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Guía de la ruta
Dificultad
según el método M.I.D.E del itinerario:

Inicio:
Puerto de Sòller (calle d’Antoni
Montis)
Guía:
Antonio Sureda
Equipo:
La ropa que el día aconseje, botas de montaña. Tener en cuenta que
en montaña la meteorología puede cambiar radicalmente en pocos
tiempo.
Mapa:
Alpina Tramuntana Central E-25 1:25.000
Mejor época:
cualquiera, siempre que no haga calor.
Distancia:
13 Km.
Tiempo efectivo: 4,10 h.
Total acumulado:
6 h.
Altura máxima:
420 m.
Altura mínima: 3 m.
Desnivel
Acumulado: 570
m.
Recomendaciones:
-
Hay alguna
fuente en el recorrido, pero siempre recomiendo llevar la propia.
-
No lleveis
perros y mucho menos sin bozal y sueltos.
-
No dejeis
rastro de vuestro paso por las fincas.
Precauciones:
-
Abandonar
o no empezar si las inclemencias son adversas.
-
La mayor dificultad la encontraremos al cruzar la
vaguada desde el coll de cala Ferrera hasta superar el pas de
S'Heura.
-
Avisar de la ruta que se va a recorrer antes de
la salida a parientes o algún amigo.
-
Nunca ir solo.
Descripción de la excursión:
Salimos del Port de Sóller, concretamente de la
desembocadura del torrent de la Figuera, y empezamos a caminar por
la calle d’Antoni
Montis, cuyo centro está surcado por el torrente. Dejamos a la
derecha el camí de la Figuera, que transcurre por el otro lado del
curso del agua. Estos primeros metros de ruta presentan el aspecto
de una calle del Port, con casas bajas, chalés residenciales y suelo
asfaltado. Pasamos por la plaça d’Els Reis de Mallorca y continuamos
por la caller Bélgica, ya en las afueras de la población. En este
punto, y coincidiendo con los últimos chalés, algunos de ellos
todavía en construcción, se inicia una pronunciada pendiente. Cuando
lleguemos a la primera curva, debemos prestar mucha atención porque
tendremos que dejar la carretera de la urbanización que gira hacia
la izquierda y continuar en línea recta, sobrepasando una barrera
metálica y siguiendo por un camino de carro recientemente asfaltado.
Los olivos dominan ahora el paisaje, donde abundan también los
algarrobos. A la derecha continúa todavía el cauce del torrente y,
un poco más adelante, después de dos pequeñas curvas, pasamos cerca
de una casa de dos plantas y dintel de piedra viva, que dejamos a la
izquierda del camino. Más arriba y cerca ya del coll, encontramos
también varios porches de recolectores de aceituna, como el que tiene
un azulejo con el nombre de Ca Nostra. El ascenso culmina en el coll
de S’Illa, señalado por una pared alambrada y un portillo con
barrera metálica. A la izquierda, destaca el bosque de pinos
conocido por el nombre de Pinarol. En la otra vertiente del coll,
una vez traspasado el portillo y en pendiente, se encuentra uno de
los caminos que conducen a la torre Picada, a la que se puede
llegar, desde aquí, en unos diez minutos.
Desde el portillo del coll de S’Illa, nuestro itinerario
continúa, todavía por asfalto, hacia la derecha. Tras una ligera
curva hacia la izquierda y dejando a la derecha un camino que
conduce al Figueral, se acaba el asfalto y aparece ante nuestra
vista la silueta de la torre Picada, situada sobre el espeso bosque
del Pinarol, al otro lado del coll. La imagen de fortificación en
constante vigilia sobre el mar, se desprende todavía del recortado
perfil de la torre Picada.
Nuestra vía, llamada en este tramo el camí de S'Illeta,
se acerca al mar hasta alcanzar una envidiable situación de gran
balcón sobre el mismo. A partir de entonces, el camino discurrirá,
durante un buen trecho de la excursión, paralelo a la línea de
costa. El camino de S'Illeta está poblado por un gran número de casitas,
antiguamente ocupadas por pequeños propietarios payeses y hoy
convertidas a menudo en casas de segunda residencia. La primera casa
que se presenta ante nosotros es Cal Canonge, a la derecha del
camino. Es un edificio de una sola planta, con cubierta de dos
vertientes. La parte derecha de la casa, retranqueada en relación al
resto de la fachada, acoge una capillita de portal redondo. Un poco
más adelante de Cal Canonge, llegamos, entre pinos y olivos, a un
grupo de construcciones, como Can Casesnoves a la derecha y Ca S’Americá a la izquierda. Detrás de las cases, se levanta imponente
el penyal Bernat de S'Illeta, puntiagudo y aislado. Mientras, la
recortada línea de la orilla esboza accidentes como les Puntes.
