marea 2

LA MAREA DEL TIEMPO, TORRALBA DEL PINAR, SIERRA DE ESPADÁN, ENCUENTRO CON EL AYER,
de Natividad Nebot Calpe
2ª edición, editada por la Fundació “Serra Espadà”
Valencia, 2004


Las estirpes condenadas a cien años
de soledad no tenían una segunda
oportunidad sobre la tierra
(1)

Hace años, camino de Segorbe con otras compañeras y los alumnos para homenajear a Max Aub, Nati Nebot tuvo a bien dejarme varios fragmentos de su novela “La marea del tiempo” para que diera mi opinión sobre el vocabulario, la redacción y la temática.

Debemos ser cooperadores con los sucesos, sólo con la limitación de la prudencia(2)

Confieso que aquella cala o pequeña muestra me sorprendió, pero aún me sorprendí mucho más cuando, tiempo después, la leí entera ya publicada. Conozco a Nati Nebot muchos años, y siempre la creí capaz de hacer buenos trabajos contrastados de investigación filológica, pero, con sinceridad, no adiviné en ella ese espléndido caudal de lirismo y sensibilidad literaria. Yo sabía que ella tenía intención de crear una historia muy distinta a esos temas tan urbanos hoy de moda en la literatura: drogas, violencia, sexo, política corrupta… Y el parto de aquella ternura fue esta novela, catalogada por la editorial como romántica y costumbrista. Y creo que bien catalogada.

Sin embargo, como toda obra de arte realmente valiosa, su polisemia, su lenguaje figurado y el nivel de su connotación la convierten en algo más grande que la intención primigenia de la autora.

El juego creativo, la estructura formal, los sentimientos y las transformaciones simbólicas son los ingredientes esenciales del arte (3)

Muchos lectores urbanos, sobre todo los de procedencia rural (y yo especialmente entre ellos) nos hemos sentido transportados con nostalgia, mientras la leíamos, a un tipo de vida casi bucólica que sociológicamente podemos dar por perdida a partir de los años setenta.

En el sistema cultural el crecimiento técnico lo ha pagado la naturaleza, y, en el ser humano, la desmesurada proyección hacia el exterior ha conducido al vacío de su vida interior (4)

Los recursos pragmáticos empleados por la escritora implican al lector medio-culto y a ella misma en una sabia y curiosa mezcla de modalización, deixis personal, espacial, temporal y social, con una intención y un género muy acertados. De todos es sabido que Nati Nebot es catedrática de Lengua y Literatura Españolas y que sus conocimientos del español, su literatura y sus recursos retóricos son casi portentosos. Todo ello confluye en una narración plagada de guiños e inmersa en nuestra tradición literaria. La propia autora, por boca de uno de sus personajes, se excusa diciendo que el texto no presenta apenas dialectalismos comarcales (zona del Alto Mijares) pero, en realidad, intuimos que Nati prefiere recrear, degustar, experimentar y darnos un bello ejemplo de prosa castellana.

Para empezar, la novela entra de lleno en ese tipo de novela decimonónica de realismo costumbrista, pero con reminiscencias románticas a lo Fernán Caballero, Pedro A. de Alarcón, Valera, Pereda y lejos de las estridencias y veleidades naturalistas de Blasco Ibáñez: comidas, lugares, paisajes, costumbres, fiestas, tradiciones, labores, vestimentas, giros, refranes, chascarrillos, descritos con cariño, primor y nostalgia, siguiendo la liturgia cronológica del calendario rural. El tipo de narrador elegido no puede ser más cervantino: el narrador-editor. Igual que Cervantes con el manuscrito de Cide Hamete sobre don Quijote, Ana Talamantes encuentra un manuscrito de la protagonista (Francisca) que ella edita respetuosamente.

La protagonista, Francisca, decide rememorar su juventud en Torralba, cuando años después, ya exclaustrada, regresa a este pueblo y los recuerdos fluyen en ella como el episodio famoso de la Madalena de Proust.

Todo ha sucedido como en un sueño, en tres días que no es posible recordar, los tres días que han sido los tiempos de su juventud (5)

Un tema típico en la novela decimonónica ( y del siglo XX) como es el enfrentamiento entre el cura ultraconservador (D. Félix) y el médico liberal (D. Pedro) reaparece en este relato. Este asunto del cura soberbio y torvo, con unas intenciones poco claras hacia la protagonista, también nos trae a la memoria las desgracias de La Regenta. En la misma tradición literaria están las tertulias de hacendados, cura, boticario, alcalde, médico, donde se discute sobre lo divino y lo humano.

