Nivel Cero 8
Santander, 2000
Pág. 123-125

CICLO DE CONFERENCIAS
LA EDAD DEL HIERRO EN CANTABRIA
Santander, Marzo-Abril de 2000

    La Edad del Hierro regional siempre ha sido un periodo que despierta un especial interés en el público. Quizá excesivamente mitificada por la historiografía tradicional, que ha prestado poca atención a la investigación arqueológica y se ha dedicado a construir una imagen a partir de los textos clásicos que hablan de los Cántabros que, en algunos casos, poco tiene que ver con la realidad; se ha convertido más en objeto de especulación que de verdadera investigación.
    No obstante, no se busca aquí realizar una crítica de la investigación precedente ni de juzgar lo apropiado de sus enfoques y planteamientos. Eso es tarea que compete a investigadores más versados en la materia. Aquí únicamente se pretende dejar constancia de la exposición pública de los resultados de los trabajos realizados sobre este periodo en los últimos años por una serie de investigadores, trabajos que, partiendo de los datos proporcionados por la práctica arqueológica, están permitiendo la construcción de una imagen del pasado más acorde con la evidencia disponible.
    Si bien es cierto que la falta de solidez de los conocimientos que se tienen sobre los Cántabros -idea que puede aplicarse sin dificultades a toda la Edad del hierro- y la necesidad de remediarla se ha planteado en términos teóricos hace algunos años (Cisneros Cunchillos, 1995), han sido los esfuerzos realizados en la investigación de campo los que están permitiendo realizar construcciones científicas sobre la Cantabria de la Edad del Hierro.
    Estos esfuerzos han permitido afianzar una idea fundamental en el estudio del poblamiento: la existencia de un hábitat castreño de cierta entidad en la vertiente costera de la región, incluso desde la I Edad del Hierro, puesta en duda aún por algunos investigadores.
    Las tareas de prospección realizadas en los últimos años en los valles centrales de Cantabria (Peralta y Ocejo, 1996) -cierto es que también se han realizado tareas de prospección en los valles occidentales de la región (Castanedo, Cisneros, Díez, Gónzález y López, 1999), pero sus resultados no han sido demasiado clarificadores-, unidas a otros descubrimientos puntuales como el del castro de Castilnegro, el del Alto de La Garma o el más reciente de Peñarrubia, han sido fundamentales para validar esa hipótesis y para dinamizar la actividad investigadora sobre este periodo. Esta dinamización de la actividad investigadora sobre la Edad del Hierro, plasmada en la puesta en marcha de proyectos que incluyen la realización de excavaciones arqueológicas, permitirá ampliar nuestros conocimientos en relación con el periodo, acercándonos a muchos aspectos de los modos de vida de la época que aún nos resultan desconocidos.
    La oportunidad de conocer estas investigaciones directamente, a través de las palabras de quienes las han realizado, se presenta como doblemente provechosa: la divulgación del trabajo arqueológico es siempre necesaria por diferentes motivos que trascienden lo puramente científico, y, al tiempo, una divulgación directa como la que permite una conferencia invita siempre al diálogo, al debate e, incluso, a que surja la polémica.
Las jornadas han sido organizadas por el Grupo Arqueológico ATTICA, que ha contado en esta ocasión con la colaboración de la Consejería de Cultura y Deporte del Gobierno de Cantabria, interesada en acercar al público los proyectos que subvenciona. Esta voluntad de rentabilización social de las inversiones que la Administración, a través de la divulgación, ha demostrado apoyando la realización de este ciclo debería convertirse en algo rutinario. Es imprescindible que la investigación arqueológica se publique y, además, se divulgue entre un público menos especializado pero interesado por las diferentes etapas de la historia regional.
    El panorama de la investigación sobre la Edad del Hierro en Cantabria ha sido ilustrado en cuatro jornadas por otros tantos investigadores a través de la exposición de los resultados de los proyectos en los que actualmente están trabajando.
    La primera de las conferencias, impartida por Ángeles Valle Gómez, ha presentado las investigaciones que esta arqueóloga está desarrollando en la actualidad en el recientemente descubierto castro de Castilnegro, en el macizo de Peña Cabarga. Los datos que proporciona la excavación de este emplazamiento después de dos campañas, aún inéditos, son de gran interés. El castro, que posiblemente se pueda fechar en la II Edad del Hierro, cuenta con un impresionante aparato defensivo compuesto por tres líneas de muralla. En la última campaña se ha despejado una de las puertas y parte de la muralla. Aún no se han encontrado estructuras de hábitat, pero sí se ha excavado una interesante estructura de combustión que podría ser un horno metalúrgico. Numerosos fragmentos de cerámica, fragmentos de útiles de molienda, algún objeto metálico y escasos restos de fauna completan los hallazgos realizados hasta la actualidad. Durante la conferencia se adelantaron como primicia -fueron recibidas por la investigadora en el transcurso de la misma- las dataciones obtenidas por termoluminiscencia, que serán publicadas en breve. Las fechas obtenidas concuerdan, en gran medida, con las hipótesis que se habían formulado sobre la cronología del asentamiento. Como colofón a la descripción de las actuaicones realizadas en Cas-tilnegro hasta la actualidad se informó de las investi-gaciones que la arqueóloga está desarrollando en otro yacimiento de fases más tempranas de la Edad del Hierro: el poblado al aire libre del Gurugú. Este yacimiento, publicado brevemente hace algún tiempo (Serna, Valle y Muñoz, 1996: 87), ofrece perspectivas esperanzadoras.