Pero, de entre todos estos accidentes, destaca S'lleta, no muy
alejada de la isla madre. A medida que avanzamos por el camino de S'Illeta, van apareciendo varias casas mas.
Cuando el camino pasa por debajo del penyal Bernat de
S'Illeta,
describe dos serpenteos que nos hacen ganar altura. Después de la
segunda curva podemos abandonar el camino de carro y subir por el
camino empedrado y escalonado que va hacia la derecha. Más arriba,
volvemos a encontrarnos con el camino de carro, que secciona la vía
más antigua aunque ésta no desaparece, sino que continúa subiendo
por el otro lado, por lo que atravesamos el camino de carro y
volvemos a enlazar con el empedrado. Este camino de herradura nos
deja junto a una casa, conocida con el nombre de Sementeret, ya
propiamente en la zona de S'Illeta. Justo antes de llegar, podemos
disfrutar de la altura alcanzada, ya que nos hallamos en un escalón
natural que constituye un hermoso mirador. Es inevitable, e incluso
imperdonable, no detenerse a contemplar el paisaje desde esta
miranda natural. La vista retrospectiva nos ofrece una imagen
armoniosa donde se combinan el penyal Bernat, la torre Picada, Les
Puntes y les Cambres.
A escasos metros del mirador encontramos la casa del Sementeret,
de una sola planta. Tiene un portal exterior con dintel de piedra, y
otro portal a la derecha. Empotradas en la fachada aparecen una
cisterna y una pila de agua y, al otro lado del camino, otra pila de
piedra.
Muy cerca del Sementeret se ubica la casa de Can Joan de la
Dida, recientemente reformada. La parte que da al camino se alza
sobre unas rocas naturales y en ella se distinguen cinco ventanitas
y un pequeño portal con dintel de madera. La cubierta es de una sola
vertiente. El portal exterior se localiza en la fachada este, justo
al otro lado del portillo de entrada, fuera de nuestro dominio
visual y bajo un porche con una explanada. El voladizo de esa misma
fachada de levante nos muestra unas interesantes tejas pintadas.
A menos de cien metros de Can Joan de la Dida, aparecen las
cases de Ca les Bales. Su portal exterior, de arco ligeramente
rebajado, se abre en la parte derecha del camino. A la derecha de la
fachada principal se eleva una original cisterna con cubierta de
cúpula semiesférica. En el ala suroeste de las edificaciones, existe
un molino de aceite de reducidas dimensiones, que todavía conserva
su prensa de viga. Si desde el camino, junto a Ca les Bales, alzamos
la vista hacia la derecha, podremos distinguir los impresionantes
precipicios que configuran la vertiente noroeste del puig de Balitx
(579 m.). Aquellos que posean buena vista podrán discernir el
puntito blanco que constituye el vértice geodésico de la cima.
Unos minutos más adelante de Ca les Bales y tras una corta
pendiente, encontramos a la derecha del camino un portillo nuevo que
lleva el nombre de Can Bardí; la casa se halla un poco separada del
camino a seguir y no se debe confundir con Can Bardí de la Figuera,
perteneciente a la misma familia. Continuando recto, llegamos a un
portillo que cierra el camino con una barrera metálica. Debemos
franquearla por la derecha, al otro lado de la
pared longitudinal que enmarca el camino. Para facilitar la bajada
del muro del portillo, hay unos escalones de piedra.
Una vez traspasada la barrera, debemos prestar mucha
atención, pues hemos de abandonar el camino principal, que conduce a
las cases de S'Illeta de Can Gordo, para tomar el camino del Joncar y del
Coll de Cala Ferrera. Por este motivo, desde la misma barrera metálica,
salimos del camino y torcemos hacia la izquierda, siguiendo la
pared. Tenemos que bajar los tres peldaños de la primera "marjada",
desde donde continuamos hacia la derecha por el nuevo camino de
herradura que irá poco a poco configurándose. Torcemos enseguida a
la izquierda, por donde bajamos al hort de S'Illeta, suspendido
sobre el mar y abandonado hace ya años. Pronto podremos ver, desde
más cerca, este centro de atención panorámica que es S'Illeta.
