En 1973, el director William Friedkin llevó al cine una novela publicada
dos años antes por William P. Blatty, un escritor de ascendencia
cristiana libanesa. El título de la novela y la película
era El Exorcista, y relataba el caso de posesión de una muchachita
de doce años, finalmente exorcizado por un distinguido sacerdote
al coste de su propia vida. Su éxito fue inmediato, y pronto la
definieron como “la mejor película de terror de la historia del
cine”. El argumento, en efecto, es impecablemente cinematográfico,
y pese a los años transcurridos desde su filmación, sigue
ejerciendo un efecto inquietante en cualquier espectador mínimamente
sensible.
Tan grande fue el impacto
de la película, que constituye la práctica totalidad de la
percepción que tiene un ciudadano medio sobre la cuestión
de la posesión y el exorcismo, si es que tiene alguna. Encuadrada
en el marco de una obra de ficción, resulta más digerible
para las sensibilidades contemporáneas.
¿Se parece El
Exorcista a la realidad? La respuesta es: si y no. Blatty gozaba de una
sólida formación religiosa, obtenida de su madre, primero,
y en una escuela y una universidad católicas, después. El
fenómeno de la posesión y del exorcismo formaba parte de
su bagaje cultural, aunque es dudoso que se discutiese con frecuencia en
las distinguidas aulas de la Universidad de Georgetown. En 1949, cuando
aún era un estudiante, leyó un artículo en el Washington
Post sobre el exorcismo practicado a un muchacho de 14 años
por un sacerdote católico, que le inspiraría para escribir
la novela. Está probado que mantuvo correspondencia con este sacerdote
exorcista y otras personas implicadas en el suceso mientras la redactaba.
En la práctica,
Blatty conocía el fenómeno de la posesión sólo
de oídas, y muy probablemente no creía en él: simplemente
le pareció una buena idea para un libro. Con posterioridad, ha escrito
algún texto satírico respecto a su relación con la
novela y la película, y otra historia donde considera que los espíritus
son gente fallecida que no aceptan que están muertos, en la mejor
tradición espiritista. Sin embargo, no se documentó mal,
e incorporó muchos de los tópicos existentes sobre la posesión
y el exorcismo en el texto, que luego se trasladarían, casi sin
cambios, a la producción cinematográfica.
Al calor del éxito
de El Exorcista, aparecerían numerosas producciones posteriores
de baja estofa, ninguna capaz de asustar ni a los niños, con argumentos
y situaciones cada vez más alejados de la realidad. El fenómeno
de la posesión y del exorcismo volvió gradualmente a la oscuridad,
en una sociedad que, como hemos visto, ignora y desea ignorar todos estos
hechos.
¿Qué
hay de cierto y de falso en la posesión y en el exorcismo? ¿Es
posible que los demonios puedan apoderarse de una persona? ¿Y que
se les pueda expulsar mediante determinados ritos?
Signos
de posesión
Parte de los signos
que presenta la muchacha de El Exorcista están inventados o extraídos
de diversas leyendas para aumentar el impacto visual y beneficiar así
a la comercialización de la película. Otros, en cambio, se
corresponderían con una situación real de posesión,
pero muy extrema. La inmensa mayoría de las posesiones cursan con
unos signos mucho menos espectaculares, si bien algunos de ellos son aún
más inquietantes. El Exorcista exagera en ciertas cosas, inventa
otras y omite algunas que quizás se consideraron demasiado fuertes
para el público medio.
Hay algo que si aparece
reflejado en la película: la moderna ciencia médica no considera
la posesión como un diagnóstico válido, y dispone
de amplios recursos para ocultarla bajo una plétora de supuestas
enfermedades psiquiátricas, neurológicas o fisiológicas.
Pese a tanto diagnóstico, no dispone de remedio eficaz alguno. Muchas
víctimas de la posesión han ido de médico en médico
durante años, sin ninguna mejoría permanente. Además
del sufrimiento que esto les causa, reduce las posibilidades de deshacerse
del demonio que las posee.
Normalmente las personas
poseídas por un espíritu maligno comienzan por mostrar dos
o tres signos, entre los cuales se suele contar algunos de los siguientes:
-
Su personalidad cambia,
pasando de ser dulces y equilibradas a depresivas, propensas a la rabia,
las pataletas o la violencia verbal o física, con pérdida
de autoestima, cambios en el estado de ánimo y hostilidad o abandono
de los valores cristianos.
-
Manifiestan signos extremos
de rebeldía, mal carácter y desobediencia ante la familia,
las autoridades o la religión; o, por el contrario, caen en un estado
extremo de introspección y timidez.
-
Muestran secretismo sobre
nuevas amistades y cambian de horarios y forma de vestir.
-
Pasan a ser crueles consigo
mismas (a veces llegando hasta la automutilación), o con sus familiares,
amistades o animales.
-
Pierden peso. Mucho
peso.
