©Antonio Sureda Milan

 

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Cova des Pujador y Pas de s'Heura

(Sóller)

29 de mayo del 2012

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Ficha de la ruta

Dificultad según el método M.I.D.E  del itinerario: 

Inicio: A la salida del túnel de Sa Mola, que da acceso al Port de Soller, encontramos una rotonda, tomamos la salida de frente y llegamos a una placeta donde podemos estacionar, en ella comienza la calle de Bélgica que es por donde comenzaremos a caminar.

Guía: Antonio Sureda

Equipo: La ropa que el día aconseje, botas de montaña con buen agarre. Tener en cuenta que en montaña la meteorología puede cambiar radicalmente en pocos tiempo y que si se prevé  lluvia o humedad en las rocas no es aconsejable realizar la ruta.

Mapa: Alpina Tramuntana  Central E-25  1:25.000

Mejor época: Primavera o verano (aunque cuidado si hace calor, ya que puede ser agotadora).

Distancia: 13 Km.  Subiendo: 6,22 Km.  Bajando: 6,19 Km.

Tiempo efectivo Subiendo: 2,31 h. Bajando: 2,15 h. Parado: 3,51 h.
Total acumulado: 8,37 h.

Altura máxima: 399 m.
Altura mínima: 8 m.

Desnivel Acumulado: 600 m.   Media en %: 9,64

Velocidad media: 1,54 Km./h.

Recomendaciones:

  • Haya o no fuentes en el recorrido, siempre recomiendo llevar agua propia (mejor bebida isotónica), si se hace en verano llevar suficiente, yo particularmente consumí 3 l.

  • No lleveis perros.

  • No dejeis rastro de vuestro paso por las fincas.

  • El paso por la finca de sa Coma es hoy en día un vedado de caza mayor y puede plantearos problemas de paso si os encontrais con alguno de los socios del vedado. Por lo que es mas recomendable hacer el descenso por la ruta alternativa.

 

Precauciones:

  • Abandonar o no empezar si las inclemencias son adversas

  • La mayor dificultad la encontraremos en la orientación de algunos tramos, además de en los pasos a superar.

  • Avisar de la ruta que se va a recorrer antes de la salida a parientes o algún amigo

  • Nunca ir solo

Prólogo:

Siguiendo los pasos y la Web de mi buen amigo Manolo Barranco "Pasión por la Serra de Tramuntana" hemos realizado esta bonita pero durísima ruta que nos muestra la dureza a la que se enfrentaban nuestros mayores para ganarse el sustento, incluso en muchas ocasiones fuera de la legalidad. Descubriremos caminos imposibles, pasos inverosímiles, edificaciones perdidas y vistas espectaculares, todo ello no exento de cierto peligro y audacia por parte del senderista.

Descripción de la excursión:

Iniciamos al principio de la calle Bélgica, en este punto, y coincidiendo con los últimos chalés, algunos de ellos todavía en construcción, se inicia una pronunciada pendiente. Cuando lleguemos a la primera curva, debemos prestar mucha atención porque tendremos que dejar la carretera de la urbanización que gira hacia la izquierda y continuar en línea recta, sobrepasando una barrera metálica y siguiendo por un camino de carro recientemente asfaltado.

Los olivos dominan ahora el paisaje, donde abundan también los algarrobos. A la derecha continúa todavía el cauce del torrente y, un poco más adelante, después de dos pequeñas curvas, pasamos cerca de una casa de dos plantas y dintel de piedra viva, que dejamos a la izquierda del camino. Más arriba y cerca ya del Coll, encontramos también varios porches de recolectores de aceituna, como el que tiene un azulejo con el nombre de Ca Nostra. El ascenso culmina en el Coll de s’Illa, señalado por una pared alambrada y un portillo con barrera metálica. A la izquierda, destaca el bosque de pinos conocido por el nombre de Pinarol. En la otra vertiente del coll, una vez traspasado el portillo y en pendiente, se encuentra uno de los caminos que conducen a la torre Picada, a la que se puede llegar, desde aquí, en unos diez minutos.

