ADOLESCENCIA Y RELIGIÓN

Los adolescentes no desconfían tanto del contenido de la religión como del modo en que se la utiliza para controlarlos.

Cuando llegué a ser padre, todos querían sostener en sus brazos a mis hijos. La gente hasta les traía regalos, juguetes y dulces.

Pero ahora mis hijos son adolescentes, y en estos días no son muchos los adultos que les hacen fiestas. En realidad, todos los que vienen a ver a mis adolescentes son otros adolescentes. Y no tienen un interés especial en que los demás estemos cerca de ellos. Prefieren sentarse afuera en el frío antes que arriesgarse a estar en una sala llena de adultos o de niños.

En realidad, los adolescentes no molestan a nadie mientras no se comporten como adolescentes. En verdad, los adultos gozan con los adolescentes cuando actúan como adultos. Los adultos hasta aprecian a los adolescentes cuando actúan como niños. Pero cuando los adolescentes actúan como tales -vergonzosos, rebeldes, a veces grotescos y odiosos, y continuamente en abierto desafío a nuestras más preciadas creencias-, la gente los resiste.

¿Creyó alguna vez un padre que su dulce infante llegaría a ser adolescente?

¡Cuidado! Tener un hijo pone en movimiento un impresionante ejemplo de causa y efecto. Quiero advertir a los que tienen bebés movedizos: en alguna parte de esa masa de tejidos en crecimiento se está desarrollando una voluntad que se prepara para enfrentarlos alrededor de los 13 años.

Hace unos días, un padre me hizo la siguiente observación: "Mis hijos están en la edad perfecta: demasiado pequeños para pedirme prestado el auto".

Otro dijo: "Dios es considerado; nos da 12 años para desarrollar amor por nuestros niños antes de transformarlos en adolescentes".

Sospecho que muchos adultos temen a los adolescentes. Como resultado, a menudo se los ignora, se los explota, se los pasa por alto, se los desprecia o se los trata con condescendencia. Y su único gran pecado es que los vemos como adolescentes.

Apóstol al rescate

Al atravesar el campo minado de las relaciones adultos-adolescentes, he encontrado muy útil el consejo del apóstol San Pablo: "Padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos" (Efesios 6: 4).

La gran pregunta es: ¿Cómo podemos provocar a ira a nuestros hijos?

1. Provocamos a ira a nuestros adolescentes cuando no procuramos entenderlos.

La adolescencia solía ser el período de la vida cuando el jovencito, todavía en casa, se preparaba para trabajar en la sociedad. Durante ese tiempo, la sociedad se unía a los padres para proteger la vulnerable etapa de la adolescencia. Un pacto no escrito entre los medios de comunicación, la iglesia, la escuela, el hogar, y la comunidad en general señalaba la importancia de la adolescencia y protegía al adulto en desarrollo.

Esto hoy ya no ocurre. La adolescencia es una etapa sólo de nombre. Los medios de comunicación ya no protegen a los adolescentes, sino que los abruman con todas sus artes persuasivas y sus insinuaciones sexuales. Los padres, mayormente comprometidos con sus propias crisis de la mitad de la vida, a menudo no dan a sus adolescentes todo el tiempo que ellos necesitan. En algunos países, un padre promedio dedica a su hijo unos 6 minutos. . . por semana.

Si no procuramos comprender las presiones y el estrés que la sociedad impone sobre ellos, tal vez estemos provocándolos a ira de la manera más seria. Cuándo fue la última vez que usted leyó un libro acerca de los adolescentes, de la adolescencia o de la conducta de los adolescentes? Es tiempo de que nos tomemos el tiempo para comprenderlos.

2. Provocamos a ira a nuestros adolescentes cuando no reconocemos sus necesidades ni las satisfacemos.

Un hombre que hacía poco había perdido a su hija en un accidente me contó de una conversación que había tenido con ella poco antes de su muerte. "Ahora que has crecido, que te has casado y que estás haciendo planes de tener hijos propios -le dijo-, ¿qué habrías hecho diferente si hubieras estado en mi lugar?"

"No mucho -contestó ella reflexiva y cuidadosamente-. Pero cuando llegué a ser adolescente dejaste de abrazarme. No entendías que necesitaba que me abrazaras

¿Qué otra cosa necesitan los adolescentes?

