CICLO DE CONFERENCIAS
LA EDAD DEL HIERRO
EN CANTABRIA
Santander, Marzo-Abril de 2000
La Edad del Hierro regional
siempre ha sido un periodo que despierta un especial interés en
el público. Quizá excesivamente mitificada por la historiografía
tradicional, que ha prestado poca atención a la investigación
arqueológica y se ha dedicado a construir una imagen a partir de
los textos clásicos que hablan de los Cántabros que, en algunos
casos, poco tiene que ver con la realidad; se ha convertido más
en objeto de especulación que de verdadera investigación.
No obstante, no se
busca aquí realizar una crítica de la investigación
precedente ni de juzgar lo apropiado de sus enfoques y planteamientos.
Eso es tarea que compete a investigadores más versados en la materia.
Aquí únicamente se pretende dejar constancia de la exposición
pública de los resultados de los trabajos realizados sobre este
periodo en los últimos años por una serie de investigadores,
trabajos que, partiendo de los datos proporcionados por la práctica
arqueológica, están permitiendo la construcción de
una imagen del pasado más acorde con la evidencia disponible.
Si bien es cierto que
la falta de solidez de los conocimientos que se tienen sobre los Cántabros
-idea que puede aplicarse sin dificultades a toda la Edad del hierro- y
la necesidad de remediarla se ha planteado en términos teóricos
hace algunos años (Cisneros Cunchillos, 1995), han sido los esfuerzos
realizados en la investigación de campo los que están permitiendo
realizar construcciones científicas sobre la Cantabria de la Edad
del Hierro.
Estos esfuerzos han
permitido afianzar una idea fundamental en el estudio del poblamiento:
la existencia de un hábitat castreño de cierta entidad en
la vertiente costera de la región, incluso desde la I Edad del Hierro,
puesta en duda aún por algunos investigadores.
Las tareas de prospección
realizadas en los últimos años en los valles centrales de
Cantabria (Peralta y Ocejo, 1996) -cierto es que también se han
realizado tareas de prospección en los valles occidentales de la
región (Castanedo, Cisneros, Díez, Gónzález
y López, 1999), pero sus resultados no han sido demasiado clarificadores-,
unidas a otros descubrimientos puntuales como el del castro de Castilnegro,
el del Alto de La Garma o el más reciente de Peñarrubia,
han sido fundamentales para validar esa hipótesis y para dinamizar
la actividad investigadora sobre este periodo. Esta dinamización
de la actividad investigadora sobre la Edad del Hierro, plasmada en la
puesta en marcha de proyectos que incluyen la realización de excavaciones
arqueológicas, permitirá ampliar nuestros conocimientos en
relación con el periodo, acercándonos a muchos aspectos de
los modos de vida de la época que aún nos resultan desconocidos.
La oportunidad de conocer
estas investigaciones directamente, a través de las palabras de
quienes las han realizado, se presenta como doblemente provechosa: la divulgación
del trabajo arqueológico es siempre necesaria por diferentes motivos
que trascienden lo puramente científico, y, al tiempo, una divulgación
directa como la que permite una conferencia invita siempre al diálogo,
al debate e, incluso, a que surja la polémica.
Las jornadas han sido organizadas por
el Grupo Arqueológico ATTICA, que ha contado en esta ocasión
con la colaboración de la Consejería de Cultura y Deporte
del Gobierno de Cantabria, interesada en acercar al público los
proyectos que subvenciona. Esta voluntad de rentabilización social
de las inversiones que la Administración, a través de la
divulgación, ha demostrado apoyando la realización de este
ciclo debería convertirse en algo rutinario. Es imprescindible que
la investigación arqueológica se publique y, además,
se divulgue entre un público menos especializado pero interesado
por las diferentes etapas de la historia regional.
El panorama de la investigación
sobre la Edad del Hierro en Cantabria ha sido ilustrado en cuatro jornadas
por otros tantos investigadores a través de la exposición
de los resultados de los proyectos en los que actualmente están
trabajando.