Desde el portillo del Coll de s’Illa, nuestro itinerario continúa, todavía por asfalto, hacia la derecha. Tras una ligera curva hacia la izquierda y dejando a la derecha un camino que conduce al Figueral, se acaba el asfalto y aparece ante nuestra vista la silueta de la torre Picada, situada sobre el espeso bosque del Pinarol, al otro lado del coll. La imagen de fortificación en constante vigilia sobre el mar, se desprende todavía del recortado perfil de la torre Picada.

Nuestra vía, llamada en este tramo el camí de s'Illeta, se acerca al mar hasta alcanzar una envidiable situación de gran balcón sobre el mismo. A partir de entonces, el camino discurrirá, durante un buen trecho de la excursión, paralelo a la línea de costa. El camino de s'Illeta está poblado por un gran número de casitas, antiguamente ocupadas por pequeños propietarios payeses y hoy convertidas a menudo en casas de segunda residencia. La primera casa que se presenta ante nosotros es Cal Canonge, a la derecha del camino. Es un edificio de una sola planta, con cubierta de dos vertientes. La parte derecha de la casa, retranqueada en relación al resto de la fachada, acoge una capillita de portal redondo. Un poco más adelante de Cal Canonge, llegamos, entre pinos y olivos, a un grupo de construcciones, como Can Casesnoves a la derecha y Ca S’Americá a la izquierda. Detrás de las cases, se levanta imponente el penyal Bernat de s'Illeta, puntiagudo y aislado. Mientras, la recortada línea de la orilla esboza accidentes como les Puntes. Pero, de entre todos estos accidentes, destaca s'Illeta, no muy alejada de la isla madre. A medida que avanzamos por el camino de s'Illeta, van apareciendo varias casas mas.

Cuando el camino pasa por debajo del penyal Bernat de s'Illeta, describe dos serpenteos que nos hacen ganar altura. Después de la segunda curva podemos abandonar el camino de carro y subir por el camino empedrado y escalonado que va hacia la derecha. Más arriba, volvemos a encontrarnos con el camino de carro, que secciona la vía más antigua aunque ésta no desaparece, sino que continúa subiendo por el otro lado, por lo que atravesamos el camino de carro y volvemos a enlazar con el empedrado. Este camino de herradura nos deja junto a una casa, conocida con el nombre de Sementeret, ya propiamente en la zona de s'Illeta. Justo antes de llegar, podemos disfrutar de la altura alcanzada, ya que nos hallamos en un escalón natural que constituye un hermoso mirador. Es inevitable, e incluso imperdonable, no detenerse a contemplar el paisaje desde esta miranda natural. La vista retrospectiva nos ofrece una imagen armoniosa donde se combinan el penyal Bernat, la torre Picada, Les Puntes y les Cambres.

A escasos metros del mirador encontramos la casa del Sementeret, de una sola planta. Tiene un portal exterior con dintel de piedra, y otro portal a la derecha. Empotradas en la fachada aparecen una cisterna y una pila de agua y, al otro lado del camino, otra pila de piedra.

Muy cerca del Sementeret se ubica la casa de Can Joan de la Dida, recientemente reformada. La parte que da al camino se alza sobre unas rocas naturales y en ella se distinguen cinco ventanitas y un pequeño portal con dintel de madera. La cubierta es de una sola vertiente. El portal exterior se localiza en la fachada este, justo al otro lado del portillo de entrada, fuera de nuestro dominio visual y bajo un porche con una explanada. El voladizo de esa misma fachada de levante nos muestra unas interesantes tejas pintadas.

A menos de cien metros de Can Joan de la Dida, aparecen las cases de Ca les Bales. Su portal exterior, de arco ligeramente rebajado, se abre en la parte derecha del camino. A la derecha de la fachada principal se eleva una original cisterna con cubierta de cúpula semiesférica. En el ala suroeste de las edificaciones, existe un molino de aceite de reducidas dimensiones, que todavía conserva su prensa de viga. Si desde el camino, junto a Ca les Bales, alzamos la vista hacia la derecha, podremos distinguir los impresionantes precipicios que configuran la vertiente noroeste del Puig de Balitx (579 m.). Aquellos que posean buena vista podrán discernir el puntito blanco que constituye el vértice geodésico de la cima.

