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Después de darme un paseo por el museo del prado, he recogido
esta muestra de obras, y me apetecía colgarlas en esta página. Algo
inviable físicamente...

Artemisa
REMBRANDT
HARMENSZ VAN RIJN (1606-1669) Lienzo (142x153 cms) Escuela
Holandesa. Barroco Siglo XVII
Esta es la única pintura de Rembrandt que posee el Museo del Prado;
entró a formar parte de las colecciones reales al adquirirla Carlos III
-en el siglo XVIII- de entre los bienes que dejó a su muerte el ministro
Marqués de la Ensenada. La mujer, vestida de blanco amarillento con mangas
bordadas y cuello de armiño, aparece recibiendo una copa. Si se acepta que
representa a la reina Artemisa (hay otra posible identificación), la copa
contendría las cenizas de su marido, el rey Mausolo, que la viuda debía
tomarse. Otra opinión sobre el tema del cuadro apunta a que la
representada fuera una reina de la antigüedad, llamada Sofonisba, que tuvo
que beber el veneno que le enviaba su propio esposo para evitar que
pudiera caer en manos de sus enemigos. En cualquier caso podría ser una
representación simbólica de la fidelidad conyugal pues Rembrandt pintó el
cuadro el mismo año de su matrimonio (1634).

Saturno devorando a un hijo
FRANCISCO DE
GOYA Y LUCIENTES (1746-1828) Pintura mural pasada a lienzo (146x83
cms) Escuela Española Siglo XIX Esta
inquietante pintura es una de las catorce que se conocen con el nombre de
"pinturas negras", con las que Goya decoró el comedor y el salón de una
casa -la llamada "Quinta del Sordo"- que compró en 1819 en las orillas del
madrileño río Manzanares. Setenta años después de haber sido pintadas, un
propietario de la casa dispuso, dado el mal estado de las pinturas, que
éstas se arrancaran y se depositaran sobre lienzo. Algunos años más tarde
las regaló al Estado Español. La de "Saturno devorando a un hijo" era una
de las seis que decoraban el comedor. Se trata de un tema mitológico
-sobre el dios Saturno o Crono-, representación alegórica del tiempo.
Aquel dios devoraba, como el tiempo lo hace con todo lo que crea, los
hijos que le iban naciendo de su esposa Cibeles: temía que uno de ellos le
destronara.

Bodegón
FRANCISCO DE
ZURBARAN (1598-1664) Lienzo (46x84 cms) Escuela Española.
Barroco Siglo XVII Se llaman "Bodegones" los
cuadros que representan objetos de la realidad inmediata que acompañan la
vida de las gentes, piezas de pequeña importancia a las que el pintor
dedica tanta atención e interés como a los grandes temas de la pintura.
Estos temas de género fueron muy queridos por los pintores del Barroco, ya
que en ellos se plasmaba el realismo que caracterizó este periodo.
Zurbarán ofrece en el Bodegón la más absoluta sencillez y la veracidad más
asombrosa. La organización y disposición de los "cacharros" representados
no puede ser más simple. Una copa de bronce sobre una bandeja plateada,
una vasija de barro blanco y una de barro rojo, y una cantarilla también
blanca sobre bandeja de plata, se ofrecen sencillamente alineadas sobre
una tabla. Y nos produce la sensación real -porque reales además son las
calidades de los materiales representados- de un mundo de orden, serenidad
y limpieza.