-
A veces se comportan torpemente,
como si no coordinasen bien sus movimientos.
-
Dicen poder hablar con
personas o entidades que no son visibles para los demás.
-
Realizan prácticas
o rituales con animales muertos.
-
Utilizan el tablero Oui-ja.
-
Utilizan las cartas del
Tarot, consultan a videntes y adivinos o acuden a sesiones de espiritismo.
-
Poseen libros de ocultismo
y/o satanismo.
-
Cambian súbitamente
de forma de vestir, adoptando modas y símbolos extraños (especialmente
estrellas de cinco puntas y cruces deformadas o invertidas).
-
Poseen cristales, "encantamientos",
velas, cuchillos de ritual.
-
Acuden a sanadores y curanderos
"por la fe", hacen cursillos de disciplinas extrañas, tienen en
su habitación o cartera símbolos geométricos extraños
o retratos de personas de aspecto extraño (especialmente asiáticas)
o de seres deformes e imposibles.
-
Hacen uso inadecuado del
alcohol o las drogas.
-
Tienen un conocimiento
o comportamiento sexual impropio de su edad.
-
Obsérvese que no tienen
por qué darse todos estos signos; dos o tres son suficientes, e
incluso uno solo es señal de peligro. Pero para poder distinguir
si estos signos constituyen prueba de posesión, debemos comprender
primero cómo se produce ésta.

¿Por
qué se produce una posesión?
Una persona sobria,
respetuosa de la Ley de Dios, y con una fuerte fe alimentada diariamente,
no puede ser nunca poseída por un demonio (ver Mateo 17:14-20 y
1 Juan 5:5). La oración constituye una defensa adicional (Proverbios
8:10), y en todo caso una persona decidida e iluminada por Dios puede presentarles
resistencia (2 Corintios 2:11). Al mantenerse cerca del Creador, no existe
motivo alguno para temer a los espíritus demoníacos (Números
23:21,23; Santiago 4:7,8; 2 Pedro 2:9), pues su poder es limitado y está
por debajo del de Dios.
En primer lugar, una
posesión necesita siempre una causa. La víctima puede tener
responsabilidad o no en la misma. Las causas más comunes son las
siguientes:
Por la práctica
del ocultismo
En muchas ocasiones,
la propia víctima se ha puesto en situación de ser poseída
al faltar a alguna de las leyes divinas. Las más habituales de estas
causas son las siguientes:
No sea hallado en ti quien
haga pasar su hijo ó su hija por el fuego,
ni practicante de adivinaciones,
ni agorero, ni sortílego, ni hechicero,
ni fraguador de encantamentos,
ni quien pregunte á pitón, ni mágico,
ni quien pregunte á
los muertos.
Porque es abominación
á Yahvéh cualquiera que hace estas cosas,
y por estas abominaciones
Yahvéh tu Dios las echó de delante de ti.
Perfecto serás
con Yahvéh tu Dios.
- Deuteronomio, 18:10-13
El ocultismo es cualquier práctica que realice ceremonias, rituales,
cánticos, actos mágicos o actividades que de manera obvia
no están relacionadas con el culto a Dios. Estas actividades y rituales
pueden pervertir el curso de la naturaleza, las vidas de los que se meten
en tales actos y, por supuesto, también la vida de víctimas
inocentes. Estas prácticas, como hemos podido ver, están
explícitamente condenadas por Dios.
El uso de la magia,
en cualquiera de sus variantes, está relacionada con los seres malignos,
las habilidades sobrenaturales y el contacto con los espíritus.
¿Qué es la magia? Tal y como la conocemos, la magia es un
poder ajeno al curso natural de las cosas y ajeno a Dios. Es un poder que
se deriva de cosas como el vudú, la santería, los sortilegios,
las religiones primitivas y el satanismo. Muchos brujos juran que no rinden
culto a Satán sino a los dioses y diosas de la naturaleza. Estos
"dioses y diosas de la naturaleza" no son precisamente Jesucristo: se trata
de un eufemismo para referirse a los demonios. No permitas que te engañen.
Otros, incluso, utilizan deformaciones demoníacas de los santos
cristianos para engañar al público, como ocurre en el caso
de la santería y de ciertos "sanadores por la fe". Por la fe en
Satán, naturalmente. Muchos de estos individuos pasan desapercibidos
porque se mezclan con los demás muy bien; a veces, incluso atienden
los servicios religiosos eclesiásticos de diversas denominaciones
cristianas.
Las herramientas de la brujería son, característicamente,
los cristales, la adivinación, la astrología, el tarot, las
bolas de cristal, las regresiones y reencarnaciones, los péndulos
y las sesiones de espiritismo. Hay brujos y brujas que dicen practicar
solamente la llamada "magia blanca", utilizando lo que llaman "poderes
sobrenaturales positivos", y no intentan causar realmente daño a
nadie. Pero estas prácticas, y en general cualesquiera que usen
"poderes", "encantamientos", etc, no están dirigidas a Dios sino
a uno mismo y están condenadas por el Señor. Si, la magia
blanca también, como puede leerse en la cita bíblica que
encabeza esta página.
