Lo que encontré en Internet sobre nuestro vecino Pedro de Matheu

Con alegría reproduzco esta información que aparte de las cuestiones artísticas de "Pier Mateu", como le decíamos los de aquí, hace mención de Puerto Real.

Tuve la suerte de conocerlo y de pintar bajo su tutela en su estudio de la Carretera Nueva, hoy Teresa de Calcuta.

He seguido sus pasos por Ubrique y he tenido la suerte de contactar con varios discípulos suyos de esa localidad.

Como un tesoro guardo un dibujo suyo realizado en su infancia

Y con orgullo guardo una copia de su espátula, realizada en plata, con la firma artística de Pedro de Matheu grabada en su superficie.

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La gané obteniendo el primer premio en un certamen de pintura Regional celebrado en Puerto Real con su nombre, el año 1982.

La de Pedro de Matheu era de acero. Según me contó en su estudio, se la forjó un herrero amigo suyo asegurándole que era una espátula para toda la vida.

Pedro de Matheu todo lo pintaba con ella. Las grandes superficies y los detalles mínimos. Esto me lo decía por que yo también pinto con espátula. Y desde entonces con una similar a la suya. 


 

Centro de Arte Moderno y Contemporáneo Daniel Vázquez Díaz de Nerva

Pedro de Matheu.

"Pinos Amarillos" Las Canteras, Puerto Real (Cádiz), 1943.

 

Del 22 de Marzo al 21 de Abril de 2002.

       

 

"Paisaje al atardecer". Rivera francesa, 1925.

 

 

 

 

"Atardecer sobre el Arlanzón". Burgos, 1941.

 

 

 

 

PEDRO DE MATHEU  (1900 - 1965)

en el MUSEO VÁZQUEZ DÍAZ DE NERVA

En la personalidad artística de este fecundo y vigoroso pintor confluyen diferentes hechos y circunstancias. En primer lugar, la de poseer la nacionalidad Salvadoreña aun cuando sus ancestros y familiares del artista eran oriundos españoles vinculados a Cádiz, donde  vivían sus primos, la familia del músico Manuel de Falla Matheu. La condición profesional de diplomático, siguiendo la profesión de su propio padre, le proporcionaron un carácter y una educación que a lo largo de su vida le harán ser un personaje refinado, culto y abierto a novedades, algo muy singular en el contexto artístico hispano.

Educado en Francia desde los primeros años de su nacimiento, residió en el país vecino hasta prácticamente los años de nuestra Guerra Civil, auque simultaneó su vida parisina con sus estancias familiares en la casa solariega de Puerto Real, Cádiz. Esta alternancia de residencias y continuos desplazamientos, le hacen ser un personaje de la cultura artística de una gran movilidad, en especial durante la primera mitad del siglo, y desde la perspectiva andaluza, un artista especialmente interesante.

Julio Caro Baroja, Daniel Vázquez Díaz y Pedro de Matheu.

Foto tomada en la galería Quijote, Exposición de Daniel Vázquez Díaz en Madrid, 1.962.

En una primera instancia, Pedro de Matheu como artista parece vinculado pictóricamente  a cierta estética de la felicidad  y sus repercusiones, a raíz del cultivo de una pintura lumínica de exteriores y plenitudes atmosféricas, en gran medida situada en la más estricta tradición francesa a la vez que deudora de la plática impresionista y fauve, ejecutada durante los periodos de juventud en el país vasco francés, en el Midi, y en la misma capital francesa.

Matheu se insertó culturalmente en la órbita de la tradición modernista, estrechamente relacionada con el círculo parisino en torno a la figura del escritor Gómez Carrillo y otros sudamericanos en las primeras décadas del siglo XX. A partir de estas fechas data la relación de amistad con Vázquez Díaz, a quien siempre considero pictóricamente como un maestro. En este ambiente, en el que se hallaban la mayoría de los artistas hispanoamericanos instalados en París, se añadían la presencia de determinadas estéticas orientalistas de procedencia rusa. En este sentido es destacable la relación plástica de Matheu con el pintor ruso Altman, con el cual se inició en la plástica tras años de formación en las más prestigiosas academias de la capital de Sena. Simultáneamente a la práctica de su pintura de exteriores, Matheu cultivó ambientes de vida social, hasta cierto punto mundana, de cabarets, espectáculos musicales y ballets vanguardistas en los años veinte, en los que intervendrá decididamente Manuel de Falla; familiar que llevaría a la escena importantes composiciones musicales. Matheu a parte de realizar viajes por Europa en compañía de otros artistas y colegas, ejercerá también de interiorista refinado de ambientaciones artdecó. Durante estos activos años veinte el joven Matheu expondrá muy precozmente en las galerías más importantes del mercado parisino, como la George Petit emblemática de los pioneros años de las tendencias modernas.