Esta nueva vía que hemos seguido adopta muy pronto una posición
encaramada, que asoma sobre el mar. Los olivos han dejado paso a los
pinos, entremezclados con alguna encina y en cuyo sotobosque domina
el brezo, acompañado de carrizo y jara. El camino se muestra muy
maltratado por desmoronamientos y restos de incendios. Después de
pasar sobre un rotlle de sitja (carbonera), aparecen nuevos
elementos paisajísticos, como la torre de na Seca, sobre el morro de
cala Roja y, más cercano, el penyal Bernat del Joncar. Junto al mar,
se halla la zona de la font del Joncar. Debemos señalar que nos
encontramos en un camino que avanza suspendido entre el mar y el
cielo, enriscado en una ladera amenazada por la inestabilidad de su
suelo y de las rocas superiores, cosa que podría resultar peligrosa.
La vegetación de esta zona está constituida por pinos,
suspendidos en difícil equilibrio sobre una costa desnivelada,
jarillas blancas y brezo, entre otras especies. Un detalle que
podemos observar, a nuestra derecha, es una cavidad con una hiedra
que la identifica. Es una de las diversas diaclasas producidas por
los movimientos de tierra que se encuentran en esta comarca y que
adoptan la forma de enormes y profundos cortes, orientados de
suroeste a noreste, paralelos a la costa. Pasada esta cavidad, el
pinar se espesa y nos obliga a abandonar, momentáneamente, la vista
sobre el mar. A la izquierda aparece una nueva cavidad. Pocos metros
después, un rotlle de sitja nos señala una bifurcación de caminos.
La vereda que sale hacía la izquierda, en dirección al mar que baja
hasta la font del Joncar. Esta fuente fue víctima de un gran
desprendimiento de tierra y rocas y quedó totalmente desfigurada.
Contaban los pescadores que su agua no podía meterse en ningún
recipiente pues se "marejava", es decir, se enturbiaba. Ahora,
desgraciadamente, no podríamos confirmarlo.
El camino del coll de Cala Ferrera, que forma parte de nuestro
itinerario, continúa en pendiente, ligeramente hacia la derecha.
Presenta un tramo ocupado por rocas caídas debido a antiguos
desmoronamientos, en ascenso hacia un nuevo enriscamiento del
camino, que forma una estrecha cornisa, entre la pared recortada y
la caída hacia el mar. Un pino inclinado asegura la parte más
vertiginosa, mientras nos aproximamos al penyal Bernat. Unos metros
más adelante, debemos franquear un nuevo paso trepando una roca,
para lo que será necesario usar las manos. Una vez superado este
paso, llegamos a la primera curva que asciende hacia el coll de Cala
Ferrera. Nos encontramos en la base del penyal Bernat del Joncal,
que aparece como un enorme conglomerado sobre nuestras cabezas. El
coll de Cala Ferrera nace precisamente de la vertiente derecha de
dicho peñasco. Después de salvar los últimos metros de subida por
una estrecha vereda rodeada de carrizo, llegamos al coll de Cala
Ferrera.
Desde coll de Cala Ferrera disfrutamos de una nueva panorámica, desde
la que podemos contemplar una impresionante vista sobre la hondonada
del torrent de na Mora, con la torre de na Seca dominando el
conjunto más próximo, y el puig Major como un guardián superior, un
poco más a la derecha. Las rocas angulosas y las vertientes
deforestadas acaban de definir la imagen de este inhóspito y a la
vez cautivador valle.
La continuación del camino desde el coll de Cala
Ferrera se
plantea ya, directamente, hacia el pas de S’Heura, que queda ante
nosotros, ligeramente más abajo y a nuestra derecha, configurándose
en forma de cornisa rocosa que va subiendo de derecha a izquierda.
Para alcanzarlo, debemos realizar una fuerte bajada por una zona en
la que aparecen restos de incendio. El sendero, casi desaparecido,
discurre pegado a la ladera, en descenso y tendiendo a la derecha.