Un ejemplo de tales
poderes se nos manifestó a través de una joven de 18 años
que acudió al exorcista gracias a su madre. Los problemas de la
muchacha habían empezado a los 12 años. Tenía sueños
que predecían con exactitud el futuro. También sufría,
junto con ellos, horribles pesadillas. Después de muchas horas de
interrogatorio por parte del exorcista, finalmente se descubrió
que la chica estaba relacionada con la santería y consultaba con
frecuencia a una vidente. También acudía a librerías
especializadas en ciencias ocultas y leía muchos libros sobre las
cartas del tarot y los oráculos egipcios. Durante uno de los varios
exorcismos que fueron necesarios para liberarla, el exorcista preguntó
qué demonios estaban presentes. Entre muchos llantos y gritos, el
demonio dijo "alivio del dolor, brujería, magia blanca, espiritismo".
También mencionó el nombre "Vicente". Al preguntar a su madre,
este Vicente resultó ser un ocultista a quien tanto la madre como
la hija consultaban a menudo. Aparentemente, este hombre estaba intentando
poner a la joven bajo su poder.
La magia negra y la
adoración del Demonio son inseparables. En la magia blanca se causa
siempre daño a las personas pero sin desearlo realmente. En la magia
negra, se pretende manipular o causar daño a las personas de manera
deliberada (por ejemplo, con los "sortilegios para enamorar"). Se realizan
hechizos e incluso se llega a adorar directamente a Satán.
Los miembros de las
sectas satánicas tienen estrecha relación con la magia negra;
es parte de sus vidas cotidianas. Hay dos tipos de adoradores del Maligno:
los nacidos dentro de la secta y los reclutados. La mayoría de personas
reclutadas son adultos jóvenes, aficionados con frecuencia al alcohol
y las drogas. Las misas negras quedan reservadas para los miembros serios
de la secta.
¿Quieres una posesión rápida? ¡Juega a menudo
a la ouija! El tablero ouija es una de las formas más fáciles
y rápidas de permitir a Satán que nos posea (de hecho, cuando
un tablero oui-ja es exorcizado ya no volverá a funcionar jamás).
Al usar el tablero oui-ja, se realiza una pregunta de índole sobrenatural,
obviamente no dirigida a Dios ni a través de Él. Al hacerlo,
se está diciendo explícitamente que uno no cree en en las
respuestas de Dios y por lo tanto está pecando contra Él.
Dios nos da respuestas de muchas formas: mediante la Biblia, los signos,
los milagros, y mediante algunas personas. La mejor manera de encontrar
respuestas es el regalo divino del Espíritu Santo, nuestra Guía.
Dios, además,
no permite que los muertos y los vivos tengan trato. El único trato
posible con el mundo de lo sobrenatural es a través de Dios y Jesucristo
nuestro Señor.
Se debe creer en lo
que Dios tenga planeado para nosotros y tener confianza en la vida futura.
Él y sólo Él sabe lo que es mejor para nuestras almas.
Pero es que además, el tablero oui-ja y las prácticas espiritas
abren la puerta a la entrada de los espíritus malignos.
La videncia es una
forma de adivinación y Dios la prohíbe expresamente en la
Biblia:
“No os volváis
á los encantadores y á los adivinos: no los
consultéis ensuciándoos
con ellos: Yo Yavéh vuestro Dios”
-- Levítico, 19:31
Esto se debe a que
implica no creer en Dios y lo que tiene previsto para nuestra alma. De
la misma manera, muchas personas dicen tener la capacidad de ver el futuro
o curar a otros mediante la fe. Algunos son, incluso, devotos católicos.
Pero todo ello implica ir contra las leyes de la naturaleza instituidas
por Dios (ver el futuro, por ejemplo, altera el tiempo y la natural ocurrencia
de las cosas).
Las siguientes prácticas
deben evitarse a toda costa: uso de tableros oui-ja, lectura de manos,
lectura de cartas (incluido el Tarot), adivinación mediante bola
de cristal, lectura de las hojas del té y los posos del café,
la numerología, los horóscopos y la astrología, las
sesiones de espiritismo, la magia negra y blanca. Demasiada gente se mete
en estas prácticas buscando falsa satisfacción espiritual
o emociones fuertes y termina siendo poseída.
Por
pérdida de sobriedad
No es una causa directa
de posesión, pero la facilita muchísimo, en primer lugar
porque aumenta nuestra probabilidad de ponernos en situaciones de peligro
y también porque, en estado de embriaguez, nuestra voluntad de resistirnos
es reducida a la mínima expresión.