Unos minutos más adelante de Ca les Bales y tras una corta pendiente, encontramos a la derecha del camino un portillo nuevo que lleva el nombre de Can Bardí; la casa se halla un poco separada del camino a seguir y no se debe confundir con Can Bardí de la Figuera, perteneciente a la misma familia. Continuando recto, llegamos a un portillo que cierra el camino con una barrera metálica. Debemos franquearla por  la derecha, al otro lado de la pared longitudinal que enmarca el camino. Para facilitar la bajada del muro del portillo, hay unos escalones de piedra.

Una vez traspasada la barrera, debemos prestar mucha atención, pues hemos de abandonar el camino principal, que conduce a las cases de s'Illeta de Can Gordo, para tomar el camino del Joncar y del Coll de Cala Ferrera. Por este motivo, desde la misma barrera metálica, salimos del camino y torcemos hacia la izquierda, siguiendo la pared. Tenemos que bajar los tres peldaños de la primera "marjada", desde donde continuamos hacia la derecha por el nuevo camino de herradura que irá poco a poco configurándose. Torcemos enseguida a la izquierda, por donde bajamos al hort de s'Illeta, suspendido sobre el mar y abandonado hace ya años. Pronto podremos ver, desde más cerca, este centro de atención panorámica que es s'Illeta.

    Esta nueva vía que hemos seguido adopta muy pronto una posición encaramada, que asoma sobre el mar. Los olivos han dejado paso a los pinos, entremezclados con alguna encina y en cuyo sotobosque domina el brezo, acompañado de carrizo y jara. El camino se muestra muy maltratado por desmoronamientos y restos de incendios. Después de pasar sobre un rol.lo de sitja (carbonera), aparecen nuevos elementos paisajísticos, como la torre de na Seca, sobre el morro de cala Roja y, más cercano, el penyal Bernat del Joncar. Junto al mar, se halla la zona de la font del Joncar. Debemos señalar que nos encontramos en un camino que avanza suspendido entre el mar y el cielo, enriscado en una ladera amenazada por la inestabilidad de su suelo y de las rocas superiores, cosa que podría resultar peligrosa.

La vegetación de esta zona está constituida por pinos, suspendidos en difícil equilibrio sobre una costa desnivelada, jarillas blancas y brezo, entre otras especies. Un detalle que podemos observar, a nuestra derecha, es una cavidad con una hiedra que la identifica. Es una de las diversas diaclasas producidas por los movimientos de tierra que se encuentran en esta comarca y que adoptan la forma de enormes y profundos cortes, orientados de suroeste a noreste, paralelos a la costa. Pasada esta cavidad, el pinar se espesa y nos obliga a abandonar, momentáneamente, la vista sobre el mar. A la izquierda aparece una nueva cavidad. Pocos metros después, un rol.lo de sitja nos señala una bifurcación de caminos. La vereda que sale hacía la izquierda, en dirección al mar que baja hasta la font del Joncar. Esta fuente fue víctima de un gran desprendimiento de tierra y rocas y quedó totalmente desfigurada. Contaban los pescadores que su agua no podía meterse en ningún recipiente pues se "marejava", es decir, se enturbiaba. Ahora, desgraciadamente, no podríamos confirmarlo.

El camino del Coll de Cala Ferrera, que forma parte de nuestro itinerario, continúa en pendiente, ligeramente hacia la derecha. Presenta un tramo ocupado por rocas caídas debido a antiguos desmoronamientos, en ascenso hacia un nuevo enriscamiento del camino, que forma una estrecha cornisa, entre la pared recortada y la caída hacia el mar. Un pino inclinado asegura la parte más vertiginosa, mientras nos aproximamos al penyal Bernat. Unos metros más adelante, debemos franquear un nuevo paso trepando una roca, para lo que será necesario usar las manos. Una vez superado este paso, llegamos a la primera curva que asciende hacia el Coll de Cala Ferrera. Nos encontramos en la base del penyal Bernat del Joncal, que aparece como un enorme conglomerado sobre nuestras cabezas. El Coll de Cala Ferrera nace precisamente de la vertiente derecha de dicho peñasco. Después de salvar los últimos metros de subida por una estrecha vereda rodeada de carrizo, llegamos al Coll de Cala Ferrera.