Tras siete u ocho minutos de bajada podremos divisar, entre los
restos calcinados, un rotlle de sitja desde donde continuamos por la
derecha, hacía la pared de roca lisa surcada por el pas de S’Heura.
Una vez alcanzada la base del pas de S‘Heura, podemos detenernos
a contemplar su configuración: un relieve rocoso, sesgado hacia el
norte, que como una grieta de la peña sube encrespadamente. A la
derecha del paso, sobre el peñasco rojizo, se notan aún las marcas
de la antigua hiedra que le dio nombre. Hace algunos años que esta
planta trepadora desapareció de su lugar habitual por culpa, según
parece, de una mano incendiaría.
Iniciamos la subida, aérea pero bastante segura, del pas de
S’Heura
que, en su parte alta, efectúa un zig zag con sendas curvas, a
derecha e izquierda. Mientras subimos, el mar, visible hasta ahora
sólo por la brecha del torrent de na Mora, aparece con más amplitud
y se va ensanchando la línea azul del horizonte marino al superarse
el dominio del roquedal. Desde el pas de S’Heura y recuperada
nuevamente la altura, distinguimos el coll de Cala Ferrera desde
donde venimos.
Superado el pas de S’Heura, el camino adopta la forma de sendero
desdibujado que avanza sobre el roquedal. Un poco más arriba,
dejamos una segunda hiedra a la izquierda y encontramos un pequeño
mirador desde el que podemos observar el tramo final del torrent de
na Mora. El lugar de la desembocadura del torrente se denomina cala
Ferrer, aunque también es conocido por el nombre, no exento de
ironía por su inaccesibilidad, de port de Fornalutx. En la parte
derecha del torrente advertimos el Forat, curiosa abertura que
traspasa la roca de parte a parte.
La subida, desde la parte alta del pas de S’Heura, continua por un
terreno muy irregular y tiende hacia la izquierda, después de un
primer pequeño paso entre rocas; mientras, la torre de na Seca se
mantiene a la izquierda de la panorámica. Pronto aparece un segundo
paso que deberemos subir con ayuda de las manos. Una vez alcanzado,
surgen grandes peñascales erosionados por la acción del agua y del
viento, en forma de grandes bloques de lapiaz. El itinerario avanza
ahora hacia la derecha y el camino se pierde entre un auténtico caos
de rocas. Mantenemos la dirección básica hacia el este y pronto
salimos del roquedal y llegamos a un llano, con una higuera,
enmarcado por una pared de marge. El macizo del puig Major, con el
peñasco del Migdia como contrafuerte situado a la derecha del
conjunto, dominan el panorama visual.
Poco después del llano encontramos de nuevo el camino empedrado
del que destaca una rampa bien enmarcada y delimitada por un gran marge lateral de contención. Hacia la derecha aparecen, ante nuestra
vista, el coll de Biniamar, vía de acceso a la Costera, y dos
zarpazos realizados por la mano humana contra la naturaleza: la
pista del coll de Biniamar y las obras de perforación para llegar a
la fuente de la Costera. La parte superior de esta cuesta nos deja
en un collet donde acaba la subida al tiempo que nos ofrece nuevos
elementos paisajísticos, como el puig de la Bassa, conocido también
como la comuna de Fornalutx. A partir de ahora, el camino baja
ligeramente y franquea diversas marjades con pequeñas y bien
trabajadas rampas que salvan, cómodamente, el corto desnivel.
Acebuches arbóreos entremezclados con pinos y jaras, carrizo,
aliagas y brezos, configuran el ambiente vegetal básico.
Este mundo de naturaleza virgen se ve súbitamente interrumpido
por el corte profundo de una nueva pista realizada a finales de
1991. La ruta sobre el camino empedrado ha quedado seccionada y
optamos por continuar sobre la pista, hacia la derecha, muy cerca ya
de la Tanca dels Bous. De todos modos, si nos asomásemos a la
izquierda, veríamos cómo esta vía se interrumpe de pronto, fascinada
ante el impresionante abismo del torrent de Báiitx. A unos tres
minutos avanzando por esta pista reciente, llegamos a la Tanca dels
Bous.
Partimos desde la Tanca deis Bous en dirección a Bálitx d’Amunt.