El consumo de alcohol
o drogas, al igual que la pérdida de la sobriedad emocional al presentar
una respuesta excesiva a la fascinación causada por los estímulos
sensoriales, favorecen, pues, la posesión. El MDMA (“las pastillas”,
“el éxtasis”), la cocaína y el LSD (“tripis” o “ácidos”)
son las sustancias más peligrosas, seguidas de cerca por el alcohol
y las situaciones de éxtasis producidas por estímulos sensoriales.
Maldición del vientre
Los bebés que
no son deseados por sus padres (por la razón que sea) están,
en realidad, malditos por sus padres desde que se encuentran en el vientre
de la madre. Se ha documentado en varios casos de exorcismo que los demonios
afirmaron que podían entrar y salir libremente del bebé durante
la gestación, gracias a la maldición involuntaria lanzada
contra el niño o niña por uno de sus familiares. Al ser preguntados
por el exorcista, estos demonios incluso llegaron a proporcionar el mes
exacto de gestación, lugar y razón para poseer a esta víctima
inocente. Los padres no son necesariamente los únicos culpables
de maldecir al nonato. Cualquiera puede maldecir a un bebé en el
vientre de su madre. Uno podría preguntarse: "¿Cómo
puede Dios permitir esto? ¿Cómo se puede hacer esto a un
niño inocente?". Algunas de estas víctimas inocentes son
instrumentos divinos. Dios extrae bien del mal. ¿Pero por qué
no puede Dios impedir que este mal siga ocurriendo? Porque Él nos
ha dado a todos libre albedrío. Somos libres de matar, de amar,
de odiar, de hacer lo que deseemos, pero un día pagaremos las consecuencias
de nuestros actos -o seremos remunerados. Mientras tanto, Dios no abandona
a la criatura maldita. En todo caso, el amor y la gracia de Dios caen sobre
estas pobres almas de manera especialmente abundante. La maldición
lanzada contra el inocente puede, en ocasiones, ser su billete a la santidad.
¿Cómo puede una maldición ser un billete a la santidad?
Mediante el sufrimiento. El sufrimiento del poseso es como si experimentara
el Infierno. No hay descanso para el poseso. Busca y busca, pero nada alivia
la agonía de su alma: desesperación, pena, depresión...
La única huida, para algunos, es el suicidio. Pero si esta persona
toma su sufrimiento y lo ofrece por los pecados de los demás, a
imitación de Nuestro Señor, Satán será derrotado.
Muchas personas vienen
a este mundo mediante padres que no deseaban a "ese" niño o niña
en particular. Estos niños no deseados, no amados, pueden buscar
refugio en los llamados "espíritus familiares". Estos espíritus
malignos se convierten en sus amigos secretos, un lugar donde encuentran
cariño, aceptación y refugio. Forman un lazo con ellos, y
se convierten en su verdadera familia. El niño (o futuro adulto)
debe renunciar totalmente a estas cadenas de esclavitud y dependencia para
poderse liberar, pues este lazo es similar a haber establecido un "pacto"
con Satán. Este proceso puede durar años.
En otras ocasiones,
el bebé es poseído en el momento en que su madre es poseída
por alguna de las causas que estamos viendo. Con independencia de la inocencia
o responsabilidad de la madre en su posesión, el feto no nacido
es inocente.
Los entes diabólicos
pueden optar por poseer a la madre, al hijo o hija y, en muy raras ocasiones,
a ambos.
Por
idolatría
Una persona puede resultar
poseída cuando idolatra a seres espirituales o humanos. Nunca debe
adorarse, pues, a ningún dios, santo o ángel en vez de a
Dios nuestro Señor. También debe llevarse mucho cuidado con
la admiración excesiva y obsesiva por personajes populares y famosos,
lo que puede derivar igualmente en una predisposición a la posesión.
Purificación divina
En algunas ocasiones,
Dios permite que algunos santos sean poseidos por espíritus diabólicos
para su propia purificación. Por ejemplo, entre los casos de santificación
actual se incluye al Padre Giovanni Calabria y a la Hermana María
de Jesús Crucificado. Sin que hubiera falta por parte de ninguno
de ellos, ambos santos sufrieron posesión diabólica. Satán
actuó a través de sus cuerpos, e hicieron y dijeron cosas
totalmente opuestas a su santidad habitual.
Hay muchas almas inocentes
que sufren la humillación de la posesión como "almas víctimas"
por los demás. En algunos casos no pueden ir a misa, y son incapaces
de orar. Experimentan mucho sufrimiento espiritual: están llenos
de desesperación, ansiedad, pensamientos suicidas... Pero lo peor
de todo es el sentimiento de abandono por parte de Dios, la noche negra
del alma. El Dios que una vez llenó su ser con abundancia de amor
y comprensión ahora ha cerrado la puerta e ignora sus súplicas.
El alma del poseso chilla y se retuerce en busca de ese amor desaparecido.
