Debe sospecharse una posesión
demoníaca, diabólica o maligna si hay:
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Cambio de personalidad o carácter.
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Signos extremos de rebeldía,
o bien una timidez o aislamiento elevados.
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Secretismo en amistades.
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Cambio del día por la
noche.
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Crueldad con uno mismo y con
los demás.
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Pérdida de peso o mucha
delgadez.
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Alteraciones leves de la piel.
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Movimientos torpes ocasionales.
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Prácticas ocultistas.
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Uso de la Oui-ja o el Tarot.
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Cambio de forma de vestir, adoptando
modas provocativas o siniestras.
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Afición a mediums, adivinos,
tarotistas y similares.
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Afición a brujos, sanadores
y curanderos "por la fe".
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Uso inadecuado por edad o condición
del alcohol y las drogas.
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Precocidad sexual.
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El principal objetivo
de Satanás el Demonio y sus seguidores es traer al mundo la maldad
y la desesperación, sembrar la duda sobre la existencia y los preceptos
de Dios, devaluar las enseñanzas de Cristo e intentar ganar para
su causa al mayor número de humanos posible, cegados por una supuesta
libertad individual. Para lograrlo, recurrirán a todo tipo de estratagemas,
artimañas y trucos sucios, entre los cuales la posesión ocupa
un lugar destacado y mucho menos excepcional de lo que se podría
pensar.
Una de las primeras
consecuencias de la posesión es la ruptura de la unidad familiar
mediante discordia, riñas y desesperación. El comportamiento
del poseso deviene insostenible y produce honda desesperanza en el resto
de la familia. Es una invitación permanente a la familia a que reniegue
de Dios, al que creen capaz de traerles tanto mal, ignorantes de que es
el Demonio quien se lo envía. Alejando de Dios a toda la familia,
Satanás obtiene así un amplio beneficio con una sola posesión. |