Recomendamos buscar el camino viejo, que se encuentra a la derecha
de la pista, algunos metros después de la construcción. Este camino
continua empedrado y escalonado y presenta algunas curvas diseñadas
en ángulo recto, en las que destaca el trabajo de la ingeniería
popular. Pronto desaparece el camino viejo, destruido por la pista
y, ya sobre ésta, pasamos un portillo que nos enmarca la vista del
puig de la Bassa (820 m) o comuna de Fornaiutx, redondeado y
cubierto de bosque. A sus pies, aparecen las ruinas de Bálitx
d’Enmig. Mientras avanzamos en dirección sur, los olivos se espesan
y el puig de la Bassa queda a nuestra izquierda. Cinco minutos más
adelante llegamos a un amplio portillo que nos permite el acceso al
camino de carro que une Bálitx d’Arnunt (a la izquierda) con el
camino de la Figuera y el port de Sóller (hacia la derecha).
Mientras, las estribaciones orientales del puig de Bálitx aparecen a
nuestra derecha.
Traspasamos el portillo por una barrera metálica y giramos hacia
la izquierda. El puerto de Sóller y las laderas del macizo del puig
del Teix se dejan ver hacia la derecha, a poniente. Pasamos por una
barreríta de metal. Las cases de Bálitx d’Amunt no se hacen esperar
y accedemos a ellas por la parte posterior, al otro lado de un campo
de cultivo. Estan constituidas por dos plantas, con un volumen
añadido que sobresale de la fachada y acoge una pequeña terraza con
baranda de hierro. La cubierta presenta dos vertientes principales y
otras dos laterales. Debemos bordear las casas hasta que las
edificaciones queden a nuestra derecha. Así, después de pasar dos
portillos prácticamente pegados a las casas, dejamos la fachada y la
entrada principal a la derecha y, hacia la izquierda, llegamos,
inmediatamente, al camino viejo de los Bálitx, que une Sóller con
las tres possessions que llevan el nombre de Bálítx: d’Amunt,
d’Enmig y d’Avall. Conviene recordar que el camino de la Costera es
la continuación de esta vía. Desde la construcción de la carretera
Sóller-Lluc, en 1959, el tramo más transitado de este camino no
llega a Sóller, limitándose al enlace con el mirador de les Barques,
situado cerca de la carretera.
En el punto de confluencia de nuestro itinerario con el camino
de Bálitx d’Enmig y d’Avall, estos lugares quedan a la izquierda, ya
que continuamos hacia la derecha en dirección a Sóller y al mirador
de les Barques. Avanzamos por un camino de carro, ancho, llano y
rodeado de olivos. A poco más de diez minutos de las cases de Bálitx
d’Amunt, dejamos a la izquierda la bifurcación del camino viejo de
Montcaire, enmarcado por un portillo con barrera metálica. Este
largo y hermoso camino llega a las recónditas cases de Montcaire
después de escalar el coll del Trenc, en la vertiente norte del puig
de la Bassa.
A unos ocho minutos del cruce de Montcaire encontraremos otra
encrucijada de caminos. Es preciso prestar atención ya que, hacia la
izquierda, en la dirección que parece más recta, encontraríamos, a
unos pocos centenares de metros, el mirador de les Barques. En
cambio, descendiendo hacia la derecha, continúa el camino viejo de
Balitx a Sóller. El mirador de les Barques, por su ubicación en la
carretera C-170 (Km. 44,800) puede servir de referencia para acabar
la excursión, siempre que se haya previsto la combinación del medio
de transporte. No obstante, nosotros planteamos continuar para
terminar la descripción del itinerario cuando lleguemos a la ciudad
de Sóller.
Así pues, dejamos a la izquierda la bifurcación hacia el mirador
de les Barques y avanzamos, bajando, por el camino de Sóller.
Algunos metros más adelante encontramos indicaciones del restaurante
del mirador de les Barques, situado en un edificio que queda a una
cierta altura sobre nuestro camino. Desde esta zona, conocida con el
nombre de coll d’en Pastor, continuamos en descenso por el camino,
que se mantiene amplío y serpenteante y a menudo presenta atajos que
evitan las curvas. A la izquierda nos queda la casa de la Torreta
dels Pelats. Un poco más abajo, aproximadamente después de un cuarto
de hora de haber dejado el mirador, el camino se bifurca hacía la
derecha. Vale la pena dejar el camino principal y coger, por unos
metros, el de la derecha cuyo pavimento es de hormigón e,
inmediatamente, localizar un atajo que sale hacia la izquierda. Más
que de un atajo, se trata del primitivo camino de herradura
sustituido, en parte, por el de carro que hemos venido utilizando
hasta ahora.