El poder de este tipo de sufrimiento, cuando se le ofrece al Señor,
es incomparable.
Abusos
sexuales e incesto
Cuando se practican
actos sexuales contra una víctima inocente, aunque ésta sea
inocente, es maldecida por el agresor. La víctima se llena de miedo
y terror. A través del miedo y el terror, los demonios pueden entrar
fácilmente en la víctima.
Uno de estos casos
de incesto se produjo contra un niño de menos de un año.
Éste no lo recordaba, pero empezó a masturbarse a edad muy
temprana. No sabía por qué ocurría ni tenía
control sobre lo que ocurría. Cuando ya era un adulto, y gracias
a mucha oración y dedicación, el hábito desapareció
pero cuando la víctima no estaba consciente (dormía) le volvía
a ocurrir. Durante las oraciones del exorcismo y las subsiguientes preguntas,
se descubrió que los demonios predominantes eran demonios sexuales,
relacionados con lo que le había sucedido en la infancia.
Maldición
La maldición
es una de las maneras más comunes de caer en la posesión.
Puede producirse por ingestión de comida, bebida o drogas sobre
las que se ha establecido una maldición, por mal de ojo o mediante
prácticas como el vudú y la santería. Estos conjuros
pueden romper parejas, destruir amistades, causar muerte y enfermedad y
también permitir la posesión diabólica.
En todo caso, la participación,
incluso involuntaria, en cualquier tipo de maldición puede causar
la posesión diabólica no sólo de la víctima,
sino de cualquiera de las personas implicadas. Si usted ha participado
o cree haber participado alguna vez en el desarrollo de una maldición,
incluso como víctima o colaborador marginal, entonces se ha expuesto
gravemente a sufrir posesión diabólica.
Para protegerse contra
la ingestión de alimentos o bebidas malditos, es una buena costumbre
hacer la señal de la cruz sobre estos alimentos o bebidas antes
de tomarlos. A un santo muy conocido, san Benedicto, le tentaron con un
vaso de vino envenenado. Como era su costumbre, san Benedicto bendijo el
vino con la señal de la cruz. Inmediatamente, el vaso se rompió
en muchos pedazos como si le hubiesen lanzado una piedra, y el vino envenenado
se vertió. Sus potenciales asesinos estaban en la mesa, testigos
sorprendidos del milagro.
En muchos casos de
exorcismo, la persona ha ingerido sin saberlo comida o bebida maldita y
ha sufrido la posesión (esta información procede de confesiones
reales en exorcismos reales). Cuando el exorcista ordena que la comida
o bebida maldita abandonen el cuerpo, a veces la víctima poseída
regurgita los mismos y quedan libres del demonio. Uno de estos casos le
ocurrió a una madre de cinco hijos. Tras dos horas de intentar convencer
a la víctima para que se confesara, el exorcista decidió
rezar la oración de León XIII sobre ella. Tras escuchar el
primer párrafo, la mujer vomitó una bola de sangre, perfectamente
formada, del tamaño de una pelota de golf. Se excusó y fue
al baño. Al volver al confesionario, no recordaba nada de lo que
había ocurrido en las dos horas previas, ni de su resistencia a
confesarse. Declaró, eso si, que cuando era pequeña, en Puerto
Rico, su abuela participó en un extraño ritual en el que
ella y otras niñas tomaron parte. Se cree, por la descripción
de este suceso infantil, que se trataba de un rito de santería,
una mezcla de brujería pagana y cristianismo. La mujer se sintió
muy aliviada tras la expulsión del maleficio, y pudo recibir el
sacramento de la reconciliación.
Por
encuentro
Con más frecuencia
de la que se cree, una persona inocente puede encontrarse con un espíritu
maligno y ser poseída por éste. A veces la víctima
desaparece y otras veces vuelve a su vida habitual en un estado de posesión
diabólica. Los lugares más frecuentes para que ocurra este
tipo de suceso son:
los sitios remotos, llamados
"de fuerza", y sus alrededores.
las cercanías y
el interior de lugares donde se haya practicado o se practique esoterismo
u ocultismo (consultas de videntes, mediums, sanadores, brujería...).
el interior de locales
donde se falte a la sobriedad (bares, pubs, discotecas, conciertos, "whiskerías",
burdeles, grandes centros comerciales...). Esta causa es muy frecuente
en la actualidad.
Por asociación
A veces, la posesión
no se produce directamente sobre la persona implicada sino que ésta
actúa de “portadora” inconsciente hasta que el demonio localiza
a alguna persona de su entorno que le resulte más interesante por
las razones que sean (un hijo o hija, un familiar, un amigo, etc...). Así
pues, a la hora de investigar las causas de una posesión, es preciso
tener en cuenta este hecho. Las personas prudentes no se ponen en situación
de poder actuar de portadoras, ni se acercan a personas que puedan estar
haciéndolo, sin saberlo, por haber incurrido en alguna de estas
causas.

