Seguir la Ley
de Dios y vivir de acuerdo con las enseñanzas de Jesús
Esta es la primera
de las normas, ya no sólo para evitar la posesión, sino,
en general, para tener una vida plena y feliz. Aunque las exigencias crísticas
son sólo dos (“amarás a Dios sobre todas las cosas y al prójimo
como a ti mismo”), existen muchos más matices cuyo conocimiento
sólo puede alcanzarse mediante el estudio detallado de los Evangelios.
Evitar a rajatabla las
posibles causas de posesión
Por razones totalmente
evidentes, aquella persona que evite sistemáticamente las posibles
causas indicadas en el apartado “¿por qué se produce la posesión?”
del capítulo II tendrá unas probabilidades muy reducidas
de entrar en contacto con los espíritus malignos.
Orar diariamente y servir
a Dios
La oración diaria,
incluso varias veces al día, y el servicio divino son excelentes
antídotos contra la posesión. Tanto la oración como
el servicio han de proceder realmente de dentro, con una voluntad de servir
al Señor, y no limitarse a la repetición cotidiana de ciertas
frases o actos.
Luchar contra la tentación
Todo humano, por el
mero hecho de serlo, sufrirá tentaciones. Hay que luchar contra
ellas con todas nuestras fuerzas, acogiéndose a la protección
divina, y en caso de necesidad pedir humildemente a nuestros hermanos en
la fe que nos ayuden a combatirlas.
Vida en comunidad
La vida en una comunidad
cristiana, regida con justicia según la Ley de Dios y las enseñanzas
de Cristo, es un formidable método de cumplir todas las anteriores
medidas de prevención. Salvo que algo se lo impida, esta opción
debe tomarse en consideración con mucha seriedad. En particular,
aquellas personas que ya hayan sufrido una posesión y estén
exorcizadas deberían considerarlo de manera prioritaria para evitar
una posible recaída.