizar un atajo que sale hacia la izquierda. Más que de un atajo, se trata del primitivo camino de herradura sustituido, en parte, por el de carro que hemos venido utilizando hasta ahora.

A partir de este momento, por tanto, hemos de tener presente la constante dualidad de caminos: el amplio, de carro, que describe grandes serpenteos; y el camino viejo, más estrecho, de herradura, que baja directamente hacia Sóller y que con frecuencia se halla empedrado y escalonado.

El camino de herradura se inicia con un tramo sombrío, con bajada escalonada. Mientras, ante nuestra vista, se presenta una nueva panorámica dominada por el puig de l’Ofre y els Cornadors. Pronto aparece a la izquierda el camino ancho, con el que confluye nuestra antigua senda. Avanzamos unos cincuenta metros y volvemos a coger el camino de herradura que reaparece a nuestra izquierda y que está invadido por la vegetación. Una pared longitudinal marca su lateral izquierdo. El espacio por el que ahora transitamos es conocido con el nombre de les Motes. Algunos minutos más tarde, dos veces consecutivas atravesamos el camino ancho y en otras dos ocasiones pasamos tangencialmente al mismo. Justo después atravesamos la carretera de Sóller-Lluc (C-170, Pollença-Andratx, poco antes del Km 49). Al otro lado de la carretera aparece el santuario de Santa Maria de l‘Olivar.

Dejamos el santuario de Santa Maria de 1 ‘Olivar y bajamos por el camino de herradura. A la derecha queda el camino ancho de carro y, más arriba, el que comunica con la carretera. La bajada es escalonada y atraviesa, en tres ocasiones, el camino ancho. Después de una reja que enmarca la parte derecha del camino, éste desemboca en el camino de carro, por el que debemos ir, hacia la derecha. Dos minutos más adelante, por las Marjades, volvemos a encontrar, a la izquierda, nuestro camino de herradura. A un lado, distinguimos una era de batre con una alhucema alta. Poco después, atravesamos de nuevo el camino ancho, cuyo suelo está recubierto de hormigón. Pasamos por un estrecho corredor configurado por el paramento superior de una de las primeras casas de las afueras de Sóller, a nuestra derecha, y una segunda casa, Can Fabiol.

Justo después de Can Fabiol llegamos al camino asfaltado y lo cogemos hacia la derecha. Sóller se extiende a nuestros pies. Al lado del campo de naranjos de la Ruberta, el camino gira hacia la izquierda. Las montañas que rodean el valle de Sóller se nos muestran ahora en toda su magnitud. De norte a sur, pasando por el este, podemos observar los siguientes puntos de referencia: el penyal del Migdia (macizo del puig Major), la serra de Son Torrella, el puig de l’Ofre, el barranc de Biniaraix, els Cornadors y la serra de Afabia entre otros.

Después de la Ruberta, llegamos al torrente de Fornalutx a la altura del pont d’en Raye, pero no lo atravesamos debido a que tenemos que girar hacia la derecha. La carretera discurre paralela al torrente, a nuestra izquierda, y el camp d’en Mayol a la derecha. Unos minutos después llegamos a la esquina del campo de fútbol, desde donde giramos hacia la izquierda sobre el puente del torrente. Un mojón al lado del puente, posiblemente de la segunda mitad del siglo XIX nos aclara: "Del camino de la Figuera al camino de Fornalutx". Entramos en el núcleo urbano de Sóller por el carrer d ‘Astúries y, pasado el torrente de Biniaraix o del Barranc, entramos en el carrer de la Victória de 1’ 11 de maig, que acaba en el carrer de la Lluna, justo al lado de la plaça de Sóller.

 El Grupo lo formaron:

Martina Ramis, Javier Bezunartea, Zapatera, Giem Ferriol, Tomeu Bernnasar, Pedro Bennasar,

Jaime Sastre, Toni Sureda, Pedro Febrer, Lucio Nieto, Jaime Juaneda, Pedro Estrany, El Belga

 

A. Sureda

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