¿Cómo se produce
una posesión?
La posesión implica
un fenómeno singular durante el cual el espíritu maligno
y el cuerpo de la víctima entran en contacto. Este suceso está
delimitado en parte por leyes espirituales y en parte por leyes materiales,
y suele tener una estructura común.
-
La causa, situación
o convocatoria. Se da la circunstancia en la cual es posible que se produzca
la posesión (ver arriba, ¿Por qué
se produce una posesión?). A consecuencia de la misma, Satán
o uno de sus enviados decide poseer a la víctima o es convocado
para hacerlo. Es muy poco frecuente que sea el mismo Satán o uno
de sus allegados más cercanos quien realice, personalmente, la posesión.
En la mayor parte de los casos, la posesión es realizada por uno
o más (a veces, hasta miles) de sus enviados malignos.
-
La evaluación.
Si ha sido convocado, el ente evalúa si realmente ha de cumplir
la invocación. Dependiendo de la fuerza que lo invocó, puede
incluso decidir abandonar la misión o volverse contra el invocador.
Puede también reevaluar o modificar la misión, e incluso
dedicarse a satisfacer sus propios intereses, aprovechando su nuevo margen
de maniobra. Puede también exigir una renegociación de los
términos del pacto. Si no hace nada de todo esto, entonces se preparará
para cumplir su misión e iniciará la ronda.
-
La ronda. El ente
(o entes) se aproxima a su objetivo, a todos los niveles: físico,
mental, espiritual... y se limita a observar durante un cierto tiempo.
En este periodo diseña su estrategia, y puede empezar a realizar
actuaciones, desde el exterior del objetivo, encaminadas a la satisfacción
de su misión. La mayoría de entidades dejan trazas de sus
actos durante el periodo de ronda: desde sutiles manifestaciones físicas
hasta la sugerencia telepática de actos o ideas a su víctima.
A veces se manifiesta en forma de obsesión. A mayor poder del ente,
más breve es este paso.
-
La penetración.
Finalmente, establecidos ya todos los actos exteriores necesarios para
la satisfacción de su misión, y habiendo adquirido conocimiento
de las costumbres, modo de vida y personalidad de su víctima, el
ente se preparará para penetrar en ella y poseerla. Este es un paso
delicado, que puede tomar desde centésimas de segundo hasta varios
días. En ningún caso la penetración puede producirse
mientras la víctima permanezca serena, sobria, tranquila, relajada
y "en sus cabales". Por el contrario, el ente buscará un momento
en que la víctima esté alterada, ebria, bajo el influjo de
substancias alteradoras de la mente - alcohol, drogas... -, nerviosa, bajo
intenso estrés, o bajo intensas sensaciones de alegría, tristeza,
excitación o pasión. Un trasfondo de depresión, ansiedad
o baja autoestima favorece excepcionalmente su tarea penetradora, pero
aún y así preferirá hacerlo en esos momentos de alteración.
Es de reseñar que el ente, durante la penetración, adquiere
una cualidad íntegramente física, como un gas, y por ello
prefiere introducirse a través de los orificios corporales naturales
o de heridas abiertas. A mayor poder del ente, más breve es este
paso. La víctima puede notar una sensación extraña,
o nada en absoluto.
-
La posesión.
Ya en el interior de la víctima, el ente buscará una o varias
zonas de acomodamiento. En general, tienen una gran preferencia por el
encéfalo, el plexo solar, y el abdomen inferior. Hallados los lugares
de aposentamiento, en pocas horas tomará el control de todos los
flujos energéticos vitales, se interpondrá en el yo superior
de la víctima, y comenzará a inducirle actos para satisfacer
su misión.
-
El enquistamiento.
Incluso si la misión es matar a la víctima, el ente puede
reconsiderar la misión y optar por enquistarse. Una vez enquistado,
podrá tomar el control sobre la víctima cuando y como quiera,
y abandonarlo también a su gusto. Muchos entes optan por enquistarse:
el interior de un ser humano les resulta cómodo, agradable y realizador.
Por el contrario, la víctima irá empeorando su estado físico,
psicológico y espiritual. No comprenderá por qué hace
determinadas cosas; vivirá en un estado de ansiedad e inquietud
permanente. Sus cualidades negativas se reforzarán y las positivas
irán desapareciendo. Se tornará especialmente sensible a
la frustración, las toxicomanías y la violencia física
o psicológica. En un cierto momento, la situación se estabilizará
al gusto del ente.
-
El desenlace. El
ente puede optar por permanecer en la víctima o abandonarla antes
de su muerte. El abandono puede ser voluntario o forzoso, ocurrirá
siempre antes de la muerte de la víctima y se realizará en
la misma forma física en que entró y por la misma vía
que entró. Si esa vía ha resultado destruida (por ejemplo,
por amputación), el ente buscará una vía de salida,
a veces causando graves daños. En general, el ente (o entes), a
las órdenes de Satán, pretende permanecer con la víctima
hasta su muerte. Para obligar al ente diabólico a abandonar el cuerpo
de su víctima, es preciso practicar un exorcismo.