Oportunidades para hacer preguntas con toda confianza. La adolescencia es un periodo para hacer pruebas. Si usted dio un sistema de valores a sus hijos, espere que lo pongan en duda. Los adolescentes casi definitivamente interpretarán la negación del derecho de hacer preguntas o de poner en duda su sistema de valores como una debilidad de ese sistema. Un hecho así de su parte puede conducir exactamente a lo que usted quiere evitar: el rechazo de sus valores.

Aceptación comprensiva. Los adolescentes son un tanto narcisistas y generalmente no son muy altruistas, pero responden a la aceptación; la aceptación de lo que son, no sólo de lo que usted quisiera que fueran.

Padres. Puede parecer ridículo, pero los adolescentes necesitan pa-dres que sean padres, no padres que procuren comportarse como adolescentes. Los padres pueden ayudar a sus adolescentes mucho más si se mantienen definitivamente como padres. Lo mismo vale para sus maestros y profesores.

Límites razonables. Este tema origina gran ansiedad en muchos padres. Por nuestro miedo a los adolescentes, a veces dejamos de ofrecerles límites responsables. Los adolescentes no son todavía lo que llegarán a ser, y el hecho de que los adultos que son importantes para ellos les fallen, puede tener un efecto negativo en su futuro.

Seguridad. Los adolescentes pueden tenerla silos adultos que tienen importancia en su vida les ofrecen una aceptación comprensiva, un tratamiento amable y límites razonables.

3. Provocamos a ira a nuestros adolescentes cuando usamos mal la religión.

Investigaciones acerca de los adolescentes con base religiosa muestran una hostilidad relativamente baja respecto de la religión. Al mismo tiempo los adolescentes manifiestan una hostilidad bastante alta para con la organización religiosa como estructura de poder de la iglesia. Ello es el resultado de haber captado cómo se usa la religión para controlarlos. Considere lo siguiente:

· En una escuela de una iglesia cristiana se castigó al alumno más molesto del día ordenándole que hiciera el rezo final de la última clase.

· En otra escuela primaria se castigó a los alumnos haciéndoles copiar páginas de un libro sagrado.

· Como alumno de una escuela secundaria religiosa, tuve que escribir una cantidad de trabajos, asignados por profesores bien intencionados, como resultado de mí inconducta. En cada caso me exigían que investigara en los escritos bíblicos.

· La idea de que "Dios te castigará si no eres bueno" es un enfoque inmaduro e ingenuo de Dios.

La religión trata con las emociones más profundas del ser humano. Cuando explotamos un componente de la naturaleza humana tan básico como la religión con el propósito de controlar e intimidar a los adolescentes, los provocamos a ira.

4. Provocamos a ira a nuestros adolescentes cuando confundimos las reglas de la escuela con la espiritualidad.

|A menudo, los alumnos piensan en los reglamentos de la escuela del siguiente modo: "Si asisto a clases puntualmente en la escuela secundaria estatal es porque el Estado me exige que vaya a clases y llegue a tiempo; pero si asisto a tiempo a las clases de mi colegio religioso, es porque Dios quiere que sea puntual". Los adultos son los principales responsables de este concepto erróneo.

Las escuelas deben funcionar de acuerdo con reglamentos. Pero a veces integramos la fe y el conocimiento demasiado arbitrariamente. Las reglas sobre la ropa, la asistencia, la sociabilidad y la disciplina tienen directamente poco que ver con Dios. Demasiado a menudo buscamos apoyo extra para aplicar los reglamentos, haciendo intervenir a Dios en ello.

5. Provocamos a ira a los adolescentes cuando les presentamos modelos de conducta que no demuestran nuestros ideales de la religión.

Los adolescentes no esperan que los adultos no cometan pecado alguno. Pero son sensibles a la falta de honestidad, a la hipocresía y a lo que consideran normas dobles o inconsecuencias. Cuando uno está tratando de decidir quién es, no le ayuda nada que un adulto le muestre que él tampoco está seguro de quién es.

David Elkind, psicólogo especializado en adolescencia, sugiere que muchos padres de adolescentes hoy están sufriendo sus propias crisis ideológicas. Pueden estar repasando su propio pasado y presente, Poco dispuestos a decidir juicios de valor tan severos como los que emitieron sus propios padres. Por ello vacilan. Pero los adolescentes no interpretan esta vacilación de los padres como sentimientos encontrados. Ellos interpretan esta ambivalencia como confusión. En este sentido, los padres deberán hacer todo el esfuerzo posible para no transferir su propia crisis a sus hijos. Que a pesar de las dudas, los chicos vean en sus progenitores sólidos valores espirituales y éticos.

Ed Zackrison