La primera de las conferencias,
impartida por Ángeles Valle Gómez, ha presentado las investigaciones
que esta arqueóloga está desarrollando en la actualidad en
el recientemente descubierto castro de Castilnegro, en el macizo de Peña
Cabarga. Los datos que proporciona la excavación de este emplazamiento
después de dos campañas, aún inéditos, son
de gran interés. El castro, que posiblemente se pueda fechar en
la II Edad del Hierro, cuenta con un impresionante aparato defensivo compuesto
por tres líneas de muralla. En la última campaña se
ha despejado una de las puertas y parte de la muralla. Aún no se
han encontrado estructuras de hábitat, pero sí se ha excavado
una interesante estructura de combustión que podría ser un
horno metalúrgico. Numerosos fragmentos de cerámica, fragmentos
de útiles de molienda, algún objeto metálico y escasos
restos de fauna completan los hallazgos realizados hasta la actualidad.
Durante la conferencia se adelantaron como primicia -fueron recibidas por
la investigadora en el transcurso de la misma- las dataciones obtenidas
por termoluminiscencia, que serán publicadas en breve. Las fechas
obtenidas concuerdan, en gran medida, con las hipótesis que se habían
formulado sobre la cronología del asentamiento. Como colofón
a la descripción de las actuaicones realizadas en Cas-tilnegro hasta
la actualidad se informó de las investi-gaciones que la arqueóloga
está desarrollando en otro yacimiento de fases más tempranas
de la Edad del Hierro: el poblado al aire libre del Gurugú. Este
yacimiento, publicado brevemente hace algún tiempo (Serna, Valle
y Muñoz, 1996: 87), ofrece perspectivas esperanzadoras.
Durante la segunda
de las sesiones del evento Eduardo Peralta Labrador propuso, bajo el título
“El final de la Edad del Hierro en Cantabria”, un recorrido a través
de los castros descubiertos por su equipo en los valles centrales de Cantabria
y una interesante exposición de los polémicos descubri-mientos
realizados en ese área y áreas vecinas del norte de Burgos
y Palencia relacionados con las Guerras Cántabras. Algunos de esos
descubrimientos ya habían sido dados a conocer por el investigador
en el mismo marco durante una conferencia en 1997. Después de tres
años de excavaciones en diversos yacimientos -castro de la Espina
del Gallego, campamentos de Cildá, El Cantón y Campo de las
Cercas- los resultados están siendo más reveladores, si cabe,
que lo que entonces se preveía (Peralta Labrador, 1999, 2000 y en
prensa, entre otros). La última campaña ha permitido localizar
la zona de hábitat del castro, de la que se conservan una veintena
larga de cabañas, y ha proporcionado interesantes hallazgos en el
campamento del Campo de las Cercas: numerario característicamente
militar, una punta de pilum, una proyectil de honda, etc. No obstante,
quizá el hallazgo más interesante y llamativo es el camafeo
de cornalina decorado con motivos referentes a la gens Julia -tiene
un excelente paralelo en una de las monedas del tesorillo encontrado en
el barracón de la Espina del Gallego- encontrado en el nivel romano
de la Espina del Gallego junto a un excelentemente conservado horno de
fundición de hierro. Los trabajos de investigación de este
arqueólogo, centrados en un principio en el estudio del poblamiento
y la cultura material de la II Edad del Hierro regional, han ido encaminándose
en los últimos años a la reconstruc-ción arqueológica
de ese interesante epílogo del periodo que constituyen las Guerras
Cántabras. Y los hallazgos realizados en Cantabria -el asedio de
la Espina del Gallego, el campamento del Campo de las Cercas- están
siendo completados con nuevos datos procedentes de la prospección
del norte de Burgos y Palencia. Los más recientes descubrimientos,
aún inéditos, son dos nuevos campamentos romanos que serán
objeto de excavaciones en breves fechas.