Desde Coll de Cala Ferrera disfrutamos de una nueva panorámica, desde la que podemos contemplar una impresionante vista sobre la hondonada del torrent de na Mora, con la torre de na Seca dominando el conjunto más próximo, y el Puig Major como un guardián superior, un poco más a la derecha. Las rocas angulosas y las vertientes deforestadas acaban de definir la imagen de este inhóspito y a la vez cautivador valle.

Desde aquí hay tres posibles itinerarios por la derecha (NW), según llegamos al collado iríamos hacia el Puig de Balitx rodeándolo por su cara Note, de frente (SE) hacia el Pas de s’Heura

, a la izquierda (NE) descendiendo un poco y manteniendo la altura después iremos hacia  el Pas des Forat, opción que que seguimos nosotros.

Tendremos pocos hitos difíciles de ver, solo uno de ellos colocado sobre un tronco muerto, lo veremos algo alejado y ha de servirnos de guía, después veremos marcas de pintura roja o azul en las rocas. Sea como sea se trata de no perder apenas altura y seguir mas o menos cerca los acantilado que tenemos a mano izquierda; desde el Coll de Cala Ferrera (Wp.04), nosotros tardamos 21' en llegar al abrigo natural (balma, Wp.05), con restos de edificación y un horno en ella, y 7' mas desde  este, hasta el Pas des Forat (Wp.06), por el que accedemos a la vertiente que da al mar.

El descenso hacia el mar lo iniciamos destrepando de manera vertical (oblicuo izquierda), lo haremos con precaución sobre todo si hay algo de humedad en la roca, nos guiarán algunas marcas de pintura azul y en unos 8' hemos de alcanzar las ruinas de una casta de contrabandistas (Wp.07), la cruzamos y lado opuesto veremos un tenue camino o sendero que desciende entre la tupida vegetación, es el tamo mas sucio de esta parte del descenso hacia el mar, si observamos con atención veremos algunos tramos de la pared seca de sostén del sendero,

Siguiendo los restos de este camino, encontramos algún hito, y tramos de roca donde se ha picado a modo de formar escalones, la dirección es a poniente siempre, rodeando el acantilado que cae al mar, pasaremos unas cuantas oquedades en la pared rocosa a modo de abrigo natural, llegaremos hasta la Cova des Pujador (la única con dos bocas), seguiremos el descenso hasta la mayor de las oquedades y la mas cercana al mar, esta última tiene una pequeña piscina natural alimentada por los fuertes temporales de Norte que azotan esta parte de la costa; tras contemplar esta maravilla remontamos de nuevo hasta sa Cova des Pujador, -esta es una oquedad muy abierta y poco profunda con dos bocas, que antiguamente se empleaba para descargar el contrabando de las barcas, delante de esta boca hay una explanada que debía facilitar el trabajo de descarga, posteriormente se subían las cajas de tabaco hasta la caseta, donde a cobijo de la humedad esperaban ser llevadas a los pueblos o ciudad-. El regreso hasta el Pas des Forat lo hacemos por el mismo camino, ahora por el mismo sendero y continuamos ahora de nuevo hacia el Coll de Cala Ferrera, pero antes de llegar a el, en un punto en el que el sendero comienza a subir mas fuerte nos fijamos al Sur algo alejado y distinguiremos sobre una gran roca un hito, hacia el hemos de dirigirnos sin perder ni ganar altura por un senderillo bien pisado, al llegar al hito sobre la roca veremos el sendero que cruza trasversal y que se dirige hacia el Pas de s'Heura que tenemos al otro lado de la vaguada y al que encaminaremos nuestros pasos.

