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La
Cooperativa Agrícola Valenciana Virgen del Loreto fue creada en
los años cincuenta del pasado siglo IXX, en la bodega que poseía
uno de los socios fundadores. La población de Las Cuevas, en Utiel,
está situada en la parte más elevada de la comarca. Por ello, sus
vinos tienen la impronta del clima continental, que los caracteriza
con una alta acidez, bajo PH y grado moderado. Las varietales son
las típicas de la zona: tardana o plantanova, con un resto de merseguera
dispersa entre éstas, y macabeo en lo referente a blancas; y las
tintas bobal y tempranillo.
En los últimos años, la cooperativa ha emprendido un camino de renovación
y evolución hacia vinos jóvenes embotellados y de crianza de buena
calidad. Las obras de modernización de la bodega se han sucedido
cosecha tras cosecha y a los depósitos de inox con equipo de frío,
a la incorporación de una nueva planta embotelladora, continua la
construcción de varias tolvas para separar calidades. Más difícil
es el tema de acordar diferentes precios para la uva de mejor calidad
y forzar así una viticultura acorde con los tiempos que corren.
Los graneles, durante un tiempo, han sido cómodos y se ha podido
vivir, unos mejor que otros, pero cada vez se bebe menos y de mejor
calidad. No queda otro remedio que producir menos y mejor. La voluntad
de la directiva, con Manuel Ortíz como presidente, de Carlols Marco,
encargado general y de su enólogo Antonio Gómez, es la de elaborar
vinos de calidad, convencidos de que sólo así se podrá evitar una
agricultura enológica de subsistencia en un futuro próximo. Por
eso embotellan los caldos provenientes de las mejores parcelas y
vinifican de la manera más natural posible los vinos sencillos y
francos que les da su tierra, a la vez que investigan para ofrecer
otros productos más actuales como los blancos y tintos fermentados
en barrica. Resulta muy difícil cambiar la mentalidad o hacer ver
el futuro a la mayoría de los socios. Éste es el mayor escollo con
que se encuentran la inmensa mayoría de las bodegas cooperativas
de nuestra tierra. El agricultor cree que gana más dinero cuanto
más fruto es capaz de producir, no se atreve a clarear la cepa y
eliminar racimos, a no dejar uveros, ese de sarmiento que algunos
dejan sin podar en las plantas más vigorosas para así obtener 14
kilos de uva o más por cepa de bobal. De la misma forma, no tiene
inconveniente en aprobar una fuerte inversión de infraestructura,
pero considera innecesarios otros gastos menores como los concernientes
a imagen, etiquetado, cápsulas, botellas, y comunicación, para dar
a conocer el resultado de su esfuerzo.
En otras zonas vinícolas, como Somontano en el Pirineo Aragonés,
existen ejemplos de cooperativas que han privatizado la gestión
de la bodega. No solo ha mejorado la calidad de su marca, sino que
venden a mejor precio que antes a empresas de la misma denominación
de origen.
De los tres vinos catados en el Club de Enófilos, el más particular
de ellos fue el “Alto Cuevas” blanco fermentado en barrica de la
cosecha de 2000. Con una nariz limpia y potente, justa madera y
suave tostado, con los recuerdos vegetales de manzana verde que
le aporta la macabeo y los tonos de frutos secos tostados de la
tardana. Muy fresco y delicado en boca, con un amargoso y elegante
final. Una experiencia positiva que embotellan por primera vez e
indica el camino a seguir sin por ello tener que dejar de usar boina.
Si no quieren.
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