La investigación
que desde 1996 se viene desarrollando bajo la dirección de Esteban
Pereda Saiz en el castro del Alto de la Garma constituyó el argumento
principal de la tercera de las conferencias. El ponente presentó
el desarrollo cronológico de las intervenciones que se han llevado
a cabo desde el descubrimiento del emplazamiento por el equipo de prospecciones
del GAEM. Las excavaciones se han centrado en el aparato defensivo del
castro, formado por un terraplén que parece haber variado en forma
y dimensiones en diferentes momentos de la ocupación. Como se pone
de manifiesto en la reciente publicación de los primeros resultados
de la investigación (Pereda Saiz, 1999) la estratigrafía
del corte realizado en el terraplén defensivo ha generado múltiples
dificultades de interpretación y se ha convertido en uno de los
principales problemas a resolver en futuras campañas de excavación.
Los materiales arqueológicos documentados han sido los habituales
fragmentos de cerámica y útiles de molienda, además
de un punzón de bronce y evidencias de actividad metalúrgica
relacionadas tanto con el beneficio y trabajo del hierro como con el del
cobre. Aún que-dan algunas cuestiones importantes por precisar sobre
el recinto: se desconoce la ubicación de las puertas y no se ha
podido localizar con seguridad la zona de hábitat, aunque futuras
campañas de excavación y una prospección intensiva
del paraje seguramente aporten datos sobre estos temas en un futuro próximo.
Para cerrar el ciclo
compareció en representación del equipo que trabaja en el
castro de la Peña de Sámano Ramón Bohigas Roldán.
Este castro, del que ya se dieron interesantes noticias hace algunos años
(Molinero, Alioto y Arozamena, 1992), está siendo objeto de excavaciones
arqueológicas en los últimos años. Las intervenciones
recientes se han centrado en la documentación de los elementos defensivos
del recinto (Bohigas, Unzueta, Molinero y Fernández, 1999). Las
excavaciones de la última campaña han permitido despejar
una de las puertas que dan acceso al castro. Como ya es habitual en estos
recintos castreños de la vertiente costera de Cantabria, la zona
de habitación es difícil de definir, aunque en este caso
se ha podido identificar algún fondo de cabaña. Los hallazgos
realizados durante las excavaciones, a los que han de unirse los hallazgos
casuales de elementos metálicos efectuados en diferentes cuevas
del monte en el que se emplaza el castro, son los habituales en este tipo
de yacimientos: fragmentos de cerámica, fragmentos de útiles
de molienda, etc. La singularidad de este emplazamiento recae en un hallazgo
que llevaría su ocupación hasta época romana, un fragmento
de ánfora que constituye el resto cerámico mejor conservado
de los encontrados hasta el momento. En el caso de la hipótesis
de pervivencia romana del castro pueda ser comprobada nos encontraríamos
ante la constatación de un fenómeno poco o nada documentado
en Cantabria, aunque el castro no se localiza en territorio de los antiguos
Cántabros sino de los vecinos Autrigones, pueblo que estableció
una relación con Roma diferente a la del cántabro.
En conjunto la investigación
sobre la Edad del Hierro en Cantabria está proporcionando unos datos
tremendamente interesantes para la reconstrucción del periodo. Los
trabajos acercados al público durante este ciclo de conferencias,
caracterizados por el denominador común de estar relacionados con
el estudio del hábitat castreño de la vertiente costera de
la región, comienzan a ofrecer resultados, a pesar de encontrarse
aún en sus inicios. Estas excavaciones van proporcionando, poco
a poco, una base firme para la reconstrucción de la Edad del Hierro
que permite dejar de depender de extrapolaciones de los datos del reborde
meseteño para el estudio del poblamiento y del estudio de los materiales
no siempre bien contextualizados recogidos en las cuevas para ofrecer una
visión de la cultura material.
El estudio del milenio
precedente al cambio de era sigue siendo una de las grandes “asignaturas
pendientes” de la arqueología regional, por lo que esta línea
de investigación que parece consolidarse en los últimos años
necesita un apoyo firme, comparable al compromiso adquirido por los investigadores,
que garantice su continuidad.
BIBLIOGRAFÍA
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