En la base del Pas de s'Heura a la sombra de la pared rocosa aprovechamos para avituallarnos y descansar un rato, este paso esta formado por un relieve rocoso, sesgado hacia el norte, que como una grieta de la peña sube encrespadamente. A la derecha del paso, sobre el peñasco rojizo, se notan aún las marcas de la antigua hiedra que le dio nombre. Hace algunos años que esta planta trepadora desapareció de su lugar habitual por culpa, según parece, de una mano incendiaría.

Iniciamos la subida, aérea pero bastante segura, del Pas de s’Heura que, en su parte alta, efectúa un zig zag con sendas curvas, a derecha e izquierda. Mientras subimos, el mar, visible hasta ahora sólo por la brecha del torrent de na Mora, aparece con más amplitud y se va ensanchando la línea azul del horizonte marino al superarse el dominio del roquedal. Desde el Pas de s’Heura y recuperada nuevamente la altura, distinguimos el Coll de Cala Ferrera desde donde venimos.

Superado el Pas de s’Heura, el camino adopta la forma de sendero desdibujado que avanza sobre el roquedal. Un poco más arriba, dejamos una segunda hiedra a la izquierda y encontramos un pequeño mirador desde el que podemos observar el tramo final del torrent de na Mora. El lugar de la desembocadura del torrente se denomina cala Ferrer, aunque también es conocido por el nombre, no exento de ironía por su inaccesibilidad, de port de Fornalutx. En la parte derecha del torrente advertimos el Forat, por el que descendimos hace ya rato.

La subida, desde la parte alta del Pas de s’Heura, continua por un terreno muy irregular y tiende hacia la izquierda, después de un primer pequeño paso entre rocas; mientras, la torre de na Seca se mantiene a la izquierda de la panorámica. Pronto aparece un segundo paso que deberemos subir con ayuda de las manos. Una vez alcanzado, surgen grandes peñascales erosionados por la acción del agua y del viento, en forma de grandes bloques de lapiaz. El itinerario avanza ahora hacia la derecha y el camino se pierde entre un auténtico caos de rocas. Mantenemos la dirección básica hacia el este y pronto salimos del roquedal y llegamos a un llano, con una higuera, enmarcado por una pared de marge. El macizo del Puig Major, con el Penyal des Migdia como contrafuerte situado a la derecha del conjunto, dominan el panorama visual.

Poco después del llano encontramos de nuevo el camino empedrado del que destaca una rampa bien enmarcada y delimitada por un gran "marge" lateral de contención. Hacia la derecha aparecen, ante nuestra vista, el Coll de Biniamar, vía de acceso a la Costera, y dos zarpazos realizados por la mano humana contra la naturaleza: la pista del Coll de Biniamar y las obras de perforación para llegar a la fuente de la Costera. La parte superior de esta cuesta nos deja en un colladito donde acaba la subida al tiempo que nos ofrece nuevos elementos paisajísticos, como el Puig de la Bassa, conocido también como la comuna de Fornalutx. A partir de ahora, el camino baja ligeramente y franquea diversas "marjades" con pequeñas y bien trabajadas rampas que salvan, cómodamente, el corto desnivel. Acebuches arbóreos entremezclados con pinos y jaras, carrizo, aliagas y brezos, configuran el ambiente vegetal básico.

Este mundo de naturaleza virgen se ve súbitamente interrumpido por el corte profundo de una nueva pista realizada a finales de 1991. La ruta sobre el camino empedrado ha quedado seccionada y optamos por continuar sobre la pista, hacia la derecha, muy cerca ya de la Tanca dels Bous. De todos modos, si nos asomásemos a la izquierda, veríamos cómo esta vía se interrumpe de pronto, fascinada ante el impresionante abismo del torrent de Bálitx. A unos tres minutos avanzando por esta pista reciente, llegamos a la Tanca dels Bous.