Todas aquellas circunstancias le posibilitaron ser un testigo de excepción. Con este bagaje se enfrenta a las situaciones culturales y sociopolíticas del periodo de entreguerras en Francia, volviendo definitivamente a España tras finalizar la Guerra Civil. En la situación de la postguerra Española Pedro de Matheu es un artista que inicia la recuperación cultural, luego en algún grado recobrada ya en los años cincuenta, en la que se vio artísticamente implicado como figura testimonial, y baluarte distinguido de la modernidad; fascinado ahora por todo lo español, en especial por los conjunto históricos de las ciudades monumentales y por su paisaje. Así, Pedro de Matheu, actuó como un salvadoreño de nacimiento, español de corazón, y francés de educación y vocación, tal como lo definiría el critico y amigo del artista E. Lafuente Ferrari en un texto para la exposición  en los locales de la recuperada Revista de Occidente.

En este sentido, su biografía nos aporta bastantes referencias, sobretodo a la hora de los balances generales y de la conformación de los potenciales artísticos de determinados escenarios. A través de su vida se nos permite conocer mejor ambientes y círculos, tanto en España como en Francia.

 Su obra a pesar de no ser de una radicalidad vanguardista, contiene valores y puntos de vista de la consideración estética de distintos momentos históricos de la vida del pintor, a la vez que su plástica es testimonio, recoge el debate del espíritu del arte del momento. Especialmente interesante es su contribución al paisajismo, como la aplicación aventajada por parte del pintor de las premisas postcezannianas, y su vinculación con importantes personalidades de la pintura española como Zuloaga, Vázquez Díaz, Benjamín Palencia, y los pintores más fecundos de la recuperación española entre los que sobresalen los denominados por Gaya como fauvistas ibéricos. Paisajismo que en su relación con movimientos y fenómenos renovadores de los años cincuenta, aportan una evolución personal desde los valores plásticos y matéricos, aunque todavía muy estructurados, siempre con referencias a motivos, y donde se intuyen, sobretodo en sus años finales, posibles evoluciones lógicas hacia la abstracción. Un proceso interrumpido por su temprana muerte ocurrida en Madrid en 1965.

Como ya apuntamos, de la dilatada relación de amistad con Vázquez Díaz, iniciada en los años parisinos y continuada a lo largo de los años de residencia en Madrid, hay que extraer el permanente sentido constructivo que su pintura adquiere a partir sobretodo de los años posteriores a la postguerra, cuando Matheu asiste a tertulias y reuniones en estudios y casas de poetas del ambiente cultural madrileño, entre los que frecuento con asiduidad el del maestro de Nerva; es entonces cuando su pintura adquiere una densidad cromática a la vez que estructurada en amplias pinceladas, luego derivadas y evolucionadas hacia toques de espátula, haciendo de las superficies pictóricas auténticos relieves donde se ordenan las sensaciones visuales y constructivas. Como prueba de su amistad intercambiaron relaciones y discípulos, así como retratos de ambos por sus respectivas manos, de los que conservamos uno espléndido realizado por Vázquez Díaz, presente en la actual selección que hoy presentamos.

Pedro de Matheu con

Florencio de la Fuente,

Madrid.


 