El amor impregna toda la novela, a veces panteísta como el amor místico, a veces contradictorio como el amor barroco; otras es amor imposible, petrarquista y garcilasiano; idealizante, a lo Bécquer, pero siempre un amor melibeo, el de una chica inocente que no sabe lo que siente ni cómo manifestarlo (6). Melibea tuvo a Celestina y Francisca, modestamente, a Rosa. Un amor silencioso, de miradas, intimista, que da sentido a una vida, un amor más allá de la muerte.

La presencia de la muerte ronda la vida de Francisca y la marca de una forma inexorable: su madre muere siendo niña y queda a merced de su padre insensible y déspota; o la muerte de su hermana María por la pena de la separación… El Ubi sunt? desgarrador de la protagonista, cuando vuelve tras 50 años a Torralba y sólo contempla las ruinas interiores de su pasado.

Continuas son las referencias, por el argumento del relato, al paso del tiempo, a ese tempus fugit, y a ese desperdiciado Carpe diem: la juventud de Francisca malograda entre las paredes de un convento.

El hombre ha nacido libre, y, sin embargo, en todas partes se encuentra encadenado. ¿Cómo se ha operado esta transformación?(7)

Y por último, no menos importante, sino tema tan grande como el amor en la vida de Francisca, la Naturaleza. Nati Nebot reconstruye y nos hace visualizar todo un paisaje valenciano cargado de míticas referencias. Creo deliberada la intención de la autora de oponer una novela y una vida rural a la urbana y cosmopolita. Menosprecio de corte y alabanza de aldea, que diría Fray Antonio de Guevara. Ya en el Génesis se opone el Paraíso, Abel, lo nómada, que es el bien, con lo cainita, lo sedentario y lo urbano, el mal y el pecado (Caín, el vengador violento, es el fundador de las primeras ciudades). Malparadas quedan Sodoma y Gomorra, la mujer de Lot por añorar la vida urbana pecaminosa, o la destrucción de la mítica torre de Babel; la ciudad y el pecado en la Celestina; el Beatus ille de Fray Luis de León, el humanismo y el discurso de la Edad dorada, de Don Quijote. El honor se refugia en el campo y huye de la ciudad en el teatro barroco. Las heroínas de ciudad frente a las heroínas de pueblo en la novela realista. Machado y sus Campos de Castilla; Valle-Inclán y su naturaleza mítica (Divinas palabras) opuesta a la ciudad corrompida (Luces de Bohemia)…

En definitiva, una novela que ocupa un lugar merecido en la literatura española por su mezcla de erudición, riqueza léxica y sensibilidad femenina a flor de piel.

Por el hombre, liberado de la tierra actual que lo configura como <<hombre cosa>>, lucha la juventud actual, es decir, lo mejor de nosotros mismos (8)
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1) García Márquez, G., Cien años de soledad, Cátedra, Madrid, 1991.
2) Nieto, C. La dimensión cultural, edit, Gil Albert, Alicante, 1977, pp. 251-252.
3) Harris, M. Antropología cultural, Alianza, Madrid, 1995, p. 496.
4) Sampedro, J. L. “La crisis del desarrollo y el medio ambiente”, en Jiménez, L. M. (coord.)
5) Avellano, J. La existencia cosificada, Eunsa, Pamplona, 1981, p. 30.
6) Medina-Boscos, A. Temas constantes en la literatura Española, Akal, Madrid, 1991.
7) Rouseau, J.J. El contrato social, libro I, cap. I, Edicomunicación, Barcelona, 1994, p. 33.
8) Nieto, C. Op. Cit., p. 155.

jovencitas

Niños y jovencitas en el antiguo pozo

Grupo de torralbinos en la estación de la "Panderola" de Onda

 

campesinos ante la iglesia

 

Aventando la parva en la era

 

Delfina Pradas Guillén, en la novela Josefina Guillén.
Fue maestra de Torralba del Pinar en 1893 y posteriormente de Fuentes de Ayódar

 

La calle Larga, llamada ahora calle del Horno.

 


Casa típica

 

El arrastre de los troncos de los pinos.

 

En la boca de la mina de cinabrio

 

El monte Romeral y las casetas para secar los higos

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