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Cuando
un viticultor y una farmacéutica contraen matrimonio, acaban haciendo
vino. Esto ocurre casi siempre, pero solo a veces resulta un buen
caldo. Es la feliz historia de Mª Asunción Igea y Félix Del Villar,
quienes junto con su hermano Abel Del Villar hacen unos vinos que
podríamos decir "caseros", utilizando un símil gastronómico, si
con ello queremos expresar que sus botellas contienen el secreto
irrepetible de lo "hecho en casa", sin la mentalidad de hacer un
producto fácil y comercial. Poseen 90 hectáreas en las que cultivan
principalmente verdejo, la joya de Rueda, y un poco de sauvignon
blanc y tempranillo, que no riegan, renunciando a obtener mayor
producción. Plantadas en espaldera y vendimiadas de noche con máquina
cosechadora, comienza la recolección con la sauvignon blanc a mediados
de septiembre, continuando con la vendimia de verdejo el 25 del
mismo mes y hasta el 15 de octubre. La vinificación tiene lugar
en una bonita y antigua bodega con más de 350 años de antigüedad,
situada detrás de la iglesia del pueblo, para quien quera ir a visitarla,
y aunque elaboran desde hace muy poco tiempo, ya obtuvieron un premio
Zarcillo con su primer vino, un blanco joven de 1994. La vinificación
es la normal en blancos: comienza en la tolva, la uva es despalillada,
se prensa suavemente y después de un tratamiento de frío pasa a
depósito, donde permanece 24 horas para decantar el mosto y que
no comience la fermentación en contacto con los fangos formados
por partículas de hollejos y raspajos. Este proceso de clarificación
espontánea ofrece ventajas de frescura, de acidez, de ligereza y
produce aromas puros, facilitando el estabilizado, haciéndose más
resistente a la acción del oxígeno. Posteriormente comienza la fermentación
estabilizando la temperatura en 16º C que evita la evaporación de
líquido y pérdida de aromas.
Al final del proceso obtienen unos vinos tan buenos como los mejores
de su zona, que es decir muy buenos, con el valor añadido de ser
sensiblemente diferentes.
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