UBRIQUE
Pedro de Matheu: fidelidad a un pueblo

 Pedro de Matheu pintando su último cuadro en Ubrique.Por José Luis Mancilla Angulo
La relación entre Pedro de Matheu y Ubrique fue muy intensa, desde que llegara a pintar, por primera vez en agosto de 1958, hasta su muerte, en abril de 1965.
Gracias a la Fundación Florencio de la Fuente de Huete (Cuenca), esta exposición es una realidad que nos permite adentrarnos en la obra de "Pierre" y poder conocer no sólo su faceta ubriqueña, sino toda su trayectoria como gran artista desde sus comienzos en Francia.
Ubrique y Alcalá de Guadaira ocupan un lugar muy importante en su última producción. Fueron como lugares fieles de peregrinación artística. En Ubrique, decía a sus amigos, había encontrado "una mina". Nuestra arquitectura popular, con sus calles sinuosas, servía de modelo único a lo que él denominaba "arabescos", para dar unidad al cuadro. En Alcalá se nos muestra como un magnífico dominador de reflejos, presentes desde sus obras tempranas en Francia. De estos dos pueblos tan queridos por Pedro de Matheu, la exposición presenta obras muy importantes.
La serie de Ubrique pertenece a un Matheu con un estilo maduro, pleno. Aquí pinta sus dos últimos cuadros en febrero de 1965. De un mismo almendro realiza dos versiones, una por la mañana y otra por la tarde, de las que piensa que "son muy valientes". A pesar de su grave estado de salud, escribía a Florencio de la Fuente: "Estoy que soy otro, tengo ánimos, soy feliz". Durante los años que estuvo en Ubrique dejó muchos amigos, entre ellos, Francisco Peña, al que le regaló un cuadro de Alcalá, titulado "La Compuerta", presente en la muestra. Francisco mantuvo la llama entre muchos pintores ubriqueños y mostró su admiración por él hasta su muerte. A Matheu se le asocia con la espátula, y la verdad es que monopoliza su pintura desde los años cincuenta; pero Pedro de Matheu es algo más que eso. En su obra podemos encontrar gran Pedro de Matheuvariedad de tendencias, técnicas y temas. Su vocación artística es muy temprana, y tiene maestros allí donde reside su padre, que pertenecía al cuerpo diplomático de El Salvador, lugar de nacimiento de Pedro de Matheu en 1900. Su infancia la pasa en Puerto Real, ya que la familia tiene una casa solariega. Con tan solo nueve años, Joaquín F. Barberá fue su primer maestro de dibujo.
París es la ciudad en la que reside durante su juventud. Continúa su formación a partir de 1915 en el taller de Claudio Castelucho, pintor catalán que vivía en Montparnasse y que poseía una academia particular. Recibió enseñanzas de Jean Paul Laurens, en la Academia Julián y probablemente entrara en contacto con Pierre Bonnard. En 1917 accede a la Escuela de Bellas Artes de París.
Uno de los lugares habituales del pintor fue San Juan de Luz. Allí conoció ente 1917 y 1918 al pintor ruso Alexandre Altmann, que residía en París desde 1909 pero que viaja al sur buscando la luz. Altmann ejercerá una gran influencia en él. Le inculca la pasión por el color, la plástica luminosa, las masas enérgicas y la constancia creativa; le anima a pintar continuamente hasta poder expresar lo que uno pretendía en el lienzo. En 1918 realiza su primera exposición individual en un hotel de Niza, donde acudía a veranear la alta sociedad parisina. Será en 1921 cuando expondrá en la Galería George Petit, repitiendo en 1925. Se trata de la más importante de París, lugar preferido para los grandes artistas franceses y españoles, como Sorolla y Picasso.
El nombramiento de su padre como embajador en Madrid, en los años previos a la Guerra Civil, hace que sus estancias en España fueran más dilatadas. El estallido de la guerra lo separa, regresando a España una vez terminada la contienda. Comienza a pintar una serie de grandes monumentos, destacando Burgos. Sus viajes y exposiciones no cesan. En Madrid se relaciona con toda la intelectualidad. Entre sus amigos se encuentran Vázquez Díaz y Gerardo Diego.
La nacionalidad salvadoreña de Matheu lo ha apartado injustamente del reconocimiento de su obra, ya que no se sitúa dentro de la pintura francesa, a pesar de su formación; o de la pintura española, a pesar de sus raíces hispanas. Andalucía está en deuda con "Pierre", porque a pesar de su nombre afrancesado, su pintura es, en gran medida, andaluza. Las series de Córdoba, Jerez, San Fernando, Cádiz, Puerto Real, Ronda, Sevilla, Lebrija, Osuna, Alcalá de Guadaira o Ubrique así lo confirman.

 

Una obra de Pedro de Matheu (Calle Ronda de Ubrique).


 


EL NIDO


Es porque un pajarito de la montaña ha hecho,
en el hueco de un árbol, su nido matinal,
que el árbol amanece con música en el pecho,
como que si tuviera corazón musical.


Si el dulce pajarito por entre el hueco asoma,
para beber rocío, para beber aroma,
el árbol de la sierra me da la sensación
de que se le ha salido, cantando, el corazón.


Alfredo Espino
Jícaras Tristes

Paisaje (detalle)
Pierre de Matheu (Santa Ana, 1900 - 1965)
Óleo sobre tela, 92 x 73 cms.

 
 
 
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Óleos de "Pier Mateu" pintados sobre tela con temas de Puerto Real