    Durante la segunda de las sesiones del evento Eduardo Peralta Labrador propuso, bajo el título “El final de la Edad del Hierro en Cantabria”, un recorrido a través de los castros descubiertos por su equipo en los valles centrales de Cantabria y una interesante exposición de los polémicos descubri-mientos realizados en ese área y áreas vecinas del norte de Burgos y Palencia relacionados con las Guerras Cántabras. Algunos de esos descubrimientos ya habían sido dados a conocer por el investigador en el mismo marco durante una conferencia en 1997. Después de tres años de excavaciones en diversos yacimientos -castro de la Espina del Gallego, campamentos de Cildá, El Cantón y Campo de las Cercas- los resultados están siendo más reveladores, si cabe, que lo que entonces se preveía (Peralta Labrador, 1999, 2000 y en prensa, entre otros). La última campaña ha permitido localizar la zona de hábitat del castro, de la que se conservan una veintena larga de cabañas, y ha proporcionado interesantes hallazgos en el campamento del Campo de las Cercas: numerario característicamente militar, una punta de pilum, una proyectil de honda, etc. No obstante, quizá el hallazgo más interesante y llamativo es el camafeo de cornalina decorado con motivos referentes a la gens Julia -tiene un excelente paralelo en una de las monedas del tesorillo encontrado en el barracón de la Espina del Gallego- encontrado en el nivel romano de la Espina del Gallego junto a un excelentemente conservado horno de fundición de hierro. Los trabajos de investigación de este arqueólogo, centrados en un principio en el estudio del poblamiento y la cultura material de la II Edad del Hierro regional, han ido encaminándose en los últimos años a la reconstruc-ción arqueológica de ese interesante epílogo del periodo que constituyen las Guerras Cántabras. Y los hallazgos realizados en Cantabria -el asedio de la Espina del Gallego, el campamento del Campo de las Cercas- están siendo completados con nuevos datos procedentes de la prospección del norte de Burgos y Palencia. Los más recientes descubrimientos, aún inéditos, son dos nuevos campamentos romanos que serán objeto de excavaciones en breves fechas.
    La investigación que desde 1996 se viene desarrollando bajo la dirección de Esteban Pereda Saiz en el castro del Alto de la Garma constituyó el argumento principal de la tercera de las conferencias. El ponente presentó el desarrollo cronológico de las intervenciones que se han llevado a cabo desde el descubrimiento del emplazamiento por el equipo de prospecciones del GAEM. Las excavaciones se han centrado en el aparato defensivo del castro, formado por un terraplén que parece haber variado en forma y dimensiones en diferentes momentos de la ocupación. Como se pone de manifiesto en la reciente publicación de los primeros resultados de la investigación (Pereda Saiz, 1999) la estratigrafía del corte realizado en el terraplén defensivo ha generado múltiples dificultades de interpretación y se ha convertido en uno de los principales problemas a resolver en futuras campañas de excavación. Los materiales arqueológicos documentados han sido los habituales fragmentos de cerámica y útiles de molienda, además  de un punzón de bronce y evidencias de actividad metalúrgica relacionadas tanto con el beneficio y trabajo del hierro como con el del cobre. Aún que-dan algunas cuestiones importantes por precisar sobre el recinto: se desconoce la ubicación de las puertas y no se ha podido localizar con seguridad la zona de hábitat, aunque futuras campañas de excavación y una prospección intensiva del paraje seguramente aporten datos sobre estos temas en un futuro próximo.
    Para cerrar el ciclo compareció en representación del equipo que trabaja en el castro de la Peña de Sámano Ramón Bohigas Roldán. Este castro, del que ya se dieron interesantes noticias hace algunos años (Molinero, Alioto y Arozamena, 1992), está siendo objeto de excavaciones arqueológicas en los últimos años. Las intervenciones recientes se han centrado en la documentación de los elementos defensivos del recinto (Bohigas, Unzueta, Molinero y Fernández, 1999). Las excavaciones de la última campaña han permitido despejar una de las puertas que dan acceso al castro. Como ya es habitual en estos recintos castreños de la vertiente costera de Cantabria, la zona de habitación es difícil de definir, aunque en este caso se ha podido identificar algún fondo de cabaña. Los hallazgos realizados durante las excavaciones, a los que han de unirse los hallazgos casuales de elementos metálicos efectuados en diferentes cuevas del monte en el que se emplaza el castro, son los habituales en este tipo de yacimientos: fragmentos de cerámica, fragmentos de útiles de molienda, etc. La singularidad de este emplazamiento recae en un hallazgo que llevaría su ocupación hasta época romana, un fragmento de ánfora que constituye el resto cerámico mejor conservado de los encontrados hasta el momento. En el caso de la hipótesis de pervivencia romana del castro pueda ser comprobada nos encontraríamos ante la constatación de un fenómeno poco o nada documentado en Cantabria, aunque el castro no se localiza en territorio de los antiguos Cántabros sino de los vecinos Autrigones, pueblo que estableció una relación con Roma diferente a la del cántabro.
    En conjunto la investigación sobre la Edad del Hierro en Cantabria está proporcionando unos datos tremendamente interesantes para la reconstrucción del periodo. Los trabajos acercados al público durante este ciclo de conferencias, caracterizados por el denominador común de estar relacionados con el estudio del hábitat castreño de la vertiente costera de la región, comienzan a ofrecer resultados, a pesar de encontrarse aún en sus inicios. Estas excavaciones van proporcionando, poco a poco, una base firme para la reconstrucción de la Edad del Hierro que permite dejar de depender de extrapolaciones de los datos del reborde meseteño para el estudio del poblamiento y del estudio de los materiales no siempre bien contextualizados recogidos en las cuevas para ofrecer una visión de la cultura material.
    El estudio del milenio precedente al cambio de era sigue siendo una de las grandes “asignaturas pendientes” de la arqueología regional, por lo que esta línea de investigación que parece consolidarse en los últimos años necesita un apoyo firme, comparable al compromiso adquirido por los investigadores, que garantice su continuidad.