Síntomas
de la posesión
Una vez se ha producido
la posesión, la víctima presentará una sintomatología
característica, a nivel físico, psíquico y espiritual.
Esta sintomatología es específica para cada persona, y no
en todas aparecen todos los síntomas. Veámoslos.
A nivel físico
Pérdida de peso,
entre leve y extrema. Se dice que “no hay obeso poseso”. La parte física
ocupada por el demonio consume grandes cantidades de energía de
la víctima. Un efecto característico son las formas descompensadas,
donde, pese a que la persona poseída está en general flaca
o incluso esquelética, ciertas zonas permanecen regordetas. A veces
se produce un fenómeno conocido como “pseudoanorexia”, difícil
de distinguir de la auténtica anorexia nerviosa, en que la víctima
rechaza la comida o la vomita poco después de la ingesta.
Deficiencias y retrasos
del desarrollo, por la misma causa. Puede llegar a causar hasta dos
años de retraso del desarrollo.
Alteraciones menores
de la piel, como granos, vellosidad, pecas, etc. Curiosamente, la presencia
del demonio suele producir una especie de alergia o intoxicación
leve que se manifiesta a través de la piel. Sin embargo, cuando
la víctima es de corta edad, este síntoma suele no aparecer,
o se transforma en un problema de piel excesivamente delicada.
Estreñimiento
y/o vómitos. El proceso de asimilación de la comida se
ve perturbado por las exigencias alimentarias de la parte física
del organismo ocupada por el demonio.
Menstruación
alterada (mujeres) o priapismo (hombres), en particular cuando
el enquistamiento se ha producido en el bajo vientre.
En las etapas avanzadas,
deformaciones.
Cuando la posesión se ha prolongado por mucho tiempo, pueden comenzar
a aparecer deformaciones del cuerpo, especialmente en las articulaciones
y en los órganos sexuales externos.
A nivel psíquico
-
Introspección e
interiorización. La víctima siente que hay “algo especial”
dentro de ella y tiende a recurrir a su mundo interior cada vez más
a menudo, fascinada por lo que encuentra en él. Es una tentación
muy difícil de vencer.
-
Rebeldía y mal
carácter. Personas antes dulces se vuelven rebeldes, propensas a
las “rabietas”, la irritación, la destrucción o robo de objetos
y bienes, e incluso a la violencia verbal o física. Vivir con ellas
se vuelve muy complicado. A veces se produce un “efecto rebote”, en el
que la persona se torna pasiva y silenciosa, y en ocasiones oscilan entre
un extremo y otro.
-
Empeoramiento de los resultados
escolares o laborales. Una persona que antes obtenía resultados
correctos o incluso excelentes en sus estudios o trabajo pasa a ser caracterizada
como uno de los peores estudiantes o trabajadores. Si trabajan, pierden
el empleo con frecuencia.
-
Modificación del
sueño. Duermen más de lo que debieran, o en horarios extraños,
y permanecen despiertos cuando todo el mundo duerme.
-
Interés inapropiado
o excesivo por la sexualidad, o ausencia total del mismo. La persona muestra
un comportamiento o deseo sexual totalmente inapropiado para su edad y
condición, desarrolla perversiones sexuales o pierde totalmente
el interés sexual.
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Interés por estéticas
o modas extrañas o contrarias a la Biblia, como la ropa demasiado
ajustada o provocativa, los tatuajes y anillados (“piercings”), las ropas
con símbolos dudosos o abiertamente paganos, los cortes de pelo
extraños, etc.
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Interés por el
alcohol, las drogas y/o el tabaco.
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Rechazo del cariño
sano paterno, filial, fraternal o amistoso.
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En estadios avanzados,
psicopatía, esquizofrenia y otros trastornos psiquiátricos.
La víctima deviene violenta y antisocial, ve “cosas” u oye “voces”,
se siente perseguida o explotada y no reacciona bien a los tratamientos
habituales contra estas enfermedades.
A nivel espiritual
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Alejamiento de Dios
y de sus siervos. La víctima comenzará a hallar todo
tipo de excusas para alejarse de Dios, de las enseñanzas de Cristo
y de los lugares y personas que le sirven, sustituyéndolos por amistades
peligrosas e intereses no cristianos. También empezará a
rechazar los símbolos religiosos a favor de otros, lo que puede
terminar en una auténtica aversión.
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Conversación
poco racional, a veces fría y a veces muy emocional. No divaga
demasiado, sino que se ciñe a determinados temas muy específicos
de conversación y a veces habla con una frialdad estremecedora mientras
que, otras veces, lo hace con una emocionalidad fuera de lugar.
