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sumideros de carbono, ¿destrucción del clima?

Los sumideros de carbono son un tema nuevo y confuso para muchas personas. El dióxido de carbono está en el aire, y el carbono se acumula en casi todos los objetos a nuestro alrededor, pero no lo podemos ver. Sin embargo, en charlas sobre el clima, los negociadores y científicos han reinventado el carbono como una nueva mercancía invisible, que puede comercializarse a través del establecimiento de proyectos de carbono tales como las plantaciones. En distintos países se están implementando cada vez más de estos proyectos a pesar de que el Protocolo de Kyoto aún no está vigente. A menos que se haga algo al respecto, enfrentaremos muchos más proyectos de plantaciones en el sur orientados a “secuestrar” carbono de la atmósfera.

Los negociadores en el Protocolo de Kyoto han creado algo llamado el Mecanismo de Desarrollo Limpio (MDL). Este mecanismo permite que se considere a las plantaciones de árboles como “sumideros de carbono” que supuestamente absorben emisiones de CO2, y acumulan carbono en la biomasa de madera, mientras al mismo tiempo liberan oxígeno. Lamentablemente el mecanismo en cuestión tiene poco que ver con el desarrollo limpio. Su peor aspecto es la promoción de las plantaciones de árboles a gran escala, y la inclusión explícita de las plantaciones de árboles genéticamente modificados

Un ejemplo del MDL es la Fundación Bosques para la Absorción de Emisiones de Dióxido de Carbono (Forests Absorbing Carbon Dioxide - FACE), una iniciativa creada por un consorcio de empresas de electricidad holandesas. El objetivo de FACE es plantar árboles en Uganda y en los Andes ecuatorianos a fin de absorber el CO2 que emiten en Países bajos . Puede sonar como una idea inverosímil, pero ya se han plantado 50.000 hectáreas de árboles en estos dos países. Más aún, en sus folletos en papel satinado, el proyecto se presenta como muy exitoso: las comunidades indígenas están felices plantando pinos; reforestando su medio ambiente degradado e incluso han recibido la certificación del Consejo Forestal Mundial (FSC).

Sin embargo, las investigaciones realizadas sobre estas plantaciones en Ecuador, muestran algo muy diferente a lo que se ve en los folletos. No se trataba de un ambiente degradado sino de un ecosistema de páramo, una pradera a 3.000 metros sobre el nivel del mar, que nunca había sido un bosque. Una de las plantaciones fue un desastre total. Los pinos exóticos traídos de México eran muy débiles y de color amarillo. Crecían muy lentamente y los animales se habían comido la mayoría de los brotes. Además, la población local estaba muy desconforme con todo el proyecto.

Para empeorar la situación, la mitad de la plantación había sido quemada, resultando en la liberación de CO2 de vuelta a la atmósfera. Esto no es un evento poco común en las plantaciones de árboles que son altamente vulnerables a los incendios. Y lo que es más importante, pone en evidencia lo volátil que es este tipo de almacenamiento del carbono, y la falta de confiabilidad del sistema.

Las plantaciones de monocultivo de árboles se apropian de grandes superficies de tierra y en el proceso a menudo son causa directa e indirecta de la deforestación. Agotan los recursos de agua y destruyen la biodiversidad. Inclusive algunos estudios de casos muestran que las comunidades locales se empobrecen cuando las plantaciones remplazan sus recursos naturales.

Es por tanto obvio, que las plantaciones de árboles de gran escala son una mala idea. A pesar de esto, los negociadores del clima están promoviéndolas como una “solución” para el cambio climático. De manera perversa, se describe comúnmente a los países que ya están implementando proyectos MDL como los “chicos buenos” en las negociaciones del clima, tal el caso de Países bajos , España y Noruega. Y el hecho de que el Consejo Forestal Mundial esté certificando plantaciones sólo ha mejorado el estatus de solución “sustentable” de las plantaciones relacionadas con el MDL.

A pesar de estos hechos, los gobiernos en el Sur continúan realizando acuerdos con sus contrapartes contaminantes del Norte. Recientemente, los gobiernos de Uruguay y España acordaron plantar 30.000 hectáreas de eucalipto por año para absorber las emisiones de las empresas españolas. En total se proyecta plantar unas 150.000 hectáreas de “sumideros de carbono” en Uruguay, sólo para cubrir las emisiones de compañías españolas.

Las comunidades y ONGs en todo el Sur, desde Ecuador , Uruguay y Brasil a Indonesia, Tailandia y Sudáfrica realizan campañas contra las plantaciones de monocultivo como “sumideros de carbono”. La idea de los sumideros de carbono es completamente irreal, y la pretensión de que las plantaciones de árboles pueden ser algún tipo de solución está siendo cuestionada. Se han propuesto alternativas más realistas al cambio climático, y jugar a la ruleta con un dado invisible no es una de ellas.

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