Partimos desde la Tanca dels Bous en dirección a Bálitx d’Amunt. Recomendamos buscar el camino viejo, que se encuentra a la derecha de la pista, algunos metros después de la construcción. Este camino continua empedrado y escalonado y presenta algunas curvas diseñadas en ángulo recto, en las que destaca el trabajo de la ingeniería popular. Pronto desaparece el camino viejo, destruido por la pista y, ya sobre ésta, pasamos un portillo que nos enmarca la vista del Puig de la Bassa (820 m) o comuna de Fornalutx, redondeado y cubierto de bosque. A sus pies, aparecen las ruinas de Bálitx d’Enmig. Mientras avanzamos en dirección sur, los olivos se espesan y el Puig de la Bassa queda a nuestra izquierda. 5' más adelante llegamos a un amplio portillo que nos permite el acceso al camino de carro que une Bálitx d’Arnunt (a la izquierda) con el camí de sa Figuera y el port de Soller (hacia la derecha). Mientras, las estribaciones orientales del Puig de Bálitx aparecen a nuestra derecha.

Seguimos la pista que ahora va hacia la derecha, dirección Suroeste, hasta una bifurcación 10’, donde tomamos a la derecha. En 2’ cruzaremos otro portillo con las barreras abiertas y una pequeña explanada con tres opciones de camino. Hemos de tomar por el camino del centro, el menos claro,  en dirección (SW). Un camino de carro poco claro al principio pero que acaba convirtiéndose en una pista. Pasamos junto a un viejo y abandonado tractor y después de varias lazadas llegaremos a la Font des Salt, que tiene cerrada la mina con una verja metálica pero que suele manar agua y se puede tomar por los rebosaderos de la rota tubería.

Ahora, en lugar de seguir la pista normal, hacia la izquierda del Torrent de sa Figuera, nosotros tomamos hacia la derecha, pasando junto a una vieja barrera metálica y atravesando una pequeña explanada con una rejilla rota al fondo. Cruzada la rejilla discurre una antigua canaleta, que rebasaremos con una pequeña trepada por las rocas que tenemos de frente y ligeramente a la derecha. Destrepadas las rocas vamos un poco a la izquierda y bajamos del alto bancal por unas rocas escalonadas que nos obligan de nuevo a emplear las manos. Seguimos el rastro de senderillo hasta encontrarnos con dos “colls de filat”. Detrás de éstos, dirección (NE), debemos encontrar en 2’ el murete de lo que en su día debió ser un amplio camino que baja, dirección Norte hasta pasar delante de una caseta en ruinas 3’.
Desde la caseta el camino va girando poco a poco hacia la izquierda adentrándose en Ses Rotes de sa Coma, veremos muchos pinos cortados (posiblemente de forma ilegal) para ocultar de alguna manera este bonito camino. Empezamos a encontrar restos del antiguo empedrado, hasta llegar a una zona donde éste se ha limpiado recientemente y se conserva en perfecto estado. Ahora alcanzamos una barrerita, que nos cierra el paso, pero solo esta atada con una cuerdecilla, la salvamos cerramos y continuamos.

Algo más abajo el camino empedrado desemboca en una pista junto a las casas de Sa Coma. Debemos sin mas opción pasar por delante de las casas salvando otra barrera de rejilla parecida a la anterior y salimos por la pista del otro lado de las casas por una gran barrera metálica que permanece abierta. Al salir nos topamos con el arrendatario de vedado y nos da el rapapolvo de turno, le pedimos las mil y una disculpas por pasar por una zona privada y continuamos sin mas incidentes. Pasamos junto a las casas de Ca s’Hereu y Ca’s Conco. Poco más abajo la pista asfaltada gira a la izquierda donde hay una barrera metálica con un letrero que indica que es automática. Abandonamos el asfalto para seguir por el camino de tierra, a la derecha de la barrera, y por el iremos hasta Sa Figuera y la carretera Ma-2124, que tomándola hacia la derecha nos dejará en la rotonda del Port de Sóller, muy cerca tenemos nuestro vehiculo y un bar donde paramos a tomar unas birras.

 

 El Grupo lo formaron:

Yolanda, Jaime Sastre, Tià, Pedro, Paco y Toni

A. Sureda

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