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Negar la oración.
Toda razón será buena para no orar a Dios, para negar la
utilidad de la oración o para orar en privado, lejos de oídos
indiscretos que pudieran escuchar a quién está adorando en
realidad.
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Preferir las cosas
del mundo antes que las cosas de Dios: nunca halla momento para dedicarle
a Dios, y siempre para dedicarle a las cosas del mundo material o de su
“mundo interior”. A veces, esta querencia se manifiesta de modo intermitente.
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En estadios avanzados,
negación
abierta y virulenta de Dios y sus siervos. Cuando la posesión
ya está avanzada, el demonio habrá tomado confianza suficiente
como para hacer que su víctima niegue de manera abierta y virulenta
las enseñanzas de Dios y el valor de sus siervos.
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En estadios muy avanzados,
aparición de fenómenos paranormales de manera más
o menos ocasional, en la víctima o en su entorno.

Consecuencias
de la posesión
El principal objetivo
de Satanás el Demonio y sus seguidores es traer al mundo la maldad
y la desesperación, sembrar la duda sobre la existencia y los preceptos
de Dios, devaluar las enseñanzas de Cristo e intentar ganar para
su causa al mayor número de humanos posible, cegados por una supuesta
libertad individual. Para lograrlo, recurrirán a todo tipo de estratagemas,
artimañas y trucos sucios, entre los cuales la posesión ocupa
un lugar destacado y mucho menos excepcional de lo que se podría
pensar.
En la posesión,
además, los demonios encuentran oportunidad de satisfacer sus deseos
perversos, utilizando para ello el cuerpo de un humano, que ellos no tienen,
pues se trata de seres de tipo espiritual.
La posesión
resulta una herramienta muy útil para Satanás, y por ello
permite que sus acólitos la practiquen. ¿Por qué le
es tan útil? Porque el resto de las personas, a las que se ha convencido
de que ni Satán ni la posesión existen, sólo ven en
el poseso a un ser humano como todos los demás. Y por tanto, todo
lo que proceda de esa persona es evaluado como un acto humano, propio de
la creación de Dios, en vez de como un acto demoníaco. Esto
genera un grado de confusión en los hombres muy difícil de
lograr por otros medios.
Una de las primeras
consecuencias de la posesión es la ruptura de la unidad familiar
mediante discordia, riñas y desesperación. El comportamiento
del poseso deviene insostenible y produce honda desesperanza en el resto
de la familia. Es una invitación permanente a la familia a que reniegue
de Dios, al que creen capaz de traerles tanto mal, ignorantes de que es
el Demonio quien se lo envía. Alejando de Dios a toda la familia,
Satanás obtiene así un amplio beneficio con una sola posesión.
También produce
rupturas de la unidad social, pues el poseso, con el tiempo, tiende a comportarse
de manera antisocial, delictiva o incluso criminal. Las víctimas
de sus actos sufren y, en su mayoría, también empiezan a
renegar de Dios, que permite todo ese mal en el mundo. En ocasiones, los
crímenes de los posesos son terribles y llaman la atención
de toda la sociedad; el Demonio se regodea en las reacciones que eso produce.
Para la víctima,
la posesión tiende a atraer enfermedades y la muerte prematura.
El cuerpo se debilita y se estropea rápidamente, y la persona envejece
muy deprisa. Sin embargo, si el demonio es poderoso, es posible que la
persona parezca permanecer joven y hermosa, aunque por dentro se esté
destruyendo poco a poco.
Si una persona muere
poseída, pasará a formar parte inmediatamente de las huestes
de Satán y comenzará a acosar a otros inocentes, a veces
dentro de su propio entorno. Esa persona combatirá del lado de Satán
en el día del Armagedón. Y ya no podrá entrar al Paraíso.
A algunos de sus posesos,
Satán les otorgará inteligencia, astucia o atractivo suficiente
como para escalar posiciones en la sociedad humana y lograr así
que sus actos tengan mucho más alcance, causando guerras, revoluciones,
explotación, abusos, manipulación e insolidaridad.
A otros, en cambio,
les dotará de especial habilidad para mantener un “perfil bajo”
e ir saboteando insidiosamente la obra de Cristo en la Tierra, mediante
engaños y añagazas.
Sobre un hogar donde
hay una persona poseída, se cierne la desesperación, la enfermedad,
el escándalo y la muerte. Unos familiares se avergonzarán
de otros, y se alejarán entre ellos y de Dios.
Si hasta ahora no has
padecido este problema, te damos la enhorabuena y te recomendamos la lectura
del apartado Prevención para evitar
que nunca lo puedas llegar a sufrir.
Si, en cambio, por
lo leído hasta ahora crees que puedes tener un caso de posesión
en tu persona o en tu entorno, antes de tomar ninguna decisión de
la que puedas arrepentirte, deberías seguir leyendo. |