EL NIÑO CANSADO

La fatiga es uno de los mayores enemigos del niño y es el fondo de muchas erfermedades. La vida moderna multiplica las causas de semejante estado y el número de niños que sufren de ella. Cuando se vean síntomas de fatiga será prudente dirigirse al médico. Veamos las consideraciones que presenta el doctor Luis Corman en El niño fatigado.

La impaciencia de los padres exige de sus hijos esfuerzos superiores a sus fuerzas: no ven a sus hijos como son ni como deberían ser, sino como desearían que fuesen.

Si durante la velada un niño da señales de fatiga, que se disipa a la mañana siguiente, se trata del cansancio normal, que no debe inquietar. Pero si una noche de reposo no hace desaparecer estos síntomas, si el sueño ha sido agitado o si ha habido insomnio, estamos frente a un niño cuyo cansancio es anormal, el cual para hacer frente a lo que de él se espera en clase o en casa se forzará a si mismo y se impacientara.

¿Cómo se presenta la fatiga? Si es un cansancio principalmente físico, se nota una tendencia a la laxitud hacia el esfuerzo físico, la marcha, el estar de pie o el trabajo normal. El niño siempre está en retraso y se arrastra lánguidamente. No tiene gusto para jugar. Suele quedarse sentado en un rincón. Incluso sentado, se desmadeja en la silla. A veces puede reaccionar contra esa fatiga, ya sea por un esfuerzo de voluntad, ya por haber sido estimulado por la atracción de un placer o la idea de un deber. Pero pronto se siente cansado. Y no tiene apetito.

Cuando se trata de fatiga mental se nota una falta de claridad en las percepciones, una atención que se fija mal y se cansa pronto, la actitud "en la luna", una seria disminución de la memoria, menor claridad y seguridad en el juicio, una voluntad debilitada, una falta de dominio propio, de iniciativa, de capacidad de organización. Estos síntomas no son constantes. Al principio de una lección, de un trabajo, el niño es capaz de una atención normal, pero la fatiga no tarda en abrumarle. Se desanima y expresa el deseo de no ir más a la escuela.

¿Impide jugar la fatiga? Al decir a los padres que sus hijos no son perezosos, sino que están cansados, contestán: «¡Pero no está fatigado para jugar!» Sí, el niño cansado -que se halla en la pendiente de la enfermedad- puede muy bien ser activo en el juego. Pero una observación más atenta revelará pronto que se trata de una actividad turbulenta, inestable, impulsiva, agitada, incoherente. El niño está estimulado por el interés que el juego despierta en él, pero la fatiga subsiste y se revela por una crispación de mal agüero.

Principales causas de la fatiga

1 Debilidad de la constitución hereditaria. Los niños nacidos de padres viejos o enfermizos, nacidos antes de tiempo o cuya madre tiene un embarazo difícil se hallan expuestos a la astenia. Se les reconoce por la menudencia del cuerpo y del rostro, esqueleto fiúo con poca carne, atonía de los rasgos y expresión demasiado dulce de rostro.

2 Insuficiencia de aporte nutritivo del medio, es decir, alimentación, clima, ejercicio físico y ambiente moral. (Recordemos que el niño necesita vivir en un ambiente de tranquilidad: en un hogar afectuoso y lleno de confianza.)

3 El «surmenage» viene por dejarse arrastrar por las circunstancias hasta el punto cercano del agotamiento de las fuerzas vitales. Hay que buscar el origen no sólo en los estímulos, a veces imprudentes, de la disciplina y de la emulación escolares y en lo recargado de los programas, sino también en el medio familiar y social.

A veces el niño, sin ser solicitado, procura prematuramente imitar a sus hermanas y hermanos mayores, de lo cual puede resultar una fatiga nerviosa peligrosa.

4 Los esfuerzos de atención y de adaptación también cansan. Los largos paseos, la abundancia de juguetes, las risas prolongadas y las muchas horas en automóvil exigen un gasto de energía superior a lo que un niño puede dar normalmente.

5 La compañía de los adultos puede ser también causa de fatiga. A veces se trata de un hermano mayor enguizgador o engrescador, un maestro demasiado severo o padres que distraen continuamente al niño de sus ocupaciones para hablarle o pedirle un servicio. Estas cosas causan grandes fatigas al niño. ¿Y qué diremos de las veladas pasadas en el cine o en la televisión?

Estas causas de fatiga no obran aisladamente. El «surmenage» se une al período de crecimiento. Pero las cosas más graves se observan cuando un factor físico y un factor moral asocian sus efectos deprimentes. Ejemplo típico es el «surmenage» escolar en período de exámenes y las inquietudes graves de un niño que se siente incomprendido en un hogar desunido.

Terapéutica de la fatiga infantil

1 Cuando los banderines rojos anuncian el peligro, hay que prestar atención si se quiere evitar el peligro. Lo primero que hay que hacer es buscar la causa de este estado con la ayuda del médico. Todo lo que habrá que hacer entonces será suprimirla y dar algunos cuidados y tomar ciertas precauciones hasta que el nivel normal de las fuerzas se haya alcanzado. Habría que alimentar al niño de modo más sustancial sin fatigar el aparato digestivo. La alimentación será ligera pero energética, pues el niño cansado no tiene apetito, mas el reposo se lo devuelve.

2 Deberá dormir bien, sin inculcarle la costumbre tiránica de levantarse muy tarde. La siesta después de la comida es muy recomendable. (Mejor sin dormir para los mayores.) Durante el tiempo dedicado a las diferentes actividades -deberes escolares, trabajos manuales, juego- se colocarán algunos momentos cortos de respiro y de parada. Se cuidará que todo se haga sin crispaciones, sin apresuramientos, sin miedo a no salir bien o a no terminar a tiempo.

3 La actividad. La fatiga es debida a un exceso, a forzar la naturaleza, pero toda actividad sana está permitida al niño cansado mientras la realice sin forzar jamás la marcha. Los juegos colectivos moderados cumplen esta condición. Los deportes han de ser vigilados, y los que implican competencia, prohibidos categóricamente. Hay que recordar que el niño (aunque esté fatigado) se deja frecuentemente arrastrar a gastos excesivos de energía debido al interés que pone en la actividad a la que es invitado. Hace falta una prudente dosificación. Por esto hay que confiar los niños (en las colonias de vacaciones o en la práctica exploradora) a monitores prudentes y expertos.

4 El ambiente afectivo. La educación tiende por lo general a lograr que el niño se adapte al medio en el que se le hace vivir. Habría muchos menos fatigados, desanimados y sublevados si se pensase un poco más en adaptar el medio al niño. Si éste está fatigado, necesita urgentemente descanso, buen humor y afecto. Si además se le da el ejemplo de la paciencia, del ánimo y de la esperanza frente a las inevitables dificultades de la vida, se habrá creado un medio que estará todavía lejos de la perfección, pero evitará o disipará la fatiga.

Esta terapéutica médica y psicológica debe aplicarse con toda la simpatía y firmeza deseables, pues no convendría que tales cuidados ablandasen al niño y lo tonificasen.

"Guía de educación familiar" por Mauricio Tieche