 

BIBLIOGRAFÍA

 

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CASTANEDO, T.; CISNEROS, M.; DÍEZ, A.; GON-ZÁLEZ, M.R. y LÓPEZ, P. (1999): “Los valles oc-cidentales de Cantabria: el poblamiento de montaña durante la II Edad del Hierro y época romana”, en IGLESIAS GIL, J.M. y MUÑIZ CASTRO, J.A. eds., Regio Cantabrorum, Caja Cantabria, Santan-der, pp.143-147.

 

CISNEROS CUNCHILLOS, M. (1995): “La Arqueología de los Cántabros. Una reflexión metodológica”, Zephyrus, XLVIII, Salamanca, pp.223-234.

 

MOLINERO, J.T.; ALIOTO, T. y AROZAMENA, F.J. (1992): “Castro de la Peña de Sámano”, en BOHIGAS ROLDÁN, R. ed., Trabajos de Arqueología en Cantabria, Monografías Arqueológicas, 4, ACDPS, Santander, pp.153-166.

 

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SERNA, A.; VALLE, M.A. y MUÑOZ, E. (1996): “Poblados de la Edad del Hierro en el área costera de Cantabria”, La Arqueología de los Cántabros, Actas de la Primera Reunión sobre la Edad del Hierro en Cantabria, Fundación Marcelino Botín, Santander, pp.83-93.

 
 
Enrique GUTIÉRREZ CUENCA
Departamento de Ciencias Históricas
Universidad de Cantabria
 

 


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