Martirio de San Felipe
JOSÉ de RIBERA
(1591-1662) Lienzo (234x234 cms) Escuela Española e Italiana.
Barroco Siglo XVII José de Ribera, nacido en
Xátiva (Valencia), desarrolló su actividad en Italia, fundamentalmente en
Nápoles donde se le conocía como el "Spagnoletto". Por ello se le
considera de la escuela italiana. Le distinguen de los pintores españoles
contemporáneos su especial amor al colorido y el aire clásico de sus
figuras y composiciones. El interés por el color procede de su
conocimiento de la pintura veneciana, y el mundo clásico está presente
-también en este lienzo- incluso en la evocación de ruinas arquitectónicas
romanas. En este cuadro, considerado frecuentemente como el paradigma del
Barroco naturalista, Ribera presenta la preparación del martirio del
apóstol Felipe que fue sometido a tormento y crucifixión. Tenebrista y
realista, en el tratamiento de la luz y en su presentación del desnudo del
santo, el lienzo es también un prodigio de composición -con predominio de
la línea diagonal que organiza la escena-, de movimiento y de fuerza en
los gestos de los sayones que alzan el cuerpo del mártir.
La rendición de Breda o "las
lanzas"
DIEGO
VELÁZQUEZ DE SILVA (1599-1660) Lienzo (307x367 cms) Escuela
Española. Barroco Siglo XVII Esta fue una de las
pinturas, con escenas de batallas o victorias españolas, que decoraron el
llamado Salón de Reinos del Palacio del Buen Retiro de Madrid. Construido
este Palacio para el rey Felipe IV, Velázquez que era su consejero en
temas artísticos -además de su pintor de Cámara- fue el encargado de la
decoración. Se representaría la victoria de las armas españolas en cuadros
sobre las paredes laterales del Gran Salón. Los retratos ecuestres de los
padres del rey, del rey mismo, de su esposa y de su heredero, presidirían
la sala desde los testeros. Todos estos cuadros están en el Museo del
Prado. Los lienzos conmemorativos de las victorias se encargaron a
diferentes pintores. Velázquez se reservó el que celebraba la rendición de
la ciudad holandesa de Breda en 1625 (Holanda se independizaría de España
sólo quince años después). La pintura es un prodigio de sabia composición,
ordenándose en dos grupos -el de los vencedores y el de los vencidos-
refrenado cada uno de ellos por la figura de un caballo: los dos dan la
sensación de estar constituyendo un paréntesis con el que se cierra la
escena, centrada en el abrazo de Ambrosio de Spinola por la parte española
y Justino de Nassau por la holandesa.
La fragua de
Vulcano
DIEGO
VELAZQUEZ DE SILVA (1599-1660) Lienzo (223x290 cms) Escuela
Española. Barroco Siglo XVII Este tema
mitológico -referido a los amores adúlteros de los dioses Venus y Marte-
fue compuesto por Velázquez durante su primera estancia en Italia, a donde
marchó como estudioso para conocer la pintura italiana. Después de aquel
primer viaje cambiaron muchos aspectos de su pintura juvenil: abandonó
paulatinamente el tenebrismo de su primera época y sustituyó sus prietas
pinceladas por otras más sueltas y pastosas. En este lienzo además
incorporó la belleza de los desnudos que había estudiado también en
Italia: tienen los cuerpos de estos herreros un gran sentido clásico. Y
clásica es la fábula que se evoca en la escena: el dios Apolo desciende a
las profundidades de la tierra donde trabaja Vulcano -el dios herrero-
para comunicarle el engaño al que le somete su esposa Venus, la diosa del
amor, con el dios de la guerra Marte. La sensación de instantaneidad, casi
cotidiana, es uno de los logros de Velázquez en éste y otros lienzos
suyos.
La fábula de Aracne o "las
hilanderas"
DIEGO
VELAZQUEZ DE SILVA (1599-1660) Lienzo (220x289 cms) Escuela
Española. Barroco. Siglo XVII Esta pintura de
Velázquez, considerada durante mucho tiempo como un tema de género,
esconde la presentación de un tema mitológico envuelto en los ropajes del
trabajo cotidiano en un taller de tapices. Se trata de la fábula de
Aracne, la tejedora que se enfrentó con la diosa Atenea acerca de la
calidad de un tapiz tejido por cada una de ellas. Aracne terminó
convertida en araña por la diosa de las artes que, por serlo también de la
guerra, aparece en el fondo de la escena vestida con atuendo militar. Es
en ese fondo de la sala de trabajo donde se desarrolla el argumento de la
fábula; en el primer plano se desenvuelve la actividad del taller. En
ambos espacios se da un estudio de luz tan magnífico y cuidado, y una
soltura y libertad tal de pinceladas, que hacen de este cuadro uno de los
más apreciados antecedentes del Impresionismo. Esta pintura experimentó en
el siglo XVIII una ampliación, por la parte superior y en los dos
laterales. No se sabe si fue para devolverle su estado original (se piensa
que sufrió daños en el incendio del Alcázar en 1734), o simplemente se
completó la escena para hacerlo más grande.
La familia de Felipe IV, o "Las
meninas"
DIEGO
VELAZQUEZ DE SILVA (1599-1660) Lienzo (318x276 cms) Escuela
Española. Barroco Siglo XVII Con el nombre de
"meninas" y "meninos" se distinguía en el siglo XVII a los jóvenes
acompañantes de los niños reales en la corte madrileña. Y con este nombre
se quiso titular el famoso lienzo en el siglo XIX. Su primera denominación
fue "La Familia" del rey Felipe IV. La preside la infanta Margarita, la
hija heredera del monarca en aquel momento. Y de esa continuidad de la
dinastía española parece estar dando fe el propio Velázquez, que se
incluyó trabajando delante de un lienzo en el que retrataba a los reyes
Felipe IV y Mariana de Austria que se reflejan en el espejo del fondo.
Esta pintura es una de las obras cumbre del arte universal; y lo es entre
otras razones por el gran logro de la perspectiva aérea. Velázquez supo,
como nadie más lo ha hecho, plasmar la atmósfera, el aire que se interpone
entre la figuras y sobre todo entre las del primer plano y el fondo,
creando la ilusión del espacio real que ocupan en el propio estudio del
pintor.
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