A partir de este momento, por tanto, hemos de tener presente la
constante dualidad de caminos: el amplio, de carro, que describe
grandes serpenteos; y el camino viejo, más estrecho, de herradura,
que baja directamente hacia Sóller y que con frecuencia se halla
empedrado y escalonado.
El camino de herradura se inicia con un tramo sombrío, con
bajada escalonada. Mientras, ante nuestra vista, se presenta una
nueva panorámica dominada por el puig de l’Ofre y els Cornadors.
Pronto aparece a la izquierda el camino ancho, con el que confluye
nuestra antigua senda. Avanzamos unos cincuenta metros y volvemos a
coger el camino de herradura que reaparece a nuestra izquierda y que
está invadido por la vegetación. Una pared longitudinal marca su
lateral izquierdo. El espacio por el que ahora transitamos es
conocido con el nombre de les Motes. Algunos minutos más tarde, dos
veces consecutivas atravesamos el camino ancho y en otras dos
ocasiones pasamos tangencialmente al mismo. Justo después
atravesamos la carretera de Sóller-Lluc (C-170, Pollença-Andratx,
poco antes del Km 49). Al otro lado de la carretera aparece el
santuario de Santa Maria de l‘Olivar.
Dejamos el santuario de Santa Maria de 1 ‘Olivar y bajamos por
el camino de herradura. A la derecha queda el camino ancho de carro
y, más arriba, el que comunica con la carretera. La bajada es
escalonada y atraviesa, en tres ocasiones, el camino ancho. Después
de una reja que enmarca la parte derecha del camino, éste desemboca
en el camino de carro, por el que debemos ir, hacia la derecha. Dos
minutos más adelante, por las Marjades, volvemos a encontrar, a la
izquierda, nuestro camino de herradura. A un lado, distinguimos una
era de batre con una alhucema alta. Poco después, atravesamos de
nuevo el camino ancho, cuyo suelo está recubierto de hormigón.
Pasamos por un estrecho corredor configurado por el paramento
superior de una de las primeras casas de las afueras de Sóller, a
nuestra derecha, y una segunda casa, Can Fabiol.
Justo después de Can Fabiol llegamos al camino asfaltado y lo
cogemos hacia la derecha. Sóller se extiende a nuestros pies. Al
lado del campo de naranjos de la Ruberta, el camino gira hacia la
izquierda. Las montañas que rodean el valle de Sóller se nos
muestran ahora en toda su magnitud. De norte a sur, pasando por el
este, podemos observar los siguientes puntos de referencia: el
penyal del Migdia (macizo del puig Major), la serra de Son Torrella,
el puig de l’Ofre, el barranc de Biniaraix, els Cornadors y la serra
de Afabia entre otros.
Después de la Ruberta, llegamos al torrente de Fornalutx a la
altura del pont d’en Raye, pero no lo atravesamos debido a que
tenemos que girar hacia la derecha. La carretera discurre paralela
al torrente, a nuestra izquierda, y el camp d’en Mayol a la derecha.
Unos minutos después llegamos a la esquina del campo de fútbol,
desde donde giramos hacia la izquierda sobre el puente del torrente.
Un mojón al lado del puente, posiblemente de la segunda mitad del
siglo XIX nos aclara: "Del camino de la Figuera al camino de
Fornalutx". Entramos en el núcleo urbano de Sóller por el carrer d
‘Astúries y, pasado el torrente de Biniaraix o del Barranc, entramos
en el carrer de la Victória de 1’ 11 de maig, que acaba en el carrer
de la Lluna, justo al lado de la plaça de Sóller.
El Grupo lo
formaron:
Martina Ramis, Javier
Bezunartea, Zapatera, Giem Ferriol, Tomeu
Bernnasar, Pedro
Bennasar,
Jaime Sastre,
Toni Sureda, Pedro Febrer, Lucio Nieto, Jaime Juaneda, Pedro
Estrany, El Belga
A. Sureda
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